La concepción del poder en el peronismo - Campaña electoral 1946

Darwin Passaponti, 17 años y Francisco Ramos, 21 años
08/07/2015
Emilio Borlenghi
15/07/2015

La concepción del poder en el peronismo – Campaña electoral 1946

 

Parte III:

LA TOMA DEL PODER

LA CONCEPCIÓN DEL PODER EN EL PERONISMO

 

 

“El tamaño espiritual de Perón es, en lo personal, el de un estoico.”

Fermín Chávez

 

¿Qué es el poder en el peronismo? 

Sin lugar a duda alguna, la gesta del 17 de octubre de 1945, cambió la concepción de lo que era el poder político hasta ese entonces y, fundamentalmente, el grado y las formas de participación del pueblo en la toma de decisiones.  Hemos apuntado reiteradamente que, estas últimas, corrían por los canales  de los partidos políticos y de los sindicatos. Pero, por las razones que también ya dimos, ambas eran limitadísimas y muchas veces, especialmente en los partidos políticos, expresaban un poder meramente formal. El sistema demoliberal representativo, cree y hace creer que el poder está solo en el control del estado y que la vía son los partidos políticos. De acuerdo con esta idea, el poder es tomado cuando se accede a ese control mediante un acto eleccionario. Esa visión limitada y a veces ingenua, es la que prevalecía en la Argentina de principio de los cuarenta. El poder real estaba en otro lado, a veces coincidente con los partidos y con el acceso al estado, por caso el conservadorismo liberal, y siempre presente detrás de las estructuras de gobierno y del estado, esté quien esté en el gobierno.   De modo tal que, la sociedad argentina se enfrentaba en la década del cuarenta con el fin de una era, porque ese esquema hacía agua por todos lados y no daba cabida a todos los integrantes de la comunidad, ni respuesta alguna a sus problemas. La patria era solo un término. En  realidad era una colonia, pero debía terminar.Cuando nace el peronismo, una nueva concepción de lo que es el poder aparece en escena, en la conciencia del pueblo y una nueva clase dirigente deja atrás toda una época ya superada por los hechos, que sin embargo se resistirá a morir del todo por décadas, y hasta intenta resucitar en el presente.   Básicamente importa saber, desde el punto de vista del análisis de los hechos históricos, que, estos son en el peronismo, una acumulación de poder y no el mero hecho de obtener una posición en el estado, mediante, por ejemplo, una victoria electoral y creer que se “tomó el poder”, solo por controlar un parte del espacio donde se toman algunas decisiones.  De hecho, la concepción de la Comunidad Organizada, donde cada persona y cada organización pueden optar por distintas formas de participación en la planificación de las políticas y en la ejecución de las  acciones mismas, importa un cambio revolucionario, que implica entre otras cosas, que cada individuo, cada organización política, sindical, económica, cultural y que cada institución libre del pueblo que se alinee, suma poder para el conjunto.   Los hechos mismos que protagonicen en el terreno de las decisiones, acrecientan el poder del conjunto y se lo otorga a cada uno de ellos.   Un claro ejemplo de esto, es la visión que ofrecen cuatro hechos consecutivos. Las acciones de Perón y sus colaboradores desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, legislando, decretando, ampliando y haciendo cumplir normas de trabajo, fue un hecho de poder, desde un espacio preciso y determinado.La gesta del 17 de octubre  de 1945, donde el pueblo trabajador argentino le impone su voluntad a la oligarquía, reponiendo a su líder en el lugar en el que estaba y manteniendo todas las conquistas conseguidas, es un hecho de poder que se suma al control de la Secretaría de Trabajo y Previsión.   La llegada al acto electoral del 24 de febrero de 1946, es una imposición de Perón y del pueblo a la oligarquía. La limpieza con que se realizó es otra condición que debió cumplirse. El triunfo en las elecciones consolida todas las posiciones anteriores y suma poder. La asunción de Perón a la presidencia es la resultante de todo lo anterior y permite controlar y rediseñar el estado. Nuevamente aparece el concepto de sumatoria y todo lo que habrá de realizarse desde 1946 en adelante, se hará con “el concurso del pueblo organizado”, única fuente de poder.   El poder entonces se acumula, no solo se conquista o se toma, y para la concepción peronista, la posibilidad de ejercitar el poder debe llegar hasta el último de los individuos. Por lo tanto debe repartirse, de lo contrario,sino es para todos, no es poder en la concepción peronista. Para la partidocracia demoliberal representativa, el poder es solo para los dirigentes “representantes” del pueblo: “un pequeño grupo de individuos, los representantes, toman decisiones y administran el poder que una gran cantidad de individuos, los representados, les ha delegado”. (1)En el marxismo también está la concepción de la “vanguardia esclarecida”, depositaria y dueña del poder de decisión, minoritaria al extremo y a su modo “representante” de la clase trabajadora. Poca diferencia entre liberales y marxistas. Esta es la enorme y gigantesca diferencia con el peronismo naciente.El objetivo en el peronismo, es una democracia social, orgánica y directa, pero semejante objetivo no se alcanza ni con un golpe de estado, ni con una victoria electoral, ni con ningún triunfo parcial. Es un largo encadenamiento de hechos en esa dirección. La historia que sigue es la historia de ese proceso, el de una revolución sustentada en la construcción y edificación de un gran cuerpo social donde todos tengan poder.   “El Movimiento Justicialista es el único que se planteó gestar instituciones sociales como basamento de la sociedad argentina.    Ello fue posible gracias a una acción doble aparentemente contradictoria. Una vertiente consistió en obtener el mejor funcionamiento de las instituciones estatales vigentes. Su objetivo, agotarlas, demostrando las limitaciones de su alcance y los problemas que no resolvían, a la par de facilitar en tiempo y espacio el otro curso de acción. Este último se orientó a la construcción de un sistema de poder alternativo cuya principal expresión se alcanza en la organización gremial. (Claramente ampliado y extendido por la creación de la orgánica movimientista desde el primer momento a partir de 1946 y por el llamamiento del general Perón a las instituciones libres del pueblo en su mensaje del 1º de mayo de 1954)Su objetivo: “…la construcción de una democracia orgánica, social y directa. Esta será posible si al mismo tiempo organiza  como áreas autónomas y a la vez relacionadas, tanto el interés como la opinión de las personas.” (2)

 

 

Del 17 de Octubre de 1945 al 4 de junio de 1946

 

   Finalizado el increíble vértigo político de los últimos meses y especialmente de las últimas semanas; sorprendidas momentáneamente, pero no detenidas, las fuerzas de la oligarquía frente al contundente mazazo que representó la movilización popular del 17; aún no consolidado el movimiento revolucionario por los evidentes riesgos políticos latentes y la propia inorganicidad del naciente peronismo, Perón y sus más allegados, acometen la gigantesca tarea de crear, de la nada, los instrumentos necesarios para dar la batalla siguiente: las elecciones presidenciales del 24 de febrero de 1946. Dirá Perón al respecto: Nosotros no contábamos con ningún partido político armado, ni mucho menos con estructuras electorales organizadas y los medios de difusión al unísono, estaban contra nosotros”.

  Las mismas están a solo cuatro meses, comienza otro vértigo y se parte de cero.

De cero en lo que hace a instrumentos, herramientas electorales y candidatos. Todo está por hacerse. Pero Perón cuenta con el pueblo. Ya se lo ganó, en la conciencia y en el corazón. Esa ventaja será decisiva a la hora de votar.

 

 

Casamiento por civil de Perón y Evita

 

   Ya son una pareja, se aman y conviven juntos. Es necesario dar los pasos que deben darse.

   Previo un brevísimo descanso en un campo de Román Subiza, amigo de Perón, en San Nicolás, Provincia de Buenos Aires, ya de regreso a Buenos Aires, el día 22 de octubre de 1945, en el departamento que tenían en la calle Posadas 1567 4º piso, se casan en una ceremonia reservada con escasísimos testigos presenciales, entre ellos Domingo Mercante y Juan Duarte, hermano de Evita.

   El acto lo presidió el jefe del registro civil de Junín, Hernán Antonio Ordiales, Provincia de Buenos Aires, quién trasladó el libro de actas hasta la ciudad de Buenos Aires.

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Sobre Eva Perón 

“Eva había vuelto a trabajar conmigo con más espíritu y pasión. Pensábamos al unísono, con el mismo cerebro, sentíamos con una misma alma. Era natural, por ello, que en tal comunión de ideas y de sentimientos naciera aquel afecto que nos llevó al matrimonio”

J. D. Perón 

 

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Fotografías de Perón y Evita, recién casados y acta de casamiento

 

Sobre Eva Perón “los días de la campaña electoral pusieron a dura prueba las energías de Eva, que recorría el país a lo largo y a lo ancho, hablando siempre, incitando a unirse a nosotros en la batalla que debía servir para hacer triunfar sus derechos. Trabajábamos día y noche, a veces no nos veíamos semanas enteras, y todo encuentro era, desde el punto de vista sentimental, una novedad, un descubrimiento”            J. D. Perón

Campaña electoral para las elecciones presidenciales del

24 de febrero de 1946

 

Convocatoria a elecciones 

El 14 de noviembre de 1945, el gobierno convoca a elecciones presidenciales para el 24 de febrero de 1946.


 

 

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Esta será la consigna clave de la campaña electoral. En ella está todo expresado.

 

    Dos actos formales del gobierno, despejan el terreno político para la actividad de los partidos. El primero es que el 7 de noviembre de 1945, el ministro del Interior, general Urdapilleta, ordena formalmente a la Policía Federal liberar y no interferir con ningún acto de control o traba, a la actividad política de los partidos. Si bien esta, de hecho nunca  había cesado, quedaba con esta orden, despejada cualquier duda y se avanzaba por el terreno de la legalidad total hacia el acto electoral.

   La segunda cuestión que queda despejada, es la fecha de las elecciones. La misma es adelantada, del 7 de abril de 1946 en que estaba prevista por un decreto de Farrell del 12 de octubre, al 24 de febrero de 1946, por otro decreto del mismo Farrell.

 

 

Peronismo – La fuerza propia

Los radicales

 

   Cada una de las fuerzas que apoyaban a Perón, acometió la tarea de organizarse de cara a las próximas elecciones. Esto suponía, la identidad como grupo, la legalidad y la elección de candidatos propios que, inevitablemente, iban a competir con los de los otros sectores que participaban en la fuerza electoral peronista.

 

   Los radicales deben asumir la definitiva separación de su partido, la Unión Cívica Radical. Para ello, Hortensio Quijano, dirigente correntino, Armando Antille, santafecino que había sido abogado de H. Yrigoyen, Juan Isaac Cooke y Eduardo Colom convocan a la organización de lo que se llamará en principio, Junta Reorganizadora de la U.C.R. y al poco tiempo como U.C.R. Junta Renovadora, nombre con que pasará a la historia el grupo escindido del radicalismo y que se incorporará al peronismo.

Otros dirigentes radicales, entre tantos que sumaron al nuevo movimiento, fueron el político e historiador Diego Luis Molinari, Alberto Iturbe y Miguel Tanco, ambos jujeños, Raúl Bustos Fierro, abogado e historiador cordobés, como su comprovinciano Oscar Albrieu, dirigente de la Juventud Radical, Francisco Giménez Vargas y Juan de la Torre por Mendoza, Ricardo Guardo, Elisardo Sonería y Bernardino Garaguso, los tres porteños e yrigoyenistas.

 

   Desde el punto de vista de los cuadros dirigentes, indudablemente y a pesar de ser minoritarios dentro de su partido, significará una importante aporte para el peronismo naciente, en cuanto a la experiencia que traen de convivir en lo que podemos denominar las estructuras clásicas de los partidos o los “aparatos”. Tendrán además, para si y por delante, la misión histórica de integrarse a un movimiento que los contendrá más allá de la forma partido y les infundirá e inculcará el sentido de unidad nacional y de armonía política  de sectores de diversa extracción, bajo la jefatura superior de un conductor de masas, no de un caudillo y no de un mero dirigente por encumbrado que estuviese. Todo un aprendizaje para ellos también. La adopción de una nueva doctrina, todo un desafío.

 

Muy pronto, el 29 de octubre, esta fuerza radical, que se escinde de su viejo tronco, sale a la luz para dar su respaldo a Perón en dos actos públicos que realiza, el primero en el Salón Augusteo, de la calle Sarmiento 1374, donde estaba el edificio de la Unión de Obreros Italianos, comenzado a construir en 1884 (una reliquia artística, hoy casi en ruinas por el abandono y la desaprensión), un lugar no demasiado amplio, especial para un primer lanzamiento, sin el grave compromiso de llenar un ámbito mucho más grande.

El acto fue un éxito total. La gente colmó el salón hasta la misma calle y tres consignas se adueñaron de la noche: el repudio al Comité Nacional de la U.C.R. de tendencia alvearista y las vivas a Hipólito Yrigoyen y a Juan D. Perón, ya virtual candidato a presidente. Toda un definición  política para lo por venir y una clara posición frente a la historia de los argentinos.

Tal fue el éxito del acto, que el sector, ya identificado como Junta Renovadora, se lanzó al gran desafío de llenar el estadio Luna Park. El evento fue el 25 de noviembre y el lleno fue total. La algarabía y la fuerza demostrada en las posturas hacían presagiar tiempos felices.

El acto fue presidido esta vez por los retratos de San Martín, Yrigoyen y Perón. Rotunda afirmación.

 

 

  El Partido Laborista

 

Algunos dirigentes sindicales que habían tenido protagonismo cierto en la movilización del 17 de octubre, reunidos el 24 del mismo mes, fundan el Partido Laborista, designando una junta provisional organizadora integrada por Luis Gay (telefónico), los ferroviarios Monzalvo y Tejada, Cipriano Reyes (carne), Manuel García (espectáculos), Vicente Garófalo (vidrio), Manuel Pedrera (vidrio) y Leandro Reynes (periodismo). Pocos días más tarde, el 10 de noviembre  se elige un comité directivo (4), entre los que hay que destacar a su presidente Luis Gay, Cipriano Reyes como vicepresidente y a Manuel Pedrera, como vicepresidente segundo.

Sin duda alguna, inspirado en el laborismo inglés, este partido, que resultará ser la herramienta electoral (poco más que eso) que congregará a todas la fuerzas que apoyarán a Perón, recogía de su inspirador extracontinental, apelaciones a la justicia social y a la nacionalización de la economía, pensamientos que ya estaban en la inspiración y en la formación de Perón. Luego el tiempo dirá, cuales serán las dificultades de los dirigentes nucleados en este nuevo partido, para asumir la conducción de Perón y comprender la superación por él planteada, al crear la forma movimiento como nueva herramienta orgánica para la política nacional.

De momento, todos sus dirigentes estaban vinculados a un sindicato y observaban con toda claridad, que la herramienta del partido recién creado, les ofrecía una inmejorable plataforma para alcanzar cargos electivos. Enarbolan la candidatura del coronel Perón, promueven la candidatura a vicepresidente de Domingo Mercante y esas serán las consignas que los movilizarán, inicialmente, hasta que todo quede unificado y se encare definitivamente el acto electoral del 24 de febrero de 1946.

Con una extracción social nítidamente diferente a la de los cuadros provenientes del radicalismo, se configuraba un primer esbozo de lo que luego sería el Movimiento Peronista y la coexistencia en el mismo, de distintas experiencias y sectores sociales, detrás de un mismo objetivo.

Había entre ellos, laboristas y radicales, muy poca comunicación. El punto de contacto era Perón. Pero las cartas estaban echadas y el objetivo electoral se aproximaba a toda velocidad. Debía entonces atenderse al mismo como prioridad esencial. Ganar la batalla electoral era la primera meta.

 

 

El grueso del sindicalismo

 

Algunos pocos párrafos para ubicar al grueso del movimiento sindical previo a Perón y a partir del 17 de octubre.

Como bien se pudo observar en la gesta del 17 de octubre, toda la alta dirigencia del movimiento sindical fue desbordada por el pueblo.

Ya sea porque el paro general declarado por la C.G.T. el 16 de octubre a medianoche, no pudo ser comunicado y el pueblo salió a la calle y paró igual; ya sea porque en esa misma reunión de la C.G.T. se dirimían posiciones antagónicas respecto de cómo proceder frente al hecho de Perón encarcelado, pero que definitivamente, en el comunicado final del Comité Central Confederal de esa fecha donde se declara una huelga general, no se lo menciona a Perón, todo parece indicar y efectivamente así sucede, que la acción de Perón al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión los había descolocado a todos. Muy cierto es también, que todos ellos venían de experiencias políticas diferentes a la prédica de Perón y que prevalecía la desconfianza política e ideológica, hecho muy claro en el comunicado aludido, pero que igualmente la enseñanza que les dejó el pueblo les demostró el rumbo a tomar y eso fue decisivo para su alineamiento con Perón y en la adopción de la nueva doctrina justicialista.

  “El 21 de septiembre de 1945 fue elegido el nuevo congreso central confederal y Silverio Pontieri, un ferroviario, resulto elegido secretario general de la CGT. Una nueva CGT, menos de un mes antes del 17 de octubre”  (3) y si bien es cierto que la alta dirigencia sindical fue sobrepasada por los hechos y por el pueblo en el 17 de octubre, debe computarse que este congreso resultó decisivo para la unidad sindical, ya que reunió a la mayoría de las organizaciones en una misma central y que, por el mismo motivo, esa unidad habrá de resultar de extrema importancia para reunir la fuerza necesaria para ganar por los votos, la elección del 24 de febrero de 1946.

 Ya sea porque prevalecieron los hechos, contundentes, decisivos y definitivos en cuanto a la instauración de la justicia social, sin esperar negociar con las conducciones de los sindicatos y siempre recurriendo a las comisiones internas de las fábricas; ya sea porque quienes vieron está realidad, la dirigencia sindical, y aceptaron luego a Perón, estuvieron un poco detrás de los hechos, lo cierto es que despejado el camino hacia las elecciones, el conjunto de la fuerza sindical, con un remanente muy minoritario de comunistas y socialistas, se alineó con Perón colocándose al servicio de la campaña electoral.

El breve tiempo que resta por transcurrir, dirá, como ese grueso, con los dirigentes tradicionales de esos sindicatos provenientes de otras posturas ideológicas y la fuerza joven de base que había hecho el 17 de octubre, abrazarán la doctrina justicialista y se convertirán en la columna vertebral del Movimiento Peronista.

Hemos situado en esta página en el link Textos Centrales, la historia del Movimiento Obrero Organizado antes del Peronismo, la que sugerimos consultar en la inteligencia de no repetir en este presente texto iguales conceptos.

 

 

F.O.R.J.A.

 

Después de diez años de existencia y de tener claros contactos con Perón desde la década del 30, finalmente arriban a la decisión de disolverse. La declaración es breve y clara. La reproducimos:

 

F.O.R.J.A.

 Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina 

DISOLUCIÓN   15  de noviembre de 1945

La Asamblea General de F.O.R.J.A

Considerando:  La resolución de la misma, de fecha 15 de octubre de 1945, en solidaridad con el movimiento popular de esa jornada y las siguientes.2º – La identidad de la gran mayoría de sus miembros con el pensamiento y la acción popular en marcha y su incorporación al mismo.

Declara: Que el pensamiento y las finalidades perseguidas al crearse F.O.R.J.A. están cumplidos al definirse un movimiento popular en condiciones políticas y sociales que son la expresión colectiva de una voluntad nacional de realización cuya carencia de sostén político motivó la formación de F.O.R.J.A. ante su abandono por el radicalismo.Y resuelve:La disolución de F.O.R.J.A. dejando en libertad de acción a sus afiliados.  

 

Firmado:

Arturo Jauretche
Presidente

Darío Alessandro
Secretario de la Asamblea 

 


El nacionalismo apoya a Perón

Nacionalismo y peronismo

 

Hemos visto a los nacionalistas, en diferentes momentos de la historia precedente al nacimiento del peronismo. Llegado este momento, los pequeños grupos de nacionalistas existentes, ya que nunca fueron organizaciones masivas, decidieron apoyar a Perón, lo cual abre, en si mismo, toda un definición de posiciones.

Aunque estas estuviesen claramente marcadas desde décadas antes, vale decirlo, el nacionalismo argentino, siempre estuvo ligado a sectores de la aristocracia porteña y al catolicismo. Siempre con una visión nacional de repudio a la ingerencia extranjera, pero también siempre con la mirada desde lo alto, separándose del pueblo humilde, con una actitud de soberbia intelectual que no concedía ninguna posibilidad de pensamiento y acción al pueblo llano. Esta visión elitista de sí mismos, los auto segregó en la política argentina.

Cuando debieron actuar y así lo hicieron, fueron tan fugaces como un pequeño rayo de luz y tan obnubilados y errados, que en nada pudieron progresar políticamente, especialmente por la falta realizaciones vinculadas a las mayorías más humildes y populares. Así pasaron al lado de Uriburu en el 30, con Castillo, con Ramírez, en el G.O.U. junto a Perón y poco, muy poco más.

La falta de envergadura de su pensamiento y la fatal inacción y no generación de hechos, los redujo a grupos de opinión con muy poco peso político.

Es admirable la carta que Perón le envía a un nacionalista amigo suyo, Carlos Steffens Soler. Le dice: “….El pensamiento político es solo una dimensión de la política. La otra es la actuación. En el movimiento nacionalista hay muchos idealistas y pocos arquetipos. Los ideales son las cosas según estimamos que debieran ser. Los arquetipos son las cosas según su ineluctable realidad.

Por falta de arquetipos el nacionalismo ha sufrido las deformaciones de las que usted habla: ‘germanofilia’, ‘nazismo’ y ‘fascismo’ que lo han convertido paulatinamente –ayudado por los enemigos y cipayos- en una mala palabra con mucho de foráneo. En otras palabras, se ha gastado en una lucha corta aunque no estéril. Será menester cambiarle rótulo por el de ‘argentinismo’, sino no irá lejos.”  (4)

Como es notorio, Perón le señala a su amigo la falta de arquetipos, o sea de ejemplos y esto remite directamente a la falta de realizaciones. Porque, ¿De que otra cosa se puede el nutrir el hombre si no de aquello que fue ejemplificador y  en particular de quién fue el realizador, del que actuó, del que produjo hechos? No tenían los nacionalistas arquetipos, porque entre ellos no había realizadores. Perón, responde a esto con un axioma que lo acompañará toda su vida: “Mejor que decir es hacer y mejor que prometer es realizar”. Por eso, al llegar a la Secretaría de Trabajo y Previsión, desencadena una catarata de hechos y realizaciones que son los que concretamente lo elevan a líder y jefe del pueblo trabajador. El nacionalismo no puede asemejarse a algo parecido, ni en lo más mínimo.

Sin embargo y frente al acto electoral que se avecina Perón debe sumar y los nacionalistas no quieren quedar marginados. La alianza y el acuerdo son inevitables.

Una buena fotografía de esta alianza la da Félix Luna en “El 45”, de donde transcribimos lo siguiente:

“….También estaban los nacionalistas. Ellos no tenían –como no lo tuvieron antes ni lo tendrían después, un aparato partidario propio. La Alianza Libertadora Nacionalista era un grupo que no representaba a la totalidad del nacionalismo, aunque nucleaba el sector juvenil más combativo; esta organización ya apoyaba a Perón desde agosto. Pero estaba el nacionalismo tradicional, el que floreció en la revolución de 1930,…….Venían de un hábito aristocrático, hispanista y católico. Habían desconfiado siempre del ‘populismo’ (comillas nuestras, ya que es un término inexacto, inapropiado y equívoco sobre el peronismo) de Perón pero mucho menos les gustaba la alternativa de los partidos democráticos. Defenestrados por el propio Perón no menos de dos veces –al romper relaciones con el Eje y al declarar la guerra a Alemania y Japón-, los nacionalistas olvidaban ahora sus agravios para apoyarlo. Después de todo, Perón se parecía bastante al Mesías político cuyo advenimiento habían esperado siempre: hombre de armas, joven, atractivo, con una clara posición antiyanqui, dueño de palabras que había tomado de su arsenal y que pronunciaba con una rotunda voz de líder que los conmovía: ’cipayos’, ‘vendepatrias’, ‘decada infame’, ‘soberanía’.

Perón los necesitaba…..Necesitaba nutrir con un contenido de vibración nacional, criolla, tradicionalista, una prédica que el laborismo podía desviar peligrosamente hacia la izquierda y al puro materialismo. Además los necesitaba para la invectiva política, la pulla inteligente, el manejo de los motes y el ridículo: estos intelectuales formados en la admiración por la belleza estilística de Charles Maurras y Drieu La Rochelle, eran expertos en tales usos. A su vez –como tantos otros- ellos se le acercaron de nuevo, convencidos de que ahora sí, definitivamente, superados los conflictos palaciegos que habían obligado a Perón a alucinantes gambetas políticas, habrían de manejarlo y lo convertirían en mero portavoz de su ideario.

El 30 de octubre Perón se reunían con el estado mayor del nacionalismo, integrado entre otros por Carlos Ibarguren, Manuel Fresco y Carlos Steffens Soler, en una cena realizada en la mansión del doctor Norberto Gorostiaga…….La alianza quedó sellada.”  (5)

 

Pero no debe verse la alianza Perón-nacionalistas como un mero acuerdo electoral. Corresponde advertir también que, ya el pensamiento de Perón prevé un objetivo estratégico como  es el de la Comunidad Organizada y esto es para todos los sectores de la comunidad, no solo para los que comulguen con la doctrina peronista en su totalidad. Es la grandeza de un conductor y esta llegará a todos.

 

Este es el punto justo y oportuno para precisar y dejar en claro una cuestión siempre presente, a la hora de definir quienes son nacionalistas y quienes peronistas.

Es importante visualizar el tratamiento que da a la cuestión, la intelectualidad extranjera y mucha de la argentina al servicio de la contracultura. Simplemente asimilan peronismo a nacionalismo. Así, Perón siempre es “presentado” como nacionalista, tal como si fueran términos sinonímicos. Nada más inexacto. El problema reside en que, o bien desconocen la dimensión de nueva doctrina e ideología universal del justicialismo, superando al liberalismo y al marxismo y toman por el atajo de definirlo como nacionalismo, o bien la conocen y la niegan como tal, para lo cual toman el mismo atajo que los anteriores.

Por su parte, los nacionalistas argentinos, rara vez se definen como peronistas. Su marco de contención es el nacionalismo, como si se tratara de un pensamiento con categoría de pensamiento ideológico nuevo. Pueden ser nacionalistas y no peronistas. De hecho así lo hacen.

 Por el contrario el peronismo, sí contiene al nacionalismo, por ser integrador y alcanzar niveles de doctrina y propuestas universales absolutamente nuevas y superadoras. De  tal forma que definirse como peronista, incluye al nacionalismo entendido este, como la defensa de los todos intereses nacionales, políticos, patrimoniales, históricos, culturales y económicos. En esa inteligencia, todos los peronistas somos nacionalistas, aunque no por la definición de estos últimos. 

 

 

El Partido Independiente

 

Esta formación orgánica, fue una de las tres que confluyeron en promover, alentar y sostener, la candidatura de Perón como presidente en las próximas elecciones del 24 de febrero.

Reunía esencialmente a dirigentes del interior ligados al conservadorismo, pero no en su raigambre oligárquico liberal, sino en el sostenimiento de posturas nacionales, ligadas, necesariamente, al sentir popular.

Fue dirigido por dos militares, el primero amigo de Perón, Filomeno J. Velazco, quien como jefe de la Policía Federal durante el 17 de octubre pudo contener la contradicciones internas de la fuerza y fue quién hizo bajar los puentes sobre el Riachuelo, después que fueran levantados por la fuerzas al servicio de la oligarquía demostrando su total inutilidad, ya que los trabajadores igual cruzaron el río. El otro militar fue contralmirante Alberto Tessaire, futuro diputado y luego vicepresidente de la Nación.

Algunos dirigentes conservadores destacados fueron, entre otros, Héctor Sustaita Seeber, José Visca y Héctor J. Cámpora, futuro presidente de la Cámara de Diputados de la Nación y presidente de la Nación en 1973.

 

 

El aporte decisivo

 

Hemos mencionado anteriormente, como aporte decisivo, al grueso de los trabajadores que estaban desencuadrados y no afiliados a  partidos y sindicatos.

Dimos el caso de Carlos A. Lotitto, con el ejemplo nítido y transparente de un argentino, como tantos, que a partir de este punto de la historia se sumaba a Perón en la naciente revolución justicialista, porque “tenía otros sueños” y resultaba ser un gran predicador.

El testimonio de Perón que sigue, muy poco conocido, esclarece el tema de una manera definitiva, es concluyente, concuerda y se hermana a la perfección con el de Lotitto. 



 

“Cien mil predicadores” “Un realizador y cien mil predicadores”.

Así es como Perón define a la primera etapa de una revolución. Así fue la revolución justicialista. Pero ¿Quiénes eran los cien mil predicadores a los que se refiere Perón? Exactamente aquellos que habían visto y recibido las acciones y beneficios ejecutados desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, concretamente la justicia social. Ellos, por lo tanto, eran los mejores predicadores para la campaña electoral del verano 45-46 y del futuro gobierno en manos de Perón. Este fue el aporte decisivo para realizar el 17 de octubre y para ganar la elección presidencial del 24 de febrero de 1946. Sobre los días previos al 17 de octubre y luego de haber renunciado a sus cargos Perón nos da este terminante testimonio: “….bueno, cuando yo me fui los cien mil predicadores que estaban distribuidos en todo el país empezaron a mover el piso. Cuando se movió el piso,  el gobierno mandó al jefe de policía para que me dijera si yo estaba preparando una revolución. No sean tontos, le contesté, ustedes querían una revolución para mí, yo no la quiero y no la voy a estar haciendo por mi cuenta. Se tranquilizaron más o menos pero el piso se seguía moviendo, al final me fueron a buscar y me metieron a la cárcel. Cuando me metieron a la cárcel eso trascendió y ahí salió esa maravillosa juventud que nosotros teníamos. Nosotros habíamos trabajado la juventud, es decir habíamos trabajado el futuro, no el presente ni el pasado….” (6)

Hasta acá, hemos detallado las fuerzas orgánicas que apoyaron a Perón en la batalla electoral de 1946. Eran organizaciones legalizadas y con personería jurídica habilitante para tales efectos y que como podemos apreciar, expresaban un arco de cierta importancia en el espectro político. Solo de cierta importancia, porque como partidos organizados eran absolutamente nuevos. Es que tenían días o semanas de recién constituidos y frente a los aparatos partidarios de los que acababan de desgajarse, eran, en algunos casos, indudablemente más pequeños. Si bien sus componentes venían de diferentes partidos tradicionales y ello aseguraba una clara experiencia y habilidad en las maniobras políticas por venir, no es menos cierto que el frente que estaba creando la oposición a Perón, estaba compuesto por viejos partidos con una organización más amplia, más aceitada y más desplegada en el territorio. Vale por caso el de la U.C.R., que ya contaba con más de cincuenta años de existencia y largas batallas electorales libradas en diferentes periodos.

 

¿Cual era entonces la fortaleza de Perón que iría a resultar decisiva en la suma de votos necesarios para llegar al gobierno? Además de sí mismo y de la cantidad de dirigentes políticos de los viejos partidos que se habían sumado a su lucha, y de los cuadros políticos y técnicos que él había ido formando desde hacía años por fuera de cualquier aparato político tradicional, estaba el grueso de los trabajadores y una buena parte de la clase media baja; los profesionales que por la naturaleza de su sensibilidad social, habían captado el mensaje de Perón y se sumaban a él; los pequeños comerciantes y empresarios con sentido nacional; artistas e intelectuales y muchos de todos ellos con un común denominador: no pertenecían a partido u organización política alguna, ni tampoco a ningún sindicato.

Los unía un sueño, distinto al mensaje de los partidos tradicionales. La llegada de Perón y el fulminante proceso desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, con los hechos diarios y la prédica constante, ponía por delante de esta enorme porción de la comunidad argentina, una “cruzada” de redención y de liberación. Un líder, un conductor en quién confiar. Algo por cierto con connotaciones y vínculos religiosos, que se irían a confirmar y fortalecer con los años posteriores.

 

Carlos Orlando Lotitto es un argentino más, humilde y de familia radical. Sin embargo,él tenía otros sueños”, nos explicaba su hija Olga. (7) Por eso nunca se afilió al radicalismo y se hizo peronista ni bien conoció a Perón. ¿Cuántos argentinos pensaban y sentían como Lotitto? Muchísimos. En principio todos los que dieron su voto a Perón y que van a participar en la revolución justicialista luego. Muchos de ellos, y aún antes del 17 de octubre, están confirmando la genética cultural argentina, esto es, están organizando los que se conocieron como Centros Cívicos Coronel Perón o como el mismísimo caso de Lotitto, que había fundado una biblioteca popular. Es lo que más tarde llamaremos Instituciones Libre del Pueblo. Organizaciones sociales, libres de cualquier atadura partidaria y donde la personas se organizaban alrededor de la resolución de sus problemas comunes. Este pueblo, desencuadrado, inorgánico, pero con una fina y profunda intuición y sabiduría, resultará ser la enorme fortaleza de Perón y el aporte decisivo, tanto para ganar la elección presidencial del 24 de febrero de 1946, como para pasar a formar parte de la nueva orgánica política propuesta por Perón: el Movimiento Peronista. 

 

 

Los nombres de los hombres de Perón: A medida que vaya transcurriendo nuestra investigación histórica sobre los tiempos por venir, iremos dando la procedencia política de los hombres más destacados en los gobiernos peronistas.

La Unión Democrática

“….No le hicieron caso”

El “nazifacismo” de Perón

 

 

Ceguera “Debo decir que la oligarquía, siempre tuvo un defecto más desarrollado que los otros varios que la adorna: su tremenda ceguera. No entendieron en absoluto lo que acababa de ocurrir en el país. No le hicieron caso”                                                                                                         J. D. Perón

 

 

 

Efectivamente, tal como lo dice  Perón y  con la crudeza que lo hace, la ceguera prevaleció en todas las consideraciones políticas de la oposición al naciente peronismo.

Decía el diario de la oligarquía La Nación, inmediatamente después del 17 de octubre: “….el insólito y vergonzoso espectáculo de los grupos que se adueñaron durante un día de la Plaza de Mayo…..”.

La U.C.R., para no ser menos, acompañaba a la oligarquía aportando una enorme cuota de negación de la realidad: “El 17 de octubre fue preparado por la Policía Federal y la Oficina de Trabajo y Previsión; en las fábricas y en los gremios compulsivamente obligaban muchos oficialistas y la policía a abandonar el trabajo y plegarse a la manifestación…”.

Una mezcla de odio con ceguera, les impedía una correcta lectura de lo que había pasado, fruto, seguramente, de décadas de desconocimiento e ignorancia de los verdaderos problemas nacionales y del sufrimiento del pueblo, y porque, si los conocían, no les interesaban en los más mínimo. El resultado fue, como ya lo analizamos, desembocar en el 17 de octubre, que más que una gesta de un día, fue el resultado de un largo proceso.

Sugerimos repasar los comentarios, análisis, declaraciones y editoriales periodísticos de la oligarquía y demás partidos opositores a Perón, con que cerramos nuestro trabajo sobre el 17 de octubre y que pueden ser encontrados en el link TEXTOS CENTRALES//La Ruta de Perón 1893-1945//La oposición y el 17 de octubre. Comentarios y declaraciones. El “hijoputismo”.

De su relectura, puede tenerse una anticipación de lo que va a suceder en el campo electoral que se avecina.

 

 

El “nazifascismo” de Perón

 

Entre el 4 y el 11 de febrero de 1945, y previo a la inminente finalización de la segunda guerra mundial, los jefes de estado de la Unión Soviética, Estados Unidos e Inglaterra, se reunieron en Yalta para definir el reparto del mundo. Terminada la guerra, los triunfadores se volvieron a reunir entre el 17 de julio y el 2 de agosto del mismo año en Postdam, y concluyeron la tarea de dividirse el mundo. La Unión Soviética dominará la mitad este de Europa y Estados Unidos hará lo propio con el Oeste y algunos enclaves del Oriente Asiático, tal lo acordado entonces.

Así las cosas, nadie, absolutamente nadie que no adhiriese a ese nuevo orden, estaba exento de cualquier atropello político y de ser víctima de cualquier decisión del imperio en contra de su soberanía.

Perón definió bien temprano y perfectamente los campos por los que no iría a transitar, es decir, ni con uno ni con el otro y consagró a las decisiones políticas propias, como irrenunciables actos de soberanía. Algo que el imperio no podía tolerar.

De ahí a transformarlo como una especie de demonio nazifascista, hubo un solo paso. Si se está con alguno de los dos bloques, bien y sino, se es nazifascista, según lo establecido.

La determinación y la definición de Estados Unidos al respecto,  acompañada en esta cuestión por la U.R.S.S., fue tajante “Perón debía ser nazifascista”. Tajante también fue la respuesta de Perón, Argentina y el peronismo son políticamente soberanos.

Pero además, lo que el imperio podía prever de un nuevo gobierno en la Argentina en manos de Perón, analizando la acción verdaderamente revolucionaria que se había iniciado desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, más los enunciados doctrinarios que a diario sembraba Perón, era sencillamente intolerable para sus intereses. Justicia social, independencia económica y soberanía política no encajaban en el nuevo esquema de poder mundial. Por lo tanto debía ser descalificado con algo bien pesado. La acusación de nazifascismo fue un intento en esa dirección.

Esta cuestión, así definida, va a sobrevolar toda la actividad política nacional del presente en 1945, será en 1946 el eje de campaña electoral de la Unión Democrática y estará constantemente presente como imputación en el futuro. El uso del término nazifascista se convertirá en una muletilla y en una chicana, carente de todo sustento y falsa por definición.

La oposición a Perón la usará a destajo y sin sentido cuantas veces lo requiera su discurso político y siempre escondiendo el verdadero motivo: el odio al pueblo y su incomprensión del fenómeno peronista como nueva postura ideológica, tan distante del liberalismo como del marxismo.

 

 

Como quedó demostrado por los documentos que exhibimos, la oligarquía y sus aliados repudiaron, despreciaron y desconocieron el valor de la movilización del 17 de octubre. Pero no solo eso sucedió. También fue posible advertir, pasados entre quince y veinte días después del 17, que el hecho era olvidado y del mismo ya no se hablaba más. Era como si no hubiese ocurrido. El pueblo nunca había estado en la Plaza de Mayo, según los análisis políticos de esta gente.  

Sin embargo, la embajada yanqui, que estaba por detrás (y por delante) de toda la maniobra antiperonista, en un hálito de realismo, se da cuenta de cual es la verdadera situación y así es como el encargado de negocios con rango de embajador John Moors Cabot, quien había sucedido a Braden, clava una señal de alerta que pocos tuvieron seriamente en cuenta. Escribe el día 18 de octubre un telegrama a su Secretaría de Estado, que dice textualmente:“…Es impresión generalizada que, a menos que la oposición reaccione rápidamente, el apoyo popular a Perón crecerá como una bola de nieve permitiéndole competir electoralmente, como candidato del pueblo, con mejores posibilidades de las que se le asignaban hasta ahora.”

 

 

 

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Embajador John Moors Cabot

 

 

El 17 de noviembre, es decir solo un mes más tarde, escribe otro telegrama a la Secretaría de Estado confirmando sus dudas: “Me parece que nuestra actitud actual hacia el régimen argentino está basada en gran parte en una serie de factores que no nos han llevado a conclusiones enteramente lógicas….”. Prosiguiendo luego: “….históricamente la Argentina fue el chico malo entre las repúblicas americanas durante muchos años y este país necesita ahora urgentes reformas sociales”. Y finaliza con un mazazo sobre la oposición al advertir que: “….la gente que más vocifera en la oposición no se destacó justamente por sus inclinaciones democráticas y que además hay otro factor y es que los argentinos, se están dando cuenta cada vez más firmemente de que éste es un problema argentino que deben resolver ellos mismos”. De todas formas la decisión política de Estados Unidos estaba tomada y Cabot debió, a pesar de sus dudas, cumplir con el trabajo asignado.

En su propio frente interno, Cabot, no las tendría todas consigo, ya que en Estados Unidos también había pensamientos recalcitrantes que no veían más allá de sus propios ojos. Las contradicciones entre las apreciaciones del embajador, la prensa yanqui y algunos funcionarios de la Secretaría de Estado se hicieron evidentes, pero finalmente y a pesar de ellas, su país jugó un papel preponderante en la campaña electoral en la Argentina, alentando todo tipo de maniobras para impedir que Perón llegase a la presidencia.

La prensa yanqui se colocó por encima de cualquier equilibrio mental, desbocándose y, desconociendo o no, los análisis objetivos de Cabot, eligió la inmundicia disfrazada de buena información, lo cual revela claramente hasta donde son capaces de llegar. Así, y citados por Joseph A. Page en su libro Perón, Primera Parte 1895-1952, pueden encontrarse artículos como los siguientes: el de Arnaldo Cortesi, corresponsal del New York Times en Argentina, escribiendo en el The New York Times Magazine bajo el título de “Retrato de un provocador del populacho”, donde afirmaba que Perón no usaba las formas gramaticales correctas en sus discursos; o el del la revista Life, quien destacó un fotógrafo para seguir la campaña de Perón y al publicar las tomas realizadas, atacaba a Evita con un disparate tal, como decir que “Evita ocupaba casi la misma posición en el régimen de Perón que la mujer de Goering, también actriz, había ocupado en la Alemania nazi”. Agrega Page, que “si Life optó por el camino de la bajeza, Look elegía el de la alcantarilla. Publicaba una crónica fotográfica ‘El Hitler de mañana’, encandilando a los lectores con la impresión inequívoca de que Perón era un pervertido sexual…..” (8)

 

La Unión Democrática descontaba su triunfo electoral. ¿En que basaba tal optimismo? En dos cuestiones centrales. Una era, la larguísima experiencia electoral del los partidos que la componían.

Ciertamente, hay que decir, era una razón de peso. El despliegue en el territorio nacional de la Unión Cívica Radical, aseguraba la presencia en el acto comicial de fiscales en todas las mesas de votación y de la actividad propagandística previa al mismo; el Partido Demócrata Progresista aseguraba una importante cantidad de votos en un distrito clave, como era la provincia de Santa Fe, lugar de origen de ese partido; el Partido Socialista aportaría significativa cantidad de votos en la Capital Federal y supuestamente (grosero error) arrastraría votos de la masa de trabajadores afiliada a los sindicatos controlados por el socialismo, llamados “libres” por Félix Luna, en una de sus habituales y desafortunadas contradicciones; el Partido Comunista no podía aportar demasiados votos, pero sí mucha militancia y organización, lo que no parecía desdeñable; los medios de difusión escritos y radiales jugaban, casi en su totalidad, a favor de la U.D.; lo mismo ocurría con las agrupaciones estudiantiles universitarias; los productores rurales en su conjunto y ni hablar de la Sociedad Rural, veían como un atropello el nuevo Estatuto del Peón Rural; las centrales empresarias como la Cámara de Comercio y la Bolsa de Valores de Buenos Aires, ligadas al los capitales extranjeros no podían menos que apoyar la cruzada antiperonista; la mayoría de la intelectualidad, tal como ocurrirá durante los gobiernos peronistas, veía al naciente peronismo como irracional y extravagante, impropio de las “elevadas propiedades culturales e intelectuales necesarias para ejercer el poder”; los conservadores, que no concurrirán a la alianza orgánicamente como Partido Demócrata Nacional, en razón del peso específico que tenía el desprestigio que arrastraban, por ser la imagen del fraude electoral de hace muy poco, poquísimo tiempo atrás, pero que a la hora de enfrentarse con el “dictador pro fascista”, aportarán dinero, votos e infinidad de contactos y resortes en empresas y sectores de poder y finalmente, una importante aunque no decisiva cantidad de votos de la clase media, que, acostumbrada a consumir y a razonar según cánones de formalidad democrática, “compraban” la idea de que el peronismo sería la dictadura ligada al “nazi-fascismo”. Todas estas fuerzas conducidas por la embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires y por la Secretaría para Asuntos Latinoamericanos de Estados Unidos con sede en Washington, donde Spruille Braden, el ex  embajador en la Argentina, era secretario adjunto y hombre fuerte. En resumen un fuerza electoral importante.

Dos aportes monetarios importantísimos salieron a luz en plena campaña electoral. El primero, fue el de un cheque librado por la Unión Industrial Argentina (que al decir de Perón no era “ni unión, ni era industrial, ni era argentina….”) a favor de la U.C.R. por $ 300.000, que fue depositado por este partido sin ningún disimulo y que por supuesto fue puesto en primerísimo plano por el peronismo como demostración clara y precisa de quién estaba detrás de la U.D. Tanta repercusión tuvo el hecho, que del el nació un estribillo  que lo estigmatizaba y que fue coreado en todos los actos del peronismo:

 

“Cheque, cheque, cheque

Chorros, chorros, chorros”

 

El segundo fue un aporte de u$s 300.000 entregado  por la embajada yanqui a la U.D. y que Perón denuncia en un reportaje concedido al diario New York Times el 31 de enero.

La segunda cuestión central que sumaba optimismo, era la ausencia total  en el peronismo de aparato partidario (esto al 17 de octubre de 1945). Dato muy cierto. Orgánicamente el peronismo, que estaba literalmente naciendo, no contaba con ninguna herramienta electoral. Pero no podían prever, por desconocimiento y por odio, mezclado con sectarismo reaccionario, la capacidad de organización que pondrían en ejecución Perón, los cuadros que se habían preparado desde hacía tiempo y los nuevos dirigentes que se sumaban. Lo que no tenían formar de  medir, era el grueso de la masa de votantes del peronismo. Lo ignoraban. Solo Perón podía auscultar este dato y no falló.    

Todo este panorama hacía que los dirigentes de la U.D. descontaran el triunfo electoral. No aparecía ninguna sombra de duda (supuestamente) sobre el resultado del mismo. A tal punto llegaba este optimismo, que comenzó a correr en algunos grupos que incluían al propio candidato a presidente Tamborini, la idea de derrocar al gobierno de Farrell ante la posibilidad, según la U.D., de que el gobierno cancelara el acto electoral o cometiera fraude en el mismo.

A continuación transcribiremos los detalles de esta conspiración, no dando por cierto la presunción que la promovía (el supuesto riesgo de anulación de los comicios o el fraude), sino más bien todo lo contrario. Es muy probable que alguien o algunos, poquísimos, más lúcidos y mejor informados, abstrayendo sus intereses y su odio a la lectura de la realidad, hayan previsto un triunfo claro del peronismo y por lo tanto hayan promovido la falsa idea de una posible anulación de los comicios o fraude, excusas estas para dar un golpe de estado. En tal caso, el proceso electoral no debía continuar.

De todos modos, Joseph A. Page, muy bien informado, escribe en el libro ya citado lo siguiente: “los opositores de Perón estaban tan seguros de la victoria que muchos de ellos sospechaban que el gobierno podrían cancelar o corromper la elección. Por lo tanto, desde el principio de la campaña, los miembros de UD comenzaron a conspirar activamente para derrocar por la fuerza al régimen. Se mantuvieron en estrecha relación la Embajada de Estados Unidos y otros enlaces norteamericanos. Aunque no existan pruebas de que los opositores hayan recibido armas o dinero de parte de Estados Unidos, los documentos disponibles brindan detalles esclarecedores de las intrigas que fabricaba la oposición mientras se proclamaba a sí misma ‘democrática’.

Hacia comienzos de noviembre una oleada de individuos ya había pedido consejo a los funcionarios de la embajada sobre cómo establecer contactos con comerciantes de armamentos en Estados Unidos y del resto del mundo. Hacia fines de mes, un hombre de negocios visitó a Spruille Braden en Washington para averiguar si el Departamento de Estado podría proveer ametralladoras y bazookas a elementos antiperonistas que contaban con el dinero para la compra. Braden se negó a mezclar en esto al gobierno de Estados Unidos.

Un informe de mediados de diciembre de los servicios militares de inteligencia, proveniente del Uruguay, daba detalles del llamado ‘Movimiento Argentino de Resistencia’. La rama central incluía a tamborín y otros representantes de partidos políticos de la UD. El comité militar estaba integrado por tres generales. Los brasileños los abastecerían de armas –rifles, ametralladoras, granadas, revólveres- que permanecerían en depósito en el sur del Brasil. Una flota de yates estaba alerta, lista para transportar estas armas a la Argentina. El levantamiento se produciría antes de las elecciones. El 21 de enero, Cabot, el encargado de negocios, informaba al secretario de estado Byners en un cable ultra secreto que la ‘revolución’ empezaría el 22 o el 29 de enero. Cuatro días más tarde le aseguraba que ‘la posibilidad de un temprano movimiento revolucionario parece ir aumentando constantemente’.

Perón estaba al tanto de los complots. En una entrevista publicada en New York Times el 31 de enero acusó a sus opositores de entrar armas de contrabando a la Argentina desde el Uruguay y señaló que Embajada de Estados Unidos participaba de la conspiración. No aportaba prueba alguna y probablemente no tenía más que el conocimiento de los contactos existentes entre los conjurados y los funcionarios de la embajada.

La rebelión armada nunca pasó de los preparativos. Un informe del servicio de Inteligencia Militar de los Estados Unidos señalaba que las permanentes discordias dentro del movimiento eran la principal barrera que tenía la acción.”(9)

 

 

 

Comienzo de la campaña electoral

Acto del Partido Comunista en el Luna Park-Contubernio Oligárquico Comunista

Marcha de la Constitución y de la Libertad

 

Nada hubo, especialmente en la oposición, que pudiese ser ubicado en el tiempo con una precisión absoluta, en lo que hace a una fecha del comienzo de la campaña. Esta ya había empezado antes del  17 de octubre, si es que se toma esta fecha  como  bisagra.

La U.D. ya estaba en formación desde hacía tiempo. Sus planes inmediatos habían sido desplazar a Perón y derrocar o controlar al gobierno. Hemos analizado detenidamente los meses de agosto a octubre y ya sabemos todo lo que ocurrió. Pero debemos agregar que la gestación de la U.D., con la conducción de la embajada yanqui, no cesó nunca y eso fue porque el plan de oponerse al frente nacional, requería de una trabajosa unidad tanto fuere para la conspiración, como para ganar eventuales elecciones presidenciales.

Esto es tan así que el día 1º septiembre, es decir antes del 17 de octubre y después que en las principales ciudades del interior se hicieran manifestaciones en pro de la alianza antiperonista, en Buenos Aires, el Partido Comunista, realizó un significativo acto en el Luna Park, al que fueron invitados importantes dirigentes del conservadorismo, tal como fue el caso de Antonio Santamarina, Alejandro Ceballos o José Castells. El increíble y asombroso acto, además de los propósitos políticos internos, dejaba con total claridad o en blanco sobre negro, cual era la política de los imperios anglo-sajón y soviético, esto es, la política inaugurada por los países triunfantes muy pocos meses antes en la 2ª Guerra Mundial: no debía levantar cabeza ningún movimiento nacional en ninguna parte del mundo. Para eso, y después de dividirse el mundo, los vencedores, dejaban atrás sus diferencias ideológicas y concurrían aliados a aplastar cualquier intento.

Así es como en el acto del Luna Park, el comunismo stalinista y prosoviético, no tiene ningún problema en desplegar arriba del palco central, las fotos que a continuación podrán verse en los fotogramas que reproducimos y que tal como puede leerse, ya se está anunciando que el “pueblo votará la fórmula de la Unión Democrática” y recién estamos en septiembre. Además, unos de los oradores centrales del acto, el dirigente comunista Rodolfo Ghioldi, dice textualmente, entre otras cosas: “Saludamos la reorganización del Partido Conservador, operada en oposición a la dictadura, que, sin desmedro de sus tradiciones sociales, se apresta al abrazo de la unidad nacional y que en las horas sombrías y el terror carcelario mantuvo en la persona de don Antonio Santamarina una envidiable conducta de dignidad civil.” Esto es, de un comunista a un conservador oligarca. Es la alianza que se viene en la historia argentina.

 

“Contra el nazifascismo – Sigamos su ejemplo”, rezaba el telón principal desplegado arriba del escenario en el Luna Park.

Pero ¿De quienes había que seguir el ejemplo? De los siguientes personajes cuyas fotografías también presidían el acto:

 

Franklin D. Roosevelt – ex Presidente de los Estados Unidos

Harry S. Truman –  Presidente de los Estados Unidos

 

Clement R. Attlle Primer Ministro de Gran Bretaña

Winston S. Churchill – ex Primer Ministro de Gran Bretaña

 

José Stalin – Presidente del Soviet Supremo de la Unión de Repúblicas

Socialistas Soviéticas

 

Estas eran las figuras paradigmáticas para la coalición antiperonista. No cabe agregar más nada. Las siguientes fotografías documentan el acto.
 

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Fotogramas extraídos de la película “Perón sinfonía del sentimiento” de Leonardo Favio

 

Así descriptas las dos fuerzas en pugna, nos ocupamos ahora de lleno en los hechos propiamente dichos de la campaña, que fue relativamente corta, porque el tiempo que restaba era breve, muy intensa, con dramáticas notas de violencia y con diferentes estrategias de un lado y del otro.

Debemos recordar que, cronológicamente vista, la U.D. había dado otro paso hacia su constitución definitiva. Esto fue pocos días después del acto del Partido Comunista en el Luna Park, exactamente el 19 de septiembre, cuando realizaron la Marcha de la Constitución y de la Libertad, de la cual nos ocupamos en los prolegómenos del 17 de octubre, pero que vale tenerla muy en cuenta, porque esta fuerza caminaba decididamente hacia su organización final como  opción electoral o como conspiradores, para derrocar al gobierno y/o a Perón. Ver en esta página en el Link La Ruta de Perón 1893-1945/Marcha de la Constitución y de la Libertad

8 de Diciembre de 1945

Acto de la Unión Democrática en Plaza de los Congresos

 

El 8 de diciembre de 1945 y aún antes de proclamar la fórmula presidencial, la Unión Democrática realiza un gigantesco acto frente al edificio del Congreso de la Nación. Es“el lado no conspirativo de la coalición”, según una muy exacta y precisa definición de Page, que confirma en su opinión, como la coalición jugaba cartas, tanto a las elecciones como a un golpe militar institucional.

Preside el acto, la fotografía de Roque Sáenz Peña, el inspirador de la ley de voto universal, secreto y obligatorio, la misma ley que fuera vulnerada tantas veces por conservadores y radicales alvearistas, hoy al frente de la U.D. y realizadores del acto, y con el lema “Por la libertad contra el nazismo”. La masiva concurrencia es calculada en 200.000 personas.

Naturalmente que el centro de los ataques es la persona de Perón, se vuelve a cantar la Marsellesa…., igual que el 19 de septiembre y el acto es cerrado por José Pascual Tamborini, que, virtualmente, es el candidato presidencial de la coalición. Falta solo su designación formal y la proclamación.

La desconcentración es violenta y trágica: cuatro muertos (dos radicales, un socialista y un comunista) y decenas de heridos. Perón reacciona enérgicamente contra los grupos que en su nombre se enfrentaron con la concurrencia al acto y emite el siguiente comunicado, donde fija claramente y sin dejar duda alguna su posición:…..sujetos irresponsables al grito de Viva Rosas, Mueran los judíos, Viva Perón, escudan su indignidad para sembrar la alarma y la confusión. Quienes así proceden viven al margen de toda norma democrática y no pueden integrar las filas de ninguna fuerza política argentina.”

Es muy posible que los enviados a provocar la filas de los concurrentes, hubiesen partido de los oscuros recovecos de los servicios de inteligencia nacionales e internacionales, interesados, lógicamente, en señalar al peronismo como responsable de tamaño enfrentamiento. Haya sido como haya sido, de todas formas, la acción va marcar un grado de enfrentamiento solo atribuible a la pasión, que va a llevar a la repetición de actos de violencia y atentados durante toda la campaña electoral, por ejemplo, contra la vida de Perón y de Evita, tal como vamos a dejar registrado en esta página. Pasión solo explicable porque lo que estaba en juego era nada más y nada menos, que la muerte y el entierro de la Argentina del pasado. La oligarquía, consciente de esto, puso todo lo que podía poner en juego. Perón, consciente de lo mismo y con la visión de quien “tiene sabidurías que contienen al futuro” (10), movilizó hasta el último resorte de la conciencia de los argentinos y ganará la partida.

 

 

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8 de diciembre de 1945 – Acto de la Unión Democrática en Plaza de los 2 Congresos, Buenos Aires – Foto Archivo General de la Nación

Como quedó dicho, faltaba en la Unión Democrática la designación y proclamación formal de la fórmula presidencial. Lo primero va a correr por cuenta de la U.C.R., quién va a aportar dos de sus dirigentes para cubrir ese espacio, siendo que era el único partido de la coalición en condiciones de presentar un dúo de dirigentes con proyección nacional.

No podía hacerlo el Partido Comunista, por lo minúsculo que era y porque obviamente, a pesar del acuerdo internacional de los imperios, era imposible una fórmula con un dirigente de ese partido; no podían hacerlo ni el Partido Demócrata Progresista ni el Partido Socialista, también en razón de sus respectivas pequeñeces; no podía hacerlo el Partido Demócrata Nacional, conservador oligarca, porque estaba muy fresca la Década Infame y estaba impregnado por la misma, por el fraude y la corrupción. Quedaban los radicales, pero tampoco podía ser cualquier radical, debía ser una fórmula que sintetizara todos los intereses aliados. Para esto, la U.C.R. debía sortear primero internamente la puja entre alvearistas e intransigentes. Debían ganar los primeros porque eran los más conservadores y los más próximos al espíritu oligarca que prevalecía en el antiperonismo.

 

Elección de la fórmula Tamborini-Mosca

 

El 27 de diciembre de 1945, se reúne la  Convención Nacional del partido, que es el órgano con atribuciones para designar candidatos. El unionismo (alvearismo) tiene amplia mayoría sobre el sector intransigente de Amadeo Sabattini, Arturo Frondizi y el joven Ricardo Balbín, aprobándose todo lo actuado hasta acá y  quedando expedito el camino para la designación de la fórmula, hecho que se produce el 30 de diciembre. Los candidatos a presidente para la elección del 24 de febrero próximo, son José P. Tamborini y Enrique N. Mosca. 

Todos los partidos que forman la coalición saludan entusiasmados y asienten conformes la designación, asumiéndola como propia.

Dice el diario socialista La Vanguardia del 1º de enero de 1946: La elección de la fórmula es un triunfo de la comprensión y elevación de miras de que han hecho gala los partidos democráticos. Por encima de los intereses banderizos y las cerradas intransigencias, el voto de la Convención Radical simboliza el mismo dramatismo de la presente hora argentina. Frente al enemigo común, todos nos unimos.”

Queda así formalmente constituida, a partir de una fórmula única y consensuada, la Unión Democrática que, en términos de candidaturas, será el único espacio que compartan, ya que cada partido irá con boleta propia donde estarán Tamborini-Mosca para presidente y vicepresidente y de ahí para abajo y en cada categoría de la boleta, los candidatos a gobernadores, legisladores, intendentes y concejales, serán candidatos propios de cada uno de los partidos intervinientes en la coalición. Las excepciones para alguna candidatura local, serán mediante acuerdos parciales de las fuerzas.

Según F. Luna: “Cualquiera podía advertir que el binomio presidencial y los presidentes de los cuerpos superiores del partido habían, sin excepción, enfrentando a Yrigoyen años atrás, y pertenecido al antipersonalismo. La presencia de este equipo en la conducción radical no era una coincidencia: la tradicional fuerza mayoritaria estaba copada por un grupo que había abandonado deliberadamente el estilo político con que Yrigoyen la había convertido en un instrumento de significación nacional y vibrante dimensión popular. El alvearismo se había adueñado otra vez de la U.C.R. y ahora se trataba de desdibujar su singularidad para rebajar el partido a un común denominador que fuera aceptable al socialismo, el comunismo y hasta el conservadorismo, que semanas más tarde resolvería no presentar fórmula presidencial, en tácito apoyo a la Unión Democrática………. Y la presencia de Tamborini al frente de la coalición democrática la teñía inevitablemente de pasatismo, parsimonia, irrealismo, le daba un aire tan digno como rancio y anacrónico.” (11) Agrega Page, que, según la inteligencia militar de Estados Unidos, el candidato de la coalición, “No es brillante, ni como estadista ni orador y su personalidad no es nada interesante”. (12) La inteligencia yanqui está acertando. Además de las condiciones objetivamente previsibles en cuanto a los votos que irían de conseguir una y otra fuerza, también objetivaban que Perón tenía una personalidad avasallante y la que le oponía Tamborini queda lejos de la misma, muy lejos.

 

 

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José P. Tamborini-Candidato presidencial de la Unión Democrática

Pero además Page, observa agudamente que el problema principal de la U.D. era su plataforma política: “La coalición había adoptado una posición firme contra el nazismo, pero ‘la amenaza nazi’ no era un hecho tangible para la mayoría de los argentinos. La U.D. salía también en defensa de la libertad y la democracia, pero en abstracto, con la misma retórica gastada que los radicales habían utilizado a principios de siglo.” (13) Lo que no dice Page, es que se abren las puertas a otra democracia, más real, más directa y más ligada a los intereses populares, cosa que el radicalismo había renunciado hacía ya mucho tiempo. El pueblo, con su fenomenal intuición y sabiduría, advierte y presiente que esto va a venir de la mano del peronismo.

El embajador Cabot es todavía más categórico cuando señala en un telegrama a su gobierno que, “en este país ha comenzado una revolución. Hasta dónde llegará solo la historia podrás decirlo…….Afirmar que la reforma social debe ser lograda a través del proceso democrático es ignorar el hecho de que en la Argentina los procesos democráticos del pasado han fracasado (¡¡¡!!!) La tragedia de la Argentina es que no cuenta con un gran dirigente democrático a quién pueda volcarse creyendo en sus objetivos sociales y en su capacidad y determinación para hacerlos efectivos.”  Lo que afirma Cabot, es que Tamborini no es el hombre para enfrentar a Perón. Esta definición enviada a su gobierno, lo hará extremar recursos de toda clase ante la evidencia de Perón podía ganar la elección, tal como veremos en breve.

 

Lo cierto es que Tamborini había pertenecido al antiyrigoyenismo, militando tempranamente en el antipersonalismo alverarista como diputado, ministro del interior de Alvear y luego senador. Mosca, a su vez, era la figura clave del antipersonalismo radical en Santa , decisivo para satisfacer al voto demócrata progresista. Ambos entonces eran el pasado y además un pasado tenebroso, en el que no se podía encontrar nada que hubiese estado a favor del pueblo y de la patria. Esto sería fatal para la U.D.  

Ambos candidatos de la corriente interna alvearista del radicalismo, expresan de un modo más que claro, hasta donde avanzó la oligarquización de este partido cuando abandona las banderas de Hipólito Yrigoyen, proceso que venía de la década del 20, acentuado en la del 30 con la participación en el poder durante la Década Infame a través de la Concordancia y que culmina en esta elección, con una alianza con lo peor del conservadorismo liberal y fogoneada por Estados Unidos. Triste destino.

 

                     

Decreto Ley Nro. 33.302/45 sobre aguinaldos y aumento de salarios

 

 En el mes de diciembre el gobierno, a través de la Secretaría de Trabajo y Previsión, al frente de la cual había quedado el Teniente Coronel Mercante, emite un decreto ley  por el cual se otorga a todos los trabajadores un aumento salarial y se extiende la obligatoriedad de pagar el aguinaldo a todos los gremios. (Algunos ya habían obtenido ese beneficio). El decreto fue publicado en la página 8 del Boletín Oficial el 31 de diciembre.

La increíble e inaudita torpeza de las fuerzas opositoras a Perón, los llevó a colocarse decididamente en contra de la medida del gobierno, con lo cual lisa y llanamente se colocaban en contra de los intereses de los trabajadores. De hecho, la Unión Industrial Argentina, la Bolsa de Valores de Buenos Aires y la Cámara de Comercio Argentina, se opusieron furiosamente contra la medida, descolocando de un modo bastante notorio a la coalición electoral, porque esta, a menos de sesenta días de las elecciones no podía enfrentarse abiertamente contra una medida que legislaba sobre principios de estricta justicia laboral y social. De todos modos y contra toda lógica, hubo de hacerlo, porque de otro modo se enfrentaba con sus propios integrantes.

Los socialistas, al borde del desquicio intelectual y político, arremetieron contra la medida de este modo en la páginas de su órgano de expresión política, el diario La Vanguardia del 22 de enero de 1946: “…cruda demagogia electoral……, destinada a someter y domesticar los sindicatos libres……, el aguinaldo es el sebo (¿¿¿???¡¡¡!!!) para engañar, es el anzuelo, pero el propósito es domesticar a la clase trabajadora para luego utilizarla con fines bastardos…..”, es lo que puede leerse en un editorial del diario, a propósito de la implantación del aguinaldo y del aumento en los salarios.

La reacción empresarial fue tan descomedida, que no pagaban ya entrado enero, ni el aguinaldo ni el aumento de salarios, por lo cual la CGT declaró una huelga general. En respuesta a esta medida el 10 de enero, las centrales empresarias declararon un Lock-out patronal (huelga empresarial) para los días 13, 14 y 15.

Así las cosas, y después de algunas semanas de forcejeos, las patronales debieron aceptar el decreto ley y pagaron el aumento salarial y el aguinaldo.

El resultado desde el punto de vista electoral fue, para la U.D., desastroso, porque el desgaste imprevisto que le reportó colocarse en oposición a los legítimos derechos de los trabajadores, la alejó aún más de esa masa de votantes.

 

 

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Insignia  y afiche de campaña de la Unión Democrática

 

 

Mientras estos hechos ocurrían, la campaña estaba instalada en todo el país con un inusitado apasionamiento, fruto de lo que, ni más ni menos, estaba en juego y que ya hemos señalado, pero a medida que transcurrían los días y las pocas semanas que quedaban antes del acto eleccionario, iban cobrando cada vez más impulso. Se sucedían todo tipo de situaciones y de acciones, de las más variadas y provenientes de todos los rincones de la Argentina y de Estados Unidos e Inglaterra. Tal era lo que se estaba por dirimir.

La violencia continuaba a cada paso y los grupos de choque no dejaban de tirotearse ahí adonde pudiesen encontrar. Así, ahora la víctima fatal fue un militante de Alianza Libertadora Nacionalista, muerto a balazos el 10 de enero de 1946 por integrantes de la U.D., que desde un automóvil dispararon contra un local de la agrupación en la avenida Córdoba al 3900 de la ciudad de Buenos Aires.

Coincidimos acá con la apreciación de F. Luna en cuanto a que, la propaganda política en curso durante estos meses, era “inútil”, dicho esto en términos relativos, porque lo decisivo y esto era así, ya estaba planteado y dirimido, hasta cierto punto, en años anteriores.  La trayectoria de las fuerzas en pugna era un dato imposible de borrar en la conciencia de cada argentino. El pasado marcaba a fuego a la U.D. y el joven peronismo acreditaba la gestión verdaderamente revolucionaria de la Secretaría de Trabajo y Previsión y el 17 de octubre de 1945. Solo se trataba de confirmarla, aunque la memoria de algo tan reciente era demoledora. La U.D. no pudo contra esto.

 

 

El ridículo: los Trece Telegramas

 

Para colmo de los males, el 17 de enero, Cabot, encargado de negocios de la embajada de Estados Unidos, virtual embajador desde el retiro de Braden, convocó a los medios de prensa para algo realmente insólito y asombroso, y que no dejó lugar a dudas en cuanto a como “jugaba” cada quién en las fuerzas que competían.

Informaba el embajador, sobre el “hallazgo” en Nuremberg (ciudad de Alemania donde se enjuiciaba a los jerarcas nazis aprendidos por los aliados) de una cantidad de documentos, en rigor trece telegramas, entre la embajada alemana en Buenos Aires durante la 2da. Guerra mundial recién finalizada, donde supuestamente se demostraba los vínculos del gobierno argentino con el gobierno nazi.

Dada la inconsistencia y falsedad de los supuestos documentos, más cerca de lo ridículo que de cualquier otra cosa, ningún efecto tuvo la conferencia de prensa, excepto dos cosas. La primera, una demostración del desparpajo e insolencia con que Estados Unidos intervenía en la campaña electoral en la Argentina, donde el embajador expresó textualmente: “los he llamado para que sepan quiénes son los verdaderos ‘vendepatrias’.” El embajador yanqui dictaminando quién es vendepatria y quién no en nuestro país. Así eran las cosas del lado de la U.D.

La segunda fue que, la conferencia de prensa era en realidad un globo de ensayo para algo que iba a suceder semanas más tarde y estaba siendo elaborado por Branden en su sede de Washington. Se trataría de un libro donde se iban a explicar parecidos argumentos a los trece telegramas, pero con algo todavía mucho más asombroso, tal como fue una “consulta” a los países latinoamericanos sobre el caso argentino. El libro se llamó “Libro Azul”, el último error, desatino y torpeza de la U.D. y mas adelante daremos cuenta de el.

 

 

“Tren de la Victoria” – 1ª gira

 

El 21 de enero de 1946, la dirigencia de la U.D. comenzaba su primera gira proselitista a bordo de un tren que fue bautizado como “Tren de la Victoria”.

El itinerario fue Buenos Aires, Santiago del Estero, Salta, Jujuy, San Pedro (Jujuy), Tucumán, donde prosiguió con custodia del ejército, Recreo (Catamarca), San Fernando del Valle de Catamarca, La Rioja, Córdoba y Rosario (Santa ) para arribar a Buenos Aires el día 29 de enero.

La gira fue exitosa según los cálculos de los dirigentes de la U.D., particularmente por los actos realizados en Rosario, Córdoba y en la llegada a la estación Retiro de Buenos Aires, pero quedó demostrado lo consignado anteriormente en cuanto a la lamentable violencia de la puja política en desarrollo. El tren fue reiteradamente apedreado a su paso por las distintas ciudades, muestra también del repudio que generaba su paso por poblaciones de extrema pobreza, donde la dirigencia oligárquica conservadora había desvastado la patria. Las pedreas eran una respuesta a ese pasado y presente. En todos esos lugares no estaba el grupo de choque de la Alianza Libertadora Nacionalista, por lo que no debía suponerse que hubiesen enfrentamientos y provocaciones mutuas, simplemente era el pueblo que se expresaba. Un dato: en algunos lugares del norte argentino, la expectativa de vida apenas superaba los treinta años de edad. Un “regalito” del sistema oligárquico conservador a la especie humana. Las apedreadas tenían que ver con esto.

 

Mientras transcurría esta gira y como parte de la campaña política, se hicieron rodar fuertes rumores sobre una posible postergación de los comicios. La respuesta del gobierno fue contundente. En reunión del presidente Farrell con la totalidad de sus ministros, se anunció que los comicios se realizarían sí o sí y en los plazos establecidos. Un nuevo frente en la batalla estaba en curso de acción. Es conocido desde siempre, que la acción psicológica va más allá de la veracidad de lo que se afirma. Se parte del presupuesto de que “siempre algo queda” y esta era la táctica de la U.D. A los trece telegramas de Cabot, deben agregarse denuncias al Ejército Argentino, como que estuviese entrenando fuerzas de choque y la más delirante: Perón preparaba otro 17 de octubre y se aprestaba a tomar el poder sin elecciones. Todo, obviamente falso.

 

Una jugada muy fuerte de las fuerzas opositoras a Perón, fue hacerle declarar a la Corte Suprema de la Nación (adicta a la oligarquía), un fallo donde se anulaban las facultades de las Regionales de la Secretaría de Trabajo y Previsión de la Nación, para aplicar multas en caso de incumplimientos de las normas de trabajo. El pretexto fue la supuesta inconstitucionalidad de esas facultades. ¿No extremaba la oligarquía sus recursos, ante la ineludible realidad que imponía el sistema de justicia social que comenzaba a regir? Increíble resistencia ante los avances sociales. Dirían en su fuero interno: ¡Ante esta realidad y para no pagar con las obligaciones patronales, debe declararse la inconstitucionalidad de las facultades! ¡Viva la injusticia social!

Además de querer detener la historia frente al verdadero progreso humano, el fallo se daba pocas semanas antes de los comicios. Otra torpeza inaudita de la U.D., que se encargó de dejar en claro adonde irían a parar las conquistas sociales si ganaban las elecciones. Obviamente esto le sumó todavía más votos a Perón.

 

 

“Tren de la Victoria” – 2ª gira

 

El 2 de febrero de 1946, el “Tren de la Victoria” inició su segunda gira. Esta vez el rumbo fue hacia el litoral del territorio argentino, primeramente pasando por Concepción del Uruguay y Concordia en la provincia de Entre Ríos, siguiendo luego por Corrientes y Resistencia, provincia del Chaco. La gira, al igual que la primera congregó a su paso a numerosos adictos y a diferencia de aquella, no registró ningún hecho de violencia que hubiere sido necesario mencionar. Fue en ese sentido una gira pacífica. Regresó a Buenos Aires el día 7 de febrero.

 

 

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Tren de la Victoria, con huellas de las apedreadas

 

 

9 de febrero de 1946

Proclamación de la fórmula Tamborini-Mosca

 

Si bien la fórmula presidencial de la U.D. estaba ya constituida, aceptada por todas las fuerzas intervinientes en la coalición, y que cada uno de los partidos de la misma había integrado ya sus respectivas listas por separado, pero con esa fórmula presidencial única, faltaba el acto formal de proclamación en el distrito Buenos Aires. Esto ocurrió  el 9 de febrero de 1946, catorce días antes de las elecciones.

Un importante acto en la esquina de las avenidas 9 de Julio y Rivadavia de la ciudad de Buenos Aires, dio el marco para su realización. Aproximadamente dos cuadras de gente a partir del palco donde estaban los oradores, da un cálculo de lo importante que fue el acto.

Hablaron Ricardo Rojas (Unión Cívica Radical), Luciano Molina (Partido Demócrata Progresista), Alfredo L. Palacios (Partido Socialista), Rodolfo Ghioldi (Partido Comunista) y luego los candidatos a presidente y vice.

La nota destacada del acto la dio Tamborini, quien dijo en su discurso: “Antes que nada, he de ser el presidente de la Constitución.” O sea, no dijo absolutamente nada como propuesta, a menos que se tenga por tal la formalidad demoliberal de usar como estandarte a la Constitución Nacional, reiteradamente violada por ellos mismos, e inútil en si misma como herramienta para la felicidad del pueblo, si los hechos no prevalecen sobre los dichos y no concuerdan con el texto de la misma. Solo hablando de la constitución (al margen de que es de cuño liberal) no se  soluciona de por sí ninguna cuestión. Vana y vacua concepción de la política, que cree más en la enunciación de principios que en la realización de los mismos.

Treinta y siete años después, otro candidato radical, Raúl Alfonsín, cerraba un acto de la campaña presidencial de 1983 en el Luna Park, enardeciendo a los asistentes a un extremo pocas veces visto, con el recitado del preámbulo de la misma constitución que citara Tamborini, confundiendo él y los presentes los principios con las realizaciones. En el mismo acto afirmaría, además, que “con la democracia se come, se educa y se sana”. Cinco años y medio después, debió abandonar el gobierno en medio de una fenomenal crisis, política, económica y social con el país en llamas y donde abundaban los saqueos de los mas pobres para poder comer. Tal el desastre económico financiero que su política había generado. Obviamente, con el enunciado del preámbulo de la constitución, la “democracia” formal del demoliberalismo no había resuelto absolutamente nada.

Dos dirigentes de la misma matriz.

 

 

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Enrique Mosca entre partidarios y acto de la Unión Democrática

 

 

Doctrina Rodríguez Larreta

El Libro Azul

 

Increíblemente, además de las acciones conspirativas que hemos consignado y antes de finalizar el año 1945, se conoció la llamada doctrina Rodríguez Larreta. ¿Qué era esto? Simplemente, otro globo de ensayo de Estados Unidos, lanzado esta vez en el resto de los países americanos, para explorar la posibilidad de intervenir militarmente en Argentina y detener el “régimen nazi-fascista”.

Rodríguez Larreta era el canciller uruguayo y títere, en esta ocasión, de la operación yanqui. El presupuesto era que, debía actuarse colectivamente “contra los gobiernos del continente que violaron los derechos y libertades básicas del pueblo”. O sea, un tribunal interamericano y una intervención militar conjunta contra la Argentina. El colmo del delirio. Pero como tal, tenía sus adeptos en las filas de la U.D. y con esa acción soñaron entusiasmados, hasta que la misma cayó por su propia naturaleza descabellada y por la fría recepción que tuvo en el conjunto de los países hermanos especialmente dos de ellos, muy claves: Chile y Brasil. La operación murió rápidamente, no sin dejar ver con claridad, hasta donde se intentaba llegar.

 

Si este globo de ensayo había fracasado, no por eso dejaban de tramarse las más variadas jugadas políticas contra el gobierno de Farrell y contra Perón. Todas ellas concebidas en Washington, lugar desde donde se conducía la política de la U.D.

Ya hemos analizado la intervención de Braden durante su estadía en Argentina como embajador; hemos visto como de su mano se planificó y se creó la U.D.; como  sucedieron los actos en el Luna Park, en la Marcha de la Libertad, en la Plaza de los dos Congresos y en la avenida 9 de Julio; como se recorrió el país a bordo del Tren de la Victoria; como incidían en esta fuerza los poderosos intereses oligárquicos jurídicos y financieros y por su supuesto los extranjeros. Todo parecía desembocar en un victoria clara, pero la  “inteligencia” yanki tenía aún una carta por jugar. Y eso era porque no estaba muy segura sobre una clara victoria de la U.D. Es muy posible que, con los ilimitados recursos de que disponía, haya tenido una aproximación bastante exacta al resultado final de las elecciones previstas para el  24 de febrero. También y como hemos consignado ya, las acciones por realizar eran arduamente debatidas en el seno de la Secretaría para Asuntos Latinoamericanos. No todos estaban de acuerdo con las acciones previstas. Sí lo estaban en que algo importante debía hacerse.

Cabía esperar entonces el último manotazo para ensuciar a Perón y verdaderamente sucedió.

 

El día 11 de febrero de 1946 (estamos a 13 días de las elecciones), Estados Unidos decide entregar a todas las misiones diplomáticas latinoamericanas acreditadas en Washington, un documento titulado “Consulta entre las repúblicas americanas respecto de la situación argentina” o como fue rápidamente retitulado, el Libro Azul.

Una especie de colmo de la desfachatez y de colección de mentiras presentada como documento, donde se repetían las ya consabidas acusaciones de nazifascistas a los funcionarios argentinos, pero con tanta poca prolijidad y con tanta torpeza, que hasta se mezclaron nombres del gobierno de Castillo, anterior al pronunciamiento de 1943 y una cantidad de imputaciones tan burdas que nadie afuera de la U.D. y no todos dentro de ella (Ejemplo: Ricardo Rojas) creyeron.

Va de suyo que el modo de presentarlo, en Washington, con texto en idioma inglés y por funcionarios del gobierno yanki, excedía cualquier moderación diplomática. Estados Unidos quemaba sus último cartucho en la U.D. y dejaba en claro su papel de amo occidental en el reparto mundial que le había tocado y arremetía brutalmente con su descarada injerencia política y con la absoluta complicidad de la dirigencia nativa-cipaya de la U.D., que se mostró más que complacida por la supuesta ayuda norteamericana. Bien pronto caerían en cuenta del tremendo error que habían cometido.

El documento fue ayudado a redactar por Gustavo Durán, un español escritor y republicano, pero que no tenía ningún inconveniente en trabajar como espía para la inteligencia yanqui y para Braden. Su tarea era “detectar” nazi-fascistas en nuestro continente, de tal modo que fue contratado por la Secretaría de Asuntos Latinoamericanos y finalmente terminó redactando el Libro Azul, para “desenmascarar” a Perón. Como veremos, no le fue nada bien.

Fue dado a conocer dos días después del exitoso acto de U.D. en la avenida 9 de Julio y no fue por casualidad. El acto fue lo suficientemente numeroso, como para envalentonar a Braden en publicar el “pasquín” mencionado.   

Ya disponible en la Argentina, los diarios, mayoritariamente al servicio de la U.D., se mostraron satisfechos y muy entusiasmados por la “ayuda” estadounidense. Por caso “La Nación”, entre los más oligárquicos, expresaba el 13 de febrero que, “No es, conforme se verá, un documento de orden común ni aparece inspirado en un propósito contra el país y el pueblo argentino”.

El socialista “La Vanguardia” titulaba el día 15 a toda página, “La pandilla nazi crea a la Argentina una situación gravísima”, añadiendo que el día en que apareció el libelo yanqui, había sido “un día de luto para la Patria ya que una camarilla ha negociado al bando nazi el prestigio internacional de la Argentina”.

Toda la acción de Perón contra Braden era, para este diario, algo así como un delito de alta traición a la Patria. Mientras ellos, los socialistas en la U.D. veían al ex embajador como “benemérito amigo de la Argentina, eminente demócrata y extraordinario embajador” (SIC), tal era la seducción que este personaje ejercía en estos argentinos que creían, como lo volverán a hacer, que la liberación vendría de la mano de Estados Unidos.

El mismo día, podía leerse en el editorial de ese diario lo siguiente: “El país sabía parcialmente la verdad, pero asimismo las revelaciones logradas en el estudio de los archivos nazis –la fuente no puede ser más directa- han causado una sensación de estupor y anonadamiento.”

La U.D. emitió, orgánicamente, el siguiente comunicado dirigido al presidente Farrell: “….Perón no puede ser jamás presidente porque se encuentra en absoluta inhabilitación legal y es el representante más típico del nazifascismo en América; significaría un permanente factor de perturbación interna, una bandera de desafío y un peligro de guerra en el continente.”

Como afirmamos, la torpeza del documento no sería neutra en cuanto a los resultados políticos del mismo. Muy prontamente Perón y los equipos que lo secundaban publicaron la respuesta al Libro Azul. Evidentemente, la inteligencia previa hecha por el peronismo, había podido detectar la posible publicación del mismo y preparar anticipadamente la réplica, con la refutación correspondiente y que fue descerrajada como un rayo sobre las fuerzas políticas antiperonistas.

La respuesta fue el conocido Libro Azul y Blanco, del que daremos cuenta un poco más adelante, pero cabe decir en este punto que, fue tan contundente y dejó tan en ridículo al pasquín yanqui, que en términos electorales fue demoledor. La operación de Braden, con la respuesta del peronismo, más que una ayuda electoral, fue una lápida puesta sobre la U.D. a muy pocos días de la elección y sin posibilidad alguna de revertirla. Fue el último error.

Cabot, responsable de la distribución en Buenos Aires del documento de su país, dirá ya conocido el resultado electoral del 24 de febrero, que el Libro Azul había sido “un lamentable error”. Tarde.

 

 

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Spruille Braden en su despacho de Washington

 

 

“Tren de la Victoria” – 3ª y última gira

 

Mientras todo esto sucedía, el día 16 de febrero, la U.D. emprende su última gira electoral en tren con rumbo a las provincias de Cuyo, gira que también comprenderá el Oeste y Sur de la provincia de Buenos Aires.

En el área metropolitana, mientras tanto, y acercándose el final de la campaña, los ánimos están crispados y se suceden los enfrentamientos, al mismo tiempo que tienen lugar centenares de actos barriales de ambas fuerzas en pugna.

En Lanús, Gran Buenos Aires, el día 15 un acto radical deja el desgraciado saldo de dos muertos y decenas de heridos y el día 19 cuando el Tren de la Victoria arriba a la estación Miserere de la ciudad de Buenos Aires, otro tiroteo desatado en las proximidades de la estación deja nuevamente dos vidas truncadas.

Por disposición del gobierno nacional la Policía Federal se subordinó al Ejército Argentino, lo que trajo cierto alivio en los enfrentamientos.

De tal forma que, entre el día 21 y 22 de febrero la U.D. finalizó su campaña electoral con una seguidilla de actos desde Avellaneda en el Gran Buenos Aires; la U.C.R. en el Luna Park de la ciudad de Buenos Aires; en la ciudad de La Plata; el comunismo y la democracia progresista que habían acordado una lista de Unidad y Resistencia con un acto en Plaza Once de la ciudad de Buenos Aires y el socialismo en la sede partidaria llamada Casa del Pueblo, también en esta misma ciudad.

Con estos actos cierra la U.D. su campaña electoral, teñida de gran pujanza, entusiasmo, activismo y optimismo. Pero no midieron bien varias cuestiones, como fueron: el discurso político que emplearon estaba gastado y expresaba el pasado. Se quedaron décadas atrás y la Argentina era otro país y otro pueblo; el apoyo de Estados Unidos a la campaña fue nefasto y los identificó con lo peor que le podía pasar a la Patria, resultando ser un verdadero salvavidas de plomo; gruesísimos errores políticos durante la campaña, que colocaron a la U.D. decididamente en la vereda de enfrente de los intereses populares y dieron una inequívoca muestra de adonde iban a ir a parar las conquistas sociales hasta acá conseguidas,  y algo que ignoraban, pero que pudieron ver el 17 de octubre y no lo hicieron, tal como era la verdadera dimensión del movimiento que estaba naciendo y simplemente resolvieron que no existía o que no podía llegar adonde llegó. Perón era “el candidato imposible”.

Lo más importante y dramático en esta alianza social-electoral llamada Unión Democrática, fue la falta de propuesta hacia el futuro. No advirtieron que el mundo y la Argentina estaban a las puertas de un nuevo proceso político y social. Su adscripción a los moldes del pasado les paralizó el intelecto. No supieron algunos, no lo advirtieron y no quisieron, los que dentro de ella defendían muy concretos intereses y privilegios, dar vuelta la página de la historia, tal como la realidad lo imponía.

No se advertía en la propuesta de la U.D. un proyecto de nuevo país, por lo tanto no había una propuesta válida. Se presentaron como una fuerza totalmente anacrónica, carente y desprovista de todo realismo para enfrentar la nueva situación argentina. Por eso su campaña propagandística se tiñó de dos elementos que prevalecieron por encima de cualquier otra cosa y que los condujeron al desastre. Uno fue el mensaje antiguo, formal y gastado sobre la democracia que nada aportaba a las necesidades del pueblo. El otro fue el uso indiscriminado y sin disimulo alguno de la mentira, la diatriba y los “motes”, como el de nazi-fascismo, todos ellos salidos de la misma usina, la Secretaría de Asuntos Latinoamericanos del gobierno yanqui. El pueblo trabajador miraba las realizaciones de la Secretaría de Trabajo y Previsión, mientras que la U.D. tildaba de nazis a los ejecutores de la justicia social. Nada más incompatible.

Todo les resultó fatal.

 

 

La campaña del peronismo

 

Organizados ya los partidos que daban forma electoral al naciente movimiento,

 

comenzaron las acciones concretas de cara a las elecciones presidenciales del 24 de febrero.

Pero así como la U.D. había comenzado la suya antes del 17 de octubre, también es correcto apreciar que, tal vez el mayor acto de campaña del peronismo  haya sido el mismísimo 17 de octubre. Hemos dado cuenta minuciosamente en nuestra página, de todo lo que se movilizó en esa gesta, tanto materialmente como en lo que hace a la conciencia de los hombres y mujeres que lo protagonizaron. No se sabía por entonces si iban o no haber elecciones, pero las jornadas previas y lo sucedido el mismo día de la lealtad, marcaron tan a fuego los tiempos futuros de la Argentina, que la elección de febrero ya tenía un ganador.

Lo dicen la inteligencia yanqui, su embajador en la Argentina, las maniobras golpistas la U.D. para impedir las elecciones y cualquiera que razonara fríamente algunos minutos.

El pueblo trabajador por su parte y como ya hemos consignado, voceaba el mismo día 17 de octubre una expresión inequívoca, “Perón presidente”. Era por cierto el deseo de la mayoría. Faltaba verificarlo en las urnas y se emprendió la campaña con toda la energía necesaria, descontando que se ganaba, pero haciendo todo lo necesario para asegurar la victoria sin dar ni un milímetro de ventaja.

 

Una primera cuestión muy crítica para el peronismo, eran los recursos disponibles para la campaña. Competía en ese terreno contra la casi totalidad del diarios; la centrales empresarias de la oligarquía; los ilimitados recursos monetarios de esta, transformados en costosísimas gigantografías con las imágenes de sus candidatos y la folletería más cara y abundante. Sobraban este tipo de recursos. Los servicios de inteligencia extranjeros y la embajada yanqui aportaban todo lo que debían aportar.

El peronismo solo contaba con el uso de la radio estatal y con un diario de importancia, “La Epoca”, del yrigoyenista E. Colom y otros de menor tirada como el matutino “Democracia”, aparecido en los primeros días de diciembre; el sindical “El Laborista”; el semanario “Política”, aparecido en julio del 45 y dirigido por un gran historiador, Ernesto Palacio; el nacionalista “Tribuna” donde escribían Fermín Chávez, Leonardo Castellani y Jorge R. Masetti (futuro comandante Segundo, de la guerrilla marxista que operó en Salta en 1964 con la sigla Ejército Guerrillero del Pueblo) entre otros   y la revista “Descamisada”, aparecida el 22 de enero de 1946 y escrita por Arturo Jauretche, José Gobello, Basilio Ruiz, Valentín Vergara, Roberto Gigante, Jorge Palacio y Arístides Rechain, entre otros; con escasísimos aportes monetarios de muy pocos amigos como Ludwig Freude, Rolando Lagomarsino o Ricardo Guardo y los pesos que, juntados “de a uno”, ponían solidariamente los trabajadores en las fábricas y sindicatos. El gobierno, a pesar de que había sido derrotado por      Perón, quién no controlaba importantes áreas del mismo, fue, en materia de recursos monetarios, prescindente.

De todos estos medios gráficos, ninguno tenía alcance nacional. Solo “La Epoca” llegaba a algunos lugares del interior y todos ellos, no alcanzaban de ningún modo a la penetración que tenían los diarios de tirada nacional que manejaba la U.D. A pesar de las notables redacciones que intervenían en los medios que apoyaban a Perón, la desventaja en cuanto a la llegada al interior del país, era notoria respecto de la oposición.

¿Cómo suplir semejante escasez, y como enfrentar a la maquinaria propagandística de la U.D. con diarios como “La Nación, La Prensa, La Razón, Clarín, El Mundo, Noticias Gráficas y Crítica” y las revistas y periódicos “Cascabel, La Vanguardia, Antinazi y Acción Argentina”, entre otras.

 

 

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Revista “Descamisada”, primer número, 22 de enero de 1946

 

“Desde hoy, ya tiene el periodismo de aquí (no queremos decir argentino), tan gustoso de uniformarse en el cuello y la camisa, un órgano que por su índole misma carece de gemelos y trabas: Descamisada. Hacía falta una revista pecho al aire, franca y amplia como la risa del pueblo. Hacía falta, ¡que embromar! Ya es hora de que empecemos a tomar en soda ese aparato grandilocuente, fastuoso, tirado para atrás y voluminoso que empieza en los cargamentos de avisos y termina en los ciento cuarenta kilos del doctor Chanchorini…”

 

 

 

 

 

Con tiza y con carbón

 

La cuestión fue resuelta con lo más genuino de la impronta del pueblo trabajador, la improvisación, la espontaneidad y el humor político, traducidos en un mar de muros pintados simplemente con carbón y tiza, alquitrán o la más barata de las pinturas. Todo cargado con el más profundo sentido político, como por ejemplo “La fórmula del pueblo-Contra la oligarquía capitalista…”, “Viva Perón Presidente”. No había en ninguno de los murales que se pintaban a diario en todo el país, intervención alguna de publicistas ni equipos centralizados que controlaran las leyendas o los mensajes, aunque se podía advertir en muchos de ellos la intervención de talentosos e ignotos dibujantes, como lo prueban las fotografías que difundimos. Todo era hecho espontáneamente y el resultado no podía ser otro que el puede derivar de la frescura y sinceridad de los que pintaban: un mensaje claro, contundente y entendido por todos.

Además y reiterándonos, fue pintado hasta el último rincón disponible a lo largo y a lo ancho del país. Esto no podía hacerse sino de un solo modo, con la participación popular masiva desde la fábrica, el sindicato, el taller y hasta el último hogar trabajador.

Al igual que los hechos propagandísticos reflejados en paredes y volantes del peronismo, hay que apuntar a un dato clave: cada esquina de cualquier ciudad o pueblo del país, cada una de las casas de los trabajadores, cada taller, cada local sindical, cada local inaugurado por el Partido Laborista (herramienta electoral del peronismo) se transformó de la noche a la mañana (pasado el 17 de octubre), en un lugar de discusión, difusión y prédica. La movilización, en estos términos fue tan masiva y avasallante que suplió y superó la falta de grandes medios nacionales, como los que contaba la U.D..

En rigor, la estrategia del peronismo fue reemplazar la falaz consigna instalada por la U.D., en cuanto a que lo que se dirimía era “Totalitarismo vs. Democracia”, por la verdadera cuestión en juego, “Justicia Social vs. Injusticia Social”.

Toda la propaganda electoral peronista reflejaba esta idea y era el eje de la campaña. La expresión  ¡Braden o Perón! sintetizaba la misma. Braden expresaba la injusticia social, Perón la justicia social.

El pueblo, sin necesitar de grandes y aceitadas líneas de comunicaciones para recibir lo que habitualmente se llama “bajada de línea”, había interpretado e identificado este eje desde el primerísimo instante del comienzo de la campaña y lo reflejó y difundió del modo en que lo estamos narrando.

 

 

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Contra la oligarquía capitalista. Murales pintados a pincel y carbón. Una
clara  muestra de la sencillez y de la falta de recursos, con que el pueblo
trabajador hacía la campaña electoral.

 

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Humilde y sencillo volante de campaña del sindicato bancario

La Secretaría de Trabajo y Previsión y el eje de campaña correcto

 

Inmediatamente después del 17 de Octubre, el teniente coronel Domingo Mercante, asumió la titularidad de la Secretaría de Trabajo y Previsión en reemplazo de Perón.

Dos objetivos tenía esta designación. El primero era custodiar todas las conquistas sociales y laborales previas a ese momento y hacerlas cumplir a rajatabla por la autoridad otorgada por el gobierno nacional. Para eso hacía falta un hombre absolutamente leal a Perón y Mercante era quien lo había acompañado durante toda la gestión y en los difíciles días de octubre.

Pero estábamos ya en campaña electoral, aunque la fecha era todavía incierta y había que fijar con toda precisión el objetivo principal. Estaba claro que, si no se acceder al poder mediante las elecciones, todo lo conseguido iría a parar a la bolsa de los desechos. El mensaje de la U.D. en ese sentido era claro y contundente. Las conquistas eran pura demagogia. ¿Que habría de esperarse con la coalición en el poder? Simplemente un vuelta a fojas cero y del desbarate  de todo lo conseguido.

La Secretaría tenía entonces, además de su función primaria, otra, de carácter eminentemente político y era direccionar la acción de los sindicatos hacia la campaña electoral y era el único organismo con que contaba el peronismo con presencia en todo el país a través de sus delegaciones, capaz de instalar un criterio unificado de acción mediante una directiva centralizada. Las elecciones eran la batalla principal por librar y debían ser fijadas como objetivo.

Hacia fines de octubre, a pocos días de haber asumido, Mercante convoca a una reunión en Buenos Aires a todos los dirigentes sindicales que se habían pronunciado por Perón. Recordar aquí las contradicciones y vacilaciones de parte de esta dirigencia en la reunión de la C.G.T. del 16 de octubre. Obviamente no todos pensaban igual, pero hay que entender que viniendo de experiencias político-sindicales diferentes al naciente peronismo, no tenían muchos de ellos, a diferencia del pueblo desencuadrado y desafiliado, demasiado claras las cosas.

La reunión desnudó por parte de los dirigentes convocados, una importante cantidad de reclamos laborales pendientes, ante lo cual Mercante tomó la palabra y les señaló con toda energía cual era el objetivo inmediato a cumplir.

“Señores, ustedes están equivocados. Yo no los llamé para que vengan a plantearme pedidos. Los he citado para otro cosa. Les quería decir que desde ahora y hasta las elecciones, en el país no deben producirse ni un solo pedido de mejoras, ni una huelga, ni un solo movimiento de fuerza. De aquí en adelante, los trabajadores de todo el país deben limitarse a una cosa: ¡Ganar las elecciones!

Todavía estamos muy lejos del triunfo. ¡Los enemigos son muy poderosos y nosotros no controlamos todo el gobierno, ni mucho menos! Tampoco disponemos de medios para contrarrestar con eficacia la acción de nuestros enemigos, que cuentan con diarios, partidos organizados, dinero, organizaciones de toda clase y apoyos muy poderosos, nacionales y extranjeros. Tenemos que subordinarlo todo al triunfo electoral. Después, cuando Perón sea presidente, recién entonces ustedes plantearán lo que corresponda en la seguridad de que serán atendidos como siempre. Entretanto, cada sindicato debe ser un comité. Y esta Secretaría también será un comité.” Clarísima definición. (14)

Así, los conflictos laborales se redujeron en todo el país a su mínima expresión, desapareciendo literalmente, pero como ya hemos señalado, la propia e increíble torpeza de U.D. se encargó de aportar un gigantesco favor al peronismo. La huelga general decretada por la C.G.T. en enero de 1946, fue en respuesta al no pago del aumento de salarios y aguinaldo decretado por el gobierno. Huelga no prevista de antemano, pero instalada su necesidad por el antiperonismo, con el resultado conocido: pago del aguinaldo, aumento de salarios y más votos para Perón…..

 

 

 

 

 

Iglesia Católica – Una “ayuda inesperada”

 

 El 17 de noviembre de 1945, el Episcopado Argentino, dio a conocer un documento conocido como “Carta Pastoral Colectiva”. En el mismo, la Iglesia Católica, prohibía expresamente votar por cualquier partido que contuviera en su plataforma política la separación de la iglesia con el estado, la supresión del juramento religioso de las autoridades electas, la invocación constitucional sobre la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia, la supresión de la educación religiosa en las escuelas públicas y el divorcio vincular en los matrimonios.

El documento, siendo lo suficientemente impreciso sobre a quién iba dirigido, y no señalando expresamente a quién debían votar o no los católicos, igualmente provocó dos terremotos políticos, que lo único que hicieron fue favorecer la campaña electoral de Perón, habida cuenta de las contradicciones que desnudaron tanto en la U.D., como en la propia Iglesia Católica.

Efectivamente, el decreto ley presidencial Nro. 18.411 del 31 de diciembre de 1943, permitía la enseñanza religiosa en las escuelas públicas. Habiendo sido emitido por el gobierno surgido del pronunciamiento del 4 de junio de 1943 y siendo que el Secretario de Trabajo y Previsión de ese gobierno había sido precisamente el coronel Perón, la interpretación mayoritaria del documento de la Iglesia fue que, si ganaba Perón en las próximas elecciones, dicho decreto ley sería respetado.

Evidentemente esto descolocó a la U.D., que en su seno tenía partidos tan laicistas y anticlericales como la Democracia Progresista, el Socialismo y el Comunismo. Pero no solo la contradicción afloraba en estos partidos que no digerían bajo ningún concepto una declaración a favor del decreto en cuestión, sino también en las propias fuerzas liberales conservadoras que eran el grueso de la coalición. Esto resultaba ser así, porque sencillamente estas últimas vivían desde siempre una contradicción entre su declarado catolicismo, su práctica religiosa y la defensa de los principios liberales que en definitiva eran el sostenimiento de sus privilegios y la ruina y miseria de las mayorías populares. Contradicción insalvable.

La carta pastoral puso en primerísimo plano esta contradicción y la trasladó al plano político en plena campaña electoral. Un verdadero problema para la U.D.

Los partidos de izquierda se pronunciaron decididamente en contra y las fuerzas liberales tuvieron que hacer verdaderas piruetas y equilibrios retóricos para quedar bien con “Dios y con el diablo”, arribando finalmente a la conclusión de que la carta pastoral era apenas una recomendación, de la cual no debía tomarse al pie de la letra su texto y que cada católico estaba en condiciones de votar según se lo dictara su conciencia. El liberalismo en la cúspide de su retórica eufemística.

 

Así las cosas, y aunque fue muy difícil medir en términos del resultado electoral que habría de producirse, el efecto que causaba la pastoral, el electorado católico visualizaba mayoritariamente a Perón como el ejemplo del cristianismo práctico, en parte porque objetivamente lo vinculaba con el gobierno que había producido el famoso decreto ley, pero mucho más porque sentía que los verdaderos principios cristianos puestos en práctica en la vida terrenal, pasaban por la acción ya probada de Perón al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión.

Perón, por su parte y sin referirse directamente al decreto ley, desde hacía tiempo invocaba en sus discursos a las encíclicas papales. El 25 de agosto de 1944, en un famoso discurso ante la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, cita al papa León XIII, quién con su encíclica Rerum Novarun del 15 de mayo de 1891, daba los primeros principios de lo que con el correr de los años sería la Doctrina Social de la Iglesia o Doctrina Social Cristina. En aquella ocasión, Perón define al papa León XIII como una “opinión extraordinariamente autorizada”.

El 14 de diciembre de 1945 y ya en plena campaña electoral, vuelve a mencionar su postura frente a los problemas sociales diciendo: “Nuestra política social ha salido en gran parte de las encíclicas papales y nuestra doctrina es la Doctrina Social Cristiana.”

En este punto, los historiadores liberales acusan a Perón de oportunismo y especulación electoral frente a sus definiciones, en cuanto a que su doctrina es la realización de la Doctrina Social de la Iglesia.

Evidentemente, el liberalismo mide a los demás con su propia vara y su propia escala de valores. No hay ninguna duda que en el frío cálculo de un liberal, este hubiera especulado electoralmente al enunciar principios y definiciones. Es lo que ellos hubiesen hecho. El problema es que los demás no tienen porque ser como ellos mismos. Sin embargo así evalúan las definiciones de Perón, restándole toda posibilidad de sinceros enunciados doctrinarios,  que, aún en tiempos de campaña electoral, si son dichos en tal oportunidad, nada desmerece su enunciación y menos en un movimiento naciente que está fijando sus principios. Sin embargo, según aquellos son meras especulaciones electorales. No entienden nada y bastardean lo ajeno como si fuera lo propio. El pueblo no lo entendió de ese modo y el justicialismo quedó arraigado como una doctrina de profunda raíz cristiana, muy lejos del enunciado liberal del mundo de la “civilización occidental y cristiana” que, según la dura ironía de Perón respecto del capitalismo, “no es ni civilización ni es cristiano”.

 

 

El segundo terremoto fue dentro de la propia Iglesia Católica Argentina, autora del documento cuyas consecuencias analizamos.

Como no podía ser de otro modo, se desataron y evidenciaron las más profundas divisiones sobre los alcances del documento, lo que en realidad escondía era la discusión sobre a quién beneficiaba en la contienda electoral.

Los religiosos más opositores al peronismo, advirtieron rápidamente que el documento beneficiaba a Perón, aún sin nombrarlo, por lo que rápidamente salieron a “pontificar” recomendaciones destinadas a neutralizar el contenido y la consecuencia política de la Carta Pastoral.

En esa dirección nos encontramos con los comentarios que fueron lanzados desde las publicaciones “El Pueblo” y “Criterio”. La primera de ellas, ante la evidencia de divisiones entre los cuadros católicos, aconsejaba el 25 de noviembre de 1945 que “Toda pasión política debe detenerse frente al templo” o bien el 16 de diciembre de 1945 afirmando que “Los católicos debemos dar el ejemplo”. Una retorcida y eufemística manera del tratar el tema y no pronunciarse claramente sobre el mismo.

“Criterio” fue muchísimo más allá. En su editorial del 21 de febrero de 1946, cuatro días antes de las elecciones, el obispo monseñor Franceschi, decía textualmente: “No abusemos de las encíclicas”, señalando la prohibición absoluta de utilizar una palabra tan elevada (la de las encíclicas) para fines temporales y menos aún partidarios. ¿Cómo se puede abusar de una encíclica? ¿Cumplirlas, es muy abusivo para algunos obispos?

Tiempo después, en 1947, y previo al viaje de Evita a Europa, Perón envía al padre Hernán Benítez con una carta dirigida al papa Pío XII, donde le dice textualmente “….Al ser proclamado candidato al supremo mandato de la República, prometí ante un millón de ciudadanos que si era consagrado por los comicios, mi política social sería inspirada en las Encíclicas de Vuestros Antecesores León XIII y Pío XI. Encíclicas que he meditado a lo largo de mi vida.”, con subrayado nuestro.(15) Así se daban las cosas dentro de este sector que encabezaba “Criterio”.

 

Por el contrario, otro sector dentro de la misma Iglesia Católica, acogía casi con júbilo las propuestas doctrinarias de Perón. Así, el sacerdote de la iglesia Inmaculada Concepción del barrio de Belgrano en la ciudad de Buenos Aires, presbítero Virgilio Filippo, leyó como correspondía ante su feligresía, la pastoral en cuestión, sin ocultar su satisfacción por la posición del peronismo frente a las recomendaciones de la misma, lo que desató un vendaval de opiniones contrarias en los asistentes a la misa y que terminó con un escándalo en el atrio de la iglesia, protagonizado por un grupo de “damas” de una organización llamada “Mujeres Democráticas”. El hecho provocó tal repercusión, que el episcopado debió redactar una circular distribuida entre todo el clero, donde se le recordaba que debía abstenerse de actuar y pronunciarse políticamente. No obstante eso, Virgilio Filippo sería electo diputado nacional por el peronismo en 1948…..

Distinta repercusión tuvo la pastoral en barrios más humildes y en el resto del país. Leída por los párrocos en todas las iglesias,  pudo apreciarse una franca adhesión, tanto por los mismos curas de parroquia, como por la feligresía que reforzó de este modo su adhesión a la candidatura de Perón. Resultado inesperado de una pastoral…

 

Años después, en 1977, el arzobispo de Buenos Aires monseñor Quarracino afirmaba: “La mayoría de los cuadros católicos: miembros de instituciones, nacionalistas católicos, movimientos apostólicos, dirigentes y clero (salvo ciertos y determinados grupos), simpatizó con la nueva fuerza política y la apoyó. La prédica de la justicia social, la atención prestada a las clases más necesitadas, la importancia y la orientación nacional impresas al mundo obrero, la valorización de la tradición católica, la proclamación de una doctrina que abrevaba en las enseñanzas de la Iglesia y la presencia de caras nuevas en la escena política, explican aquella simpatía y justifican su apoyo.”(16)

 

 

 

Perón y Evita se casan en la ciudad de  La Plata

10 de diciembre de 1945

 

Casados ya en ceremonia civil el 22 de octubre, la pareja decide casarse el 29 de noviembre de ese año 46 frente al altar de la iglesia de San Francisco de Asís en la ciudad de la Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, dentro de la mayor reserva.

Aún así, el intento se frustró en razón de que cuando llegaron a las cercanías de la iglesia y viendo la cantidad de gente que inesperadamente se había reunido a su alrededor, decidieron postergar el casamiento por unos días.

Así fue como, el 10 de diciembre finalmente pudieron casarse en las condiciones que deseaban y el acto quedó registrado bajo el folio Nro. 297 del libro de actas correspondiente.

No es casual la elección de la iglesia franciscana. Tanto Perón como Evita van a ser miembros de la comunidad franciscana en primer grado, tal la consubstanciación que la práctica religiosa de la misma despertaba en la pareja.

Ambos se confesaron antes de la ceremonia. Perón lo hizo con el padre Bernardino Bermúdez y el padre Fidel Rossell escuchó a Evita.

La ceremonia fue de extrema sencillez y tal como estuvo previsto, asistieron acompañando a la pareja, pocos, muy pocos amigos, los familiares y los siete franciscanos presentes.

El fraile Francisco Sciamarella fue quién los casó y es quién rubrica el acta. Todo terminó a la 20,45 hs. Un acto decisivo en la vida de ambos acababa de culminar.

 

 

 

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Perón en campaña

 

El mes de noviembre de 1945 encontró a Perón virtualmente “recluido” entre su quinta de San Vicente y su departamento de la calle Posadas en la ciudad de Buenos Aires. Su estrategia en ese momento, le indicaba que las tareas primordiales eran: consolidar el poder que había podido retomar en el gobierno, que para nada era completo y ciertamente era inestable; la organización electoral de sus fuerzas, reunirse con la mayor cantidad de dirigentes posibles para financiar su campaña, coordinar los movimientos de todos los sectores que le respondían y seguir muy de cerca la acción de Mercante al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión. Solo puede apuntarse una aparición pública destacada, la que tuvo al inaugurarse el local del Partido Laborista en la calle Cerrito 366 de Buenos Aires, donde fue a afiliarse con el Nº 1.

“No aspiramos a seis años de gobierno, sino a asegurar sesenta más, y para ello necesitamos una fuerza orgánica.”, afirmaba ya en diciembre, exactamente el día 12, durante un encuentro con dirigentes radicales renovadores, independientes y laboristas. Esta admirable afirmación, era la continuidad de una línea estratégica llevada desde siempre, en cuanto a la necesidad de crear orgánica para la actuación política. Impugnaba, como siempre lo había hecho desde la génesis más temprana de su pensamiento, la improvisación y la inorganicidad. Por eso hablaba para sesenta años y no para seis.

 

 

14 de diciembre, memorable discurso

¡No ganaremos peleando, ganaremos votando!

Aparece el bombo por primera vez

 

Dos días después, es decir el 14 de diciembre y pasados seis días de la gran demostración de la U.D. en la Plaza de los 2 Congresos, el peronismo realiza un gran acto alrededor del Obelisco situado en la Plaza de la República. Un lugar harto dificultoso para ese destino, porque es tan amplio y vasto, que llevar un número significativo de gente es más que un desafío. Pero con esta clase de retos ya  se había enfrentado Perón en tiempos de la Secretaría de Trabajo y Previsión y los resultados numéricos habían sido siempre superiores a lo previsto. Esta vez fue igual. Desde media tarde ya comenzaba a colmarse la Avenida 9 de Julio, lugar donde está el Obelisco y la afluencia de gente fue de tal magnitud, que el palco situado al pié del mismo se derrumbó porque estaba colmado en exceso de personas, de fervor y de entusiasmo ilimitado.

Este día es recordado en la cronología de la historia peronista, como el primero en donde el bombo hiciera su aparición pública masiva. Efectivamente, fue usado de tal manera, que su retumbe estremeció y atronó todo el espacio del centro de la ciudad de Buenos Aires. Nunca más abandonaría la liturgia peronista.

 

 

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El resultado de la pérdida del palco, fue que los discursos debieron pronunciarse desde el local del Partido Laborista, en la calle Cerrito 366, sobre el costado de la Avenida 9 de Julio.

La multitud excedía largamente el número de doscientas cincuenta mil personas, dispuestas de Norte a Sur por más de tres cuadras y por todo el ancho de la avenida 9 de Julio y adyacencias. Un acto de gran envergadura por cierto y de enorme significación, por la cantidad de gente reunida y por el discurso de Perón.

Sobre las 21 hs. y previo a la lectura de una proclama donde se fijan posiciones políticas liminares del Partido Laborista, hablaron los dirigentes Monsalvo, Gay y Rouggier.

 

 

 

Proclama del Partido Laborista

 

Al pueblo de la Nación Argentina:

El Partido Laborista, de reciente constitución, cree necesario dirigirse al pueblo de la República, para hacer conocer las razones fundamentales que originaron la creación de este movimiento, que intenta renovar las prácticas cívicas del país. No es un movimiento más de carácter circunstancial, sino que surge al influjo de las nuevas inquietudes que preocupan al mundo actual, vinculándose en el orden internacional a las corrientes progresistas que con un nuevo espíritu intentan construir un mundo mejor en el que reine la justicia y en donde las palabras igualdad, libertad y fraternidad no sean meros entes verbales, sino hermosas realidades. No constituye, como vanamente lo han intentado desvirtuar las fuerzas retrógradas, un movimiento de reacción, sino un anhelo de renovación, donde la soberanía  popular sea una realidad, donde el pueblo injustamente olvidado ocupe el lugar que históricamente le corresponde dentro de la verdadera organización democrática, donde su voluntad sea respetada y su influjo sea fundamental en la solución de los problemas esenciales del país”

 

 

 

Pero lo que la gente esperaba ansiosa era que hablase Perón, lo que finalmente ocurrió.

Y lo que sucedió es que el pueblo escuchó un mensaje de tal profundidad, con frases que, claramente distintas de la formalidad demoliberal de no decir nada después de pronunciar enormidad de palabras, estas, la de Perón, fijaban posiciones, rumbos, dejaban sentadas posturas doctrinarias y por sobre todo comprometían a todos en tareas políticas indelegables.

“¡Los obreros deben ser artífices de su propio destino!”, escuchó la multitud decirle. Clara apelación que derriba a teoría liberal de la representación.

Se refirió mas tarde a las encíclicas papales, de las que nos acabamos de ocupar y por lo cual, como también dijimos, fue acusado de oportunista, justamente en un punto de la historia donde ya no cabía esperar nada más. O se ponían en práctica o se ponían en práctica. Inentendible para  la oposición antiperonista.

“…No estamos contra nadie. Estamos con el país. Por eso seguiremos gritando viva y no gritaremos jamás que muera nadie. Desfilaremos por nuestras calles tranquilos, entusiastas de nuestra causa, sin calificar a nadie de chusma ni de descamisados, para contrapesar a ellos que han lanzado el calificativo despectivo. No nos deshonramos por ser descamisados. Nos deshonraríamos por ser fraudulentos, ladrones o pillos.  ¡Tendremos el corazón bien puesto debajo de una camisa, que es mejor que tenerlo mal debajo de una chaqueta lujosa!..”. La Plaza de la República pareció estallar al escuchar estas palabras. Eran toda una definición. De aquí en adelante la opción eran los humildes, que sí eran descamisados y con honra. ¡Por ellos todo!

Y finalizó diciendo “….No queremos pelear, queremos orden. No ganaremos peleando, ganaremos votando.”  La apoteosis envolvió el lugar, augurando, seguramente, la victoria que estaba por venir.

Alguien ató una camisa a un asta de bandera y se la alcanzó a Perón, quien entre las vivas y el júbilo de la multitud, la hizo flamear repetidamente. El simbolismo instalado ese día en la conciencia de los trabajadores, acompañará desde ese instante y en adelante, toda la historia del peronismo.

Un favor más que también provenía de la U.D., porque en los días posteriores al 17 de octubre, el diario socialista La Vanguardia, se había encargado de bautizar peyorativamente, por supuesto, como descamisados, a los trabajadores movilizados sobre Plaza de Mayo en la jornada histórica. ¿Que concepción retorcida y llena de desprecio sobresalía  en la conciencia de estos socialistas? ¿Cómo debían para ellos estar vestidos los trabajadores? En camisa por lo visto no.

Y todavía algo más: la estupidez de los leguleyos de la U.D., los movió a demandar judicialmente a Perón por agravio a la bandera argentina. Otro desatino, fruto sin duda, de la intolerancia y del sectarismo.

 

 

1ª gira de Perón en tren

Centro y Noroeste

 

Ya finalizando diciembre, exactamente el día 26, Perón inicia una gira en tren por el centro y noroeste del país.

La partida desde la estación Retiro en Buenos Aires, presagiaba lo que sería toda la gira. Una enorme multitud fue a despedirlo y la salida del tren pudo hacerse dificultosamente, no sin antes de que el mismo fuese pintado por la gente con leyendas y consignas.

La primera escala fue en la ciudad capital de Córdoba, donde el tren fue recibido por un “coro” virtual de silbatos de todas las locomotoras disponibles y reunidas en la terminal provincial. La llegada fue por lo tanto ensordecedora. Rato después, en una gigantesca manifestación, se escuchaban sus palabras en pleno centro de la ciudad, la intersección de las calles General Paz y Colón. Como en todos sus discursos, dejaba ver en ellos pensamientos y definiciones liminares. En esta ocasión dijo: “….Yo he dicho que los ricos son egoístas y por eso dicen que soy enemigo de las clases dirigentes y que no soy un cristiano. Recuerdo que el Divino Maestro dijo que era más difícil que un rico entrara en el reino de los cielos a que un camello pasara por el ojo de una aguja. Dicen que yo no soy un buen cristiano porque he tratado mal a los egoístas y olvidan que el Divino Maestro echó a latigazos a los mercaderes del Templo. Dicen que nos estamos constituyendo en una fuerza que ha de provocar la lucha social y olvidan que esa lucha y esa revolución se justifican cuando al pueblo se le cierra el camino para intervenir en el gobierno y administración del Estado….”

La gira continuó por La Rioja, donde definió con precisión que es ser libre: “….Pero no es posible sentirse libre mientras están cargadas las espaldas con la esclavitud, la  miseria y la desesperación…”, una clara respuesta al sentido liberal del término libertad.

Siguió la visita a Catamarca con idénticos resultados y de ahí a Tucumán, donde la concentración y el discurso tuvieron una doble significación. Además de ser un acto de campaña electoral, fue sin duda un sincero reconocimiento a los trabajadores tucumanos. Ahí estaban los obreros de la F.O.T.I.A. (industria azucarera). Ellos habían sido los primeros en marchar sobre la capital provincial, San Miguel de Tucumán, pidiendo la libertad de Perón en las históricas jornadas de octubre. ¡Aún antes que en Buenos Aires y estaban a mas de 1.200 kilómetros de la capital de Argentina y en 1945, con lo que presuponían las comunicaciones de ese entonces!

Perón les dijo: “….No olvido ni olvidaré nunca, la gratitud que debo a los trabajadores tucumanos, que en un momento trágico de mi vida, supieron levantarse como un solo hombre en defensa de uno de los más humildes hombres de este movimiento de redención social….”

“Simplemente somos amigos de los pobres”, dijo en San Salvador de Jujuy, recordando además a Hipólito Yrigoyen como “el primero en enfrentarse a la oligarquía”. La gira continuó luego ya en sentido al Sur por Salta y desde ahí a Santiago del Estero, donde el día 31 de diciembre Evita subió al tren y se unió a su esposo en la gira electoral. En Santiago después del acto en el centro de la ciudad fue saludado con una guitarreada gigantesca, como que centenares de guitarristas tocaron para él en su homenaje.

“No somos ni comunistas ni nazis, como nos han calumniado. Somos exclusivamente argentinos y bregamos por una patria mejor”, dirá en la ciudad de Santa Fe el 1º de enero de 1946, respondiendo claramente a la insidiosa campaña de Estados Unidos y de la U.D. Hizo una seria denuncia contra la oligarquía: “….Están comprando armas, pero no les vale de nada porque para manejar armas hay que ser hombres y los oligarcas no son hombres…”, con lo cual estaba confirmando lo que vinimos relatando en esta historia, en el sentido de que la U.D. jugaba dos opciones, la electoral y la vía armada de un golpe institucional-militar.

Finalmente y una vez más, apeló a la organización de la  masa justamente para dejar de serlo. La masa de trabajadores argentinos, debía pasar de ser una masa inorgánica, a un pueblo organizado.

La gira culminó el día 2 de enero de 1946 en la estación Retiro, donde lo esperaba una multitud. La recepción y la dificultad para poder salir del tren fueron tales, que hasta hubo avalanchas y roces con su automóvil con algunos lesionados leves entre los presentes.

El saldo de la gira no podía ser mejor. Si en el área metropolitana las dificultades de organización eran enormes, se tenía en ella bien claro cual era la adhesión a Perón. Pero no resultaba igual en el interior del país. Las distancias, las comunicaciones  y también la organización electoral contra reloj, abrían un gran interrogante.

Virtualmente inexistente la palabra escrita y con solo algo de transmisiones radiales, quedaba solamente el contacto directo. Ese fue el éxito de la gira. Todo se había aclarado y la misma resultó ser el impulso que faltaba para congregar a todo el pueblo trabajador. En ese sentido fue demoledora. Todo se movilizó y la presencia de Perón, resultó ser el envión que se necesitaba para que todo comenzara a rodar con fuerza incontenible. El apoyo y la adhesión eran gigantescos. En particular los actos de Córdoba, Tucumán y Santa Fe, confirmaban las más serias esperanzas de triunfo. Así fue.

 

 

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Designación de candidatos

Junta Nacional de Coordinación Política

Feroz interna

 

De cara a las elecciones, el nuevo Movimiento debía cumplir con una tarea inexorable, la designación de candidatos para todos los cargos y esto, en todo el país.

Una trabajo especialmente delicado, si se tiene en cuenta lo novel de las estructuras partidarias que intervenían, inexistentes pocos meses antes. Este es un dato clave. Antes del 17 de octubre no había ni U.C.R. Junta Renovadora ni Partido Laborista. Se crearon de la nada como ya lo hemos apuntado. Pero bien, se aproximaba el acto eleccionario y debía cumplirse con la tarea, porque el objetivo inmediato era alcanzar el gobierno y para ello había que contar con los mejores en cada espacio. ¿Cómo se resolvía esta cuestión si para cada cargo había multitud de candidatos? Es el problema de la democracia representativa indirecta y siempre lo será. (Quedaba para el futuro inmediato, la creación de la orgánica movimientista, primera propuesta de democracia directa de Perón). De momento, había que atender a las reglas de la representación y la designación de candidatos, o sea una sola persona por cargo. Ese era el problema.

De todas las fuerzas que apoyaban a Perón, lógicamente las más fuertes eran la U.C.R. Junta Renovadora y el Partido Laborista, por lo que la interna del Movimiento pasó centralmente por lo que ocurriera en primer lugar dentro las mismas y luego entre ellas.

 

Perón había previsto este juego político inevitable y comprensible, y para ello había creado la Junta Nacional de Coordinación Política, poniendo al frente de la misma a Atilio Bramuglia. La Junta tenía como misión coordinar las acciones políticas de la campaña y procurar el consenso entre todos sectores que apoyaban a Perón, para la confección en lo posible, de lista única para las próximas elecciones.

Algo verdaderamente difícil de lograr dado el impulso y la vitalidad casi incontenible que cada fuerza tenía, producto del extremo optimismo en el resultado de la elección y de la lógica y lícita ambición y expectativa que cada uno tenía para sí mismo y para el sector al que pertenecía.

 

Así, la puja por posicionarse en las listas desataría verdaderas pasiones para ocupar “un lugar” en alguna de todas las categorías de los cargos electivos. Eso, en orden a las personas tomadas individualmente y en “representación” de su grupo o sector. Pero además se dirimía entre estos últimos una dura lucha por colocar el segundo término de la fórmula presidencial. Así dentro de la U.C.R. Junta Renovadora se impulsaban dos pre-candidaturas: la de  Quijano y la Antille y dentro del Partido Laborista el candidato a vicepresidente era Mercante.

Precisamente el 5 de enero de 1946, se desató un furioso tiroteo en un local “Quijanista” de la calle Tucumán 739 en la Capital Federal, con el resultado de un muerto y varios heridos. La lucha política en su peor y más cruda resolución.

Estos hechos motivaron que Perón escribiese una carta a Quijano, que en realidad era una declaración de principios sobre la ética en la acción política y obviamente servía de basamento para la nueva doctrina justicialista. La carta causó un enorme impacto entre las filas de la renovación radical, pero no todos la entendieron, porque un pequeño grupo de dirigentes integrado por Atilio García Mellad, Arquímedes Soldano y el mayor Francisco Estrada, replicaron ásperamente la misma diciéndole a Perón que no debía incurrir en temas que no le “importaban”. Obviamente esto marcó un antes y un después entre estas personas y Perón, pero mucho más marcó la definición de lo que es un conductor por encima de las cuestiones personales o de círculo y la atención del interés general  al que debe subordinarse todo lo demás. Un hito, sin duda.

El 16 de enero y después de interminables forcejeos, donde como hemos visto no faltó la violencia, finalmente se reunió la convención nacional de U.C.R. Junta Renovadora. Por aclamación, no por voto como lo preveía la Carta Orgánica, fue proclamada la fórmula Perón-Quijano, resultado lógico de la decisiva mayoría con que contaba en “Quijanismo”. Se terminaba de dar un paso importante dentro de una de las fuerzas más importantes del nuevo movimiento. Faltaba cotejar esta decisión con las demás fuerzas.

 

 

Perón frente a este proceso interno

 

 Perón ponía en juego todo su arsenal de principios de conducción política, para armonizar los intereses sectoriales con el interés del conjunto. Una tarea harto difícil, tanto por lo exiguo de los plazos que debían cumplirse antes de la fecha electoral del 24 de febrero, tanto por la lógica aspiración de todos por ocupar un espacio en las listas, como por la multiplicidad de tareas que, entre otras, le indicaban tanto recorrer físicamente el interior del país, como atender a la planificación del futuro gobierno. Todo al mismo tiempo. ¿Como fue que lo hizo? Solo su larguísima preparación y formación para la conducción política y su excepcional fortaleza física podían apuntalarlo. Fue lo que sucedió.

 

 

 

Partido Laborista – Congreso de delegados

 

El Partido Laborista había completado ya el mismo procedimiento. Dos eran los precandidatos a vicepresidente de la Nación: Gay y Cipriano Reyes.

Reunido el congreso el 15 enero en la Capital Federal, estaba claro que ambos tenían igualdad de delegados y la lucha se presentaba por demás reñida y de difícil resolución.

Domingo Mercante, todavía secretario de Trabajo y Previsión, se propuso a sí mismo ante el congreso laborista como medio para destrabar la situación. Inesperadamente o no tanto, la propuesta tuvo éxito y fue proclamada por unanimidad, quedando de este modo consagrada por el Partido Laborista, la fórmula Perón-Mercante. Restaba ahora dirimirla con la de los radicales renovadores y de ahí saldría definitivamente la fórmula a presentar en los comicios del 24 de febrero.

 

 

Partido Independiente

 

A tiempo con las exigencias del momento, los llamados Centros Independientes o Partido Independiente reunidos en asamblea plenaria, eligen sus candidatos el día 17 de enero, pero solamente a diputados, aceptando para las semanas próximas el binomio presidencial que formaría Perón con alguno de los candidatos en pugna.

 

 

Unión Sindical Universitaria y Centro Universitario Argentino.

 

El 22 de enero se realizó en el estadio Luna Park, un gran acto de dos agrupaciones estudiantiles universitarias, las que colmaron sus instalaciones.

Si bien es cierto que la mayoría de las agrupaciones universitarias adherían a la U.D. por pertenecer tanto al comunismo, al socialismo, como al radicalismo, el peronismo no dejó de hacer pié en ese sector social y así fue como a la preexistente Unión Sindical Universitaria, se sumó el recién creado Centro Universitario Argentino. Una gestión encargada por Perón y culminada el  5 diciembre de 1945 con un congreso de 300 delegados universitarios de todo el país, a un joven profesional odontólogo, el doctor Ricardo Guardo, quién junto a su esposa Lilian Lagomarsino, tendrán una significativa actuación política en el gobierno de Perón y de amistad entrañable con Evita.

El acto fue todo un éxito, dadas dificultades que presuponía llenar el estadio con un sector social donde se apreciaba, correctamente, que se estaba en minoría.

Es muy recordada la frase de uno de los oradores del acto: “Los diarios que apoyan al Coronel Perón están escritos por gauchos y no por cowboys”, en obvia alusión al dictado de los editoriales a los diarios de la U.D. desde Washington.

 

 

2ª gira de Perón en tren

Cuyo

 

El 25 de enero dio comienzo la segunda gira programada en tren y hacia la zona de Cuyo, en el oeste de la Argentina. Perón viajaba acompañado por Evita y muy reducido grupo de colaboradores. Los suficientes para asistirlo y el grueso quedaba en Buenos Aires, donde la lucha interna y externa del movimiento estaba al rojo vivo.

Nuevamente y tal vez más que en la primera gira, la salida de la estación Retiro fue harto dificultosa. Era tal la multitud que fue a despedirlo que el tren partió con importante demora. La locomotora fue bautiza en la ocasión como “La descamisada” y todo el tren fue pintado por el entusiasmado pueblo trabajador, que percibía y presentía al movimiento peronista como de “redención social”. Un dato imposible de no advertir a menos de un mes de las elecciones.

La desconcentración dio lugar a una gran movilización de peronistas que recorrían el centro de la ciudad demostrando su fervor. Como parecía no poder ser de otro modo, esto dio lugar a varias refriegas a balazos en pleno centro de la ciudad con grupos de comunistas. El saldo fue luctuoso: un muerto y decenas de heridos

Entretanto, el trayecto de los primeros kilómetros del tren desde el punto de partida hasta abandonar los últimos suburbios del llamado Gran Buenos Aires, esto es el conglomerado más humilde y trabajador del área metropolitana, se hizo a muy baja velocidad, porque en cada localidad era tal la cantidad de gente reunida para saludar el paso del tren, que este debía desplazarse muy lentamente. Tampoco esto dejo duda alguna de hacia adonde se inclinaría la balanza el próximo 24.

Entrada la noche del mismo día, el tren hizo su primera parada, la ciudad de Junín. Emblemático lugar. Era donde Evita había transcurrido parte de su infancia. Después de saludar a la multitud reunida en la estación, prosiguió la gira en dirección a la  ciudad de San Juan.

 

Es día 26 de enero y estamos en esta ciudad. Recordemos, apenas dos años antes, la misma había sido desvastada por un terremoto con casi 10.000 muertos. Una tragedia nacional que lo había encontrado a Perón al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión, lugar en donde organizó toda la ayuda proveniente desde el resto del país. La misma se hizo sentir, porque el diagrama de ayuda aplicado con rigurosidad y planificación militar, puso a disposición y en marcha hacia el lugar de la tragedia todos los recursos disponibles. Los sanjuaninos tenían en carne viva los hechos y acudieron en masa a recibir a Perón, con una mezcla de compromiso político y de profunda gratitud.

El bloquismo, fuerza provincial tradicional conducida por la familia Cantoni, estaba presente con todo lo que había podido movilizar. También el laborismo y lo que ocurría en San Juan era lo mismo que en el resto del país. La lucha por prevalecer hacía peligrar la unidad. Sobre esto hizo referencia Perón reclamando la unidad por sobre cualquier otra cosa. Pero lo que los sanjuaninos escucharon, fue una arenga muy frontal donde lo que se dijo fue nada menos que una declaración americanista de principios:El movimiento es la encarnación de una revolución criolla que está recorriendo la América”. Algo tan contundente como este enunciado, separaba aún más las fuerzas rivales para la próxima elección y de dejaba ver entre ellas algo así como un abismo. El pasado  de la política argentina, frente a lo más nuevo y universal que acababa de brotar en la patria.

Al día siguiente lo encontramos en la ciudad de Mendoza, lugar de la gesta sanmartiniana, donde frente a otra multitud, que incluye a las fuerzas del partido local lencinista que se ha alineado junto a Perón, vuelve a referirse, tal cual como lo había pensado San Martín, a la unidad continental, pero ahora y a diferencia del siglo pasado, incluyendo además de la liberación política, la liberación económica y social. Igual que el día anterior en San Juan, su discurso crece, se eleva y profundiza a niveles insospechados los objetivos de la acción política, resultando ser de ese modo como la presentación de una propuesta revolucionaria.

 

 

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Abismo

 

Es lo que hay entre la propuesta de la Unión Democrática y la del Peronismo.

La primera se mantiene impasible ante el avance de los tiempos y su discurso de democracia formal, impregnado por la huella que había dejado de fraude y de miseria, solo llega a los que no oyen ni miran ni ven o solo razonan desde su bolsillo. Es el pasado. El presente, además, la encuentra comprometida con los peores intereses antinacionales. Está condenada a sucumbir electoralmente.

El segundo deja ver su rostro en toda la dimensión que tiene. Es presente y futuro, no solo porque recién está surgiendo, sino que transmite y hace sentir que es una nueva escala de valores por cumplir y mantener. Ya no es solo la propuesta de justicia social. Ahora es la liberación nacional y la unidad americana como sostén, marco y alcance de la doctrina que está naciendo. Su trascendencia es por lo tanto universal.

Un abismo entre ambas. 

 

 

 

Ya en dirección de regreso a Buenos Aires, pronuncia otro discurso en la ciudad de San Luís frente a otra multitud, venida, como en las ciudades anteriores, desde los lugares más lejanos de la provincia.

El tren prosigue su marcha y al pasar por la ciudad de Río Cuarto, en la provincia de Córdoba, la policía descubre poco tiempo antes de su paso por esta ciudad, una carga de gelignita colocada en las vías, la que es desactiva a tiempo. La gelignita, como se sabe, es un explosivo de alto poder utilizado en la minería y en grandes excavaciones. Es lo que se lo ocurrió a la U.D…….., “democráticamente” por supuesto y constituyó el tercer atentado contra la vida de Perón en muy poco tiempo. Recordemos acá, que ya había habido dos intentos de matar a Perón. Uno el 9 de octubre de 1945, cuando era esperado para ser asesinado en la Escuela Superior de Guerra, por un grupo de alumnos complotados con un teniente coronel profesor de apellido Mora. El otro, dos días después en la asamblea del Círculo Militar, donde Desiderio Fernández Suárez propone públicamente que hay que matarlo.

Evidentemente Perón es incompatible con la oligarquía y esta, con Estados Unidos atrás, no repara en ningún medio para impedir que se llegue a las elecciones. Todo en nombre de la “democracia”, palabra utilizada por el demoliberalismo de la U.D. hasta el hartazgo, pero que pierde cada día más valor hasta transformarse en algo vacío y carente de significado real y en rigor una pantalla para la defensa de los intereses mas espurios. Asociada a estos hechos, muestra cuan democráticos son sus dirigentes: repetidos intentos de asesinar a Perón y conspiración internacional para invadir a la Argentina.

Finalmente, el 28 de enero y con cerca de cuatro horas de demora, llega el tren a la estación Retiro. Tal como había ocurrido en la primera de las giras, el recibimiento fue apoteótico y la desconcentración fue muy violenta.

Peronistas que saliendo de Retiro cruzaron el Barrio Norte de la Capital con sus vivas a Perón, fueron baleados en Rodríguez Peña y Charcas (hoy Marcelo T. de Alvear), plena zona de residencia de la oligarquía. Resultado: seis heridos y si no hubo muertos, fue porque la providencia no lo quiso.

 

 

3ª gira de Perón

Litoral Fluvial

 

El 31 de enero Perón y Evita iniciaban su tercera gira. Esta vez los destinos eran las provincias a ambas márgenes del Río Paraná. El medio utilizado fue un viejo buque rentado para este viaje, el “Paris”. Digamos que este mismo buque será utilizado a partir de septiembre de 1955, en la dictadura de Aramburu y Rojas, como lugar de detención de dirigentes y militantes peronistas, al quedar abarrotados los penales por el encarcelamiento de miles de ellos.

 

El paso por las ciudades de Rosario, provincia de Santa Fe y Goya, provincia de Corrientes, fue saludado en ambos casos por miles de personas reunidas a orillas del río y sobre los muelles de los puertos para saludar Perón y a Evita. En Goya otra vez estuvo presente la tragedia. En la desconcentración, dos peronistas fueron muertos a balazos en una refriega con los liberales.

Aún así, no faltaron coros de sirenas de los barcos atracados en distintos amarraderos, al igual que las locomotoras de Córdoba. Todo tenía sabor de homenaje, de fe en la victoria y la gente se mostraba francamente enardecida. El impulso era incontenible.

Al arribar a Resistencia, hoy provincia del Chaco, solo hubo un acto de acercamiento por puro y sincero afecto hacia el pueblo chaqueño. Esta gente no votaba para presidente ni legisladores nacionales en razón de que, la hoy provincia, era en ese entonces Territorio Nacional. Igual hubo acto.

Del otro lado del río, en la ciudad de Corrientes, el día 2 de febrero y al día siguiente en la ciudad de Paraná, Perón pronunció dos discursos en sendos actos multitudinarios. Como sucedía en todos los casos anteriores, se acercaban a las capitales de provincia o las grandes ciudades, gente proveniente del interior de esas provincias y aún vecinas, que querían ver y escuchar a Perón y a Evita y por eso eran verdaderas multitudes.

 

Miserables y Mezquinos

 

Los dos discursos fueron dedicados particularmente a poner en blanco sobre negro, que era la oligarquía y de que se estaba hablando cuando se la mencionaba. Decía en Paraná: “…descendientes del patriciado criollo, en el manejo de la cosa pública juntaron dos o tres estancias y un palacio en la calle Florida (Buenos Aires). Se fueron a Europa, liquidaron allá sus estancias, vinieron a nuestra tierra y cuando no tuvieron más nada que vender, vendieron la patria. Ese patriciado dejó un descendencia que no supo transformarse en héroes de la patria porque se transformaron en una oligarquía miserable y mezquina que ha vendido el país, que ha engañado a su pueblo y no puede condenar sus propios errores”.(17)

 “…hay que terminar con la maldita oligarquía hoy o mañana” había dicho ya en Corrientes, lo que marcaba claramente el nivel de enfrentamiento que se estaba alcanzado en la campaña, mientras que por su parte, la oligarquía y Estados Unidos, empezaban a jugar sus últimas cartas para doblegar al peronismo, que hacía tiempo ya era una preocupación extrema y alarmante.

 

 

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La gira por el litoral fluvial finalizó con la llegada del París al puerto de Buenos Aires en la noche del 5 de febrero. A pesar de la hora, varios centenares de personas lo estaban aguardando con el júbilo de siempre y en ascenso.

Desgraciadamente, esa misma noche, mueren baleados dos militantes peronistas, nuevamente en el Barrio Norte de la Capital. El diario La Prensa, uno de los más recalcitrantes defensores de la U.D. describió el hecho como la muerte de “dos sujetos de pésimos antecedentes”. Cinco días después describirá a los simpatizantes peronistas como “elementos en mangas de camisa”. Lejos de la honra que Perón apuntaba semanas atrás, en cuanto a que se tenía el corazón bien puesto debajo de la camisa, el diario de la oligarquía execraba, tanto a las personas de los peronistas subvaluando el valor de sus vidas perdidas, como el uso de la camisa. El odio constantemente a flor de piel.

 

Mientras se desarrollaba la gira, el día 2 de febrero Perón había publicado un documento importantísimo que daba cuenta de todo lo sucedido respecto a la gesta del 17 de octubre de 1945. El trabajo se tituló “¿Donde estuvo?” y lo firmó bajo el seudónimo de Bill de Caledonia. Disponible en esta página en el link La Historia por Perón y por Evita/Perón, Juan D.

 

 

Viaje a Rosario

Otro atentado

 

El 9 de febrero Perón y Evita se trasladan a Rosario, lo que no constituyó una gira, pero si un viaje de gran importancia. Al pie del monumento a la bandera se congregó una verdadera multitud que escuchó el discurso de Perón. La provincia de Santa Fe y su principal ciudad, Rosario, eran claves en la próxima elección del 24. El número de asistentes al acto dejó ver en claro cual sería el resultado en la provincia y el aporte al número de votos totales. Fue todo un éxito.

El regreso a la Capital Federal trajo otra novedad. Cuando el tren estaba cerca de su destino, al vagón en el que viajaban Perón y Evita se le “cortó” uno de sus ejes. Accidente imposible de definir como tal. Fue otro atentado, el cuarto en cuatro meses. Afortunadamente el vagón no descarriló.

Pero la violencia continuaba y el registro de víctimas aumentaba a diario. Solo en dos días, el 10 y el 11 de febrero en la Capital Federal y en la ciudad de Corrientes hubo varios heridos y tres muertos, todos ellos peronistas.

                                                                       

 

Libro Azul y

Libro Azul y Blanco

 

Pocos días después, el 11 de febrero en Washington y el 12 ya en Buenos Aires, se empezaba a conocer el llamado Libro Azul, pasquín editado por la Secretaría de Asuntos Latinoamericanos, de la cual Spruille Braden era secretario adjunto y que fue publicado en nuestro país por la prensa oligárquica en tres entregas: los días 13, 14 y 15 de febrero.

No vamos a repetir todo lo consignado sobre ese “libro”, porque ya lo analizamos en la campaña de la U.D. Solo cabe agregar que fue el momento culminante de la campaña, porque demostraba o reafirmaba y confirmaba el papel de Estados Unidos como motor de la fuerza electoral antiperonista y antiargentina.

 

Perón, que ya había previsto una maniobra semejante, mandó a imprimir la réplica al Libro Azul y que casi como no podía ser de otro modo, se llamó Libro Azul y Blanco. Además de demoler todos y cada uno de los argumentos del libelo yanqui, denunció con pruebas más que contundentes toda la intromisión de la embajada de ese país en el nuestro y el apoyo descarado a la U.D.

El libro fue encargado a Arístides Durante, colaborador de Perón en su equipo de prensa y propaganda, integrado también por Eduardo J. Pacheco, Francisco J. Muñoz Azpiri y Blanca Luz Brum, entre otros. La tarea fue realmente titánica y contra reloj, porque se venían las elecciones encima. Pero finalmente el 22 de febrero, es decir 48 horas antes, el libro apareció en todos los quioscos y fue devorado literalmente por todo el mundo que conoció de este modo la réplica de Perón al pasquín yanqui.

Fue editado, al igual que el documento “¿Dónde estuvo?”, en los talleres gráficos de la Penitenciaria Nacional de la avenida Las Heras, en la Capital Federal.

 

Decía Perón sobre el mismo:

“Bueno, de allí en adelante, se colocó los términos de la opción electoral en un punto óptimo para nosotros.”

Y efectivamente fue así. La extrema torpeza de los “democráticos”, no había hecho otra cosa más que darle al peronismo la última y “óptima” posibilidad de demostrar quién era quien y Perón no la desaprovechó. Como dijimos fue la lápida de la U.D.

Además y aunque ya venía siendo la consigna eje de la campaña, con la aparición del Libro Azul, se reforzó la disyuntiva crucial por la que atravesaba la Argentina, que ya estaba presente en toda la propaganda peronista, tal como era  el Braden o Perón”,impreso en simples fajas de papel que inundaron las calles del país. Fue una lluvia de elocuencia y de realismo. Así eran las cosas, o la Argentina o el imperialismo yanqui. O la miseria y la dependencia, o la justicia social y la soberanía. El impreso pegó muy fuerte en la campaña, fue un mazazo.

 

 

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Se conocen los candidatos peronistas y

Proclamación de la fórmula presidencial Perón-Quijano

 

El día 10 de febrero Perón en un mensaje radial da a conocer la nómina de candidatos a gobernador y vice en cada provincia.

Pero ¿Cómo se había llegado hasta acá en lo que hace a la confección de las listas de candidatos?

En lo que se refiere al primer término de la fórmula, Domingo Mercante había renunciado a su candidatura a vicepresidente de la nación y el Partido Laborista, finalmente, había aceptado la de H. Quijano. Un tema despejado.

Pero mucho más difícil había sido llegar a un acuerdo para cada uno de los siguientes lugares en las respectivas listas a legisladores y a los candidatos a gobernadores. La lucha, tal como había sido planteada desde el inicio mismo de la campaña era intensa, sin tregua y nadie resignaba una posición.

El problema que se presentaba era la cercanía del 24 de febrero, ya que había muchas listas sin confirmar.

Trabajosa y arduamente, el panorama se fue despejando, no sin antes presentar algunas bajas. Tal fue el caso de San Juan y Mendoza, donde la posible alianza con el bloquismo de Cantoni y con el lencinismo respectivamente, había quedado frustrada.

En la provincia de Buenos Aires, distrito clave para la elección no se había arribado a un acuerdo. La puja era entre la fórmulas Mercante-Arrieta, impulsada por el laborismo, la del radicalismo renovador con Cetrá-Siri y la que propuso Perón Leloir-Bramuglia como maniobra política para encontrar un entendimiento conciliatori. Efectivamente así sucedió, Cetrá se alejó del peronismo, Leloir y Bramuglia renunciaron a sus candidaturas y finalmente el binomio para gobernador y vice fue Domingo Mercante-Juan Bautista Machado, como quedó dicho. Pero esto todavía no estaba resuelto el día 10,  por lo cual la nómina anunciada por radio omitió a la provincia de Buenos Aires y también a la Capital Federal, en razón esta de que no elegía gobernador sino que su intendente era elegido por el poder ejecutivo.

Dicha nómina incluía a los siguientes candidatos por provincia:

 

– Catamarca: Pacífico Rodríguez- Juan L. Córdoba

– Córdoba: Argentino Auchter-Ramón Asís

– Corrientes: Pedro Díaz de Vivar- Santiago Ballejos

– Entre Ríos: Héctor Maya-Luis Chaile

– Jujuy: Alberto Iturbe-Juan J. Castro

– La Rioja: Leovino Martínez-Guzmán Loza

– Mendoza: Faustino Picallo-Rafael Tabanera

– Salta: Lucio Cornejo Linares-Roberto San Millán

– San Juan: Juan Alvarado-Ruperto Godoy

– San Luis: Ricardo Zavala Ortiz

– Santa Fe: Leandro Meyners-Juan Pardal

– Santiago del Estero: Aristóbulo Mittelbach

– Tucumán: Carlos Domínguez

 

Como ya lo apuntamos anteriormente, no dejó de asombrar y sorprender que en este proceso de internas entre las fuerzas que apoyaban a Perón, que a tan poco tiempo de las elecciones, con la descarnada lucha desatada por ocupar las candidaturas a gobernador y vice y  un lugar en las listas a cargos legislativos, se estaba ofreciendo una peligrosa ventaja a la U.D. que ya había resuelto el mismo proceso hacía ya un mes largo. Solo la mano de un gran conductor podía timonear en semejante tempestad. Porque era esa la situación, el horizonte directivo peleando por los lugares, Estados Unidos jugando todas las cartas posibles, atentados contra la vida de Perón y la imperiosa necesidad de llegar físicamente hasta todos los rincones posibles del país. Pero es que cada metro que Perón recorría, lo afirmaba en la certeza del triunfo. El contacto con la gente le permitía auscultar su sentir y le transmitía la convicción de la victoria. Todo lo demás, como dirimir entre los candidatos y planificar la campaña, siendo que también estaban en sus manos y el tiempo y el enorme esfuerzo físico y mental que le insumían, estaba apoyado en lo primero, la certeza absoluta de que se estaba cerca del éxito. Al fin y al cabo era el resultado “lógico” de dos años y medio de trabajo. Utilizará ese mismo término para explicar el porque del resultado electoral.

Dos días después de leída la nómina, el peronismo realiza un gran acto para proclamar la fórmula presidencial. Se lleva a cabo en horas de la tarde en la Avenida 9 de Julio, en los alrededores del Obelisco, ciudad de Buenos Aires.

Otra prueba para los trabajadores, el tiempo era por demás desfavorable. Tormentas intermitentes con chaparrones de agua a cada rato. No importó. El número de asistentes sobrepasó largamente las doscientas cincuenta mil personas, extendiéndose por varias cuadras de esta avenida que era considerada por entonces, como la más ancha del mundo. Verdaderamente fue una fiesta de un fervor pocas veces vista. Una sola cosa estaba centralmente el espíritu de los asistentes e inundaba todo el ámbito del acto y esto era la absoluta certeza del triunfo. Eran las ganas de tocar la redención social con las manos. Un largo sueño acariciado por generaciones estaba a punto de concretarse. A doce días de las elecciones Perón estaba ahí, frente a ellos y la ventaja sobre la U.D. era palpable. Faltaba muy poco para ingresar en tiempos de felicidad, de reparación y de justicia. Todo esto se acariciaba de antemano, se intuía, se dejaba ver. Era un festejo anticipado. Así fue el acto del 12 de febrero de 1946.

Esta vez el discurso fue leído, con solo algunos pasajes donde improvisó la oratoria. La razón fue que el mismo se transmitió por radio y Perón debió asegurarse que, nada de lo que debía decir fuese omitido por las lógicas situaciones de un discurso donde la oratoria es improvisada y donde virtualmente se dialoga con la multitud. Era demasiado importante, virtualmente un cierre de campaña, aunque no sería el último.

Dijo: “Llego a vosotros para deciros que no estáis solos en vuestros anhelos de redención social…..”, escuchó el pueblo trabajador decirles. Una vez más un invisible hilo de conciencia a conciencia y de corazón a corazón, se establecía entre este hombre y el pueblo que lo estaba descubriendo.

El ordenado y bien planificado discurso, repasó todos los aspectos de la realidad nacional e internacional que operaban sobre la Argentina, con Braden a la cabeza de todas las fuerzas antiperonistas. La situación de nuestro pueblo y lo que debía esperarse. Aparecieron ideas y fundamentos liminares al escucharse decirles “…que el pueblo sea realmente libre…” Algo de extraordinaria importancia que pasará a formar parte del eje del pensamiento y de la acción de Perón. Este concepto de libertad real, será encontrado como la médula misma de su postulación filosófica en “La Comunidad Organizada”, durante el Congreso Internacional de Filosofía en Mendoza, en 1949.

Apeló a la conciencia de los que estaban por votar a la U.D. dedicándoles este impecable párrafo: “Los pocos argentinos que de buena fe siguen a los que han vendido la conciencia a los oligarcas, solo pueden hacerlo movidos por las engañosas argumentaciones de los ‘habladores profesionales’….”

Hizo centro en el verdadero problema que se dirimía diciendo que “…en el fondo del drama argentino lo que se debate es, simplemente, un partido de campeonato entre la ‘justicia social y la injusticia social’…”. Ciertamente era en 1946,  la contradicción principal de la hora.

Cuando describe la supuesta falta de democracia de sus posiciones, lanza este verdadero grito de “guerra” entre el pueblo y el antipueblo: …¿Dónde está, pues, el verdadero sentimiento democrático y de amor a las libertades, sin no es en este mismo pueblo que me alienta para la lucha?…” Estamos entonces en la puerta misma de una nueva formulación del concepto de democracia. Se está dando vuelta y dejando atrás una página de la historia social y política de la Argentina. El liberalismo en todas sus formas comienza a ser derrotado, aunque lamentablemente, como veremos más adelante, volverá a azotar a la nación. 

Fue demoledor con las fuerzas de izquierda que participaban en la U.D. A ellas les apuntó de este modo: El contubernio al que han llegado es sencillamente repugnante y representa la mayor traición que se ha podido cometer contra las masas proletarias. Los partidos comunistas y socialistas que hipócritamente se presentan como obreristas pero que están sirviendo a los interese capitalistas, no tienen inconvenientes en hacer la propaganda electoral con el dinero entregado por la entidad patronal. Las cosas claras y bien dichas, así se escuchó esta tremenda acusación. ¿Quién podía desmentirla?

A finalizar el discurso lanzó una dura advertencia sobre lo que podía pasar en caso de ganar la U.D. Dijo lo siguiente: “Si, por un designio fatal del  destino, triunfaran las fuerzas de la represión, organizadas y dirigidas por Spruille Braden, será una realidad terrible para los trabajadores argentinos la situación de angustia, miseria y oprobio que el mencionado ex embajador pretendió imponer, sin éxito, al pueblo cubano.

En consecuencia, sepan quienes voten el 24 por la fórmula del contubernio oligárquico-comunista, que con ese acto entregan, sencillamente, su voto al señor Braden. La disyuntiva, en esta hora trascendental, es ésta: O Braden, o Perón. Por eso, glosando la inmortal frase de Roque Sáenz Peña, digo: ¡Sepa el pueblo votar!”.

 

 

Discurso del 12 de febrero de 1946

Acto de proclamación de la fórmula

 

El texto completo de este discurso está disponible en nuestra página en el link Documentos/Perón, Juan D.

 

 

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Mercante candidato a gobernador por Buenos Aires

4º y última gira proselitista

 

Recién el día 14 de febrero, a 12 días de las elecciones, quedó firme la candidatura de Domingo Mercante y Antonio Machado para gobernador y vice de la provincia de Buenos Aires.

 

El día 17 Perón y Mercante iniciaron la última gira proselitista destina a consolidar un distrito clave como lo era el interior bonaerense, donde todavía Perón no la había recorrido en extensión y donde recién Mercante podía presentarse como el candidato oficial del peronismo. Fue una gira rápida, profunda y fulminante si se quiere. Quedaba muy poco tiempo y debían quedar en claro las propuestas de uno y otro. La maratónica gira pasó por las localidades de Cañuelas, Brandsen, Chascomús, Maipú, Ayacucho, Balcarce, Tandil, Tres Arroyos, Bahía Blanca, retornando desde el Oeste de la provincia por Trenque Lauquen, Pehuajó, Chivilcoy, Mercedes hasta Luján arribando a esta ciudad el día 20, donde Perón ingreso a la Basílica y ofrendó su sable de coronel a la Virgen de Luján. Al salir de la Basílica y en medio de la multitud que lo acompañaba, dirigió un mensaje.

Como siempre pasa, el liberalismo midió con su propia vara especulativa el significado del paso de Perón por Luján. Algunos católicos que nada podían entender de lo que estaba pasando, lo criticaron acremente, descalificándolo por haber ingresado al templo en plena campaña electoral. No era posible, según ellos, un sincero acto de fe y entrega religiosa. En su axiología no estaba contemplado. Solo cabía la especulación política. El pueblo que lo acompañó no lo entendió así y la visita se transformó en un acto de religiosidad popular. Incomprensible para la oligarquía.

De Luján a Buenos Aires, Perón debió subirse a un automóvil intentando llegar más rápido a su destino, porque la gente se agolpaba alrededor de las estaciones  haciendo harto dificultoso el paso del tren. Fue inútil, increíblemente los trabajadores adivinaban de algún modo por donde transitaba Perón por ruta y así fue como debió parar varias veces en los apenas 60 kilómetros que median entre Lujan y Buenos Aires.

 

Final para una fatigosa tarea proselitista, en que lo que prevaleció fue la estrategia del contacto directo con el pueblo. Si bien la U.D. intentó lo mismo con el “tren de la victoria”, los resultados fueron cuantitativamente y cualitativamente diferentes. Las multitudes que congregó el paso de Perón por cada lugar del interior de la Argentina, fueron inéditas en la memoria colectiva. Los sentimientos con que llegó al corazón de la gente, imprimían algo absolutamente diferente a todo lo conocido. Verdaderamente lo que se percibió fue el despertar de un sentimiento de amor entre el líder y el pueblo. Además de los números incalculables de concurrentes a los actos, coros de silbatos de locomotoras y de sirenas de buques, guitarreadas colectivas, cabalgatas reunidas desde leguas a la redonda del punto de encuentro, las más diversas y originales maneras de manifestarse en cada ocasión, pero una cuestión común en todas ellas, las fervientes ansias de verlo, tocarlo y escucharlo. Todo sin par. Desconocida forma de vincularse, que transcendía claramente lo político. Había algo más, muchísimo más. ¿Cómo se había llegado a eso? Gratitud, lealtad y reconocimiento a quien obraba por sus semejantes. Una forma concreta y real de cristianismo que aparecía en un pueblo hambreado, dolorido y sojuzgado, en una patria vendida y vilipendiada, en la que de los argentinos había muy poco.

 

 

Últimos movimientos de la campaña peronista

 

Perón decidió finalizar sus actos presenciales, con el último en la ciudad de Luján. Seguramente en el convencimiento de que las cartas estaban casi echadas y que sus propios militantes podrían suplirlo en las 48 hs. restantes antes de regir la veda electoral, suspendió su asistencia a los últimos actos. Además de recuperar fuerzas físicas, debió recluirse para estar absolutamente atento a todos los detalles finales de la campaña y de la presentación de las listas.

Hemos visto como el día 22 apareció el Libro Azul y Blanco. Deben apuntarse además, todos los actos locales encabezados por los dirigentes peronistas en la Capital Federal y todo el interior, los que se cumplieron con concurrencias masivas a pesar de la obvia ausencia del líder.

Pero el impacto final estaba en manos del Perón y lo fue por la vía radial. Efectivamente, el día viernes 22 a la noche, sobre el filo del inicio de la veda, lanzó un mensaje a todo el país que conmovió a todo el que lo escuchó y terminó por asegurar el resultado de la contienda.

Primeramente leyó la lista de los candidatos a gobernador por cada provincia. Eran catorce distritos con candidatos a gobernador, más la Capital Federal que no elegía intendente por ser su designación una prerrogativa del Poder Ejecutivo Nacional, pero si electores para el Colegio Electoral que elegía presidente de la Nación.

Esta fue la lista:

 

– Buenos Aires: Domingo Mercante-Antonio Machado

– Catamarca: Pacífico Rodríguez- Juan L. Córdoba

– Córdoba: Argentino Auchter-Ramón Asís

– Corrientes: Pedro Díaz de Vivar- Santiago Ballejos

– Entre Ríos: Héctor Maya-Luis Chaile

– Jujuy: Alberto Iturbe-Juan J. Castro

– La Rioja: Leovino Martínez-Guzmán Loza

– Mendoza: Faustino Picallo-Rafael Tabanera

– Salta: Lucio Cornejo Linares-Roberto San Millán

– San Juan: Juan Alvarado-Ruperto Godoy

– San Luis: Ricardo Zavala Ortiz

– Santa Fe: Leandro Meyners-Juan Pardal

– Santiago del Estero: Aristóbulo Mittelbach

– Tucumán: Carlos Domínguez

 

El mensaje continuó con indicaciones muy precisas de los recaudos a tomar para ir a votar y una furibunda acusación a la U.D. en cuanto a las últimas y desesperadas maniobras que estaban tramando para torcer el resultado de la elección, denunciándola por estar movilizando enormes cantidades de dinero para sobornar a los votantes.

Fue un mensaje para todo el país, pero especialmente dedicado a los hombres del campo. Sobre los peones rurales, para quienes había impuesto desde la Secretaría el justiciero Estatuto del Peón Rural y que empezaba a terminar con un estado de verdadera semiesclavitud y miseria, sospechaba Perón irían a ser el blanco preferido de las patronales, ingeniándoselas estas para impedir, trabar o dificultar la concurrencia de los peones al acto electoral.

El discurso pasó a la historia, porque desnudó crudamente esas intenciones y les proveyó a los peones de los métodos y consejos para poder cumplir con su voluntad.

 

Ofrecemos la parte esencial del mensaje radial, extractado del audio original del mismo y las maravillosas imágenes creadas para acompañarlo, de la película “Perón sinfonía del sentimiento” de Leonardo Favio.

 

 

 

 

Mensaje radial de Perón del 22-02-1946 a todo el país y especialmente a los trabajadores del campo.

 

 

“…rompan el candado o la tranquera o corten el alambrado y pasen para cumplir con la Patria…”

 

 

 

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Este video pertenece a la película de Leonardo Favio “Perón sinfonía del sentimiento”.

 

Para ver este video haga CLIC  en este punto abriendo el sonido.

 

 

 

El mensaje radial terminó con una invocación a Dios, una demanda y una advertencia: “¡Que Dios presida los comicios! Y que la justicia, la pureza y la rectitud actúen, porque de lo contrario no habrá valla que nos detenga.”

 

El Partido Laborista, por su parte,  repartía entre la población y sus adherentes las siguientes consignas:

 

 

“¡Atención laboristas! Deben cuidarse todas las normas para evitar la anulación del voto.

No llevar distintivos, no nombrar a Perón. Llevar la boleta en el bolsillo, por cuanto la oligarquía está usando una nueva arma, un lápiz químico cuya marca aparece más tarde, procediendo a tachar para que luego anulen el voto. No hagan borratinas en las listas.”

 

 

Todo había sido previsto, hasta el último de los detalles, pero la fuerza opositora era verdaderamente poderosa e inescrupulosa. Podría recurrir a cualquier método para torcer la voluntad popular. Ya lo había demostrado durante la campaña. La presencia de Estados Unidos conduciendo la maniobra de la U.D., era verdaderamente peligrosa. Habían hecho todo lo posible para perder sin darse cuenta. Estaban prisioneros de su propia historia retrógrada y enfrente tenían una revolución naciente. No la vieron y eso los llevó a cometer los peores errores políticos de que se tengan memoria en una campaña electoral. Pero eso mismo los podía arrastrar a provocar un desastre y una tragedia nacional.

Fue uno de esos momentos críticos de la historia argentina, donde se jugaba el todo por el todo. Perón era absolutamente consciente de eso y de la trascendencia de lo que estaba por suceder. Pero además era, de todos, el más optimista, el más seguro y sereno y tenía con que. El último discurso fue una arenga genial. Advirtió todo lo que era posible que sucediera y puso todo lo que había que ganar por delante. Nadie que no pensara en la justicia social podía desoírlo. Solo él había podido auscultar al pueblo como lo hizo y le dijo lo que tenía que decirle en el momento y en la hora justa. Sabía.

Finalmente, un dato más que clave. Estaban habilitados para votar casi 3.500.000 de personas en todo el país. De ellos más de 900.000 eran jóvenes que nunca habían votado. Hemos repetido que una gran porción de la población argentina, no estaba encuadrada por ninguna organización política ni sindicato y muchos de ellos eran jóvenes de edad. Eran los que definimos como los que “tenían otros sueños”. Casi no cabe duda alguna de por quien iban a votar la mayoría de ellos. Perón mismo lo señala en el reportaje que mencionamos con anterioridad. ¿Podía la U.D. seducirlos de algún modo? Difícil. Su mensaje antiguo y gastado no llegaba a estos jóvenes, ávidos de encontrar rumbos nuevos donde fueran también ellos partícipes de las decisiones y de los beneficios de la justicia social. Valor este último del que nadie se había ocupado profundamente con si lo hizo Perón. Esto era una ventaja inapreciable a la hora de votar. También fue lo que sucedió

 

 

Domingo 24 de febrero de 1946

El día de elección

 

El día había llegado. Todo estaba dispuesto. Ambas fuerzas en pugna tenían la misma prevención y desconfianza, la posibilidad de fraude. En el caso del peronismo, era más que nada, por recelos en cuanto a lo que pudiese pasar puntualmente en cada uno de los lugares donde la U.D. se propusiese ejecutar una maniobra fraudulenta y/o presionar a los votantes, tal como lo preveía el mensaje del 22 de febrero. El gobierno había prometido velar por una organización y un desarrollo limpio de los comicios y del escrutinio. Si bien Perón no estaba ya dentro del gobierno, igualmente controlaba algunas áreas que le permitían vigilar de algún modo que todo fuera a ser como se anunciaba. Una relativa seguridad.

La U.D., por su parte, denunciaba y manifestaba a cada instante, la posibilidad de fraude. Increíble postura de quienes, hasta hace poquísimos años atrás habían encarnado, por ser ellos la dirigencia política que había estado en el poder durante nada menos que la “década infame”, el fraude y la corrupción electoral, entre otras muchas cosas. Ellos sí sabían de fraude, eran el sinónimo de lo que denunciaban y temían que les fuera a pasar lo mismo.

Lo que se había puesto en ejecución era, como no podía ser de otro modo, el control de la Fuerza Armadas al llamado a elecciones, con la confección de los padrones, la custodia de las urnas, las boletas y el acto electoral mismo. Luego el traslado de los votos y el escrutinio. Para todo esto habían sido designados quince altos oficiales de las tres fuerzas, uno por cada distrito electoral: trece generales, un contralmirante y un vicecomodoro. Por cierto que la postura política de los mismos iba desde el franco apoyo a Perón (minoría), la “neutralidad”, la postura desconocida y el antiperonismo, lo que ponía dudas más que ciertas a como iría a ser el desarrollo de la elección. Lo de la seguridad, como dijimos, era relativo. (18)

 

Estaban habilitados para votar 3.405.173 ciudadanos varones. La cifra excluye a las mujeres, que no votaban y también a los argentinos habitantes de los que hoy son provincias y que en ese entonces eran Territorios Nacionales que no elegían autoridades.

Se votaba mediante el sistema de votación indirecta, es decir se elegían electores, 376 en total, que luego reunidos en Colegio Electoral designarían al presidente y vice de la nación. Se elegían también a 158 diputados nacionales y alrededor de 700 legisladores provinciales en los quince distritos. En catorce de ellos (excluida la Capital Federal, su intendente lo elegía el Poder ejecutivo nacional), se votaba para gobernador y quedaba la elección de los respectivos senadores nacionales a cargo de cada legislatura provincial, 30 en total t cerca de 20.000 personas eran las que se postulaban en todos los distritos donde se votaba para todas las categorías de cargos electivos. Aproximadamente 15.000 mesas de votación, era el número en que estaban distribuidas en el territorio nacional.

Además, el sistema de elección era por lista completa y a simple pluralidad de sufragios, de acuerdo con lo establecido en la ley Sáenz Peña  de 1913, pero con la enmienda establecida en 1936 durante el gobierno de Justo mediante la ley 12.298.

 

Lo cierto fue, que el acto comicial se desarrolló en todo el país con absoluta normalidad, desde las 8 hs. de la mañana hasta su cierre a las 18 hs. No hubo incidentes dignos de destacar y todo pareció ser como se había prometido desde el gobierno. Las urnas habían llegado a donde debían llegar y se cumplía la votación con limpieza y sin los escandalosos fraudes a la vista de todo el mundo, tal como eran conocidos de poco tiempo atrás. Faltaba, claro estaba, algo muy delicado como era que se abrieran las urnas y se contara lo que verdaderamente estaba dentro de ellas y no que fueran reemplazados unos votos por otros fraudulentos. Había que esperar. 

 

 

 

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Perón votando poco después de las 8 de la mañana del 24 de febrero de
1946, en una mesa habilitada  en calle Juncal 2691 de la Capital Federal

 

 

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Fotografía de una boleta original del Partido Laborista

 

El escrutinio

 

Una primera cuestión a tener en cuenta para saber como se desarrolló el escrutinio, es recordar que el Estatuto de los Partidos Políticos aprobado por el gobierno provisional meses antes y que contó con el acuerdo de todos los partidos, preveía el conteo de los votos, no en forma provisoria al término de la votación en el mismo lugar y transmitidos sus resultados con un simple telegrama redactado por el presidente de mesa al término de la votación y luego definitivamente abriendo la justicia electoral cada urna y contando los sobres y los votos, sino que, eliminado el primer paso, quedaba solamente esperar la apertura de cada urna y de cada sobre para ir sumando paulatinamente y de esta forma llegar al resultado final después de este largo y dilatado procedimiento. Esta reforma significaba, lisa y llanamente, que los resultados de las elecciones se iban a conocer un mes y medio después, faltando a posteriori la reunión del Colegio Electoral para la elección definitiva del presidente y vice. Tal fue lo que sucedió.

 

Una cuestión importantísima fue puesta de relieve de inmediato y lo fue por boca justamente de la U.D., y era sobre la limpieza del comicio. Los comicios fueron libres, correctos y, si gusta la expresión, cristalinos. No regateamos palabras de reconocimiento leal por el comportamiento plausible del ejército que ha asegurado elecciones correctísimas”, decía el diario socialista La Vanguardia el día 5 de marzo siguiente al comicio y agregaba:  Damos, desde ya, como aceptado, el triunfo de los candidatos de la Unión Democrática que en el Congreso Nacional y en las Legislaturas provinciales como en las respectivas gobernaciones, la democracia ocupará los puestos de mayoría “, finalizando “El pueblo argentino ha votado y, estamos seguros, ha votado bien”. Su dirigente Américo Ghioldi no “salía” de su sorpresa al decir: “Han sido elecciones sorprendentemente correctas”.

 Lo mismo había señalado Tamborini y los más altos dirigentes de la U.D.. No había duda alguna de que las Fuerzas Armadas habían cumplido con sus promesas y así se reconocía, no se sabe si por el triunfalismo que los embargaba o por una rapto de sinceridad. La Junta Interpartidaria de la U.D., visitó el día 26 al Comando Electoral de las Fuerzas Armadas para felicitarlo por la limpieza de los comicios. Solo una seguridad total en que iban a ganar justificaba tal visita….

Decía La Prensa el 27 de febrero: “Ningún hecho que merezca destacarse por su significación especial ha alterado la normalidad de las elecciones realizadas ayer. Los comicios funcionaron regularmente y los votantes concurrieron a las urnas con extraordinario interés.”

Tamborini dijo que había recogido una sensación de triunfo indudable en la actitud de las gentes en la calle y en las personas reunidas en los comités y locales partidario” y Mosca se mostró “satisfecho por el desarrollo de las elecciones en todo el país, que conceptuaba habían favorecido a las agrupaciones de esa tendencia.”, mientras que el presidente del Comité Nacional de la U.C.R. afirmaba que “los candidatos de la U.D. habían conseguido el triunfo.”.Iguales declaraciones emitían Repetto, Noble, Guisti, Ghioldi y Cisneros.

 

¿Cual era el análisis previo de la U.D. en cuanto a los resultados previsibles? Básicamente apostaban a que, ganando en la Capital Federal y en las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, debido al peso del electorado en las mismas y traducido esto en la cantidad de electores resultantes, la victoria estaría asegurada. Solo con estos distritos le alcanzaba a la U.D. para reunir el número necesario y neutralizar posibles pérdidas en otras provincias. Asentaban su optimismo en el pasado electoral de las décadas anteriores. Fue esa lectura precisamente la que los engañó. No advirtieron, ni la nueva composición del electorado, ni fundamentalmente sus necesidades.

La dirigencia de la U.D. era, por cierto, muy avezada y curtida en contiendas electorales. Provenían de partidos con décadas de existencia, particularmente la U.C.R. y los cálculos que hacían eran de algún modo lógicos para prever el número que los iba a respaldar, fruto esto, de la innegable experiencia que contaban para medir su fuerza propia. Pero desconocían al adversario. Lo minimizaron y le restaron cualquier posibilidad. Era imposible competir contra ellos, pensaron.

La victoria estaría asegurada, estaría…., pero la realidad, madre de todas las verdades, les daría un cachetazo histórico difícil de digerir e incomprensible para todos sus dirigentes, resultado obvio de la incomprensión previa del proceso político y social por el cual atravesaba la Argentina. No lo habían entendido antes y no lo entendieron aún cuando los hechos mostraron la crudeza ineludible de los números finales.

 

La propia dinámica del escrutinio, harto dificultosa y lenta, más las problemas propios de las comunicaciones del momento histórico en el que se realizaba, hicieron del mismo, un proceso no apto para cardíacos, porque la ventaja inicial de la U.D. en distritos menores como San Juan y San Luis hicieron a su dirigencia extrapolar los mismos a todos el cuadro electoral nacional y proclamar tempranamente la victoria.

Pero sucedió que tanto en esos distritos como en varios más, los resultados comenzaron a cambiar lentamente, aún sin sacar una ventaja decisiva para el peronismo que era el que ahora encabezaba los cómputos, pero ya se empezaba a mostrar una dato preocupante, tal cual era que aún en caso de triunfar la U.D., su ventaja no sería de modo alguna la prevista. En el mejor de los casos ganarían muy ajustadamente. Primera sorpresa. De un augurio de segura victoria habían pasado al comentario generalizado de “elecciones reñidas”, signo inequívoco del desajuste de la realidad con las previsiones iniciales.

 

El clima de la opinión pública estaba dominado por el seguimiento de los resultados que se iban conociendo parcialmente, las proyecciones que con ellos se hacían y verdaderamente todo comentario, discusión y observación sobre cualquier otra cosa inherente a la vida nacional sencillamente no existía. De lo único de lo que se hablaba era de los resultados que se iban conociendo y el clima iba creciendo en fervor para los peronistas y en desazón para los “democráticos” (término acuñado para denominar a los opositores a Perón, como si la sola mención del mismo diera validez a su declamada y autoproclamada democraticidad).

 

Con algunos intercambios circunstanciales en la delantera de los cómputos en algunas provincias, hacia mediados de marzo todo parecía indicar que el peronismo ganaba. La Vanguardia se preguntaba el 19 de marzo: “¿Será debilidad expresar nuestra aflicción por la marcha del escrutinio, que aun cuando concluya, como lo creemos, con el triunfo de la fórmula presidencial de la U.D., revela un estado desalentador de la conciencia nacional? ¿Es por ventura una disminución de la energía decir que participamos de la sorpresa y de la angustia de la numerosa y valerosa fracción esclarecida del pueblo ante las columnas numéricas que van contestando las preguntas de saber cuántos somos y adonde vamos? ….Si, es explicable el desconsuelo, desconsuelo no por la derrota electoral, que no se producirá, sino por la masa nada despreciable que ha conseguido mover la demagogia….” Increíble pero sincera declaración de sectarismo y desprecio por las masas populares: “fracción esclarecida del pueblo”en relación a sí mismos y masa movida por la demagogia en relación al peronismo, eximen de cualquier comentario sobre el pensamiento de estos socialistas que supuestamente eran “la vanguardia” del pueblo. Es lo que le pasa a cualquier vanguardia, para ellos, lo mejor que hay son “ellos mismos”. En este caso el pueblo tomaba otra dirección. Indigerible para esta clase de pensamiento. Era la razón última por la cual se habían alejado del pueblo o mejor dicho por la que nunca habían podido llegar a él masivamente.

 

Finalmente el día martes 8 de abril de 1946, se abrió el último sobre y el resultado inapelable daba cuenta de que los candidatos de Perón habían ganado en todas las provincias para gobernador, excepto Corrientes y se había ganado en todas menos en San Juan, San Luis, Corrientes y Córdoba para presidente.

 

 

Resultados finales de la elección para presidente y vicepresidente de 1946

 

Según lo consigna el Ministerio del Interior de la República Argentina, los resultados finales de la elección fueron los siguientes:

 

Electores Hábiles | 3.405.173

% Votantes | 83,30                                  

Partido Laborista | 1.487.886 | 52,40

Unión Democrática | 1.207.080 | 42,51                                                   

Demócrata Nacional | 43.499 | 1,53

Unión Cívica Radical Lencinista | 3.918 | 0,14

Unión Cívica Radical Bloquista | 13.469 | 0,47

Unión Cívica Radical Stgo. del Estero | 12.362 | 0,44

Resto desconocido | 47.558 | 1,67                              

Votos Positivos | 2.815.772

Blanco y Nulos | 23.735

Total General | 2.839.507 | 100

 

 

 

Y el Pueblo cumplió

 

Ya desde el 17 de octubre de 1945, los trabajadores cantaban un estribillo, entre muchos otros, de hondo contenido, que expresaba anhelos y esperanzas de felicidad. Eran sueños nuevos, eran “otros sueños”….

El estribillo decía así:

– Yo te daré,  te daré Patria hermosa, te daré una cosa, una cosa que empieza con P, ¡¡¡¡¡ PERON  !!!!!

El 24 de febrero de 1946 el Pueblo cumplió.

 

 

Como la elección era indirecta, los números de sufragios traducidos en electores mediante el sistema de representación proporcional, indicaban que Perón había obtenido 307 electores contra 72 de la U.D. En esos términos el triunfo era aplastante, aunque no en números absolutos de votos, ya que la diferencia fue de 280.000 votos. Los porcentajes fueron del 52,40% contra 42,51%, pero lo extraordinario de los resultados, además del triunfo de la elección del “candidato imposible”, fue que la U.D. había perdido en Córdoba, bastión inexpugnable del radicalismo, en San Juan, San Luis y Mendoza con partidos provinciales muy fuertes,  que los socialistas no habían conseguido ni una sola banca en el Congreso Nacional por primera vez desde 1912 y que los conservadores, mayoría indiscutida en años anteriores, fraudes mediante, solo consiguieran dos bancas nacionales. El peronismo con mayoría absoluta en las dos cámaras: 109 diputados contra 49 de la oposición y en senadores con una mayoría de casi la totalidad del número,  porque solo había perdido en Corrientes, ganando en el resto de las provincias. Todo, absolutamente todo increíble para la oligarquía, los radicales, los socialistas, los comunistas y para un actor que creyó ser decisivo y en realidad fue un salvavidas de plomo: Estados Unidos de Norteamérica.

Ya  con los resultados irreversibles decía La Vanguardia, que “ha cuajado un movimiento tumultuario que irrumpiendo en los procesos ordenados, deja de lado as medidas, los cuadros y las consideraciones tradicionales, rompe con todo, con esto y con aquello, salta por los principios, los partidos, la universidad, los diarios, la opinión independiente calificada y se derrama con la fuerza de su propia materialidad sobre el vasto campo de la política, que ahora cubre y no sabemos si sabrá dominar”. Léase, pánico al “movimiento tumultuario” y total incomprensión del fenómeno social que acababa de ocurrir.

El 9 de abril el oligarca diario La Nación y en perfecta concordancia con los socialistas, señalaba a la fuerza ganadora como  las “turbas vandálicas”. Toda una definición. 

 

La Unión Democrática  estalla  por la derrota 

 

Como era previsible y muy por encima de los vomitivos comentarios editoriales de las distintas fuerzas opositoras al peronismo triunfante, sucedió en la U.D. lo que suele suceder en toda alianza electoral después de una derrota, el estallido, los reproches y las renuncias.

Así, en el radicalismo, se alzaron las voces de la intransigencia contra el unionismo tachándolos de “la conducción de la derrota”; de igual modo ocurría dentro del Partido Demócrata Nacional, es decir el conservadorismo que no había concurrido como tal a la coalición pero que había aportado dinero, influencias y votos. Los jóvenes de ese partido se alzaron decididamente contra la conducción nacional del mismo.

En el comunismo empezaba a tambalear la conducción de Vittorio Codovilla, que mas tarde terminaría en una crisis generalizada del partido.

Pero lo que resultó más que demostrativo por quienes fueron los renunciantes, se dio en las centrales empresarias, verdaderos motores de la U.D. Renunciaron Luis Colombo a la presidencia de la Unión Industrial, Eustaquio Méndez Delfino a la presidencia de la Bolsa de Comercio y el Dr. Roberto Repetto a la presidencia de la Corte Suprema de la Nación. Seguramente pagaban el precio de la derrota y esas instituciones hacían sus aprestos para enfrentar al nuevo gobierno.

Braden, el gran actor de la campaña pro oligárquica, se llamó a silencio, seguramente porque ahora, su gobierno debía aceptar la realidad del resultado y comenzar a hacer política con el nuevo gobierno argentino. De hecho, Estados Unidos  no solo no hizo ninguna observación sobre  un posible fraude a favor de Perón, sino que, según el testimonio de Cabot, el acto electoral había sido monitoreado por cerca de 30 funcionarios yanquis que coincidieron en resaltar la absoluta limpieza de las elecciones, (19) y seguramente, agregamos nosotros, el más limpio de la historia política argentina después de Caseros.

Tiempo después confesará Cabot que: “fue en ese momento cuando comencé a revisar mis propias ideas. Envié una serie de duros mensajes diciendo que Perón había sido elegido en elecciones limpias y, nos gustara o no, debíamos tratar con él y hacer las mejores paces que pudiéramos”.

Desaparecieron el Libro Azul, todas las acusaciones y diatribas y ahora la orden era observar “prudentemente” hacia adonde iría a caminar Perón. Su “diplomacia” de brutal y desvergonzada intervención e injerencia en la soberanía de un país extranjero, había fracasado estrepitosamente.

Un historiador como Hubert Herring decía con total y absoluta franqueza lo que su propio gobierno no podía admitir y era que, con el resultado electoral a la vista y desde aquí hacia delante: “Tenemos una Argentina obstinadamente fuera de alcance, es decir, una Argentina que no va a permitir que le elijamos su presidente”. (20) Page 181 Impecable observación. Así habría de ser durante una década, hasta que el cerco internacional con la complicidad de la oligarquía nativa, habría de derrocar al gobierno peronista, porque por la vía electoral era invencible. Es decir que nos eligieron el presidente por la vía de la fuerza, que como se sabe es “el derecho de las bestias”.

 

 

Festejo peronista y Marcha de la Independencia y de la Justicia Social

 

Por su parte Perón llamó el 4 de abril, aún antes de cerrar el conteo de votos, a sus partidarios a festejar la victoria en la Plaza de la República con una reunión multitudinaria y una marcha que se llamó Marcha de la Independencia y de la Justicia  Social.

Si las concentraciones de diciembre y febrero habían reunido multitudes, ahora, la cantidad de gente reunida para celebrar, sencillamente impidió que la vista alcanzara para ver adonde terminaba la “marea humana”. Fue tan impresionante la muchedumbre, que no se recordó ni vio  nada igual hasta ya iniciados los gobiernos peronistas y sus celebraciones en Plaza de Mayo.

Perón, muy lejos de humillar a los vencidos, pronunció un discurso de unidad nacional donde prevalecieron frases y pensamientos como estas: “la victoria no da derechos, crea obligaciones”, para continuar diciendo: “Olvidemos y perdonemos a los que nos han agraviado, a los que han mentido a la Nación, a los que han fragmentado, a los que han delinquido por sus pasiones y digámosles que desde hoy en adelante nosotros velamos también por ellos. Pero digámosles también que tenderemos esta mano generosa a los vencidos, pero que recordaremos a aquellos que no sepan cumplir con la hermandad que les ofrecemos. Y ahora, a todos los que han colaborado en la estructuración de esta magnífica realidad presente, les he de dar un consejo y de dar un pedido: que se unan los peronistas de toda la república.” 

 

 

Colegio Electoral – Final de la elección presidencial de 1946

 

El día 6 de mayo de 1946, se reunió el Colegio Electoral que reunía a los quince distritos donde se había votado. Eran de las  catorce provincias más la Capital Federal y el resultado final fue de 298 votos contra 66. Las diferencias de los votos presentes con los electores obtenidos al momento en que se terminó el escrutinio,  fue en razón del fallecimiento de algunos electores y de la ausencia de otros.

Previamente, el 28 de abril se había reunido en sesiones preparatorias la Cámara de Diputados de la Nación y hacia mediados de mayo, cada provincia reunió a su respectiva Legislatura para la designación de los senadores que pasarían a formar parte del Senado de la Nación.                                       

Final para una votación histórica, la más limpia de todas las conocidas y el inicio de un proceso revolucionario adonde, a partir del mismo, ya nada será igual en la historia de los argentinos

                                                                                                                 

 

“…y ganamos, como era lógico…”

 

Se ha señalado a Perón como el hombre del destino. Como el hombre que fue a su encuentro y lo asumió. Esto fue así, pero no porque estuviese predestinado para tal situación y solo cabía a él hacerse cargo. El mismo lo dice: “al destino hay que ayudarlo y saber forjarlo para ser artífice del mismo”. De modo tal que nada es casual en la historia de los argentinos. Perón fue “tocado” por el destino, pero el también lo  fraguó y lo alimentó desde décadas antes al momento de su irrupción en la política argentina. Se preparó, se formó, estudió, se sacrificó, vio lo que tenía que ver y se lanzó a lo más alto de lo que puede pensar un compatriota en llegar, ser el conductor de su  pueblo.

El destino y Perón quisieron que esto sucediera a mediados de la década del cuarenta, cuando la Argentina hastiada ya del sistema liberal posterior a Caseros, hacia agua social y políticamente. Estaba agotado y fracasado. Solo había servido para ínfimas minorías y para un Estado dependiente de la extranjería.

Como país era una colonia británica en el nuevo molde del control de las economías, las finanzas y las leyes. Apoyada Inglaterra en una oligarquía parásita, la mayoría del pueblo sufría las terribles consecuencias de tal modelo. Todo se encaminaba a un renacimiento de la conciencia colectiva. Pero ¿Cuándo iría esto a suceder? Cuando coincidieran la acción y la formación de Perón, con el punto justo de la historia donde estos hechos suceden y donde la historia no vuelve hacia atrás y eso fue lo que ocurrió.

El proceso iniciado en 1943, con la gesta popular y revolucionaria del 17 de octubre de 1945, va llegando a uno de esos puntos de los que hablamos.

 

La campaña para la elección de presidente en 1946, muestra claramente dos modelos: el antiguo y gastado liberalismo demo-representativo de los partidos políticos, que es mezquino y solo esconde afanes de especulación económicas y políticas, donde los hombres son solo engranaje de una infernal maquinaria de poder egoísta y no solidario. Donde lo que prevalece es solo la ambición por los cargos y la política para el bien común es inexistente. El de la “política ficción”, que ignora la realidad del hombre argentino; el modelo sin grandeza y negador de la situación doliente de un país pobre y un pueblo miserable. El de los discursos formales, de viejas y conocidas frases, siempre iguales y de “acartonados” personajes. El modelo que inventó el supuesto “nazifascismo de Perón” y que el pueblo ignoró categóricamente, porque percibió en ello una falsedad y porque no resolvía ninguno de sus problemas.

Un modelo que aún siendo lo antedicho de extrema gravedad e importancia, todavía mostraba algo más también de significativa importancia y esto era la crisis de legitimidad de los partidos políticos, que ya había estallado en 1930 pero que ahora recrudecía amenazando su propia existencia. Estructuras de poder o de negocios, llamadas por el liberalismo a resolver las necesidades de sus “representados”, pero que en realidad lo único que resolvían eran los problemas de sus dirigentes. ¿Cómo era posible que estructuras de gran experiencia, organización y trayectoria, se vieran sobrepasadas por un movimiento de masas aún inorgánico, al frente del cual estaba un hasta hace muy poco oscuro e ignoto coronel? El resultado electoral, respondía a esos interrogantes.

 

Un segundo modelo, es el que plantea Perón, que observa la realidad y da a ella una respuesta concreta; el de un país y el de un pueblo solidarios, con destino de grandeza abierto a todo el mundo y en principio con la unidad de la América históricamente hermana. El modelo de la justicia social: “La riqueza deja de tener finalidades propias para tener finalidades sociales”,apunta V. Sierra. (21)

Dijimos antes, que entre un modelo y otro había un abismo. Perón en su campaña, traza estos objetivos en cada lugar a donde va y lo hace cara a cara con el pueblo. Todos lo ven y lo escuchan y saben que cumple lo que dice. Le habla al hombre argentino como persona y no como votante eventual. Acude a llamar a su verdadero ser. La gente lo percibe y lo siente.  Es una ruptura abierta y frontal con el orden anterior y por eso va a ganar la elección, “como era lógico”.

Con simpleza demoledora, Perón dice sobre el acto electoral del 24 de febrero de 1946: ”….Nosotros desde Trabajo y Previsión habíamos dicho lo que queríamos hacer. La Unión Democrática del otro lado habían dicho lo que ellos querían hacer. Ahora no quedaba más que preguntarle al pueblo, si quería a la Unión Democrática o si nos querían a nosotros. Si elegían a la Unión Democrática haya ellos y si nos elegían a nosotros, nosotros recibíamos un mandato popular de realizar la revolución que ya todo el mundo conocía, porque nosotros hicimos una gran publicidad de nuestras ideas y de nuestros fines. Bueno, muy bien, se llama a elecciones y ganamos, como era lógico….” (22)

 

 

 

 

 

Medidas previas a la asunción de 4 de junio de 1946

 

Como podrá observarse, Perón no esperó hasta esta fecha para empezar a gobernar. Tenía la legitimidad del triunfo otorgado por el pueblo y la ejerció de inmediato y aún antes de conocerse el resultado final y ser elegido por el Colegio Electoral. Un verdadero acto de poder. Además esto demuestra que todo estaba planificado y nada era improvisado. Perón y sus equipos, unas cuatrocientas personas reunidas a partir del Consejo Nacional de Posguerra, ya sabían lo que tenían que hacer. (23)

Apuntamos acá y solo como mención resumida, algunas de las medidas tomadas antes de la asunción al gobierno, las que luego trataremos en profundidad durante el desarrollo de la década 1946-1955.

Ellas fueron:

 

24 de marzo: disuelve la estructura de los partidos Laborista y U.C.R. Junta Renovadora para constituir el Partido Unico de la Revolución Nacional, paso previo a la creación del Partido Peronista.

 

25 de marzo: El economista y empresario Miguel Miranda asume como presidente del Banco Central de la República Argentina. El presidente Farrell mediante el decreto-ley 12.962 nacionaliza el Banco Central y todos los depósitos bancarios.

El Banco Central concentra la facultad de emitir toda clase de moneda, se lo provee de una nueva Carta Orgánica y se reforma la ley de Bancos. Se le confiere el ejercicio unificado del control de cambios.

Se crea el Instituto Mixto de Reaseguros.

 

23 de mayo: Se crea la Secretaría de Salud Pública con rango de ministerio y días después es designado al frente de la misma el Dr. Ramón Carrillo.

 

28 de mayo: Se crea el I.A.P.I., Instituto Argentino de Promoción del Intercambio, dependiendo del Banco Central y centralizando todo el comercio exterior y la transferencia de los recursos a los productores. Miguel Miranda también es su presidente.

 

29 de mayo: el gobierno restituye al coronel Perón a la actividad militar, ascendiéndolo a general de brigada tal como le hubiese correspondido al 31 de diciembre de 1945.

 

 

 

El humor peronista después del 24 de febrero de 1946

 

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Publicado por cambalache-revolucionario blogspot.com

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Revista Descamisada
Portada izquierda: ¿ Y….que tal?”

Portada derecha: Locutor “ ¡Oh…! ¡ Esto no ser toro! ¡Esto ser the corronel salvaje de pampas!”
 

                                                           

 

El “aluvión zoológico”

 

Todo es posible viniendo de la oligarquía y del pensamiento de quienes tal vez no sean oligarcas por extracción social, pero sí por su espíritu. Es el caso del diputado nacional por la U.C.R. Ernesto Sanmartino, electo el 24 de febrero de 1946.

Algo más de un año después, el 7 de agosto de 1947 y en una sesión de la Cámara de Diputados, pronunció una famosa frase que pasaría a la historia de las excrecencias humanas con formas de pensamiento. Dijo: “El aluvión zoológico del 24 de febrero parece haber arrojado a algún diputado a su banca, para que maúlle a los astros por una dieta de 2.500 pesos. Que siga maullando, que a mí no me molesta.”

Solo una  frase puede bastar para saber hasta adonde puede llegar el odio sectario de una persona. La proferida por este diputado es muy clara en ese sentido y muestra que no había digerido la llegada del pueblo al poder, ni tampoco la gran cantidad de diputados peronistas de origen sindical, hecho desconocido en la historia política argentina. La descalificación que pronunció, partió de sus más íntimas convicciones y es parte del saldo trágico que dejó  para algunos el 24 de febrero. El odio presente.

 

 

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Ernesto Sanmartino

 

 

 

4 de junio de 1946

El general Perón asume por primera vez a la Presidencia de la Nación

 

 Ese día se hacía realidad el sueño de tantos y tantos argentinos. Perón asumía por primera vez a la presidencia de la Nación.

Reproducimos acá el video de su juramento extractado de la película “Perón sinfonía del sentimiento” de Leonardo Favio.

 

 

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Perón, junto a Quijano, saluda al pueblo al salir del Congreso de la Nación
el 4 de junio de 1946

 

 

VIDEO DE LA ASUNCION DEL GRAL. PERÓN A LA 1ª PRESIDENCIA

 

Para ver este video haga CLIK  en este punto abriendo el sonido.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA Y DOCUMENTACIÓN DE APOYO

 

  1. Bonifacio, Carutti, Colotti y otros, en Bases para una teoría de la Acción, Ed. De la Reconstrucción, Bs. As. 1983, pag. 52
  2. Ibidem, pag. 57
  3. Chávez, Fermín, ver en esta página en Textos Centrales su trabajo  sobre el sindicalismo previo al peronismo.
  4. Perón, J. D., ver en esta página en Documentación carta a Steffens Soler.
  5. Luna, Félix, “El 45”, Ed. Sudamericana, Bs. As., 1975, pag. 399
  6. Perón, J. D., grabación de la reunión en Puerta de Hierro, Madrid, con estudiantes universitarios argentinos que lo visitan. Circa 1969.
  7. Ver en esta página en La Ruta de Perón 1893-1945, testimonio de Olga Lotitto.
  8. Page, J. A., “Perón, Primera parte, 1895-1952, Ed. Javier Vergara, pag.174
  9. Ibidem, pag. 169
  10. Córica, Juan C., “Los juegos de ficción del kirchnerismo enmascarado”.
  11. Luna, Félix, Ob. cit. pag. 362
  12. Page, J. A., Ob. cit. pag. 168
  13. Ibidem, pag. 170
  14. Luna, Félix, Ob. Cit. pag. 404
  15. Cichero, Marta, “Cartas Peligrosas”, Planeta, Bs. As. 1992
  16. Quarracino, Monseñor, Revista Criterio “La Iglesia en la Argentina de los últimos cincuenta años”, diciembre 1977.
  17. Luna, Félix, Ob. cit. pag. 426
  18. Potash, Robert, “El ejército y la política en la Argentina (II)”, Ed. Hyspamérica 1986, pag. 55
  19. Page, J. A. Ob. cit. pag. 333
  20. Ibidem, pag. 181
  21. Sierra, Vicente, “Historia de las ideas políticas en Argentina”, Capítulo XI, disponible en esta página en Textos Centrales.
  22. Perón, J. D., grabación citada.
  23. Ibidem

 

 

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