PENSAMIENTOS

PENSAMIENTOS

JUAN DOMINGO PERON

La única verdad es la realidad.

Mejor que decir es hacer, mejor que prometer es realizar.

Para un peronista no hay nada mejor que otro peronista.

Este pensamiento está superado por este otro: Para un argentino no debe haber nada mejor que otro argentino.

El único sucesor de Perón será el Pueblo Argentino.

El hombre es bueno, pero si se lo vigila es mejor.

Jóvenes son aquellos que no tienen ni el cerebro marchito ni el corazón intimidado.

El año 2000 nos encontrará unidos o dominados.

La calumnia es el tributo que el egoísmo rinde al mérito.

Yo llevo en mis oídos la más hermosa música, que para mí, es la palabra del pueblo argentino.

Para conducir un pueblo la primera condición es que uno haya salido del pueblo, que sienta y piense como el pueblo.

¡Quienes quieran oír, que oigan; quienes quieran seguir, que sigan. Mi empresa es alta, y clara mi divisa; mi causa es la causa del pueblo; mi guía es la bandera de la patria

Lo único que vence al tiempo son las organizaciones, pero las organizaciones imbuidas por la mística de un ideal superior a la vida misma de los hombres que lo alientan.

Sin justicia social no puede haber libertad.

Saludo a la mujer que se incorpora a la política. Ella es la causa de las virtudes de nuestro pueblo.

No hay nuevos rótulos que califiquen a nuestra doctrina ni a nuestra ideología. Somos lo que las veinte verdades peronistas dicen. No es gritando la vida por Perón que se hace patria, sino manteniendo el credo por el cual luchamos.

Jugamos nuestro destino en la escala de valores: primero la patria, después el movimiento y luego los hombres.

Si llevo sólo a los buenos, voy a quedar con muy poquitos.

En la política como en la vida, el amigo más fiel ha de ser una conducta honrada.

Es la humildad la fuerza que puede dominar al mundo, pero jamás la soberbia.

La verdad es el arma fundamental del político.

Podemos caminar por distintos caminos, pero siempre tras el mismo objetivo.

En el proceder directivo es preciso que el impulso este siempre dominado por la reflexión.

Al éxito se llega por el sacrificio y al sacrificio se lo enfrenta con una causa noble  que se quiere servir. Debemos trabajar con realidades y no con ilusiones.

El Justicialismo necesita apóstoles y para ser apóstol hay que estar dispuesto a ser héroe y solamente los fanáticos de amor por una causa son capaces de morir por un ideal.

No a todos convenzo y no es para menos. Un conocido aristócrata europeo, que era además embajador de un país de origen ante nosotros, se permitió un día calificarme de "roñoso", porque yo marchaba del lado de los obreros. Me invitó a almorzar. Yo me puse mi traje de general, me puse las condecoraciones recibidas que no cabían en mi pecho y coloqué los sobrantes hasta en los pantalones. Me fui a la comida en un automóvil "cadillac", con un chofer vestido de librea, cuando llegué le di la mano al portero, antes que al dueño de casa. Es que para mí existen dos clases de hombres: los que sirven a sí mismos y los que sirven a los demás.

Hace dos mil años que el justicialismo ya era justicialismo. Lo que pasa es que nadie le llevaba el apunte, ni le hacía caso. Pongamos en ejecución lo que hace dos mil años enseño Cristo al mundo.... La fuerza del Padre Eterno-suele bromear el general-reside en que casi nunca aparece y si lo hace, se considera algo excepcional. Si viéramos todos los días al Hacedor Supremo, no faltarían imbéciles que quisieran reemplazarlo y algunos de nosotros, incluso, le perderíamos el respeto.

No critiques a los enemigos, que a lo mejor aprenden...

Un pueblo no se hace en una hora. Un pueblo se hace sobre sus esencias, sobre su historia. Un pueblo avanza sobre el camino de su historia cuando, en una coyuntura excepcional, una generación consigue poner en ebullición creadora las posibilidades nacionales. La Patria no consiste en el tiempo limitado de nuestras vidas. Nos prolongamos en nuestros hijos como en nuestras obras. En consecuencia aspiramos a proporcionar a las generaciones de mañana una vida más plena. Más fuerte en el respeto de sus derechos. Más feliz en el cumplimiento de sus deberes.

Es evidente que en todos los movimientos revolucionarios existen tres clases de enfoques: el de los apresurados, que creen que todo anda despacio, que no se hace nada porque no se rompen cosas ni se mata gente. El otro sector está formado por retardados, esos que quieren que no se haga nada... Entre esos dos extremos perniciosos existe uno que es el equilibrio y que conforma la acción de una política, que es el arte de hacer lo posible...

Hemos de llevar a la universidad obrera a nuestros muchachos pobres, porque entre ellos, estoy pensando hay más inteligencia y más corazón. He recordado una vez, y la ocasión se presta para rememorarlo, una frase de los viejos políticos - hay que educar al soberano- nunca pasó de ser una doble mentira, desde que jamás pensaron ellos que el pueblo fuese verdaderamente soberano y tampoco se preocuparon nunca de su educación, acaso porque sabían demasiado bien que educarlos, significaba mostrarle peligrosamente los caminos de la soberanía.

Siempre he creído, que los grandes hombres no pueden atarse a un incidente de su vida. Los tropiezos son obstáculos sólo para algunos hombres. El hombre de valores reales encadenará algo de las veleidades de su propio destino a su voluntad; hará y vivirá su vida sobre las miserias fisiológicas y morales. El éxito, el triunfo y la gloria, están muchas veces ocultos en caminos que jamás se nos hubiera ocurrido recorrer; para alcanzarlos se necesita ‘el hombre’, no ‘los hombres’.

Siempre he pensado que para los hombres bien nacidos luchar con los vivos puede ser un honor; pero luchar con los muertos es una infamia. Aún en un mundo podrido, siempre habrá algo que respetar, algo que reverenciar. Estos vándalos han demostrado haber perdido el respeto a sí mismos. (Acerca de la  profanación, ultraje, robo y desaparición del cuerpo de  Evita)

Soy partidario de que la Argentina y Chile tengan fronteras libres.

Libre no es un obrar según la propia gana, sino una elección entre varias posibilidades profundamente conocidas. Y tal vez, en consecuencia, observaremos que la promulgación jubilosa de ese estado de libertad no fue precedida por el dispositivo social, que no disminuyó las desigualdades en los medios de lucha y defensa ni, mucho menos, por la acción cultural necesaria para que las posibilidades selectivas inherentes a todo acto verdaderamente libre pudiesen ser objeto de conciencia.

Sin Justicia Social no puede haber libertad.

El problema del pensamiento democrático futuro está en resolvernos a dar cabida en su paisaje a la comunidad.

Lo único que vence al tiempo son las organizaciones.

Queremos una Patria socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.

Hay demasiados deseos insatisfechos, porque la primera luz de la cultura moderna se ha esparcido sobre los derechos y no sobre las obligaciones; ha descubierto lo que es bueno poseer mejor que el buen uso que se ha de dar a lo poseído o las propias facultades.

Yo llevo en mis oídos las más maravillosa música que, para mí, es la palabra del Pueblo Argentino.

Todos debemos ser artífices del destino común, pero ninguno debe ser instrumento de la ambición de nadie.

Es ya intolerable soportar la miseria en medio de la abundancia. Y es ésta una cuestión a la cual hay que ponerle término de una vez por todas.

La agitación de las masas es un efecto de la injusticia social.  El remedio no ha de estar en engañarlas ni en someterlas por la fuerza, sino en hacerles justicia; porque en países como el nuestro, de abundancia extraordinaria, no puede tolerarse la desgracia y la miseria en medio de la opulencia.

La sangre ahorra tiempo, pero cobra muy caro. (Al respecto de cómo hacer una revolución)

Renunciar a la política es renunciar a la lucha y renunciar a la lucha es renunciar a la vida, porque la vida es lucha.

Si alguna vez llegase a haber otro golpe, el pueblo quedará tan derrotado que la vuelta constitucional servirá solamente para garantizar, con el voto popular, los intereses del imperialismo y de sus cipayos nativos. Cada nueva elección no hará sino remachar los nuevos yugos coloniales.

Se puede decir una mentira, pero no se puede hacer una mentira.

Se pueden decir mil mentiras, pero con todas ellas no se puede construir una sola verdad.

Al hombre es preferible persuadirle que obligarle. Por eso el verdadero gobernante es, además de conductor, un maestro. Su tarea no se reduce a conducir un pueblo sino también a educarlo.

Así como no podemos concebir un hombre sin alma, es inconcebible un pueblo sin doctrina. Ella da sentido a la vida y congruencia a los actos de la comunidad. Es el punto de partida de la educación del pueblo.

El gobierno se ejerce con la razón y el derecho. Doblegar violentamente a la razón y al derecho es un acto de barbarie cometido contra la comunidad.

A menudo se cree que una dictadura militar es un gobierno fuerte. El único gobierno fuerte es el del pueblo. El de los militares es sólo un gobierno de fuerza.

El traidor no cambia, cambian los traicionados.

Se construye sobre la mentira y sobre ella, se vive una parodia infamante de la realidad, llamada vida moderna, en la que el hombre va siendo cada día menos hombre y la vida va mereciendo menos la pena de vivirla. Sin embargo, hay mucha gente contenta con este destino que se forja más en las agencias de noticias de la falsedad y de la propaganda, que en la realidad de un que hacer histórico que un día ha de avergonzar a la humanidad misma.

El Movimiento Justicialista celebra como su propia fiesta la fiesta de los trabajadores argentinos, primero, porque el Movimiento Justicialista es un movimiento obrero y segundo porque nadie hizo en su beneficio antes que nosotros lo que nosotros hemos hecho. La libertad, para que sea libertad, ha de ser la que el pueblo quiera, y no la que pretendan imponernos desde afuera. La lucha por la libertad, para nosotros, es la que nos conduce a la justicia social, a la independencia económica y a la soberanía política. Los argentinos tenemos nuestro régimen de libertad constitucional; pero que será de el en la injusticia social, en la esclavitud económica o en el vasallaje político. Todo eso nos conducirá a la libertad tan conocida por los trabajadores argentinos: la libertad de morirse de hambre. Por eso, el cuento de la libertad es demasiado conocido para que nosotros podamos caer en el.

Nuestro objetivo es social. La política y la economía son solo medios. Las políticas y las economías que no mejoran la situación social no sirven.

Que cada primero de mayo sea para nosotros un altar levantado en cada corazón para revivir la memoria de los que murieron en defensa de los pueblos.

Sobre los cristianos: Es más fácil cumplir el rito que realizar la doctrina.

 

20 VERDADES DEL PERONISMO

  1. La verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo.
  2. El Peronismo es esencialmente popular. Todo círculo político es antipopular y, por lo tanto, no es peronista.
  3. El Peronista trabaja para el movimiento. El que en su nombre sirve a un círculo o a un caudillo, lo es sólo de nombre.
  4. No existe para el Peronismo más que una sola clase de hombres: los que trabajan.
  5. En la Nueva Argentina, el trabajo es un derecho, que crea la dignidad del hombre, y es un deber porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume.
  6. Para un Peronista no puede haber nada mejor que otro Peronista.
  7. Ningún Peronista debe sentirse más de lo que es ni menos de lo que debe ser. Cuando un Peronista comienza a sentirse más de lo que es, empieza a convertirse en oligarca.
  8. En la acción política, la escala de valores de todo Peronista es la siguiente: primero, la Patria; después el movimiento y luego, los hombres.
  9. La política no es para nosotros un fin sino sólo un medio para el bien de la patria, que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional.
  10. Los dos brazos del Peronismo son la justicia social y la ayuda social. Con ello damos al pueblo un abrazo de justicia y de amor.
  11. El Peronismo anhela la unidad nacional y no la lucha. Desea héroes pero no mártires.
  12. En la Nueva Argentina los únicos privilegiados son los niños.
  13. Un gobierno sin doctrina es un cuerpo sin alma. Por eso el Peronismo tiene su propia doctrina política, económica y social: El Justicialismo.
  14. El Justicialismo es una nueva filosofía de la vida, simple, práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente humanista.
  15. Como doctrina política, el Justicialismo realiza el equilibrio del derecho del individuo con el de la comunidad.
  16. Como doctrina económica, el Justicialismo realiza la economía social, poniendo el capital al servicio de la economía y ésta al beneficio del bienestar social.
  17. Como doctrina social, el Justicialismo realiza la justicia social que da a cada persona su derecho en función social.
  18. Queremos una Argentina socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.
  19. Constituimos un gobierno centralizado, un estado organizado y un pueblo libre.
  20. En esta tierra lo mejor que tenemos es el pueblo.

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21:        Para un Argentino no debe haber nada mejor que otro Argentino.

         (Nuestra propuesta, verdad nro XXI: pensamiento del general Perón superador de la verdad Nro. VI)

 

Si por haber salido en defensa de los hombres que trabajan, mi nombre ha de ser execrado por los que vivían felices, con la infelicidad de cuantos contribuían a levantar e incrementar sus fortunas, ¡bendigo a Dios por haberme hecho acreedor a tal execración!

El fin de la riqueza no es simplemente el bienestar material del hombre sino ese mismo bienestar, subordinado al derecho y a la moral.

El capitalismo es una fuerza de aglomeración fría, internacional, sin patria ni corazón. Es, en otras palabras, la aglutinación de lo espurio del dinero. Es también el acaparamiento de la riqueza.

El que no tiene buena cabeza para prever, ha de tener buenas espaldas para aguantar.

Es muy triste el mundo de la injusticia para obligar a los hombres a vivir en él.

Desde el principio de su historia nuestro pueblo ha paseado por el mundo el señorío de sus virtudes. La generosidad, la justicia, la solidaridad, la hidalguía, el amor, el sentido cordial de la dignidad humana, su vocación por la justicia y la libertad, su fe en los valores eternos del espíritu, le han ganado su derecho a la felicidad.

La conducción es un arte simple y todo de ejecución.

Las doctrinas políticas no pueden ser eternas, aunque sean eternos los principios que las sustentan….Solo hay una parte de la doctrina que es eterna: la que cristaliza los grandes principios. Esa sí permanece, porque lo que cambia en el mundo son las formas; el fondo permanece siempre inmutable, y es sobre el fondo que se arman los grandes principios.

Unidos, seremos inconquistables, separados indefendibles.

Siempre he deseado inspirarme en las enseñanzas de Cristo. Lo destaco porque al igual que no todos los que se llaman demócratas lo son en efecto, no todos los que se llaman católicos se inspiran en las doctrinas cristianas. Nuestra religión es una religión de humildad, de renunciamiento, de exaltación de los valores espirituales por encima de los materiales. Es la religión de los pobres, de los que sienten hambre y sed de justicia, de los desheredados.

Cuando se sirve al Pueblo, los sinsabores se compensan con las satisfacciones y se llega a ser grande sin sentirlo, no sólo por lo que se hace, sino también por las injurias y las diatribas que se soportan.

No es más limpio el que limpia mucho sino quien ensucia poco.

Sin duda el peronismo no hubiera sido el mismo sin Eva Perón. Ella puso la cuota de amor y de fanatismo que necesitan las grandes causas. Mientras yo ponía los ladrillos, construía la casa grande que nos iba a cobijar a todos, ella abrigaba a los que estaban afuera para que no se murieran de frío esperando para entrar.

Cada uno de nosotros posee la llave del más resonante triunfo. Busque usted ante de que sea demasiado tarde la disciplina que más la guste y dedíquele dos horas diarias. Al cabo de los años será usted invencible.

Hemos de crear la Universidad Obrera para formar los técnicos del porvenir.

Los hombres y los pueblos que no sepan discernir la relación del bienestar con el esfuerzo, no ganan el derecho a la felicidad que reclaman.

Quién gasta más de lo que produce es un insensato; el que gasta lo que gana olvida el futuro; el que produce y gana más de de lo que consume es un prudente que asegura su porvenir.

He dicho en la Secretaría de Trabajo y Previsión en 1944 que entiendo el gobierno de una sola manera: que cada hombre vaya conociendo e interesándose por la cosa pública. Considero a la Nación como un inmenso mecanismo dentro del cual cada hombre constituye una de sus ruedas. Y cuando una sola de esas ruedas no anda bien, todo el mecanismo se resiente. Vale decir, creo que los pueblos en los que los hombres que los componen no se ocupan de la cosa pública, de las cuestiones que interesan en conjunto, se desentienden porque los políticos los han reemplazado en el interés que los ciudadanos deben tener por la cosa pública, y ese país se pierde.

El deporte enseña a forjar el carácter, a templar el alma y formar esa naturaleza de vencedor que debe tener el ciudadano argentino.

Nuestra aspiración ha de ser que no haya ningún pibe en la Argentina que no practique alguna actividad deportiva. El tiene la escuela para nutrir su inteligencia y tiene la otra escuela de la educación, que es la del deporte, donde debe nutrir su cuerpo y donde debe nutrir su alma; de manera entonces que, sin son importantes, la escuela, el colegio y la universidad, es igualmente importante el campo del deporte, donde él vaya formando su verdadera personalidad, fortificando su cuerpo, sus músculo y fortaleciendo sus huesos.

Así como la clase de los hombres que trabajan va substituyendo a los representantes del individualismo capitalista en el panorama político, también la clase de los hombres que trabajan va substituyendo progresivamente a las empresas individualistas, con las nuevas organizaciones de tipo cooperativo. Ello significa que los trabajadores, por la natural evolución económica de nuestro sistema, van adquiriendo progresivamente la propiedad directa de los bienes capitales de la producción, del comercio y de la industria. Este camino, por el que avanzan ya los trabajadores argentinos, tiene un largo pero fecundo recorrido y posibilitará el acceso del pueblo a la conducción de su propia economía. El viejo ideal del pueblo, en la plena posesión de sus derechos políticos, sociales y económicos, se realizará entonces, y en aquel momento la justicia social alcanzará la cumbre de sus objetivos totales y la doctrina peronista será la más bella y absoluta de las realidades.

Pensamos que tanto el capitalismo como el comunismo son sistemas ya superados por el tiempo. Consideramos al capitalismo como la explotación del hombre por el capital y al comunismo como la explotación del individuo por el Estado. Ambos "insectifican" a la persona mediante sistemas distintos. Creemos más, pensamos que los abusos del capitalismo son la causa y el comunismo el efecto. Sin capitalismo el comunismo no tendría razón de ser, creemos igualmente que, desaparecida la causa, se entraría en el comienzo de la desaparición del efecto.

Nosotros no trabajamos para los historiadores, sino para el pueblo de nuestro tiempo, que ha de ir transmitiendo al pueblo de los tiempos venideros la verdad de lo que hicimos e incluso las nobles intenciones y los grandes sueños que no pudimos realizar.

Yo he de dejar al pueblo organizado, con el destino en sus manos. Si el pueblo, después, hace mal uso de su destino, él será el culpable, pero yo no tendré ningún cargo de conciencia al irme del gobierno.

Tanto he querido que el pueblo no sea engañado que he hecho que él mismo venga a participar del gobierno. He traído gente del pueblo a trabajar conmigo; he llevado gente del pueblo al Congreso y a todas las esferas gubernamentales, y llevaré cada día más para que el pueblo, con sus propias manos, pueda palpar esa verdad. Yo no cambio de causa: yo ya muero con esta causa. Yo defiendo una sola causa: la justicia. Donde está la justicia, allí estoy yo.

No hay que castigar al que se equivoca, sino al que no hace nada para no equivocarse.

La economía nunca ha sido libre: o la controla el Estado en beneficio del Pueblo o lo hacen los grandes consorcios en perjuicio de este.

La amistad es la gran fuerza aglutinante en toda lucha y nada puede desarrollar la solidaridad indispensable como la existencia de una verdadera amistad. Yo sé que esto no es fácil en las circunstancias actuales, pero cuando todos los peronistas trabajen por el bien común, la amistad será su consecuencia.

Siempre he pensado que las revoluciones más profundas y duraderas son aquellas que llegan a modificar la conciencia de los hombres y de los pueblos.

La buena fe de las causas se conoce por el cuño de las obstinaciones.

Quien crea que podrá salvarse a pesar de nuestro aniquilamiento, es un ignorante y un estúpido.

Nadie puede gobernar sin el apoyo del pueblo, y mucho menos quien viene haciéndolo contra el pueblo, al que ha hecho destinatario de todas las calamidades, en tanto un reducido número de explotadores se benefician con la miseria y el hambre de los obreros.

Reitero la consigna: Unidos Venceremos. Trabajar por la unidad es trabajar por el triunfo del Pueblo. Debilitarla es trabajar contra el destino común, preparando la ignominia de otros cincuenta años de desdichas.

El movimiento peronista debe imponerse todos los sacrificios que la lucha exige, reemplazando los hombres que gastó en sus batallas mediante la formación de nuevos valores que interpreten con fidelidad inexorable la doctrina del pueblo y modificando aquellos métodos que no hayan sido suficientemente eficaces para servirlo.

La historia del desenvolvimiento de los modernos pueblos de la tierra, afirma de una manera absolutamente incontrovertible que el Estado moderno es tanto más grande cuanto mejor y más fuerte es su clase media.

Como hombre del destino, creo que nadie puede escapar de él; pero también creo que podemos ayudarlo, fortalecerlo, tornarlo favorable hasta el punto de que sea sinónimo de victoria.

EVITA

Yo no quise ni quiero nada para mí. Mi gloria es y será siempre el escudo de Perón y la bandera de mi pueblo, y aunque deje en el camino jirones de mi vida, yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria, dijo Evita al pueblo en su último 17 de octubre. (1951).

Sangra tanto el corazón del que pide, que hay que correr y dar, sin esperar.

Como mujer siento en el alma la cálida ternura del pueblo de donde vine y a quien me debo.

Donde existe una necesidad nace un derecho.

... Ahora si me preguntasen qué prefiero, mi respuesta no tardaría en salir de mí: me gusta más mi nombre de pueblo. Cuando un pibe me nombra Evita me siento madre de todos los pibes y de todos los débiles y humildes de mi tierra. Cuando un obrero me llama Evita me siento con gusto compañera de todos los hombres.

Nuestra Patria dejará de ser colonia, o la bandera flameará sobre sus ruinas.

Pongo junto al alma de mi pueblo, mi propia alma.

El capitalismo foráneo y sus sirvientes oligárquicos y entreguistas han podido comprobar que no hay fuerza capaz de doblegar a un pueblo que tiene conciencia de sus derechos.

Cuando elegí ser Evita sé que elegí el camino de mi pueblo. Ahora, a cuatro años de aquella elección, me resulta fácil demostrar que efectivamente fue así. Nadie sino el pueblo me llama Evita.

Sangra tanto el corazón del que pide, que hay que correr y dar, sin esperar.

El mundo será de los pueblos si los pueblos decidimos enardecernos en el fuego sagrado del fanatismo.

De nada valdría un movimiento femenino en un mundo sin justicia social.

La mayoría de los hombres que rodeaban entonces a Perón creyeron que yo no era más que una simple aventurera. Mediocres al fin, ellos no habían sabido sentir como yo quemando mi alma, el fuego de Perón, su grandeza y su bondad, sus sueños y sus ideales. Ellos creyeron que yo calculaba con Perón, porque medían mi vida con la vara pequeña de sus almas.

Yo no quise ni quiero nada para mí. Mi gloria es y será siempre el escudo de perón y la bandera de mi pueblo. Y aunque deje en el camino jirones de mi vida, yo sé que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria.

Como mujer siento en el alma la cálida ternura del pueblo de donde vine y a quien me debo.

Donde existe una necesidad nace un derecho.

Ahora si me preguntasen qué prefiero, mi respuesta no tardaría en salir de mí: me gusta más mi nombre de pueblo. Cuando un pibe me nombra Evita me siento madre de todos los pibes y de todos los débiles y humildes de mi tierra. Cuando un obrero me llama Evita me siento con gusto compañera de todos los hombres.

Nuestra patria dejará de ser colonia, o la bandera flameará sobre sus ruinas.

Confieso que tengo una ambición, una sola y gran ambición personal: quisiera que el nombre de Evita figurase alguna vez en la historia de mi patria. Y me sentiría debidamente, sobradamente compensada si la nota terminase de esta manera: De aquella mujer sólo sabemos que el pueblo la llamaba, cariñosamente, Evita.

Aparento vivir en un sopor permanente para que supongan que ignoro el final... Es mi fin en este mundo y en mi patria, pero no en la memoria de los míos. Ellos siempre me tendrán presente, por la simple razón de que siempre habrá injusticias y regresarán a mi recuerdo todos los tristes desamparados de esta querida tierra.

El arma de los imperialismos es el hambre. Nosotros, los pueblos sabemos lo que es morir de hambre.

Ya no quiero explicarles nada de mi vida ni de mis obras. No quiero recibir ya ningún elogio. Me tienen sin cuidado los odios y las alabanzas de los hombres que pertenecen a la raza de los explotadores. Quiero revelar a los pueblos. Quiero incendiarlos con el fuego de mi corazón.

Muchas veces he tenido ante mis ojos, al mismo tiempo, como para compararlas frente a frente, la miseria de las grandezas y las grandezas de la miseria.

Aquellas primeras grandes desilusiones me hicieron ver con claridad el camino. Perón no podía creer en nada ni en nadie que fuese su pueblo.

Seré peronista hasta mi último día, porque la causa de Perón me glorifica y dándome la fecundidad de su vida, me prolongará en la eternidad de las obras que por él realizo y que seguirán viviendo como hijas mías, después que yo me vaya.

Yo no hago otras cosa que devolverles a los pobres lo que todos los demás les debemos porque se lo habíamos quitado injustamente. Yo soy nada más que un camino que eligió la justicia para cumplirse como debe cumplirse: inexorablemente.

...todo ha sido hecho para todas las almas del mundo que sientan, de cerca o de lejos que está por llegar un día nuevo para la humanidad: el día del Justicialismo.

…Solamente los fanáticos que son idealistas y son sectarios, no se entregan… los fríos no mueren por una causa, sino de casualidad. Los fanáticos sí. , aquellos que piensen y que tengan la valentía de hablar en cualquier momento y en cualquier circunstancia que se presente porque el ideal vale más que la vida, mientras no se ha dado  todo por un ideal, no se ha dado nada. 

Yo no comprendo por qué, en nombre de la religión y en nombre de Dios, puede predicarse la resignación frente a la injusticia. La religión no ha de ser jamás instrumento de opresión para los pueblos. Tiene que ser bandera de rebeldía.

No tengo miedo de que los niños de mis hogares se acostumbren a vivir como ricos, con tal de que conserven el alma que trajeron: ¡alma de pobres, humildes y limpia, sencilla y alegre!  

El pueblo esta de pie, observa, vigila y hace de la lealtad su culto, su ley y su bandera. Lealtad que hace temblar la plaza histórica en la noche del rescate, lealtad que sólo pueden sentir los que quieren a la patria y no se venden al oro extranjero, lealtad de dos amigos que juntos forjaron el destino de la patria y el fervor del pueblo que los sigue, que siente que en su alma no cabe la traición, y cuando la sospecha pasa como sombra hay un solo grito: ¡La vida por Perón!

Peronismo es la fe popular hecha movimiento en torno a una causa de esperanza que faltaba en la Patria.

No digo que puede haber algún “oligarca” que haga alguna cosa buena, es difícil que eso ocurra pero si ocurriera creo que sería por equivocación. ¡Convendría avisarle que se está haciendo peronista!

  Quiero vivir eternamente con Perón y con mi pueblo. Dios me perdonará que yo prefiera quedarme con ellos porque el también está con los humildes y yo siempre he visto que en cada descamisado Dios me pedía un poco de amor que nunca le negué.

Yo les contesto con Perón: el fanatismo es la sabiduría del espíritu. Que importa ser fanático en la compañía de los mártires y de los héroes.

Yo me vestí también con todos los honores de la gloria, de la vanidad y del poder. Me dejé engalanar con las mejores joyas de la tierra. Todos los países del mundo me rindieron sus homenajes, de alguna manera. Todo lo que me quiso brindar el círculo de los hombres en que me toca vivir, como mujer de un presidente extraordinario, lo acepté sonriendo, "prestando mi cara" para guardar mi corazón. Sonriendo, en medio de la farsa, conocí la verdad de todas sus mentiras.

Muchas veces he tenido ante mis ojos, al mismo tiempo, como para compararlas frente a frente, la miseria de las grandezas y las grandezas de la miseria.

Yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle, por eso no me deslumbró jamás la grandeza del poder y pude ver sus miserias. Por eso nunca me olvidé de las miserias de mi pueblo y pude ver sus grandezas.

Los pueblos de la tierra no sólo deben elegir al hombre que los conduzca: deben saber cuidarlo de los enemigos que tienen en las antesalas de todos los gobiernos. Yo cuidé por mi pueblo a Perón y los eché de sus antesalas, a veces con una sonrisa, y a veces también con las duras palabras de la verdad que dije de frente con toda la indignación de mi rebeldía.

Yo no me quedé jamás en la retaguardia de sus luchas. Estuve en la primera línea de combate; peleando los días cortos y las noches largas de mi afán, infinito como la sed de mi corazón, y cumplí dos tareas. ¡No sé cuál fue más digna de una vida pequeña como la mía, pero mi vida al fin! Una, pelear por los derechos de mi pueblo. La otra, cuidar las espaldas de Perón.

El fanatismo es la única fuerza que Dios le dejó al corazón para ganar sus batallas. Es la gran fuerza de los pueblos: la única que no poseen sus enemigos, porque ellos han suprimido del mundo todo lo que suene a corazón.

Los tibios, los indiferentes, las reservas mentales, los peronistas a medias, me dan asco. Me repugnan porque no tienen olor ni sabor. Frente al avance permanente e inexorable del día maravilloso de los pueblos también los hombres se dividen en los tres campos eternos del odio, de la indiferencia y del amor. Hay fanáticos del pueblo. Hay enemigos del pueblo. Y hay indiferentes. Estos pertenecen a la clase de hombre que Dante señaló ya en las puertas del infierno. Nunca se juegan por nada. Son como "los ángeles que no fueron ni fieles ni rebeldes".

Muchas veces, en estos años de mi vida, he pensado qué lejos estaban ciertos predicadores y apóstoles de la religión del corazón del pueblo... porque la frialdad y el egoísmo de sus almas no podía contagiar a nadie ni sembrar en las almas el ardor de la fe, que es fuego ardiente. Yo sé -y lo declaro con todas las fuerzas de mi espíritu- que los pueblos tienen sed de Dios. Y sé también como trabajan sacerdotes humildes en apagar aquella sed. Mi acusación no va dirigida contra éstos, sino contra quienes por egoísmo, por vanidad por soberbia, por interés o por cualquier otra razón indigna a la causa que dicen defender. Alejan a los pueblos de la verdad, cerrándoles el camino de Dios. Dios les exigirá algún día la cuenta precisa y meticulosa de sus traiciones con mucho más severidad que a quienes, con menos teología, pero con más amor, nos decidimos a darlo todo por el pueblo. Con toda el alma, con todo el corazón.

¿Sabrán mis "grasitas" todo lo que yo los quiero?

Si alguien me preguntase, en estos momentos difíciles y amargos de mi vida, cuál es mi deseo más ferviente y cuál mi voluntad más absoluta, yo les diría: vivir eternamente con Perón y con mi pueblo.

Quiero vivir eternamente con Perón y con mi Pueblo. Esta es mi voluntad absoluta y permanente y será también por lo tanto cuando llegue mi hora, la última voluntad de mi corazón. Donde esté Perón y donde estén mis descamisados allí estará siempre mi corazón para quererlos con todas las fuerzas de mi vida y con todo el fanatismo de mi alma.

Quiero que todos mis bienes queden a disposición de Perón como representante soberano y único del pueblo que todos mis bienes, que considero en gran parte patrimonio del pueblo y del movimiento peronista, que es del pueblo, y que todo lo que dé "La Razón de mi Vida" y "Mi Mensaje", sea considerado como propiedad absoluta de Perón y del pueblo argentino. Mientras viva Perón, él podrá hacer lo que quiera de todos mis bienes: venderlos, regalarlos e incluso quemarlos si quisiera, porque todo en mi vida le pertenece, todo es de él, empezando por mi propia vida que yo le entregué por amor y para siempre, de una manera absoluta. Pero después de Perón, el único heredero de mis bienes debe ser el pueblo y pido a los trabajadores y a las mujeres de mi pueblo que exijan por cualquier medio el cumplimiento inexorable de esta voluntad suprema de mi corazón que tanto los quiso.

La fiesta de los trabajadores argentinos se basa en la felicidad de los humildes que, nobles y bien nacidos, vienen a rendir homenaje al líder de todos los trabajadores del mundo. En nuestra patria ya no existe la olla popular, ya no existe la desesperanza.

Prefiero ser Evita, antes de ser la esposa del Presidente, si ese Evita es dicho para calmar algún dolor en algún hogar de mi patria. Después que uno esta perdido, no lo salvan ni los santos.

Es preciso dar a la propiedad un nuevo sentido, un sentido social, quitándose al vocablo y al concepto que denomina, su peligroso sentido egoísta. Y es preciso, en fin, devolver a los argentinos lo que no siempre ha sido y debe ser argentino.

He dicho antes y lo repito una vez más, que el problema de la niñez es un problema nacional, y que los pueblos (o los gobiernos) que renuncian a resolverlo renuncian al mismo tiempo al porvenir.

Yo me vestí también con todos los honores de la gloria, de la vanidad y del poder. Me dejé engalanar con las mejores joyas de la tierra. Todos los países del mundo me rindieron sus homenajes, de alguna manera. Todo lo que me quiso brindar el círculo de los hombres en que me toca vivir, como mujer de un presidente extraordinario, lo acepté sonriendo, "prestando mi cara" para guardar mi corazón. Sonriendo, en medio de la farsa, conocí la verdad de todas sus mentiras.

Yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle, por eso no me deslumbró jamás la grandeza del poder y pude ver sus miserias. Por eso nunca me olvidé de las miserias de mi pueblo y pude ver sus grandezas.

Muchas veces he tenido ante mis ojos, al mismo tiempo, como para compararlas frente a frente, la miseria de las grandezas y las grandezas de la miseria.

Sobre Perón: Un día me confesó que yo, su pequeña "giovinota" como solía llamarme, era la única compañía sincera y leal de su existencia.

Los pueblos de la tierra no sólo deben elegir al hombre que los conduzca: deben saber cuidarlo de los enemigos que tienen en las antesalas de todos los gobiernos.

"Descamisado". Este nombre, que quiso ser infamante, envolvió como una bandera la obra del general Perón y de sus fieles compañeros. "Descamisados" pasó a ser, así, sinónimo de victoria nacional.

El hogar es el centro sensible por excelencia del corazón de la Patria y el lugar específico para servirla y engrandecerla. Y la mujer es, a su vez, la piedra básica sobre la que se apoya el hogar. Como madre, como esposa y como hija.

Yo creo firmemente que, en verdad, existe una fuerza desconocida que prepara a los hombres y a las mujeres para el cumplimiento de la misión particular que cada uno debe realizar.

Cada uno debe empezar a dar de sí todo lo que pueda dar, y aún más. Solo así construiremos la Argentina que deseamos, no para nosotros, sino para los que vendrán después, para nuestros hijos, para los argentinos de mañana.

La patria no es patrimonio de ninguna fuerza. La patria es el pueblo y nada puede sobreponerse al pueblo sin que corran peligro la libertad y la justicia. Las fuerzas armadas sirven a la patria sirviendo al pueblo.

El mundo será de los pueblos si los pueblos decidimos enardecernos en el fuego sagrado del fanatismo.

Como mujer siento en el alma la cálida ternura del pueblo de donde vine y a quien me debo.

Solamente los fanáticos -que son idealistas y son sectarios- no se entregan. Los fríos no mueren por una causa, sino de casualidad. Los fanáticos sí. Me gustan los fanáticos y todos los fanatismos de la historia.

Todo aquello que en nuestras costumbres pueda destacarse es cristiano. De norte a sur, de este a oeste, empresas guerreras, empresas políticas, empresas espirituales, han sido urdidas y asentadas sobre la cruz, como cuadra a una raza templada en el ejercicio de las mejores virtudes. Vivo o escondido, el sentimiento de lo religioso ha prevalecido en suprema instancia, sobre todo otro nocivo reflejo de ética no argentina.

Hemos dicho la verdad en cuanto hemos hablado sobre la tradicional fe católica. Y hemos mentido o nos hemos equivocado en cuanto hemos construido sobre el ateismo extranjerizante, filtrado en nuestra legislación o instalado por sorpresa sobre nuestras instituciones básica, entre ellas, la de la educación. De tal modo que cuando hablamos del hogar argentino y de la mujer, como símbolo de ese hogar, estamos hablando de la mujer cristiana y del hogar asentado sobre esta base de sólida moral tradicional.

De hecho, para legitimar nuestra aspiración de que toda mujer vote, podríamos agregar que toda mujer debe votar conforme su sentido religioso, vale decir ajustándose a una clara y alta medida de su deber de madre, de esposa o de hija, para con los seres que conviven junto a ella, dentro de un cuadro de cristiana equidad, de estricta justicia, de limpia aspiración de mejoramiento espiritual, de generoso impulso solidario, de atento y minucioso ordenamiento mental. La mujer que es la responsable de la educación familiar y el eje de una estructura hogareña orientada en los sanos y eternos principios del cristianismo, no podrá equivocarse jamás ante las urnas, donde está el destino ulterior de la patria. La mujer que esté dando en su voto el matiz de su honradez de conciencia, no podrá equivocarse en su designio político, si viene de un hogar sometido a la inflexible ley moral de Cristo.

De nada valen la injuria, la ineptitud disfrazada de crítica mordaz y la ya envejecida técnica de ataque de los hombres sin Dios. En el seno de la familia no cabe el instinto ni la barbarie, sino la cruz bajo la cual nos engendraron.

La misión sagrada que tiene la mujer no sólo consiste en dar hijos a la Patria, sino hombres a la Humanidad. Hombres en el sentido cabal y caballeresco de la hombría, que es cuna del sacrificio cotidiano para soportar las contrariedades de la vida y base del valor que inspira los actos sublimes del heroísmo cuando la Patria lo reclama. Hombres formados en las costumbres cristianas que han hecho fuerte a nuestra estirpe y sensibles a la emoción de nuestros criollísimos sentimientos. Hombres austeros, que forjen su vida al calor del hogar, donde siempre palpita un corazón de mujer.

El hogar es el centro sensible por excelencia del corazón de la patria y el lugar específico para servirla y engrandecerla.

La mujer es la piedra básica sobre la que se apoya el hogar. Como madre, como esposa y como hija.

Si a la mujer no se le ha dado el señorío de la fuerza física, se le ha dado el imperio del amor. Y sabemos las mujeres, sin necesidad de sutiles raciocinios, que sólo en el hogar y en el matrimonio indisoluble puede el amor alcanzar toda su expansión. Sabemos las mujeres que la decadencia del amor, sin duda alguna es una de las decadencias más grandes que ahora padece, es el resultado inmediato de la paganización de la familia y de la desarticulación del hogar.

Tengo dos distinciones: el amor de los humildes y el odio de los oligarcas.

Perón me ha enseñado que lo que yo hago a favor de los humildes de mi Patria no es más que justicia. No es filantropía, ni es caridad, ni es limosna, ni es solidaridad, ni es beneficencia. Ni siquiera es ayuda social, aunque por darle un nombre aproximado yo le he puesto ese. Para mí es estrictamente justicia. Lo que más me indignaba al principio de la ayuda social, era que la calificasen de limosna o beneficencia.

La fuerza suele tentar a los hombres, igual que el dinero.

El peronismo no puede confundirse con el capitalismo, con el que no tiene ningún punto de contacto. Eso es lo que vio Perón, desde el primer momento. Toda su lucha se puede reducir a esto: en el campo social, lucha contra la explotación capitalista

Quiero demasiado a los descamisados, a las mujeres, a los trabajadores de mi pueblo, y por extensión quiero demasiado a todos los pueblos del mundo, explotados y condenados a muerte por los imperialismos y los privilegiados de la tierra. Me duele demasiado el dolor de los pobres, de los humildes, el gran dolor de tanta humanidad sin sol y sin cielo como para que pueda callar.

Los dirigentes del pueblo tienen que ser fanáticos del pueblo. Si no, se marean en la altura y no regresan. Yo los he visto también con el mareo de las cumbres.

El fanatismo que convierte a la vida en un morir permanente y heroico es el único camino que tiene la vida para vencer a la muerte. Por eso soy fanática. Daría mi vida por Perón y por el pueblo. Porque estoy segura que solamente dándola me ganaré el derecho de vivir con ellos por toda la eternidad.

En la hora de los pueblos lo único compatible con la felicidad de los hombres será la existencia de naciones justas, soberanas y libres, como quiere la doctrina de Perón.

Frente a la explotación inicua y execrable, todo es poco. Y cualquier cosa es importante para vencer.

Yo los he visto marearse por las alturas. Dirigentes obreros entregados a los amos de la oligarquía por una sonrisa, por un banquete o por unas monedas. Los denuncio como traidores entre la inmensa masa de trabajadores de mi pueblo y de todos los pueblos. Hay que cuidarse de ellos: son los peores enemigos del pueblo porque han renegado de nuestra raza. Sufrieron con nosotros pero se olvidaron de nuestro dolor para gozar la vida sonriente que nosotros les dimos otorgándoles una jerarquía sindical. Conocieron el mundo de la mentira, de la riqueza, de la vanidad y en vez de pelear ante ellos por nosotros, por nuestra dura y amarga verdad, se entregaron. No volverán jamás, pero si alguna vez volviesen habría que sellarles la frente con el signo infamante de la traición.

Yo soy y me siento cristiana. Soy católica, pero no comprendo que la religión de Cristo sea compatible con la oligarquía y el privilegio.

Muchas veces, para desgracia de la fe, el clero ha servido a los políticos enemigos del pueblo predicando una estúpida resignación... que no sé todavía cómo puede conciliarse con la dignidad humana ni con la sed de Justicia cuya bienaventuranza se canta en el Evangelio.

Yo vivo con mi corazón pegado al corazón de mi pueblo y conozco por eso todos sus latidos.

El amor es darse, y darse es dar la propia vida. Mientras no se da la propia vida, cualquier cosa que uno dé es justicia. Cuando se empieza a dar la propia vida, entonces recién se está haciendo una obra de amor.

Me emociona la gratitud de los niños como ninguna otra cosa.

Unos pocos días del año represento el papel de Eva Perón. La inmensa mayoría de los días soy, en cambio, Evita.

Un día me confesó que yo, su pequeña “giovinota” como solía llamarme, era la única compañía sincera y leal de su existencia. ¡Nunca como ese día me dolió tanto mi pequeñez! ¡Ese día decidí hacer lo posible para acompañarlo mejor! Recuerdo que le pedí que fuese mi maestro y él, en las treguas de su lucha, me enseñó un poco de todo cuanto pude aprender. Me gustaba leer a su lado. Empezamos por “Las vidas paralelas” de Plutarco y seguimos después con las “Cartas completas de Lord Chesterfield a su hijo Stanhope”. En un tiempo me enseñó un poco de los idiomas que él sabía: inglés, italiano y francés. Sin que yo lo advirtiese, fui aprendiendo también a través de sus conversaciones la historia de Napoleón, de Alejandro y de todos los grandes de la historia. Y así fue que me enseñó también a ver de una manera distinta nuestra propia historia. Con él aprendí a leer en el panorama de las cuestiones políticas internas e internacionales. Muchas veces me hablaba de sus sueños y de sus esperanzas, de sus grandes ideales. Metida en un rincón de la vida de “mi Coronel”, se me ocurre que yo era algo así como un ramo de flores en su casa… Nunca pretendí ser más que eso. Sin embargo, la lucha que se libraba en torno de Perón era demasiado dura, muy grandes sus enemigos, casi infinita su soledad y demasiado grande mi amor para que yo pudiese conformarme con ser nada más que un poco de alegría en su camino.

Los enemigos del pueblo fueron y siguen siendo los enemigos de Perón. Yo los he visto llegar hasta él con todas las formas de la maldad y de la mentira. Quiero denunciarlos definitivamente. Porque serán enemigos eternos de Perón y del pueblo aquí y en cualquier parte del mundo donde se levante la bandera de la justicia y la libertad.

Todo anciano tiene derecho a su protección integral por cuenta de su familia. En caso de desamparo, corresponde al Estado proveer a dicha protección, ya sea en forma directa o por intermedio de los institutos o fundaciones creados, o que se crearen, con ese fin, sin perjuicio de subrogación del Estado o de dichos institutos para demandar a los familiares remisos y solventes los aportes correspondientes.

Estamos en una obra que nada ni nadie podrán detener. Ya he tenido oportunidad de decir, identificada con el líder, que el peronismo no se aprende ni se proclama, se comprende y se siente. Por eso es convicción y es fe. Por eso, también, no importan los rezagados del despertar nacional. Yo no deseo, no quiero para el peronismo, a los ciudadanos sin mística revolucionaria. Que no se incorporen, que queden rezagados, si no están convencidos. El que ingrese, que vuelque su cabeza y su corazón sin retaceos, para afrontar nuestras luchas, que siempre habrán de terminar en un glorioso 17 de Octubre. Pero en nuestro movimiento no tiene cabida el interés y el cálculo. Marchamos con la conciencia hecha justicia que reclama la humanidad de nuestros días. Peronismo es la fe popular hecha partido en torno a una causa de esperanza que faltaba en la Patria.