1949 - Primeras dificultades y respuesta del peronismo -Parte I

 

PRIMER GOBIERNO DE PERON

1946-1952

 

 

En lo económico

1949 – Primeras dificultades y respuesta del peronismo – Parte I

 

 

 

 

“Los hombres y los pueblos que no sepan discernir la relación del bienestar con el esfuerzo, no ganan el derecho a la

felicidad que reclaman”

Juan Domingo Perón

Plan de Emergencia

 Discurso por cadena nacional, a las 20,30 hs del 18-2-1952

 

 

 

 

Hemos dado cuenta a través de nuestro estudio de una verdadera explosión en la economía argentina a partir de 1946. Tanto en la redistribución de los ingresos a favor de los trabajadores; de la ocupación casi inmediata de centenares de miles de ellos desocupados; como en la toma de los resortes financieros de la nación; de la nacionalización de las grandes empresas públicas y la subsiguiente inversión hacia adentro de nuestras fronteras de lasremesas financieras anuales que ocasionaban estos servicios explotados por compañías extranjeras“ (1);de la puesta en marcha de la pequeña y mediana industria argentina(paso previo a la pesada); de un vastísimo plan de obras públicas; de la elevación de la rentabilidad de los productores agropecuarios y de la protección de sus campos.

Todo este cuadro fue acompañado en los primeros años por una sabia orientación de la macro economía en dirección a la Europa de post guerra, ávida de alimentos.

El nivel de vida de los argentinos subió drásticamente a niveles jamás conocidos y que además se colocaba entre los mejores del mundo, no solo por los ingresos que las grandes mayorías percibían, sino que, culturalmente se generó un ambiente de alegría y tranquilidad en el diario vivir, y fueron los primeros años felices del pueblo argentino, desconocidos hasta entonces.

Como era de esperar, ningún camino es recto y las primeras dificultades, tanto en lo interno como en lo externo(siempre vinculadas políticamente entre sí)comenzaron a aparecer.

El extraordinario esfuerzo que se realizaba durante el primer gobierno de Perón en lo que se refiere a la inversión en bienes de capital, obras públicas e infraestructura y política social, estaba sostenido tanto por generación de recursos propios como por la aplicación de las reservas financieras de la nación aplicadas precisamente a esa política. Recordemos, una vez más, que para el peronismo el paradigma de la relación entre reservas de divisas y el valor de la moneda era exactamente el opuesto al del liberalismo, cuando este, desde Brettón Woods en adelante, impuso mundo la dependencia con el dólar para un supuesto valor de la moneda. Para Perón:“El peso no vale -como ninguna otra moneda- por el oro(o dólares)que se adquiere con él, sino por la cantidad de bienestar que pueden comprar con él los hombres que trabajan…, en el sistema capitalista, la moneda es un fin y no un medio; y a su valor absoluto todo se subordina, incluso los hombres”.(2)

Como sabemos, la conducción de este proceso que tuvo lugar en el trienio 1946 a 1949, estuvo a cargo de Miguel Miranda, que más que economista era un empresario, sagaz y muy valiente. Era lo que hacía falta para poner en marcha al país de los argentinos.

Hacia 1949 factores externos e internos pusieron en blanco sobre negro la necesidad de dar un giro importantísimo a esta política.

En lo externo, Estados Unidos comenzó a aplicar un plan denominado oficialmenteEuropean Recovery Programo más conocido comoPlan Marshallpor el nombre del Secretario de Estado de los Estados Unidos, George Marshall, general del ejército de su país y como correspondía según los intereses del nuevo imperio, el administrador de los subsidios en el continente a dominar.

 

 

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Un plan de asistencia a los países de Europa que acababan de terminar la 2ª Guerra Mundial y que se hallaban destruidos. El esquema era muy simple: el gobierno yanqui compraba la producción fundamentalmente agrícola a sus propios productores y la colocaba virtualmente regalada en Europa, excepto España. También era simple el canje que Estados Unidos proponía (más bien imponía), alimentos a cambio de la colonización. Su nuevo papel de amo del mundo a expensas de Inglaterra y como vencedor en la guerra, le permitía controlar la política en Europa solo a cambio de alimentos y otros rubros (Ver gráficos siguientes), pero fundamentalmente granos y carnes. Todo coordinado por un organismo del gobierno estaounidense, laAdministración para la Cooperación Económica – E.C.A.que se negó expresamente a incorporar a su cartera de clientes a la Argentina.

La Argentina participó solamente con el 3% de las compras que Estados Unidos efectuaba en América Latina con destino a Europa a través del Plan Marshall.Una expresa y concreta represalia del nuevo amo del mundo a un país que se declaraba independiente y soberano.

 

 

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De hecho las producciones agrícolas de terceros países como el nuestro, que estaban siendo colocadas en aquel continente aprovechando la necesidad de alimentos en la post guerra, quedaban en total desventaja frente a la política de los Estados Unidos. Los precios se derrumbaron y esa fuente de ingresos privilegiada que tenía la Argentina quedó virtualmente clausurada. Por esa razón hubo que buscar nuevos compradores y las operaciones se redireccionaron hacia América Latina y la Unión Soviética.

En lo interno a su vez, dos factores confluyeron con la dificultad que oponía el Plan Marshall y estos fueron en primer lugar la falta de producción necesaria para abastecer el altísimo grado de consumo que se había producido en nuestro país a partir de 1946. Ciertamente que la industria argentina que acompaño todo este proceso, impulsada por el crédito barato que el gobierno puso en sus manos y la direccionalidad política con que el mismo orientó su desarrollo, fue insuficiente para cubrir aquel nivel de consumo.

Si este había sido extraordinario, configurando una verdaderaeconomía de abundancia, el empresariado que debía cubrirlo tampoco estuvo a la altura de las circunstancias, porque claramente faltó la reinversión para adecuarse a la nueva demanda. Cuando la falta de divisas amenazó con ser crítica, se resintió la compra de insumos y bienes de capital en el extranjero, con lo cual la producción bajó y al no acompañar la demanda, los productos empezaron a escasear con lo que se elevaron los precios y eso impulsó la inflación.

En segundo lugar una importante sequía había afectado al agro en la campaña 1949-1950 con la consiguiente disminución del ingreso de divisas. Pero esa sequía resultó no ser demasiado grave (aún siéndolo) en comparación con la de la campaña 1951-1952, que fue sencillamente devastadora. Para muchos, la peor de la historia agropecuaria argentina hasta ese entonces teniendo en cuenta las de 1915-1917 y 1936-1938. A tal punto fue grave, que la cosecha de granos disminuyó un 50%.

 

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Dos terribles fotografías de la sequía 1951-1952.

Animal muerto de sed y campo de la Pampa Húmeda más parecido a un desierto que a la tierra más fértil del mundo, la argentina.

 

Estos factores, combinados, hicieron caer el P.B.I. per cápita que había crecido en los primeros tres años nada menos que un 28% y que comenzó a retroceder al mismo tiempo que se frenaban las exportaciones.

El desplazamiento de Miranda de la conducción económica dio paso a un periodo de transición y la conducción económica estuvo a cargo de Ramón Cereijo como nuevo presidente del Consejo Económico Nacional y reteniendo su cargo de Ministro de Economía y Hacienda y Alfredo Gómez Morales como presidente del Banco Central. Se frenó la expansión acelerada que había comenzado en 1946 y el objetivo fue estabilizar.

En el lenguaje económico liberal estabilizar es sinónimo de recesión, ajuste a los más débiles, desocupación y endeudamiento. Nada de eso sucedió.

Muy por el contrario, el peronismo planteó la solución de las dificultades económicas que se presentaban desde un punto de vista ético, echando mano a las reservas doctrinarias que tenía y que lo colocaban en las antípodas del liberalismo.

Reconocimiento de las dificultades

Lo primero que hubo de hacer fue aceptar las dificultades, por eso el alejamiento de Miguel Miranda, pero no dejando de reconocer los extraordinarios méritos y servicios que le había prestado a su Patria al inicio de la revolución justicialista.

Perón y nadie mejor que él lo demostró en este escrito que reproducimos a continuación:

 

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Bibliografía y Documentación de apoyo

1. Perón, J. D. La fuerza es el derecho de las bestias, Editora Volver, 1987

2. Perón, J. D. Discurso del 1/5/1952

 

 

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