Discurso en Plaza de Mayo acerca de su resolución en 1946 para la Revolución Justicialista, 1-5-1952

Discurso 27-1-1949 ante Asamblea Constituyente
09/09/2015
Discurso acerca de los deberes y obligaciones de los funcionarios gubernamentales, 2-7-1952
09/09/2015

Discurso en Plaza de Mayo acerca de su resolución en 1946 para la Revolución Justicialista, 1-5-1952

 

 

 

55f03d5383920_img

General  Juan Domingo Perón

 

DISCURSO DEL 1º DE MAYO DE 1952

 

Cuando en 1946 realicé, ante mi propia conciencia, el examen de la situación argentina, advertí que la voluntad de nuestro pueblo, depositada en mis manos en las elecciones del 24 de febrero, exigía decisiones trascendentales y extraordinarios sacrificios.

Alguna vez he recordado ya la resolución de aquel examen íntimo, rememorar mis conclusiones tienen palpitante actualidad y han de servimos como referencia de todas las apreciaciones y realidades que hoy quiero exponer a mi pueblo.

Estos eran los seis puntos fundamentales de mis pensamientos y mi resolución de 1946.

 

1) Cuando se viven tiempos de desbordados imperialismos, los estados, como Hamlet, ven frente a sí el dilema de ser o no ser.

2) Por eso, la cuestión más importante para el gobernante de hoy es decidirse a enfrentar al exterior si quiere ser, o sacrificar lo interno, sí renuncia a ser.

 

3) Cuando defienda su independencia, haga respetar su soberanía y mantenga el grado de dignidad compatible con lo que debe ser una nación, deberá luchar duro con los déspotas y dominadores, soportando virilmente a sus golpes.

 

4) Cuando a todo ello renuncie, vivirá halagado por la falsa aureola que llega desde lejos, no enfrentará la lucha digna, pero tendrá que enfrentar la explotación de su pueblo y su dolor que golpearán implacablemente sobre su conciencia. Tendrá a menudo que recurrir al engaño para que lo tolere a su frente y renunciará a su independencia y soberanía juntamente con su dignidad.

 

5) Esta es la primera incógnita que debo despejar en el gobierno de mi país, delante mismo de mi pueblo.

 

6) Yo me decido por mi pueblo y por mi patria. ‘Estoy dispuesto a enfrentar la insidia, la calumnia y la difamación de adentro y sus agentes de afuera’.

 

Mi resolución fue definitiva. La empresa, por lo tanto, era difícil.
Pero en el fondo de mis pupilas había quedado grabado para siempre el espectáculo de las masas sudorosas y sufrientes que habían desfilado ante mi presencia en los años difíciles y duros de la Secretaría de Trabajo y Previsión; y resplandecían aun, con el contraste de sus luces y sus sombras la noche maravillosa del 17 de octubre, y en mis oídos resonaban las voces de los descamisados argentinos reclamando sus propios e inalienables derechos a La Justicia y a La Libertad. Con ese pueblo a mis espaldas, qué empresa, por difícil que sea, no vale cualquier sacrificio aunque se trate del supremo sacrificio de la vida.

El dilema de 1946 se ha cumplido en todos sus puntos inexorablemente. Pero también mi resolución se ha cumplido inexorablemente.
El gran objetivo de mis luchas ha sido siempre la felicidad de nuestro pueblo. Entiendo que la grandeza de las naciones es transitoria y efímera cuando no se construye sobre las bases de un pueblo digno, feliz y satisfecho. Acaso porque nosotros pensamos primero en la felicidad de nuestro pueblo y quizá por haber elegido, como primera meta de nuestros afanes, a los sectores más humildes de la nación, a quienes la vieja clase dirigente bautizó con el insulto glorioso de descamisados, Dios quiso que viésemos claro y hondo en el panorama de la humanidad contemporánea y que, sobrepasando el horizonte de las soluciones circunstanciales, apuntásemos a las altas y fundamentales soluciones que fueron integrando progresivamente la doctrina del justicialismo. Frente a nosotros se levantaba triunfante, por aquellos tiempos, el individualismo capitalista y el colectivismo comunista alargando la sombra de sus alas imperiales por  todos los caminos de la humanidad.

Ninguno de ellos había realizado ni podía realizar la felicidad del hombre.
Por un lado, el individualismo capitalista sometía a los hombres, a los pueblos y a las naciones a la voluntad omnipotente, fría y egoísta del dinero.
Por el otro lado, el colectivismo, detrás de una cortina de silencio, sometía a los hombres, a los pueblos y a las naciones al poder aplastante y totalitario del estado.

En todos los horizontes del mundo, las naciones, los pueblos y el hombre que los constituye soportaban, sin fe y sin esperanza, la explotación del dinero o del estado como sistema de vida y de trabajo.
Nuestro propio pueblo había sido sometido durante muchos años por las fuerzas del capitalismo entronizado en el gobierno de la oligarquía y había sido esquilmado por el capitalismo internacional, que mandaba aquí como en su propia casa por conducto de los