Bolívar Jorge

Para un tema tan crucial como la geopolítica que Perón implementó en el 3º Mundo de posguerra como respuesta al reparto de Yalta en 1945, y que operaba en ambos lados, es decir en la órbita de los dos imperios nacientes, U.S.A. y la U.R.S.S., nada mejor que este excelente apunte de Jorge Bolívar.

Lúcido, simple y que atiende con perfección a la naturaleza profunda del problema en las décadas del 40 y 50 en el siglo pasado.

 

Perón,
Geopolítica
para la
Liberación

 

Por Jorge Bolívar
3 de mayo de 2013 a las 00:18

 

 

 

 

 

 

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La lectura geopolítica que Perón hace de las relaciones de poder que surgieron a partir de la derrota de Alemania y Japón y de la consiguiente posguerra, constituyen una cima del pensamiento político latinoamericano y tercer mundista que es reconocida, no sólo por sus intelectuales partidarios sino también por muchos de sus críticos internacionales.

El creador del justicialismo advierte con precisión y rapidez profética que los acuerdos de Yalta que son mostrados al mundo como el saludable momento del inicio de una paz duradera, contenían y escondían los marcos geopolíticos de un consenso para la dominación.

Ese marco de aliados para la pacificación mundial entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, los grandes vencedores de la Segunda Guerra Mundial, proyectaba las próximas y cercanas contiendas bélicas entre el “internacionalismo liberal” liderado por los norteamericanos y el “socialismo internacionalista” liderado por la Rusia de Stalin, en un orden donde cada liderazgo se aseguraba mutuamente la partición del planeta en dos partes en las cuales estaba autorizado a ejercer su dominio.

El nuevo orden mundial de la posguerra traía en consecuencia un cambio de época y de relaciones de poder geopolíticas complejo y difícil de leer para las naciones no centrales, y más aún para las que habían sido neutrales en la gran contienda como era el caso de la Argentina.

Perón concibe así rápidamente una geopolítica para la liberación de aquellos pueblos a los que se pretende subordinar a alguno de los dos nuevos imperialismos que, tres o cuatro años más tarde, pasarían de la paz duradera a la guerra fría. Guerra que, como enseñaba el líder argentino, será fría entre ellos -es decir sus territorios no serán escenarios de violencias o de bombardeos- pero será caliente para los pueblos del Tercer Mundo hacia los cuales se dirigía la geopolítica de dominación de los dos grandes internacionalismos posbélicos.

En las elecciones generales de 1946 Perón advierte que esa Unión Democrática (a la que enfrentaba con un nuevo movimiento histórico) en la cual marchaban del brazo los radicales, los comunistas y el embajador de los Estados Unidos, era una alianza sin futuro político para futuras elecciones.

La Tercera Posición geopolítica, que se fundamentada en un tercerismo filosófico frente a los internacionalismos en pugna ideológica, ya había sido expuesta por Perón, reiteradamente, en sus discursos de 1944.

Al adquirir esta postura teórica y práctica dimensión estratégica, también internacional en los juegos de poder de la posguerra, se presenta con su nexo de pensamiento y acción como un claro enfrentamiento a los nuevos poderosos mundiales.

Aunque se ubicara en el campo de dominio que se asignaba a los aliados presididos por Estados Unidos, afectaba en lo profundo al orden global mismo.

El único ejemplo parecido, pero en el otro sector del reparto del mundo, ocurría con la Yugoslavia del Mariscal Tito.

Por eso trascendió una conversación entre Stalin y Churchill. El primero le dice: “Si yo tuviera a Perón en mi sector sabría como castigarlo a él y al pueblo que lo sigue”.

A lo que Churchill contesta “Y si yo tuviera a Tito y sus conducidos en el mío, también sabría cómo hacerle pagar caro sus desobediencias al nuevo orden”.

Los años que siguieron a la posguerra fueron tiempos de intensos procesos de descolonización de todo tipo, sobre todo en Asia y en África.

Los líderes populares de esos procesos comenzaron a pronunciar con pasión el nuevo paradigma enseñado por la Tercera Posición enseñada por el creador del justicialismo: “no alinearse” ni con el imperialismo norteamericano, ni con el imperialismo soviético.

En 1955 se realiza la conferencia de Bandung convocada por el presidente indonesio Sukarno.

Allí, docenas de naciones asiáticas y africanas afirman una política independiente de las “potencias blancas”.

Es la reunión de líderes conocida como “la conferencia de la negritud”.

Sólo dos líderes “blancos” son invitados a participar, uno de ellos es Perón que no puede asistir porque ya la contrarrevolución cívico-militar le preocupaba seriamente.

Pero manda una nota de adhesión que es ovacionada por los presentes.

Cuando termina la conferencia Sukarno anuncia “que los pueblos allí reunidos asumen el compromiso de ser no alineados y neutrales en la guerra por el dominio imperial del mundo”.

Pocos años más tarde, en Belgrado, se forma ya con carácter más militante, el Movimiento de Países No Alineados en la que se encuentran la India de Nehru, la alianza de naciones árabes de Nasser y la China de Mao, que ha abandonado el bloque soviético.

Si Perón no hubiera sido derrocado por la penosa contrarrevolución llamada irónicamente “libertadora”, la sede de esa reunión de gravitación geopolítica mundial podría haberse hecho en Buenos Aires.

Al cumplirse un nuevo aniversario de la muerte de Perón, bueno es que trasmitamos a las nuevas generaciones que el líder justicialista no sólo ha sido un importante líder popular, sino que es también el mayor pensador político argentino del siglo XX y el que, sin duda, mayor trascendencia mundial ha tenido.

Es difícil encontrar un diccionario de política, cualquiera sea el idioma en el que haya sido escrito, donde no se mencione su figura histórica y su pensamiento.

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