Año 1949-Reforma de la Constitución Nacional

 

 

55d27c20a3f72_img

 

 

Parte III: 
PRIMER GOBIERNO DE PERON 
1946-1952

En lo político:

Año 1949 – Reforma de la Constitución Nacional

 

“Estamos en este recinto unidos espiritualmente en el anhelo de perfeccionar la magna idea de la libertad, que las desviaciones de la democracia liberal y su alejamiento de lo humano hicieron posible.”

 

“Hoy no es posible pensar organizarse sin el pueblo, ni organizar un Estado de minorías para entregar a unos pocos privilegiados la administración de la libertad. Esto quiere decir que de la democracia liberal hemos pasado a la democracia social.”

                                                                                                                                                                                                   

General Juan D. Perón
Presidente de la Nación
(1)

 

 

 

 

 

55d27c20a42b1_img

 

 

El general Perón y un ejemplar de la

 Constitución de 1949 en sus manos

 

 

 

Texto Completo de la nueva Constitución Nacional de 1949

CLIC ACA

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Por qué reformar la Constitución Nacional de 1853 y crear una nueva?

 

Pareciera ser que la sola referencia a la citas de Perón con que encabezamos este texto, bastasen por si mismas y cerrasen el tema. En rigor es bastante así. Pero vamos a desgranar todo el proceso previo y poner la mirada hacia el futuro para comprender mejor la definición del presidente de los argentinos.

 

Cuando el liberalismo se alza con el poder al derrotar a Rosas en 1852 y a partir desde ese momento histórico comienza el periodo de la organización nacional, esta se hace con todos los principios liberales en auge y vigentes en el mundo occidental del siglo XIX.

 

Interesan para el tema que abordamos cuatro cuestiones centrales que se instalan a partir de esa fecha.

La primera está referida a la proclamación de la libertad en la constitución consagrada en 1853. Nadie, absolutamente nadie, hubiera podido oponerse a este principio porque apuntaba a ser ejercido por los hombres. Pero el transcurso del tiempo puso en evidencia dos cuestiones centrales. Una fue que esa proclamación era simplemente incumplida en los hechos, que “son los que mandan”, y que ese incumplimiento traía la desgracia y el sometimiento de pueblos enteros. El hombre era nominalmente libre pero esclavo en los hechos.

La segunda fue que ese incumplimiento, fruto de sociedades injustas por el dominio de muy pocos a las mayorías, trajo paralelamente el rechazo y la negativa para cambiar cualquiera de los principios que forman parte del texto constitucional sancionado en 1853 para el caso que nos ocupa.

No podía ser de otro modo. La Constitución de 1853 con sus reformas de 1860, 1866 y 1898 era algo así como la Biblia liberal y no debía ser tocada en sus ejes centrales. Los privilegios de las clases dominantes necesitaban que esto fuese así, porque no debía darse ventaja alguna al avance social. Era una cuestión vital.

La tercera tiene que ver con que esa constitución fue pensada para un modelo de nación donde lo que faltaba era precisamente el sentido nacional. Estaba concebida a imagen y semejanza de modelos europeos-norteamericanos, donde la Argentina debía ser solo un país semicolonial al servicio de otras naciones.

Por ende surge una nueva necesidad, que sería el cuarto eje central para una nueva constitución y es que esta debía ser pensada con sentido nacional, como un programa nacional en defensa de los intereses argentinos. Para eso había que “pensar como argentinos, sentir como argentinos y fundamentalmente proceder como argentinos” parafraseando a una definición de Evita sobre Perón, y el proceso constitucional debía estar encabezado por alguien como él, un conductor. Fue lo  sucedido, pero además porque se debía contar con una cuota de gran poder para ejecutar esta reforma y ponerla al servicio del pueblo. El momento fue inmejorable, porque la Nación rebozaba de justicia y progreso y había madurado el punto óptimo para realizarla y Perón contaba con todas las fuerzas materiales, espirituales, y doctrinarias necesarias.

Fue para el liberalismo una derrota de enorme magnitud. Proporcional al tiempo en que había manejado a su antojo el poder en la Argentina. Tal vez, y junto con otros hechos políticos de enorme significación en la vida nacional y en la del peronismo, esta reforma de 1949 haya sido el inicio (silencioso) del golpe contra el pueblo que se habría de perpetrar en 1955.

Debe decirse que todo lo legislado en la Asamblea Constituyente y transformado en el nuevo texto constitucional, tendrá un carácter irreversible, porque a pesar de que será anulado por un bando militar en 1956, todo lo consagrado en 1949 se corresponde con los hechos que lo avalan. Esto operó en la conciencia del pueblo argentino dejando una marca indeleble independientemente de que sus derechos fuesen conculcados, pues lo que ingresa en la conciencia popular no desaparece jamás. Podrá tener tropiezos y retrocesos, pero es indestructible. Es el caso de la Constitución de 1949.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

55d27c20a4527_img

 

                       

Frente de un original de la nueva constitución

 

 

 

 

“Alejamiento de lo humano”

 

Es lo que dice Perón en su discurso ante la Asamblea Constituyente del 27 de enero de 1949. Vaya semejante definición y lapidación de lo que había sucedido con el liberalismo. Después de casi 100 años las consecuencias estaban a la vista y lo condenaban irremediablemente. No cabía esperar más. Miseria para el pueblo y un país de rodillas. Eran los resultados obtenidos bajo el paraguas de la Constitución de 1953.

A partir de 1943 y 1946, la Revolución Justicialista, fiel a un principios que será desde aquí en adelante un axioma imposible de soslayar y que la define claramente, “mejor que decir es hacer y mejor que prometer es realizar(2), comienza una sucesión imparable de realizaciones sin tener aún el marco filosófico-constitucional que las explicite, aunque las definiciones de Perón sobre su pensamiento y acción previas a este momento histórico eran innumerables y venían de años atrás de formación, maduración y ejecución. Solo faltaba expresarlas y registrarlas en un marco doctrinario e institucional ordenado. Esto llegará precisamente en 1949, que será el año del Congreso Filosófico en Mendoza y el de la sanción de la nueva constitución. Es el modo de hacer la historia en el peronismo.

Pero debe tenerse claro una cuestión central, la revolucionaria Constitución de 1949, a diferencia de la de 1853, está pensada para todo el pueblo argentino. Impregnada de peronismo puro sí, es un paso intermedio hacia la Comunidad Organizada y esta no debe ser solo para los peronistas, deberá ser para todos. Cuando se dice que es el proyecto de la Nación Peronista, esto es parcialmente cierto, por cuanto nacida del peronismo, se proyectará en el futuro hacia formas de participación popular en el poder político  que aún no están definidas integralmente en 1949 y que deberán incluir necesariamente a toda la comunidad argentina, no solo a los peronistas y esta es la contradicción básica e irreconciliable con el liberalismo. El poder es solo para algunos o para todo el pueblo.

En 1954, más exactamente el 1º de mayo en su discurso ante el Congreso Nacional y veinte años después, también un 1º de mayo de 1974, Perón propondrá formas de gobierno y participación colectiva que aún están pendientes de ser consolidadas en un texto constitucional. Por esta razón es que Perón, a su retorno a la Argentina en 1972 y 1973, no reclama la vuelta constitucional a 1949 como hubiese correspondido proceder sin más trámite, ya que había sido anulada por un bando militar del 27 de abril de 1956.

 

 

 

 

55d27c20a477f_img

 

 

Afiche de propaganda oficial

 

 

 

 

Los Hechos

 

Una de las críticas más conocidas y remanidas en manos del discurso liberal, es la que imputa al peronismo el casi exclusivo propósito de reformar la constitución para perpetuarse en el poder, al establecer en el texto constitucional la posibilidad de la reelección del mandato presidencial.

La pequeñez de este argumento presupone al menos dos cosas que no tiene en cuenta. Una es que se está en el medio de una revolución, en paz, pero revolución y esto implica que en el nuevo texto constitucional deberán estar incluidos derechos y obligaciones desconocidos hasta ahora en esta norma superior y que son, ni más ni menos que colocarse a la altura de los tiempos en que pueblos deben participar de las decisiones y disfrutar de los derechos más básicos y humanos hasta ese entonces no reconocidos.

La otra es que, siendo ese el objetivo del peronismo, no puede acotarse un mandato presidencial a solo un periodo (seis años en aquel entonces). Hace falta  garantizar la continuidad de una política estratégica. No se está en presencia de un gobiernito más que pasará con mayor o menor éxito. De lo que se trata es de una profunda transformación política y social de la Argentina y eso lleva tiempo. Y no debe perderse de vista jamás que, en este tipo de reformas constitucionales, la última palabra la tiene el pueblo. Si no están los votos necesarios, no hay reelección.

Los liberales tenían resuelto ese problema con la falsedad de siempre. Hablaban de democracia cuando se trataba de asegurar la “alternancia” en el poder de distintos partidos. Lo que ocurría en realidad era que esa alternancia sucedía entre ellos mismos, entre partidos aparentemente diferentes pero concurrentes en lo fundamental, con lo cual la continuidad estaba más que asegurada.

Cuando el peronismo plantea cambiar esa norma lo hace para asegurar también la continuidad de una política, pero de distinto signo. Exactamente la opuesta y eso se vuelve intolerable para el liberalismo. El problema es entonces no la posibilidad de la reelección presidencial, sí lo es la política de transformación. 

 

Visto así el evento, la magnitud de la empresa que significaba reformar la Constitución de 1853 para asegurar la voluntad colectiva y sancionar una nueva, requirió la movilización de todos los recursos posibles para asegurar su profundidad y legitimidad acordes a sus propósitos.

 

Es válido revisar  este pequeño tramo del discurso  de Perón ya citado. En el se dice mucho de lo que está en juego en ese trascendental momento:

 

En el orden interno, ¿podían imaginarse los Convencionales del 53 que la igualdad garantizada por la Constitución llevaría a la creación de entes poderosos, con medios superiores a los propios del Estado? ¿Creyeron que estas organizaciones internacionales del oro se enfrentarían con el Estado y se negarían a sojuzgarle y a extraer las riquezas del país? ¿Pensaron siquiera que los habitantes del suelo argentino serían reducidos a la condición de parias obligándoles a formar una clase social pobre, miserable y privada de todos los derechos, de todos los bienes, de todas las ilusiones y de todas las esperanzas? ¿Pensaron que la máquina electoral montada por los que se apropiaron de los resortes del poder llegaría a poner la libertad de los ciudadanos a merced del caudillo político, del “patrón” o del “amo”, que contaba su “poderío electoral” por el número de conciencias impedidas de manifestarse libremente?” (3)

 

Debe decirse finalmente que todo lo legislado en la Asamblea Constituyente y transformado en el nuevo texto constitucional, tendrá un carácter irreversible, porque a pesar de que será anulado por un bando militar en 1956, todo lo consagrado en 1949 se corresponde con los hechos que lo avalan. Esto operó en la conciencia del pueblo argentino dejando una marca indeleble independientemente de que sus derechos fuesen conculcados posteriormente, pues lo que ingresa e la conciencia popular no desaparece jamás. Podrá tener tropiezos y retrocesos, pero es indestructible. Es el caso de la Constitución de 1949.

 

 

 

Los pasos dados para asegurar los objetivos fueron los siguientes:

  • Estudio comparativo encargado por Perón al secretario de Asuntos Técnicos de Figuerola, de la Constitución vigente con el la nueva. Además y como anexo del anterior, otro estudio comparativo con distintas constituciones extranjeras, clasificados por tópicos como derechos garantías constitucionales, orden público, previsión y asistencia social, propiedad, régimen económico financiero, régimen familiar, trabajo, enseñanza, régimen presidencial, poder judicial y régimen agrario.
  • Además se incluyeron como antecedentes doctrinarios a la actual reforma, distintos discursos y escritos de Perón.
  • Finalmente se incluyeron los 38 anteproyectos de reforma ingresados al Congreso desde el 1903 y debe decirse que el total de páginas del estudio alcanzó a 500.
  • Elección del constitucionalista Dr. Arturo Sampay, como miembro informante del bloque de convencionales constituyentes peronista.

 

 

 

Las constituciones extranjeras consultadas (con el año de sus sanciones) fueron:

 

Alemania 1919, Bolivia 1945, Brasil 1946, Colombia 1886, Costa Rica 1871, Cuba 1940, China 1947, Ecuador 1946, El Salvador 1886, España 1931, Estados Unidos 1787, Francia 1946, Guatemala 1945, Haití 1946, Italia 1947, México 1917,  Panamá 1946, Paraguay 1940, Perú 1933, República Dominicana 1947, Venezuela 1947 y Uruguay 1938.

 

 

 

 

 

 

55d27c20a490d_img

 

 

José Figuerola

 

 

Recordemos que José Figuerola fue el estadígrafo que pertenecía en 1943 al Departamento Nacional de Trabajo, luego Secretaría de Trabajo y Previsión y fue quien ordenó en base a estadísticas, los datos necesarios para que Perón realizara todo lo que surgió de esa Secretaría. Además aportó su conocimiento en 1946 al diseño del 1º Plan Quinquenal y organizó el 4º Censo Nacional de 1947.

 

 

 

 

 

 

 

Breve Cronología

 

Estos son los pasos legales y constitucionales que se dieron para reformar la Constitución Nacional en 1949

 

 

Año 1948

 

27 de agosto: mediante la sanción de la Ley Nº 13.233 se declara la

necesidad de la revisión y reforma de la Constitución Nacional.

 

3 de septiembre: promulgación de la Ley 13.233.

 

20 de septiembre: queda sancionada la Ley 13.262 donde se establece que elección de convencionales constituyentes se efectuará junto a la de diputados nacionales y electores para senadores y mediante el decreto del P.E. Nº 29.196/48 se fija como fecha para esas elecciones el día 5-12-1948.

 

5 de diciembre: elecciones nacionales para convencionales, diputados y

electores para senadores con la normativa de la Ley Sáenz Peña.

 

21 de diciembre: se dan a conocer las cifras definitivas del resultado de la

elección. Peronistas 1.590.634; Radicales 834.436; Comunistas 85.355 y

en Blanco 180.000.

Con estos resultados el Peronismo se aseguraba 109 convencionales y el

Radicalismo 49 convencionales.

 

 

Año 1949

 

24 de enero: primera reunión preparatoria de la Convención Constituyente. Se elige como presidente de la misma y con carácter provisorio al contralmirante Alberto Teisaire, quién es además es presidente del Consejo Superior de Partido Peronista. Luego es elegido definitivamente presidente de la Convención, el gobernador de la Provincia de Buenos Aires coronel Domingo A. Mercante.

 

27 de enero: es invitado el Presidente de la Nación general Juan D. Perón quién pronuncia un discurso (Ver este discurso en esta página-CLIC acá).

 

1º de febrero: primera sesión ordinaria. La minoría de la U.C.R. impugna la legitimidad de la convocatoria.

 

15 de febrero: segunda sesión ordinaria.

 

8 de marzo: tercera sesión ordinaria. La U.C.R. retira sus convencionales de la Convención Constituyente.

 

9 de marzo: cuarta sesión ordinaria.

 

10 de marzo: quinta sesión ordinaria.

 

11 de marzo: sexta sesión ordinaria. Sanción de la nueva constitución y jura de la misma por los convencionales constituyentes.

 

16 de marzo: segunda sesión especial. Concurre el Presidente de la Nación general Juan D. Perón y jura la nueva constitución.

 

 

 

 

 

 

 

 

55d27c20a4ae9_img

 

 

Los derechos del trabajador pasan a formar parte de los derechos constitucionales

 

 

 

 

 

Declaración de necesidad de la reforma

La postura opositora

Llamado a elecciones de convencionales constituyentes

La cuestión del quórum

5-12-1948 Elecciones de convencionales constituyentes

 

 

Tomada la decisión política de reformar la constitución, el primer paso que debía darse era declarar la necesariedad de tal acto y luego llamar a elecciones de convencionales constituyentes.

De acuerdo con la misma constitución vigente, esto debía ser sancionado por el Congreso Nacional.

El 27 de agosto de 1948 se sancionaba la Ley Nº 13.233 declarando la necesidad de revisión y reforma de la Constitución Nacional.

 

 

 

Esta era la verdadera cuestión en juego

 

Ley 13.233-Art. 1º

“Declarase necesaria la revisión y reforma de la Constitución Nacional, a los efectos de suprimir, modificar, agregar y corregir sus disposiciones, para la mejor defensa de los derechos del Pueblo y del bienestar de la Nación“.

 


 

Estaba previsto en el texto en vigencia que debían reunirse ambas cámaras del Congreso Nacional y con un quórum mínimo de dos tercios del total de los legisladores, dar el paso legislativo correspondiente. No aclara el Art. 30 en cuestión, si esos dos tercios debían ser del total de los miembros o de los presentes en el momento de reunirse para legislar.

 

 

 

Texto del Art. 30 de la Constitución vigente-1853

 

 “La constitución puede reformarse en el todo o en cualquiera de sus partes. La necesidad de reformar debe ser declarada por el Congreso con el voto de dos terceras partes, al menos, de sus miembros; pero no se efectuara si no por una Convención convocada al efecto”. 

 

 

 

Reunidas las cámaras, se lograron los dos tercios del total de los senadores pero no los dos tercios del total de los diputados, llegándose sí, en este caso, a los dos tercios de los presentes.

Cuestionado el quórum por los opositores, el peronismo presentó dos pruebas difíciles de refutar para apuntalar la continuidad del proceso legislativo: en las reformas a la Constitución Nacional de 1860 y 1866 tampoco se habían conseguido los dos tercios de la totalidad de los legisladores y sí los dos tercios de los presentes. Las deliberaciones en esos casos siguieron su curso y se reformó la constitución sin objeción alguna.

No obstante esta fundamentación, el bloque opositor declaró que no sería valida la reforma en curso y es así como a partir de este punto se intentó crear una leyenda de ilegalidad ocultando siempre los verdaderos motivos por los cuales sería impugnada la nueva constitución.

De todos modos se siguió adelante, se sancionó la ley aludida y se fijó la fecha de las elecciones de convencionales constituyentes, para el 5 de diciembre de 1948.

 

 

 

5-12-1948

Elecciones de convencionales constituyentes

 

¿Cuál sería la postura política de las fuerzas no peronistas siendo que declaraban ilegal la convocatoria a la reforma? De ser coherentes con la misma debieron abstenerse en las elecciones de convencionales. Sin embargo no lo hicieron, no entendiéndose porque competían electoralmente en algo que consideraban irregular e ilegal, con lo que en realidad convalidaban lo mismo que impugnaban.

El resultado electoral es conocido y lo hemos consignado antes. Serán las últimas en las que voten solamente los varones. En las próximas elecciones de 1951, ya estarán todas las mujeres documentadas con su Libreta Cívica y confeccionados los padrones femeninos.

Se vota en catorce provincias y no en el resto de los llamados Territorios Nacionales, porque por ley los argentinos residentes en esos lugares no lo podían hacer. A partir de la reforma de 1949 los mismos adquirirán derechos electorales y se equipararán al resto de sus compatriotas, al mismo tiempo en que esos territorios sean provincializados.        

El radicalismo queda como único partido de oposición minoritaria, porque el resto de las fuerzas no peronistas no lograron el número de votos necesarios para tal fin.

 

 

Reunión de la Asamblea Constituyente

 

Quedaba a partir de ese momento esperar la reunión de la Asamblea Constituyente, lo que tendría lugar en la ciudad de Buenos Aires.

Pero antes de eso, debe tenerse muy en cuenta que se llega a la misma con un bagaje doctrinario y documental realmente asombroso por su profundidad y volumen.

Hemos consignado los estudios previos de José Figuerola, a los cual deben añadirse una importante cantidad de iniciativas tanto de organismos estatales consultados al efecto, como por los proyectos también enviados al Congreso Nacional e incorporados para ser tenidos debidamente en cuenta, provenientes de instituciones y organismos no oficiales y de particulares que elevaron sus opiniones y proyectos a la comisión revisora respectiva para analizarlo previa y prolijamente.   En suma, todo lo que podía y debía esperarse para el nuevo texto constitucional, que ya era una causa nacional.

Todo el material reunido fue canalizado a través de la Comisión Revisora de la Constitución, al frente de la cual el peronismo también supo lo que tenía que hacer  en esa hora tan crucial para la vida de los argentinos. Designó como titular de la misma al convencional Dr. Arturo Enrique Sampay.

 

Sampay fue radical hasta 1945, en que como tantos otros de sus correligionarios, adhirió al peronismo.

Jurista, constitucionalista y docente, poseía una envergadura y profundidad tal en su pensamiento, que,  con un altísimo vuelo intelectual  no exento de impecable elocuencia en la exposición y enraizado en el más puro contenido social del cristianismo, lo convirtieron en el hombre clave para el proyecto de la posición peronista en la reforma constitucional de 1949.

Su trabajo en la Comisión Revisora de la Constitución y el informe que en nombre de esa comisión y del peronismo produjo en la sesión de la Asamblea Constituyente del 8 de marzo de 1949, se convirtieron en aquel momento en el logro más brillante y elevado por parte del peronismo en cuanto a sus aspiraciones para comunicar y fundamentar el contenido profundo de la reforma en cuestión.

 

 

 

Dr. Arturo Enrique Sampay

 

Algunas de sus obras:

La crisis del Estado de derecho liberal-burgués, 1938

-La filosofía del Iluminismo y la Constitución Argentina de 1853, 1944

-Introducción a la Teoría del Estado, 1951

-Las ideas políticas de Juan Manuel de Rosas, 1970

-Constitución y Pueblo, 1974

-Las constituciones de la Argentina entre 1810 y 1971, 1975

 

 

 

 

 

 

55d27c20a4cd5_img

 

 

Dr. Arturo Enrique Sampay

 

 

 

 

Ver en esta página el informe en TEMAS ESPECIALES//Sampay, padrino del constitucionalismo social por Alberto Buela

 

CLIC ACÁ

 

 

 

 

 

Las personalidades más destacadas intervinientes en la

Asamblea Constituyente

 

González Arzac nos aporta un importante resumen de las personalidades más destacadas intervinientes en ambos bloques, tanto para la elaboración de proyectos como en el debate (aunque trunco) de la Asamblea Constituyente.

“Concurrieron como convencionales a esa Magna Asamblea conocidas personalidades, entre quienes hubo figuras de la enseñanza universitaria como Ireneo Cruz, lingüista de formación clásica que integraba el bloque peronista; Alfredo Calcagno, autoridad mundial en pedagogía y psicología; Gabriel del Mazo, cuya literatura reformista era conocida en todo el continente (estos dos últimos eran radicales). El Partido Peronista eligió como convencionales a algunos miembros de las Fuerzas Armadas: Coronel Domino Mercante (que era gobernador de Buenos Aires), Contralmirante Alberto Teisaire (que era senador nacional), Mayor de Intendencia Carlos Aloé(secretario de Perón); dirigentes obreros: Emilio Borlenghi, Félix Pontieri, José Espejo (obrero de la administración que ejercía el Secretariado de la C.G.T. y otros más.

Muchos juristas ocuparon bancas del peronismo: Luís R. Longhi, JulioLaffitte, Julio Avanza, Italo Luder, Mario Martínez Casas, Pablo Ramella, ArturoSampay, Jorge Simini, Jorge Albarracín Godoym, Joaquín Díaz de Vivar y otros, entre los que cabe destacar a Carlos Berraz Montyn, abogado de oratoria galana que calificó a la Asamblea como ‘convención simpática, agradable y humana’; y también Atilio Pessagno, Felipe Pérez, Rodolfo Valenzuela, que eran miembros de la Corte Suprema de la Nación, Julio Escobar Sáenz, Cayetano Giardulli (h), de la Corte bonaerense.

El bloque radical también contaba con un numeroso lote de abogados: Moisés Lebensohn, Aristóbulo Aráoz de Lamadrid, Emilio Donato del Carril, Ramón Lascano, Amílcar Mercader, Adolfo Parry, Ataúlfo Pérez Aznar, Alberto A.Spota, etc. Entre los radicales figuraron dos futuros gobernadores: Carlos Silvestre Begnis, mandatario santafecino durante el gobierno intransigente, y Anselmo Marini, gobernador bonaerense por el radicalismo del pueblo.” (4)

 

 

 

 

 

Inicio de la Asamblea Constituyente

 

El 24 de enero de 1949, la Convención inicia sus tareas con una reunión de carácter preparatoria adonde son designados, presidente de la misma el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Coronel Domingo A. Mercante; vicepresidente primero el Dr. Héctor J. Cámpora y vicepresidente segundo el secretario general de la C.G.T. José G. Espejo.

El bloque peronista será dirigido por el diputado Ángel J. Miel Asquía y el bloque radical por el Dr. Moisés Lebensohn.

 

 

 

 

55d27c20a4fa9_img

 

 

El Cnel. Domingo Mercante es elegido presidente de la Convención Constituyente

Foto de un ejemplar original del Suplemento Cultural del diario Crítica

23-3-1949

 

 

Comenzadas las deliberaciones el 1º de febrero de 1949 y después de dos reuniones preparatorias, bien pronto se hizo oír la posición radical impugnando la Asamblea, y en rigor y en lo profundo, la verdadera discusión sobre el proyecto de reforma quedaba ya más cerca y se hacía presente, un reforma de carácter social era indigerible para el liberalismo. Por ahí pasaba la verdadera objeción aunque no fuera explicitada todavía.

 

Pero debe quedar claro nuevamente que, la sola presencia del radicalismo en las cinco primeras sesiones de la Asamblea Legislativa (dos preparatorias y tres formales ordinarias) implicaban un segundo aval al proceso de reforma. El primero, recordemos, fue concurrir a las elecciones del 5 de diciembre de 1948 y no abstenerse. Habrá un tercer aval.

 

 

En principio la objeción que se planteo estuvo referida a tres  cuestiones:

-Que la Ley 13.233 violaba el art. 30 en cuanto a que este exigía,

  según esa interpretación, un declaración del Congreso y no una ley.

-Que había sido necesaria la obtención de los dos tercios sobre el total

  de los legisladores y no de los presentes en el recinto.

-Que la Ley 13.233 apuntaba a la reforma de toda la constitución no

  mencionando cuales artículos puntualmente se pretendía reformar.

 

 

Luego de un arduo debate, el peronismo fundamentó lo legislado sobre la base de que no existía una real (de fondo, no formal) diferencia entre declaración del Congreso y una ley con ese propósito.

Que, tal como se había expuesto en oportunidad de la sanción de la ley de necesariedad, los antecedentes de 1860 y 1866 validaban sin mella alguna el procedimiento.

Y, finalmente, que el Art. 30 preveía claramente la posibilidad de la reforma total o parcial del texto constitucional. (Ver más arriba el Art. 30)

Llevado el asunto a votación, el peronismo impuso su clara mayoría y el tema quedo momentáneamente superado.

Llegará entonces el momento de la verdadera discusión para lo que realmente estaba en juego.

 

 

 

Una constitución social, el verdadero contenido

8 de marzo de 1949

Informe del Dr. Arturo Sampay

Discurso del Dr. Moisés Lebensohn

Retiro de los convencionales radicales

 

El día 8 de marzo de 1949 será un día histórico. El peronismo, mediante el uso de la palabra de su miembro informante el Dr. Sampay, hará conocer la fundamentación para la reforma que propone.

El radicalismo hará lo propio con el Dr. Lebensohn y luego de terminar este, el bloque radical abandonará la Asamblea Constituyente para no volver a participar en ninguna de las sesiones siguientes hasta el final de la misma.

 

 

Informe del Dr. Arturo Sampay

 

En la sesión de la mañana de ese día, el Dr. Sampay presenta el informe de la Comisión que preside y en nombre del peronismo. Es la posición oficial.

Ofrecemos en nuestra página dicho informe en:

 

 

Ver en esta página en DOCUMENTACIÓN//Sampay, Arturo E// Informe del convencional por el peronismo en la Convención Constituyente de 8-3-1949

 

CLIC ACÁ

 

 

 

La sola mención de este informe (y su referencia en la página) nos exime de detallarlo. Pero sí corresponde señalar que es la más acabada expresión del constitucionalismo social. Es decir, el paso de una declamada libertad política, siempre incumplida por el liberalismo y de un modelo de país semicolonial donde necesariamente debía haber mayorías sojuzgadas y minorías poderosas al servicio de intereses extranacionales, todo ello protegido por una norma superior como la Constitución Nacional, para el caso la de 1853 y reformas posteriores, a un texto acorde con principios del más puro contenido social del cristianismo y a un modelo de nación genuinamente soberano e independiente, es decir es el primer texto constitucional que contiene las bases de un Proyecto Nacional.

 

Esto, como no podía ser de otro modo, levantó una verdadera tempestad política en la oposición que se ocupó de denostarlo, infamarlo, denigrarlo y descalificarlo por razones de orden formal, de las cuales ya dimos cuenta, y por otras que desnudan la verdadera posición de las fuerzas políticas opuestas al peronismo expresadas en aquel entonces por el radicalismo no yrigoyenista, pero que, sin la menor duda y objeción, mostraban con toda claridad y nitidez al liberalismo político que había estado en el poder durante tantas décadas anteriores a 1943.

La constitución que defendían, la de 1853, era ya un artículo de museo, en la Argentina y en el resto del mundo también. No garantizaba la verdadera vigencia de la libertad que proclamaba. Es más, esa proclamación era de un irrealismo tal que resultaba insultante para la inteligencia y la dignidad humana, o sea, estaba quebrada en su propio fundamento medular. Y por supuesto no contemplaba ninguna razón de protección ni de justicia social para el Pueblo.

 

El mundo a esa altura de los tiempos ya sabía de miserias y desigualdades sin límites y también conocía la Doctrina Social de la Iglesia, iniciada en el siglo pasado y presente con las encíclicas de los Papas:

 

-León XIII-“Rerum Novarum-De las cosas nuevas”,  de 1891  

-Pío XI-“Quadragésimo anno. Sobre la restauración del orden social en perfecta conformidad con la ley evangélica”, de 1931 al celebrarse el 40º aniversario de la encíclica “Rerum Novarum“.

 

No era posible ignorar ya las angustias humanas que se mostraban en pobrezas y marginaciones masivas. La hora de la justicia social había llegado en la Argentina a partir de 1943. Debía ser coronada con una norma superior.

Una norma superior reclamaba ser necesariamente de rango constitucional, pero no superior solo por ser la ley madre de la Nación, sino superior también en el sentido de proveer la protección necesaria para todos los derechos sociales ya legislados y puestos en práctica. Algo desconocido en la Argentina, por eso superior, porque aparecían valores de dimensiones universales e impostergables, que se colocaban por encima de muchos otros y que nunca habían sido considerados en este nivel. Por ejemplo, la justicia social. Por eso esta reforma llevará a una constitución social.

 Y para la Nación misma, también valores nuevos que están por encima de todo lo demás. En este sentido queda claro que, la definición y la determinación de su cualidad de soberana e independiente mostraba los objetivos nacionales y en esa dirección todas las normas que lo garantizarán serán expresadas taxativamente en el nuevo texto constitucional.

 

El informe de Sampay mostrará, sin fisura alguna, un alto vuelo intelectual puesto al servicio de los intereses populares y nacionales en el reclamo por formas de superación política y de normas y medidas revolucionarias para la transformación económica y social tanto de la Nación como del Pueblo.

 

Los ejes de este informe serán –sin omitir su fundamentación, la que puede ser encontrada por separado en esta misma página en el lugar indicado precedentemente– los siguientes:

 

-La concepción de la justicia social como eje medular de la nueva constitución.

-La definición de la libertad según la verdadera condición humana.

-La necesidad de formular una constitución de contenido social en reemplazo de un mero enunciado político, por lo demás incumplido y vulnerado permanentemente.

 -La redefinición del rol del Estado en dirección a una nueva cualidad, como es la de que este sea intervencionista en favor de los intereses del Pueblo y para garantizar la continuidad de un nuevo sistema, el de la democracia de masas. La supuesta no intervención del Estado Liberal (falsamente neutro) lo único que garantizaba era el absoluto dominio de la ley del más fuerte.

-La programación de la economía social en procura del bien común y la instauración de una economía humanista.

-La redefinición de la propiedad privada, confirmando en primer lugar su carácter individual y de afirmación de la persona, pero en función del interés social, ya que es la sociedad quien la sobrelleva.

-La incorporación –hecho absolutamente revolucionario ya que fija una equivalencia con la libertad- de derechos especiales como son los derechos del trabajador, de la familia – a la que se define como núcleo elemental y primario de la sociedad-, de la ancianidad – “porque por primera vez se repone al anciano en la dignidad que le corresponde, y la historia demuestra que el respeto o desdén que los pueblos tengan por sus ancianos da la medida de su esplendor o decadencia moral”– y de la educación y la cultura. A partir de este instante de la vida argentina estos derechos serán reconocidos como pertenecientes a la dignidad humana.

-La definición del trabajo no como mercancía de libre cambio o como contrato de locación de servicios, sino como perteneciente a la condición humana.

-La protección del matrimonio, con garantía de igualdad jurídica entre los cónyuges, la patria potestad,  e instituyendo la unidad económica familiar y el bien de familia.

-Expreso reconocimiento de la libertad sindical, del derecho de huelga como derecho natural y de garantía de la defensa de todos sus intereses profesionales para los trabajadores.

-Fijación de las bases para el dictado de un nuevo Código Penal, donde deberán ser incluidos los delitos de abuso por explotación laboral, como la violación de los nuevos derechos en el orden familiar.

-Creación de las normas constitucionales correspondientes a la preservación del Banco Central de la República Argentina como institución genuina del estado nacional y de la defensa de sus intereses.

-Conversión en bienes de la Nación de todos los minerales, las caídas de agua, los yacimientos de petróleo, de carbón y de gas, y cualquier fuente de energía, con excepción de las vegetales, declarando la imposibilidad de su enajenación ni concesión a particulares para su explotación. Todos esos bienes pasan a ser de categoría de propiedad pública nacional y su explotación solo por el estado en forma monopólica, lo mismo que para los servicios públicos.

-Derechos inalienables e insoslayables de la Argentina para poseer un sistema de reelección presidencial.

 

 

 

 

55d27c20a522e_img

 

 

 

 

Ver el informe completo de Sampay en Celso Ramón Lorenzo//

Manual de Historia Constitucional Argentina//books.google.com/books 

                                           

 

 

De este modo y con estos contenidos, el peronismo fijaba a través de ArturoSampay, su posición en la Asamblea Constituyente para la Reforma Constitucional.

Sin duda, ponía en blanco sobre negro la verdadera dimensión y los propósitos de la reforma para terminar con una carta fundamental prohijada por el liberalismo casi un siglo antes y que en realidad lo que significaba era, el fin de una época y el comienzo de otra acorde con la realidad histórica de la Argentina y del mundo, la del justicialismo.

Perón será contundente respecto de este discurso. Se referirá a él como el que “contiene el conocimiento científico jurídico para interpretarla“. Pero además, deberá advertirse que toda la fundamentación de Sampay está imbuida del más puro contenido cristiano, fiel reflejo de la nueva doctrina adoptada por la mayoría de los argentinos.

 

 

 

 

Constitución de 1949

Transición hacia la Democracia Directa

 

Debemos tener a la vista algo muy importante en la Constitución de 1949. La misma consagra un texto de transición hacia formas más puras de democracia social, orgánica y directa.

Si observamos con atención, la nueva constitución mantiene el sistema de representación política a través del régimen representativo, republicano y federal y si bien, el Movimiento Peronista contiene espacios y prácticas concretas para el desarrollo de la democracia directa, no será todavía 1949 el momento de inscribirlas en el texto constitucional. Perón, desde su estrategia, utilizará el tiempo para llegar a aquellas formas y como veremos más adelante, dará pasos muy concretos y directos hacia las mismas. Los hechos, como es medular en el pensamiento peronista, serán decisivos y serán acompañados por el avance de la conciencia que los propicie.                                                                         

 

 

 

 

 

La oposición en el debate

Discurso de Moisés Lebensohn

 

 

 

55d27c20a5430_img

 

       

Convencional constituyente por la U.C.R. Dr. Moisés Lebensohn

 

 

 

 

Texto completo del discurso de Lebensohn en esta página en TEMAS ESPECIALES//Discurso del Dr. Moisés Lebensohn, Convencional Constituyente, Miembro informante U.C.R., 8 de marzo de 1949.

 

CLIC ACÁ

 

 

Llegado el turno del radicalismo en aquel 8 de marzo de 1949, hará uso de la palabra el convencional constituyente Dr. Moisés Lebensohn como miembro informante de la U.C.R. Será el discurso que dejará sentada la posición oficial de su bloque.

 

La U.C.R. estaba políticamente dividida frente a los hechos que llevaban a la reforma de la constitución. Dos grupos se enfrentaban. En el primero, integrado por los sectores más reaccionarios y antiperonistas, pro oligárquicos y enraizados en el alvearismo antiyrigoyenista,  se encontraban dirigentes como Tamborini, Mosca y Sammartino y rechazaban de plano la reforma y la concurrencia a las elecciones para convencionales.

En el segundo, llamado intransigente y “progresista”, podían encontrarse dirigentes como Balbín, Lebensohn, Frondizi, Illia, Larralde, Allende, Parry,Dellepiane y Del Mazo, entre otros. Es este sector, que realizó su primer congreso en agosto de 1947, quien va a concurrir a las elecciones y participar de la asamblea constituyente hasta el momento en que la abandonen.

Evaluar a este sector como “progresista” daría para pensar en que podrían haber estado, si bien en una posición crítica a la reforma, al menos compartiendo algunas posiciones de aquellas que implicaban un real avance social para el pueblo argentino. Sin embargo, las expresiones que volcaron en el debate rozan con las más primitivas concepciones del liberalismo y no difieren en lo más mínimo con las consignas levantadas por la Unión Democrática en 1945 y 1946.

 

Algo muy notable de las argumentaciones del bloque radical, es que solo en poquísimas ocasiones debate en concreto sobre las nuevas leyes que son incorporadas a partir de la reforma, ni tampoco sobre las previas. Sí recurre al método de las descalificaciones, como sí el solo enunciado de cualquiera de las que utiliza fuera condición de verdad sobre lo que afirma. 

Lebensohn, como miembro informante de su bloque, es en este sentido quien incurre con más gravedad en este error histórico del radicalismo.

 

Dice por ejemplo que se está frente a dos revoluciones, la proclamada en 1943 y la actual, a la que llama “revolución-mito”, “las que parecen coincidir pero que discrepan profundamente en su esencia y sentido”. (5)

Es más, afirma que “entre esta revolución-mito, creada por la propaganda oficial, que se asemeja por mimetismo a la revolución querida por el pueblo, y el régimen que tiene su sede en la Casa de Gobierno, existe una distancia inmensa”. (6) Evidentemente carecen estas afirmaciones de cualquier mirada o auscultamiento del sentir y del pensamiento del Pueblo. O tal vez lo haya hecho, pero no se anima a decir que cree que este Pueblo es inferior, su pensamiento no tiene valor y está “hipnotizado”, lo que sí dijo al comparar la conciencia de los trabajadores argentinos con “el clima creado por las dictaduras europeas que hipnotizaron a inmensas muchedumbres”.(7)

 

Cuando define según su visión como falsa revolución nacional a la encarnada por el peronismo, recurre a la comparación con el nazismo y con el fascismo:

 

“¿Quién realizó la revolución nacional en Alemania? El partido socialista nacional alemán ¿Cuál fue su organización básica para la dominación del pueblo alemán? El Frente del Trabajo ¿Qué estructura forjó en Italia la revolución nacional? El Estado proletario y fascista ¿Cuál fue su instrumento de propaganda? La Carta del Lavoro. En ellas tienen su filiación las denominaciones que aparecieron últimamente en la Argentina. (8)

Pregunta ¿Porqué descalificar como no propia ni genuina la legislación laboral conquistada y hecha a medida para los argentinos después de una larga lucha? Además ¿Por qué ni una sola mención a los beneficios que la misma trajo en la vida de los argentinos? ¿Algo tan concreto como esto último, no merece ser comentado? Los derechos de los trabajadores eran incorporados a la constitución y eso significaba un avance extraordinario. ¿Acaso no tenía importancia? Sin embargo, era más fácil remitirlo caprichosamente a La Carta del Lavoro (para vincularlo con el fascismo) que reconocer su valor intrínseco y la realidad de los hechos, y eso fue lo que hizo.

 

Agrega que, el gobierno nacional “regula el nivel de vida de la inmensa mayoría del pueblo argentino, autorizando la inflación sin límites del circulante, que desquicia la economía nacional, reduce el valor adquisitivo de los sueldos y salarios y enriquece a los poseedores”. (9) Esto dicho en pleno esplendor de la economía nacional, sin desocupación, con elevadísimos índices de consumo y de participación de los trabajadores en la renta nacional. ¿Qué estaba viendo?

 

A semejanza de lo peor del liberalismo posterior a Caseros, trata de “dictador” a Rosas. (10)

 

Llama “régimen” (11) al gobierno nacional y apunta a consignar un supuesto aparato represivo a los trabajadores para una posible insurgencia de estos. Dos años después los hechos le darán la respuesta: un minúsculo sector del ejército, reaccionario y ultra conservador se alzará en armas contra el gobierno nacional anticipando el golpe pro británico de 1955.

 

En un tramo de su discurso y con el subtítulo de La revolución-contra, en el colmo del extravío llega a afirmar lo siguiente:

 

“La revolución-contra

 

Rotas aparentemente las coyunturas del fraude, el país debía ingresar en el orden dinámico de la libertad y debatir en la agitación fecunda de la democracia las formas de superación política y de transformación económica y social reclamadas por el espíritu popular, sostenidas por el Radicalismo y postergadas por la coacción electoral. Fue necesario copar la revolución que maduraba en las conciencias, conquistar la adhesión de los sectores populares satisfaciendo sus reivindicaciones más inmediatas y mantener la disposición del poder del Estado para impedir cualquier modificación de estructura que afectase al orden impuesto. No fue un movimiento progresista, fue una fase negativa ‘la revolución-contra’(¡¡!!)   que llamara ‘Mac Leish‘, pero una fase, en fin, del proceso revolucionario que se esta desarrollando en la humanidad. Sólo intentó frenar el impulso de transformación social, que es el signo de la época, con reajustes que mantuvieron inalterables las relaciones de producción capitalista una amortiguación del régimen del privilegio tendiente a fortalecerlo y a confundirlo con el Estado”. (12) Nuevamente ignora los hechos y el pensamiento del Pueblo. Algo gravísimo. (Subrayado nuestro)

 

Descubre una “nueva oligarquía”, al afirmar que los dispositivos del control económico financiero de la Nación fueron entregados a la nueva oligarquía. ¿Se refería a todo lo que se nacionalizó, empezando por el mismísimo Banco Central de la República Argentina que era una sociedad de los consorcios ingleses y donde el estado argentino tenía “representantes” y obviamente en minoría? En que realidad estaba parado Lebensohn para semejante afirmación. ¿Quién es la nueva oligarquía, el gobierno elegido libre y democráticamente por el Pueblo?

 

Una aseveración que lastima -porque parte solamente de un prejuicio subjetivo por encima de la realidad, solo debido a la obstinada negativa de aceptar el genuino y supremo interés de Perón por el avance social y la felicidad de sus semejantes-, es cuando afirma que la Justicia Social no fue un fin en sí mismo, sino un medio de lograr el apoyo popular para conquistar el poder y luego realizar desde él los otros objetivos de quienes se embarcaron en la gran aventura de dominar al país”. (13) (Subrayado nuestro)

 

No entiende la necesidad de asegurar la reelección presidencial para garantizar el proceso de transformación social y solo lo ve como una finalidad de “perpetuar el poder”. (14)

 

Habla de “absolutismo económico al servicio del privilegio“. (15) ¿Cuál absolutismo y para el privilegio de quienes, de los trabajadores? ¿Quién o quienes son el privilegio? Entonces ¿Qué era el privilegio oligárquico conservador de todas las décadas previas al peronismo?

 

Dice: “No es ésta la nueva Argentina; ésta es la última etapa de la vieja Argentina…” (¡¡¡!!!) y “Frente a este régimen que intenta reducir a nuestro pueblo a la categoría de masas semejantes y moldeables al redoble de las consignas de propaganda…”. (16) Los trabajadores pensaban distinto porque habían “renacido” en la conciencia de sí mismos. (17) Lebensohn no lo entiende o no lo quiere aceptar.

 

En realidad los radicales de 1949 “No juzgan las reformas, sino que se reforme.”, (18) aunque ocultan esta intención con críticas a las reformas, con lo que quedan atados a casi un siglo de liberalismo y de sus nefastas consecuencias. Si se hubiesen detenido un instante a analizar el contenido de la reforma, como sí lo hicieron muchos radicales a partir de 1943-45 frente al naciente peronismo, distinto hubiese sido este debate y tal vez el resultado hubiese sido aún más rico de todo lo que fue. Pero no supieron hacerlo y de nada les valió el ropaje de progresistas. No lo eran realmente y se quedaron con aquello de que el progresismo era el liberalismo instaurado en la Argentina después de Caseros. Casi un siglo de experiencia no les sirvió de nada.

 

Lebensohn no fue el único que se expresó en estos términos. Antonio Sobral, convencional por la U.C.R. de Córdoba decía esto:

 

“Esto no va como una profecía, sino que es el capítulo final del drama. Esta reforma es el enfrentamiento –ya varias veces hecho en nuestra historia y en el desenvolvimiento político- de esas dos corrientes. Una de las dos tiene que sucumbir definitivamente; una de las dos tiene que quedar en el camino como un antecedente de la evolución política argentina: la que ustedes representan o la que representamos y sentimos nosotros. Una de las dos tiene que quedar; por eso se inicia aquí abiertamente, bravamente, la lucha entre la que niega al hombre y la que lo afirma; la que busca justificarse en cosas extrañas a lo constitutivo argentino y la que quiere tomar el sentido de las jornadas futuras de nuestro pueblo, afirmándose en los valores de su propia existencia”. (19)

Tampoco Sobral entendía lo que estaba sucediendo, o sí, pero pretende colocarse en una postura de salvación y de redención, cuando en rigor solo expresa el interés por “una economía individualista y por la intangibilidad de la propiedad privada”. (20) Lo otro, son “cosas extrañas”.

 

Pero tal vez de un modo menos sinuoso, más brutal pero más sincero, el Convencional Constituyente por la U.C.R. Víctor Alcorta, puso las cosas en claro en cuanto a lo que verdaderamente pensaba su bloque. Esto fue lo que dijo y pensamos que ilustra a la perfección acerca de cual era la discusión real y profunda de lo que estaba en juego en 1949:

 

 

 

 

“….en el periodo que estamos viviendo, las masas no comprenden la vida sin bienes tangibles y goces sensuales. Cuando han perdido en su juicio el fundamento psicológico de la personalidad humana, no podemos invocar una soberanía sana, moral y absoluta para dictar normas que subrogan al régimen argentino y dislocan ideales de argentinidad.” (Subrayado nuestro)

                                   

                                                                         Víctor Alcorta

                                           Convencional Constituyente Radical

                                                                                               (21)

 

 

 

 

Hasta acá lo más destacado del pensamiento del sector intransigente de la U.C.R. y en las filas de su partido llamado “progresista”. Este era el progresismo de la oposición al peronismo en 1949. Verdaderamente imposible de identificar por donde pasaría su visión sobre lo que es el progreso social.

 Muchos de sus ex correligionarios comprendieron por donde pasaba la revolución nacional en 1945 y se adhirieron en masa al peronismo. El “viejo tronco radical”, mal llamado así porque en rigor eran antipersonalistas y antiyrigoyenistas con distintos ropajes, continuó en las antípodas de la política nacional y conservando dentro de su seno lo que ellos mismos denominaron intransigencia y progresismo, pero que a la hora de alinearse con la política del Movimiento Nacional desnudaron su verdadero pensamiento regresivo y esgrimieron lo que se acaba de leer. Perdieron una oportunidad histórica única.

 Sampay en muy pocas palabras fue contundente al respecto diciendo:

 

 

 

….yo no puedo detenerme aquí con los ideólogos imbuidos todavía de las doctrinas del siglo pasado, que no ven esta realidad, porque es inútil discutir con ciegos sobre colores.

                                                                          Arturo Sampay   (22)

 

 

 

 

 

La U.C.R. retira sus convencionales

 

Concluido el discurso de Lebensohn, los convencionales radicales deciden retirarse de la Convención Constituyente.

Después de haber participado en las elecciones para convencionales constituyentes del 5 de diciembre de 1948,  de haber participado de las reuniones preparatorias y ordinarias de la convención y de que su miembro informante hiciese uso de la palabra, tal como hemos consignado, dan este paso tan importante como negativo en la historia política argentina.

Salvo algunas intervenciones previas a la de su miembro informante, la retirada radical privó a la convención del mejor de los aportes que este bloque debió procurar dar en una instancia semejante. Pero esto no sucedió por todo lo que ya hemos apuntado. Solo esgrimieron, en el mismo momento del abandono de las deliberaciones, que la reforma solo estaba planeada para posibilitar la reelección de Perón. Sabían que ese no era el motivo real de la reforma, que el contenido de la misma superaba considerablemente la cuestión de la reelección, pero todas formas lo mostraron de aquel modo. En realidad no quisieron discutir toda la legislación social y todas las medidas para asegurar la soberanía y la independencia de la Nación y de su Estado que se incorporaban el nuevo texto constitucional. El pasado los encadenó y no supieron liberarse de él. Se quedaron en ese pasado.

 

 

Sanción de la nueva constitución

Jura de los convencionales

Jura del presidente de la nación

 

El 11 de marzo de 1949, en la sexta sesión ordinaria, queda sancionada la nueva constitución nacional y es jurada por todos los convencionales presentes.

El 16 de marzo en sesión especial, concurre el presidente de la nación, general Juan Domingo Perón y jura la nueva constitución.

 

 

 

55d27c20a58c2_img

 

 

El Gral. Perón jura la Nueva Constitución Nacional

Foto de la portada del ejemplar de las Ediciones Culturales del Diario Crítica del 23-3-1949

 

 

 

 

 

55d27c20a5afa_img

 

 

 

El Cnel. Domingo Mercante toma juramento de la Nueva Constitución Nacional al Gral. Juan D. Perón

23-3-1949

 

 

El radicalismo, que a pesar de haberse retirado, ya había dado dos avales (uno concurriendo a las elecciones para convencionales, el otro asistiendo a las primeras sesiones de la convención), por decisión de la Convención Nacional de la U.C.R. y a instancias de su presidente el Dr. Ricardo Rojas, mediante el memorando que produjera y el discurso que pronunciara en las deliberaciones de ese organismo el 17 de abril de 1949, autorizó a sus legisladores a jurar la nueva constitución.

Este reconocimiento se convirtió en el tercer aval a la misma después de los dos que mencionamos anteriormente y fue publicado en el Boletín Nº 7 del Comité Nacional, del 31 de mayo de 1949. 

 

 

 

 

 

 

 

55d27c20a5ebe_img

 

 

17 de marzo de 1949

 El Gabinete Ministerial del Gobierno del Gral. Perón jura la Nueva Constitución Nacional

Foto Original del ejemplar de las Ediciones Culturales del Diario Crítica

23-3-1949

 

 

 

Final para un momento decisivo en la historia política de los argentinos.

 

 

 

La autonegación del liberalismo

 

Esta constitución, para cuyo dictado fueron democráticamente elegidos los legisladores constituyentes, que fuera sancionada de acuerdo con el derecho constitucional y jurada por la misma oposición que la había impugnado, fue “derogada” el 27 de abril de 1956 por un bando militar  del gobierno que siguió al golpe de estado autodenominado Revolución Libertadora de septiembre de 1955, en nombre de la libertad y de la democracia.

Esta derogación por el medio apuntado, es una de las tantas y tantas autonegaciones del liberalismo que prevé, para cualquier reforma del texto constitucional, declarar la necesariedad y el llamado a una convención constituyente, previo llamado a elecciones, con ese propósito. Pero en este caso se procedió con un disparate jurídico y político, avalado por todos los partidos que guardaron un silencio cómplice ante tal hecho.  Es la autonegación.

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía y Documentación de apoyo

1.           Perón, J. D. – Discurso ante Asamblea Constituyente 27-1-1949

2.           Perón, J. D. – Principio doctrinario

3.           Perón, J. D. –Disc. cit.

4.          González Arzcac, A. citado por Grillo, Juan M.-Publicado por Círculo 
             de Tradición y Cultura Nacional

5a16.    Lebensohn, Moisés-Diario de Cesiones de la Honorable Convención

             Constituyente

17.        Perón, J. D. –Discurso del 17-10-1945

18.        Sierra, Vicente-Historia de la Ideas Políticas en la Argentina-Edic. de la

              Universidad Libre, Autónoma, Federal e Iberoamericana, Pag. 586

19.         Sobral, Antonio-Diario de Cesiones Citado

20.         Sierra, Vicente- Ob. Cit.

21.         Sobral, Antonio-Diario de Cesiones Citado

22.         Sierra, Vicente- Ob. Cit.

 

 

Comments are closed.