Discurso 8-10-1952 Inauguraciòn UON

 

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Editorial de la Universidad
Tecnológica Nacional

 

Universidad Tecnológica Nacional

Documentos

 

 U.T.N. – Argentina

 

 

Discurso pronunciado por el presidente de la Nación, GENERAL JUAN DOMINGO PERON, en el acto inaugural de la UNIVERSIDAD OBRERA NACIONAL

 

8 de Octubre de 1952

Invitado por el rectorado de esta casa para dirigiros la palabra en este acto no he querido preparar ningún discurso. Yo soy de los que creen que la verdad habla siempre sin artificios y, en consecuencia, prefiero conversar con los amigos que me escuchan, que espetarles un discurso, quizá muy lleno de adornos, pero muy falto de fondo y de sinceridad.

No escapará a la comprensión de los compañeros que me escuchan cuál es la emoción que me embarga al iniciar los cursos de la primera Universidad Obrera de nuestra patria. Probablemente podrá haber muchos que sientan una inmensa satisfacción al disponer de esta nueva casa de es­tudios en esta Nueva Argentina, pero no habrá ninguno que la sienta con más sinceridad y con mayor profundidad que yo mismo, que en 1945 entreví la posibilidad de desarrollar en esta forma una mayor elevación cultural de nuestro pueblo.

Cuando hablamos de la justicia social no dijimos que había que llevar solamente un poco más de dinero a los hogares del pueblo argentino o un poco más de comida a sus hijos; hablamos también de nutrir más abundantemente el alma y la inteligencia de nuestro pueblo. No es un fenómeno nuevo que las etapas en que la humanidad se ha dedicado a explotar las masas populares como carne de cañón en la guerra o como brazo de trabajo en la paz, las clases dirigentes no se hayan también a hacerles faltar la necesaria cultura y preparación. Siempre el pueblo ha sido una víctima privada de felicidad, de alimento y también de cultura y de ciencia. Por eso la justicia social, como nosotros la entendemos, no consiste solamente en dar a nuestro pueblo lo material, sino también en prepararlo intelectual y espiritualmente. .

La formación de universidades de carácter técnico en el país presupone no solamente la formación de un técnico, sino también la conformación de un ciudadano de la Nueva Argentina por esa razón, yo alabo las palabras que termino de escuchar del compañero Conditi; las alabo porque el fin de la ciencia y el fin de la cultura es la virtud. Las consecuencias de no haber practicado la virtud en las esferas de la cultura y de la ciencia, las estamos observando hoy en los resultados palpables que el mundo nos ofrece. La ciencia y la cultura deben servir a las virtudes de los hombres y de los pueblos, si no serán siempre mal empleadas. Dar cultura a un hombre, darle la posesión de la ciencia y no conformarle un alma para bien emplearla, es como estar proveyendo armas a una mala persona.

 

Cuando en el estudio de los numerosos problemas a que el panorama interno o’ internacional nos empuja en los momentos presentes encontramos a cada paso un ejemplo que confirma lo que termino de decir. Cuando vemos que la política internacional de las naciones es un medio para prepa­rar la guerra, se nos está demostrando que la política internacional está en manos de malvados. Cuando la política interna de los países en vez de servir para la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación, se desvía hacia el servicio de una clase dirigente, mediante la explotación del pueblo, de su miseria o de su desgracia, estamos viendo que la política interna está en manos de malvados. Cuando la ciencia se dedica a los progresos para exterminar a la humanidad y no para servir a su felicidad y a SU grandeza, estamos viendo que la ciencia está en manos de malvados.

Lo que nosotros queremos en esta Nueva Argentina, es que la ciencia y la cultura sean del pueblo, y que el pueblo esté formado por hombres que amen a los hombres y no que preparen su destrucción o su desgracia.

Cuando la cultura y la ciencia, instrumentos maravillosos de la humanidad, estén al servicio del bien, manejados por hombres buenos y prudentes, recién podremos decir Que la ciencia y la cultura son elementos positivos y no negativos de la humanidad. Yeso no será posible ni realizable hasta Que la ciencia y la cultura estén en manos del pueblo y solamente del pueblo.

Por esa razón, nosotros, en nuestros planes de gobierno, luchamos por una ciencia y una cultura popular. No podemos decir que un país sea culto ni tenga gran adelanto en su ciencia porque cuente con tres, cuatro o diez sabios y hombres cultos, mientras que el resto es mudo y torpe rebaño de ignorantes. La cultura del pueblo está en que aún cuando no poseamos ningún sabio ni ningún hombre extraordinariamente culto, tengamos una masa popular de una cultura aceptable.

Por eso hemos establecido entre nuestros objetivos, que tanto la cultura como la ciencia son elementos al servicio del pueblo y esgrimidos por las manos del pueblo, queremos una cultura popular, queremos que cada uno de nuestros hombres disfrute y haga ejercicio de ella, porque entonces tendremos un pueblo culto, y tendremos una ciencia argentina al servicio del pueblo argentino, que es lo único que justifica la cultura y justifica la ciencia.

Esta Universidad Obrera pone un jalón de avance en la cultura social del pueblo argentino. Pone, quizá, uno de sus más importantes jalones, porque da amplitud y extensión a la cultura popular, y porque sus puertas están abiertas a todos los hombres del pueblo que sientan la necesidad de elevar su cultura, están abiertas a todos los hombres y mujeres del pueblo que tengan inquietudes intelectuales y quieran realizarlas. Las universidades argentinas, por otra parte, son todas de esta característica, pueden los hombres humildes del pueblo ir a cualquiera de las universidades argenti­nas, donde recibirán el mismo tratamiento, sean ricos, sean pobres, sean hijos de poderosos o sean hijos de humildes hombres del pueblo. La cultura, que es el pan del espíritu y el pan de la inteligencia, no se le puede negar a ningún hombre del pueblo en un país que se sienta civilizado.

Cuando en 1944 soñábamos con la etapa natural que ha de cumplir el pueblo argentino, pensábamos que la capacidad energética de los pueblos no está solamente en razón del trabajo que realizan cuantitativamente, sino en el factor cualitativo de ese mismo trabajo. Nosotros soñábamos que nuestra evolución había de llevamos de pueblos pastores a pueblos agricultores, y de pueblos pastores y agricultores a pueblos industriales, que es la etapa natural en la evolución de los pueblos en la humanidad.

Se iniciaba la entrada en la etapa industrial. Y la etapa industrial no se puede encarar sin la capacitación técnica y profesional. Fue entonces, en 1944, cuando lanzamos la primera disposición estableciendo la organización de la mano de obra y de la capacidad técnica para la industria argentina. Fue entonces, que pensamos en que nuestros obreros no habían de formarse más en el dolor del taller o en el abuso patronal de los aprendices de otros tiempos, explotados y escarnecidos, en los lugares mismos de trabajo que ellos deben amar y enaltecer. Fue entonces cuando dijimos: ¿cómo es posible que un médico, un abogado, un militar, se formen en una escuela donde el Estado les paga sus estudios y un pobre obrero que no tenga medios, que vive en la miseria, tenga que ir a aprender en el dolor del taller o en el maltrato qué recibe de sus patrones? Y de esta idea surgieron de orientación profesional donde nuestros muchachos, respetando y haciendo respetar los lugares de trabajo, debían ir conformando el espíritu de la mano de obra argentina, para que después, en la combinación de las concepciones técnicas y de nuestras máquinas pudieran surgir los productos industriales perfectos, como hay que perfeccionarlos hoy para que sean útiles.

Fue allí, también, cuando dijimos: No es posible que un operario estudie para ser y para morir operario. Es necesario abrir el horizonte a la juventud que trabaja, porque ella es, la que constituye la grandeza y afirma la dignidad de la República Argentina; es necesario abrir el horizonte a la juventud, poniendo en cada mochila un bastón de mariscal.

Pero eso no se realiza por arte de magia. Es necesario impulsarla y encaminarla con el esfuerzo del Estado, como se impulsan y encaminan todas las demás profesiones que se ejercen lícitamente en la sociedad argentina. Entonces pensamos que era necesario hacer posible que esos muchachos tuvieran sus escuelas de aplicación donde fueran cumpliendo etapas técnicas de progreso. Habíamos observado en todos los horizontes del mundo una limitación inaceptable: operarios que no tenían otra suerte que morir de operarios, después de sufrir y de luchar durante toda su existencia sin ninguna posibilidad de progreso.

El caldo de cultivo más extraordinario para que proliferen clases de pensamientos y de doctrinas extremistas y otras ideas extrañas, está justamente en la limitación del horizonte de aspiraciones de la clase trabajadora.

Los hombres del pueblo -todos los hombres- deben tener ampliamente abierto el horizonte de aspiraciones para los que sean capaces. Y en esta tierra nosotros hemos afirmado que cada uno de 100 ciudadanos argentinos que durante su vida acumule méritos suficientes para llegar a. ser di­rigente máximo de la República y Presidente de la Nación, si es necesario.

Para que esto no sea una mentira criolla, es necesario brindar las posibilidades para que cada uno se realice a sí mismo, para que cada uno tenga en SUs manos la posibilidad de ir ilustrándose y llenando los espacios culturales de su imaginación y de su inteligencia en la medida de su capacidad.

Por esa razón se ha estructurado todo un escalonamiento en la concepción general de la Universidad Obrera. Esta Universidad que cuenta con un ciclo elemental y con un ciclo medio, debía tener un ciclo superior.

El ciclo superior lo iniciamos hoy con esta magnífica Universidad Obrera que ponemos en marcha. Por otra parte, tratándose de estudios técnicos debía cumplirse en esto también con un factor de extraordinaria importancia. No queremos universidades para formar charlatanes’ y generali­zadores. No queremos escuelas para formar hombres que les digan a los demás cómo hay Que hacer las cosas, sino hombres que sepan hacer por sí las cosas. Durante un siglo y medio de existencia hemos tenido millones de hombres capaces de decir cómo hay que hacer las cosas, pero muy .pocos hombres que hayan sido capaces de realizarlas. Por eso queremos que, esta escuela, que nace con nuestras propias orientaciones, sepa que en la vida, ni la ciencia pura tiene valor alguno si no se la somete a la aplicación.    La ciencia pura es un lujo que se pueden dar algunos que no tienen nada que realizar.  En la ciencia, es el conocimiento profundo realizado en el empirismo absoluto de las realizaciones lo que importa, si no las cosas no valen. Por eso he dicho y he sostenido muchas veces que queremos operarios que se formen en la escuela de orientación profesional, trabajando con sus herramientas y con sus máquinas que sepan hacer, aunque no sepan mucho decir, queremos técnicos de fábrica que no solamente sepan decirle a sus operarios: «vea amigo, esto hay que hacerlo así», sino que tomen la herramienta y lo realicen ellos mejor de lo que lo hizo su operario, y queremos ingenieros de fábrica qua no sean charlatanes atildados que vienen una vez por día a la mañana y veinte minutos para decir lo que hay que hacer, y después se van a la casa, al café o a la confitería. Queremos técnicos de fábrica que se pongan su «overol» y convivan con sus obreros en el trabajo, que sean ellos dirigentes, pero que dirijan, no charlatanes que no sirven ni para un lavado ni para un barrido.

Y para esto hay que tener manos de trabajador y vivir con olor a aceite de las máquinas y con las manchas de la grasa, que son indelebles cuando se trabaja. Con lechuguinos no vamos a construir una gran Argentina. La gran Argentina con que nosotros soñamos se va a construir con manos de trabajadores, con brazos de trabajadores y con corazones de trabajadores. Y esto estoy seguro que la Nueva Argentina será de esos trabajadores, de esos que sepan capacitarse mental y físicamente, como manualmente, en la ejecución de todos los trabajos. La Argentina del futuro ha de ser de esos hombres, por eso, quizá, hoy estemos colocando la piedra fundamental de una nueva Argentina que todavía no conocemos.

Por eso, compañeros, si yo hubiera de fijar el rumbo en la ejecución de las tareas docentes de esta casa, solamente daría una directiva de muy pocas palabras: tenemos que formar, primero, hombres buenos y del pueblo. En segundo lugar, formar trabajadores, sobre todas las demás cosas y, en tercer lugar, formar hombres patriotas que sueñan con una Nueva Argentina en manos del pueblo para labrar la grandeza de la Patria y la felicidad de ese mismo Pueblo.

Si formáramos un nuevo grupo de intelectualoides ignorantes, de los que tenemos tantos, que simulan saber para aprovechar de los que saben menos, no habríamos hecho un gran progreso sobre lo que tenemos. Lo que necesitamos son hombres leales y sinceros, que sientan el trabajo, que se sientan orgullosos de la dignidad que el trabajo arrima a los hombres y que, por sobre todas las cosas sean capaces de hacer aunque no sean capaces de decir.-

JUAN DOMINGO PERON

Referencias:

 

Universidad Obrera Nacional – Universidad Tecnológica Nacional

La génesis de una Universidad (1948 – 1962)Delia Teresita Álvarez de Tomassone – edUTecNe – 2006

http://www.edutecne.utn.edu.ar/uon-utn/index.html

 

La etapa fundacional de la Universidad Obrera Nacional La conexión universitaria entre el aula y el trabajo

Dra. Alicia A. Malatesta – Facultad Regional San Francisco – UTN 2008

http://www.edutecne.utn.edu.ar/historia-uon/historia-uon.html

 

edUTecNe Editorial de la Universidad Tecnológica
Nacional – U.T.N. Argentina 
http://www.edutecne.utn.edu.ar

 

 

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