La Ruta de Perón 1893-1945

LA RUTA DE Perón 1893 A 1945


 

La gesta del 17 de Octubre de 1945


 


“Los valores permanentes afloran siempre”

                                                       Juan D. Perón

      “Desde este punto de la historia, nada será igual en la vida de  los argentinos”



 

 

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Impactante: “Son los descamisados que os ven a vos con los ojos del alma y por eso os comprenden, os siguen, y por eso,

no quieren más que a un hombre, no quieren a otro: Perón o Nadie.”







 

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Cuadro: “Mientras haya argentinos” 
Publicado por diariopamperoarchivos.blogspot.com 




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“17 de octubre de 1945-Hace calor”


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La fotografía símbolo del 17 de octubre. Los trabajadores se refrescan en
la fuente de Plaza de Mayo


“Los negros se lavaron las patas en la fuente de Plaza de Mayo”, profirió vomitando la oligarquía. Para ella, un estigma. Para el pueblo un acto trascendental de soberanía. 

   Todo lo que hemos visto y analizado hasta este punto de nuestro trabajo, ha de desembocar en la histórica jornada del 17 de octubre.

  No es un hecho, como no lo es ningún de aquellos que cambian la historia de los pueblos, que se haya producido por una causa circunstancial. Una larga cadena, trayectoria, disposición genético cultural, de hechos y protagonismos del pueblo argentino, justificarán este glorioso día.

 

Una explicación de lo sucedido el 17 de octubre de 1945

A modo de resumen de lo tratado hasta acá en nuestra página y que podemos definir como factores determinantes del desencadenamiento del 17 de octubre de 1945 o, como la gesta revolucionaria resultante de los mismos, enumeramos los siguientes puntos concurrentes:

  1. La cadena genética político-socio-cultural del pueblo argentino, heredada fundamentalmente de España y que consiste en un alto grado de conciencia en la participación colectiva sobre la toma de decisiones.
  2. La continuidad del Movimiento Nacional en la historia de los argentinos, expresado anteriormente por la misión libertadora y de unidad continental de San Martín; por Rosas y el pueblo que lo sostuvo; por las luchas del Federalismo y por la Revolución Radical de 1890, que posibilitará veinte y seis años después, que Yrigoyen sea presidente mediante la Ley Sáenz Peña, arrancada como concesión parcial a la oligarquía.
  3. Que como consecuencia de la asunción de un gobierno elegido libremente por el voto popular, el de Yrigoyen, la oligarquía, volviendo sobre sus pasos, lo derroca y, previo paso por el experimento “nacionalista” de Uriburu, instaura un sistema de democracia fraudulenta, denominado por ellos mismos como del necesario “fraude patriótico”.
  4. Que estos mismos hechos marcan el agotamiento del radicalismo al consolidarse como un partido más del sistema demo-liberal y su renuncia o incapacidad a cristalizarse orgánicamente como movimiento.
  5. Que esta misma crisis del radicalismo, deja selladas con absoluta claridad las insuficiencias del sistema de representación y de la democracia indirecta para resolver las grandes cuestiones nacionales -entre ellas la participación colectiva del pueblo en la toma de decisiones y en la ejecución de las acciones-, de la cual participaban todos los partidos conocidos o mejor dicho solo los reducidos núcleos de conducción de cada uno de ellos. Este sistema se torna indefendible y queda desenmascarado como ficción democrática. Solo es una apariencia de democracia y la representación “una impostura” (69). Una falsedad que llevará necesariamente a la búsqueda de un sistema de democracia directa.
  6. Que el sistema de encuadramiento sindical de los trabajadores es insuficiente y está dividido según las varias tendencias políticas que en el se expresan, de las cuales ninguna responde a un pensamiento nacional y que, sobre todo esto, muchos trabajadores no participan ni se encuentran afiliados a ningún sindicato, agrupamiento o central sindical. Que, por lo tanto, no tienen poder para obtener medida de justicia laboral alguna. Sus luchas suelen ser heroicas, pero sin resultados. Está agotado.
  7. Que la “década infame”, 1930-1943, marca la cúspide de la entrega del patrimonio nacional, como también el más alto grado de pobreza y miseria del pueblo argentino. Argentina es declaradamente una colonia inglesa.
  8. Que la Revolución del 4 de junio de 1943 no es un golpe de estado, sino un pronunciamiento revolucionario donde comienza el parto al final del cual nacerá el peronismo.
  9. Que la maduración de la formación personal de Perón ha llegado a un nivel superior y la preparación de la situación política, por él y por quienes lo acompañan, entre ellos cuadros y dirigentes políticos escindidos de fuerzas tradicionales, más el definitivo acompañamiento de los trabajadores, se acerca inexorablemente a un punto de decisión, donde debe ocurrir algo trascendente. Nada de lo realizado puede resultar indiferente para los dos grandes actores de la política en ese momento, Perón con el pueblo trabajador y la oligarquía. 
  10. Que la acción de Perón al frente de la Secretaría de Trabajo, no tiene punto de retorno. Podrán vulnerarse las conquistas alcanzadas, pero la huella en la conciencia es indeleble. 
  11. Que el encuentro entre Perón y Evita, los sostiene afectivamente en forma mutua y es decisivo para ellos y para el futuro del pueblo argentino.
  12.  Que el aserto de Raúl Scalabrini Ortíz en su famoso poema “Al 17 de  Octubre”, en cuanto a que el 17 de Octubre de 1945 fue la acción  colectiva del “subsuelo de la patria sublevada”, para rescatar a Perón de su detención y en defensa de los derechos adquiridos, alcanza total y plena autenticidad. Se verifica en la realidad y el pueblo es el protagonista esencial.
  13.  Que un valor como la lealtad surge de las entrañas del pueblo. Este sale en defensa de quién por él ha dado y entregado todo. Responde colectivamente y sin titubeos. La gratitud aflora y se juega el todo por el todo por la libertad de su líder. “Los valores permanentes afloran siempre”, dice Perón. Nada más cierto. Por eso el 17 de octubre es el DIA DE LA LEALTAD.
  14.  Que es un acto de poder popular por fuera de los mecanismos de limitadísima decisión conocidos hasta ese momento, esto es los partidos políticos y las estructuras sindicales. Por eso es un acto revolucionario.
  15. El pueblo impone su voluntad y la gesta del 17 de octubre resulta ser un acto de estricta justicia al alcanzar sus máximos objetivos: la libertad del coronel Perón y la defensa de todas las conquistas.

 

Los Hechos: 

 Los meses inmediatamente anteriores, agosto y septiembre, son como la recta final-final, de un largo camino transitado que conduce a la gesta del 17 de octubre.

 La cuerda política, como hemos visto, se está tensando. Todo lleva a una situación que debe tener inevitablemente una resolución a corto plazo. Es lo que va a suceder.

 Las causas inmediatas. Dos: la acción política y social de Perón y la descarada intervención de Estados Unidos apoyando a las fuerzas oligárquico patronales, que no toleran que la Secretaría de Trabajo y Previsión realice la justicia social, y que conduce –Braden- a las fuerzas de oposición que le hacen de furgón de cola, declamando los principios de “libertad y democracia”.

  El discurso de Perón del 1 de mayo de 1945 en conmemoración del día de los trabajadores había dejado profundas huellas, tanto en la conciencia de estos como en la de las patronales. Había puesto las cosas en blanco sobre negro y sus conceptos sobrevolaban todo el clima político de estos momentos previos al 17 de octubre. Nadie podía ignorarlo. Dos párrafos del mismo adquieren significativa importancia: “……Yo he removido este estado cosas y por haber salido en defensa del derecho de los hombres que trabajan, mi nombre ha de ser execrado por los que vivían felices con la infelicidad de cuantos contribuían a levantar e incrementar su fortuna ¡bendigo a Dios por haberme hecho acreedor a tal execración!….

….Se me tacha de haber agitado la conciencia obrera del país, de haber creado un problema social que no existía, cuando lo que he hecho ha sido buscar los medios para encontrar soluciones a algo que se venía ocultando. En vez de ocultarlo, lo he puesto al descubierto para que todos supiéramos dónde estaba el mal y que pudiéramos hallar los remedios más convenientes.

La táctica ha sido muy otra de la que habían seguido los gobiernos de las últimas décadas; la táctica anterior consistía en fingir un bienestar social, acreditado tan solo por el orden aparente de la calle, con la finalidad exclusiva de no perturbar las buenas digestiones de la burguesía dorada. El destino económico de los trabajadores estaba exclusivamente en manos de los patrones. Si no las satisfacía un pedido de reivindicación de los trabajadores, se negaban a formar parte de los Consejos de Trabajo que autorizaba la ley 8.999 y, ante esta negativa, el Estado ya no podía intervenir. Y si los obreros organizaban un movimiento de protesta o adoptaban cualquier actitud defensiva de sus derechos, quedaban fuera de la ley y expuestos a la represalia patronal y a la represión de la policía.”

  Absolutamente claro.

 


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EVA DUARTE POR ESOS DIAS:

“ …Al principio, aquella frágil mujer rubia no quería hablar de sí misma. Me seguía como una sombra, me escuchaba atentamente, asimilaba mis ideas, las elaboraba en su cerebro hirviente y agilísimo y seguía mis directivas con una precisión excepcional. En dos o tres meses, Eva Duarte había sido capaz de transformarse en una colaboradora indispensable. Fue en ocasión de los sucesos de 1945 que demostró un coraje fuera de lo normal y personalidad extraordinaria (70)

 


Agosto-Septiembre de 1945

El día 1º de agosto, y en línea con lo anunciado por el presidente Farrell el 6 de julio, se anuncian las modificaciones al Estatuto de los Partidos Políticos. Se reconocían a los tres partidos más importantes: Unión Cívica Radical, Demócrata Nacional y Socialista, a los que se mencionaba como de “actuación tradicional y raigambre histórica”. Todo un reconocimiento muy significativo. En general se adoptaban las medidas más generales que había sugerido la oposición, entre ellas, el restablecimiento del sistema de lista incompleta.

Lo increíble o no tanto, fue que, los propios partidos que habían reclamado esas normas, siguieron impugnando el Estatuto. La punta de lanza “jurídica” fue la Cámara de Apelaciones en lo Federal, que lo rechazó de plano.

  

¿Qué estaba pasando en realidad? Lo que estaba pasando era que había un plan para derrocar al gobierno o descabezarlo, desplazando a Perón del mismo. Para eso había venido Braden y en eso había convenido toda la oposición, aunque con diferencias en el proceder. Había distintos objetivos y planes, según el sector que encabezara las acciones.

– Un plan era el derrocamiento liso y llano del gobierno y su reemplazo por  la Corte Suprema de Justicia. (Rawson)

– También otro plan tenía como objetivo entregar el gobierno a la Corte Suprema de Justicia, pero desvinculado de las acciones de Rawson. (Braden y oligarquía)

– Otro plan era desplazar a Perón y mantener a Farrell con un llamado a elecciones generales. (Avalos desde Campo de Mayo y Sabattini, UCR)

– Y por último otro plan, también manteniendo a Farrell, pero asesinando a Perón. (Escuela Superior de Guerra)

   De todos modos y fuese como fuese la planificación del golpe militar en contra del gobierno de Farrell y de Perón, al haber convocado este a elecciones en julio y ahora en agosto dictar el nuevo estatuto, la oposición quedaba al descubierto, en tanto que, rechazando el estatuto se contradecía a sí misma. Era ella, la oposición, quien había pedido, las elecciones y el estatuto. El gobierno, astutamente le concedió ambas cosas y la desenmascaró.
 El resultado fue que debió salir a la calle, como veremos enseguida y redoblar la acción política con mítines y manifestaciones, muchas veces violentas, en un intento de acorralar al gobierno y derrocarlo.

   El 7 de agosto, en un escenario muy significativo como lo es el Colegio Militar de la Nación, pronuncia un discurso nítidamente político y social, que tiene toda la connotación de un programa y proyecto para un movimiento político que está por nacer. Si había un espacio donde sus palabras podían resonar y calar hasta lo más hondo, ese era el lugar que eligió. Ahí se dirimían pensamientos a su favor y en su contra y estaban expresadas en los jóvenes cadetes las distintas posiciones socio-económicas y políticas de la sociedad argentina. Sin embargo no le tembló la voz y habló nuevamente con claridad y contundencia.

Algunos párrafos de ese discurso fueron los siguientes: “El centro de gravedad de la Revolución ha tenido distintas etapas: una etapa económica, una etapa social intensa y, ahora, la etapa política; vale decir que, por un tiempo, el centro de gravedad de la acción estará en el aspecto político.” Prosigue más adelante: “Es la política social, como se ha llamado, que el gobierno ha desarrollado y que nos ha traído sin lugar a dudas a toda la masa de trabajadores del país. Una muestra se la hemos dado cuando pusimos de 250.000 a 300.000 personas en Diagonal y Florida (esquina de la ciudad de Buenos Aires), acto que podemos repetir en cualquier momento. Con apoyo similar y inicio mañana la reforma agraria y que se levanten después los señores terratenientes, que durante toda su vida han explotado el campo. Yo he nacido en el campo, soy un hombre de campo y sé como proceden. Ninguna sociedad anónima puede tener, como tienen algunas, de 1.200 a 1.500 leguas en la Patagonia. Eso no es posible, si seguimos con ese tren de cosas, pronto las compañías formarán provincias o gobernaciones por su cuenta. Ese problema va a ser encarado: la Revolución ha levantado la bandera de la reforma agraria y esa será una de las grandes conquistas de la Revolución.” Debe tenerse en cuenta en este punto que, ya el 15 de octubre del año anterior, se había establecido el Estatuto del Peón de Campo, con lo que se empezaban a romper los lazos de esclavitud que se tenía en las relaciones laborales patronales agropecuarias-trabajadores rurales.  

Prosigue diciendo Perón en ese discurso: “Es natural que contra esas reformas se hayan levantado las fuerzas vivas que otros llaman los ‘vivos de las fuerzas’, expresión tanto más acertada que la primera. ¿En que consisten esas fuerzas vivas? En la Bolsa de Comercio, quinientos que viven traficando con lo que otros producen. En la Unión Industrial, doce señores que no han sido jamás industriales, y en los ganaderos, señores que, como bien sabemos, desde la primera reunión de los ganaderos vienen imponiendo al país una dictadura.” Y concluye redondeando y cerrando la identificación de la reacción: “Esta es la famosa reacción en la que verán ustedes que están los señores que han entregado siempre al país. Están los grandes capitalistas, que han hecho sus negocios vendiendo al país; están los abogados, que han servido a empresas extranjeras para escarnecer y vender el país; están algunos señores detrás de ciertos embajadores, haciendo causa común con ellos para combatirnos a nosotros, que somos quienes estamos defendiendo al país; están los diarios pagados, en los que aparecen artículos de fondo, con las mismas palabras enviadas desde una embajada extranjera y frente a una página pagada por esa misma embajada. Esos son los diarios que nos combaten. ¡Mucho honor en ser combatidos por esos bandidos y traidores! Esos son los que han organizado la reacción. No había entrado todavía en las fuerzas armadas, pero ya se ha introducido y tenemos la contrarrevolución en marcha; la debemos parar, haciendo todo lo que sea necesario hacer.”

 

   La oposición sale a romper vidrieras. Así es, en el marco del enfrentamiento creciente, los sectores políticos tradicionales, más el agregado de los estudiantes y militantes de la izquierda comunista y socialista, salen diariamente a manifestar su oposición a Perón. La violencia crece, porque esas manifestaciones incluyen sistemáticamente la ruptura de vidrieras y los tiroteos provocan dos muertos. Perón responde a todas estas acciones el 11 de agosto con un discurso ante la presencia de obreros y delegados gremiales: “Hace unos días, bandas de jovencitos acicalados (Sinónimos: relamidos, adornados, emperifollados, ataviados, maquillados), recorrían las calles céntricas de Buenos Aires rompiendo vidrieras, porque sentían ansias injustificadas de liberación y reivindicación de derechos. Pero no recordaban que nuestros trabajadores, con centavos restados a veces a la necesidad, les estaban costeando los estudios.”

 

 Obsérvese la dramática paradoja política que se plantea: grupos políticos de izquierda, que supuestamente dicen defender los derechos obreros, se enfrentan abiertamente con quién, sin equívoco alguno, instaura las normas y decretos en defensa de esos mismos derechos. Lo mismo hacen los grupos conservadores, de quienes no se podía esperar otra cosa: se les estaba tocando el bolsillo. Unos y otros bajo lemas de “democracia y libertad”, arremetían objetivamente contra los intereses populares. Atrás de ellos, Estados Unidos.

El embajador Braden no pierde el tiempo. Se había puesto al frente de la maniobra contra Perón y conducía a la oposición. Los argumentos: habla de la necesidad de derrotar a los “demonios antidemocráticos”, de defender los “derechos del hombre” y de las “democracias victoriosas” (léase el rol que se auto adjudicaba Estados Unidos como reciente vencedor en la 2ª Guerra Mundial). Estos son los términos que utiliza en un acto político disfrazado de clase magistral, en el teatro Opera de la ciudad de Buenos Aires el día 17 de agosto.

Un banquero de rancio apellido, Carlos Alfredo Torquinst, oligarca hasta el tuétano, se encarga de despejar cualquier duda acerca de cómo es recibido Braden en la sociedad política argentina. Dice en una carta que escribe cuando el embajador norteamericano está a punto de irse del país: “Usted fue para todos nosotros la columna vertebral de una sana reacción.” Un argentino (¿?), diciéndole a un embajador yanqui, que él es la columna vertebral de las decisiones de un sector de la comunidad argentina. ¡Sin vergüenza, sinvergüenza! La carta fue publicada por el diario Noticias Gráficas algunos años después, exactamente el 2 de agosto de 1949.

El día 18 de agosto la Federación Universitaria de Buenos Aires declara una huelga para los días 20 y 21. ¿Algún reclamo estudiantil? Ninguno. Una simple y clara muestra de repudio al Coronel Perón. Así fue la historia posterior de la intelectualidad universitaria argentina frente al peronismo. Siempre en la vereda de enfrente. 

El 20 de agosto comienza formalmente la campaña de la Junta Coordinadora Democrática, que va a desembocar en el frente llamado Unión Democrática, donde concurrirán a unirse políticamente radicales, socialistas, comunistas y conservadores.

También a principios de agosto se inaugura la 59º exposición ganadera en la Sociedad Rural. Son abucheados y silbados en ese acto de inauguración, todos los funcionarios del gobierno presentes.

El 21 de agosto Perón en una concentración de obreros ladrilleros manifiesta: “Cuando se dice pueblo, somos nosotros, y cuando se dice aristocracia, capitalismo y otras cuantas calificaciones, son ellos.”

El 24 de agosto, en Washington, el Secretario Adjunto de Estado, Nelson Rockefeller critica duramente al gobierno argentino por sus políticas internas y externas. Renuncia al día siguiente y es reemplazado por el embajador en Argentina Spruille Braden, que, igualmente se quedará en nuestro país un tiempo más para terminar de organizar a la oposición. 

El 28 de agosto Perón dirige un mensaje por radio directamente destinado a los estudiantes: “Políticos oscuros que se mueven desplazados definitivamente del escenario nacional, están agazapados, planean e impulsan todo un movimiento de resistencia, al que bregan por sumar vuestros impulsos generosos, en un juego que intentan llevar hasta la avanzada armada, buscando su propia perdición. Serenamente y para vuestro propio bien os digo: ¡Tened cuidado, no les hagáis el juego!” 

Un historiador como Félix Luna, que no fue para nada peronista, parece, sin embargo, estar en pleno acuerdo con Perón. Escribe lo siguiente respecto del proceso de normalización de la FUBA (Federación Universitaria de Buenos Aires): “….hacia fines de mayo el proceso de recuperación estaba terminado: lo que no advirtieron los eufóricos muchachos de FUBA era que la normalización de las universidades significaba automáticamente su entrega a la añeja oligarquía profesoral.” Efectivamente, pocos meses después de mayo, unos y otros estarían en la calle contra Perón. (71)

El 28 de agosto institutos culturales argentinos-norteamericanos, organizan una cena en “honor” del embajador Braden que está pronto a partir en las próximas semanas. La concurrencia es numerosísima. Cerca de 800 comensales aplauden y vivan eufóricos al discurso que pronuncia el embajador. 

El mismo es violento, irónico y apunta directamente a Perón y al gobierno argentino. El diario La Prensa, que está a favor de Braden, el 29 lo publica completo y lo califica inusualmente agresivo e insolente. Félix Luna en “El 45”, lo reproduce tal como lo publicó el diario mencionado.  

Solo un párrafo del mismo puede dar la idea cabal de hasta donde este embajador y su país estaban comprometidos en conducir la política argentina. Dice en relación a la orientación política del gobierno de Farrell y de Perón: “….No seríamos leales a nuestra patria y a los países que profesamos defender, sí una vez descubiertas ciertas actividades no las denunciásemos abiertamente (¡bravo! aclaman los presentes) y no nos aprestáramos a eliminarlas de raíz (¡muy bien! otra aclamación, entre muchas)….”
 El diario La Nación, en su editorial se refirió al mismo de este modo: “La opinión democrática argentina coincide con la posición de Mr. Braden respecto al problema de la libertad en América y desea expresar que consideraría como una actitud amistosa para nuestro pueblo y nuestra democracia, su confirmación como secretario de Estado adjunto para los asuntos latinoamericanos”.

Firmaban el editorial, entre otros conservadores oligarcas: Victoria Ocampo, Adela Grondona, Ana R. Schliepper de Martínez Guerrero, Juan Antonio Solari, Sara Álvarez de Ezcurra, Alejandro Ceballos, Raúl Monsegur, Bernardo Houssay y Mariana Sáenz Valiente de Grondona.

El día 1º de septiembre el Partido Comunista realiza un acto en el Luna Park donde apunta toda su artillería al gobierno y a la persona de Perón. No se distingue entre un acto comunista y uno conservador. Son iguales.

Marcha “de la constitución y de la libertad”

Para el día 19 de septiembre está anunciada por la oposición una marcha política de envergadura.

  

Perón, el día 18 en un mensaje radial, señala crudamente cuales son los objetivos de la marcha: “La anunciada convocatoria sólo encubre un acto más de la lucha sin cuartel que oscuras fuerzas de regresión están librando contra el gobierno. Mañana puede haber desórdenes y quizá lucha; ser realizará en un campo tremente de pasiones políticas extrañas a vosotros y a vuestros intereses…..” Continua diciendo: “….Todas nuestras reformas son atacadas por los terratenientes, por la oligarquía, representada por las fuerzas vivas de la industria, del comercio y de una parte de la producción, sobre todo de la ganadería. Frente a ellos nosotros estamos librando una guerra que yo he clasificado claramente. El dilema se resuelve así: la oligarquía cede y cae o caemos nosotros. Les ruego que ustedes difundan estas ideas entre todos los obreros para que se establezca claramente que la causa que nosotros defendemos debe ser también defendida por los trabajadores, porque el futuro es siempre incierto y solo puede salvarse si ustedes se mantienen unidos en todo lugar y en todas las circunstancias defienden la obra que es para bien de todos a despecho de todos los que se oponen…”

  

Para evitar enfrentamientos y lamentar más víctimas de las ya sucedidas en provocaciones previas, cierra ese mensaje con una consigna que pasará a la historia: “…del trabajo a casa y de casa al trabajo.”

  

Braden, por su parte informa a su gobierno lo siguiente: “Los planes para la llamada Marcha de la Constitución y de la Libertad, sobre la cual informamos en nuestro despachos 793, están recibiendo un apoyo entusiasta de todos los segmentos de la población. Todos los partidos políticos han dado su respaldo, muchas organizaciones sindicales y profesionales han manifestado; la mayor parte de las fábricas proyectan autorizar la concurrencia de sus empleados. la Federación Universitaria de Buenos Aires ha declarado un día de paro y los teatros y cinematógrafos estarán cerrados hasta las 19 hs…..” (72)

  

El día 19 entonces, toda la oposición realiza una marcha que fue desde Congreso hasta Plaza Francia de la ciudad de Buenos Aires y pasará a la historia como la Marcha de la Constitución y de la Libertad. Queda claro que, cuando la oligarquía dice libertad, habla de la de ellos. El resultado de este pensamiento, no declarado, sí encubierto e inconfesable, es el estado de miseria y postración de la mayoría del pueblo argentino. Ese es el sistema de la “libertad”.

  Ciertamente resultó ser un acto político de suma importancia. Las cifras de asistentes oscilan, según quién las calcule, entre 60.000 a 200.00 personas y aún más todavía. Sin importar el número exacto, hay que convenir que fue, desde ese punto de vista, un acto que envalentonó a la oposición por la escala de asistentes.
    La concurrencia congregó a algunos trabajadores de gremios de izquierda, a la clase media de los partidos socialista y radical y a la oligarquía en pleno.

   Una de las varias notas destacadas de esta marcha, fue la increíble entonación de La Marsellesa por parte de los asistentes. Sindicalistas de izquierda y oligarcas unidos por el himno de Francia. En rigor, por la marcha que expresa la revolución burguesa y liberal por excelencia, la Revolución Francesa. Curiosa alianza política contra un movimiento nacional naciente.

   La marcha era encabezada por grandes carteles con la imagen de Rivadavia, Mitre, Sarmiento, Urquiza, Echeverría. ¿Quienes otros sino ellos podían encabezarla? Estaban también San Martín y Belgrano, ¿Recordación de los enormes seres humanos de espíritu, y carne y hueso que fueron estos últimos, o carteles como las vacuas estatuas de bronce con que la oligarquía recuerda a los que sí fueron patriotas, para no decir verdaderamente que hicieron por la Argentina?



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Imagen de Rivadavia durante la marcha

 



Detrás de estas imágenes marchaban entre muchos otros, los radicales José P. Tamborini, Enrique Mosca, Ernesto Sammartino y Gabriel Oddone; los socialistas Alfredo L. Palacios, Nicolás Repetto, Américo Ghioldi y Enrique Dickman; los comunistas Rodolfo Ghioldi, Pedro Chiaranti y Ernesto Guidici; el demócrata progresista Luiciano Molina y los conservadores que resultan ser mayoría, como Federico Pinedo, Luis Reissig, Juan J. Real, Antonio Santamarina, Joaquín de Anchorena, José María Cantilo, Diógenes Taboada, Ricardo Levene, Gregorio Aráoz Alfaro, Carlos Saavedra Lamas Eduardo Benegas, Mariano Castex, Enrique Butty y Horacio Rivarola. Desde el radicalismo, el comunismo, el socialismo y hasta la oligarquía conservadora, toda la oposición estaba presente.

   Y si algo faltaba, en Plaza Francia se unió a la manifestación el embajador de los Estados Unidos, Spruille Braden. Todo muy claro.



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Buenos Aires 19 de septiembre de 1945, ” Marcha de la libertad”



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Así descansó la oligarquía sobre el césped de Plaza Francia, luego de la 
“Marcha de la libertad”



Una nota de brutalidad femenina: La oligarquía argentina, afrancesada como ninguna, refinada como pocas, y de real y manifiesto, exquisito, delicado y elegante buen gusto en la elección de la arquitectura y de todos los accesorios con que adorna sus vidas, no deja de perder la oportunidad en mostrar los signos de la brutalidad que impregna su espíritu para con los pobres y para con quienes defienden la dignidad humana. Ahí pierden todo su recato y su elegancia para transformarse en verdaderas excrecencias. Es el caso citado por Félix Luna en su obra “El 45”, cuando refiere que por esos días, tres damas de la alta sociedad porteña escupen la puerta del domicilio del coronel Perón. Fueron ellas, las “señoras” Moreno de Zuberbuhler, Quirno Costa de Pampón y Achával de Santamarina. Llevado el caso a la justicia fueron sobreseídas. Obvio. 



Además de las consignas dirigidas directamente a Perón y a Farrell, una sobresale nítidamente y es aquella que expresa “Ni gobierno del Ejército, ni gobierno en nombre del Ejército”, “El gobierno a la Corte”. Esto es exactamente lo que la oposición pretende. 

Como bien dice Potash: “La Marcha de la Constitución y de la Libertad –sin duda una de las mayores manifestaciones en la historia de Buenos Aires- estuvo mucho mejor organizada que las operaciones militares que debían complementarla. Una de las principales dificultades fue la falta de unidad entre los grupos militares dispuestos a actuar. No apareció ningún jefe militar que tuviese prestigio suficiente para concitar el apoyo de los diferentes elementos descontentos. También entre ellos se manifestaron agudas diferencias de táctica política. 

    Mientras el general Rawson, así como muchos oficiales de la Marina, aceptaron el reclamo civil de transferencia del poder al presidente de la Suprema Corte, ese no era el objetivo de los oficiales antiperonistas de la Escuela Superior de Guerra o de los jefes de unidades de Campo de Mayo.

    Estos dos últimos grupos estaban dispuestos a promover la eliminación de Perón, pero apoyaban el mantenimiento del general Farrell en la presidencia hasta que pudiese elegirse nuevo gobierno.” (73) Como veremos, en pocas semanas más y al final de este proceso, esto último será lo que habrá de suceder.



¿Donde estaba Perón el 19 de Septiembre de 1945?

Estaba en sede del Ministerio de Guerra, situado en la esquina de Callao y Viamonte de la ciudad de Buenos Aires, lugar por donde iba a pasar la marcha de la oposición. Solo como medida precautoria para evitar cualquier provocación, se ordenó cerrar las ventanas del edificio.

  

Cuenta el coronel Tanco que Perón les dijo: “Yo me voy a dormir; ustedes miren, calculen y después me informan.” Nada pasó, Perón demostró un temple y serenidad increíbles frente al peligro y tranquilizó a sus efectivos leales. Agrega Tanco: “Cuando todo hubo pasado, lo fuimos a buscar y dormía profundamente.” (74)



Los tres fotogramas que siguen, pertenecen a la película “Perón Sinfonía del Sentimiento”, de Leonardo Favio.
Fueron tomados del noticiero norteamericano United News, cuando Braden regresa a su país pocos días después de haber dejado de ser embajador en la Argentina, el día 23 de septiembre de 1945. Obsérvese el cuadro que encabeza la nota: “El pueblo argentino protesta contra el gobierno dictatorial”  Ese es el mensaje del imperio.



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Las fuerzas militares


El 24 de septiembre, el grupo militar encabezado por el general Rawson, inicia desde la ciudad de Córdoba un movimiento para derrocar al gobierno. Estaba apoyado por sectores de la Marina, que finalmente no participó.  

La intentona no pasó de esa misma noche, porque las fuerzas leales a Perón rodearon la sede militar desde donde partirían las fuerzas golpistas y se entregaron sin librar combate alguno. 

La proclama preparada por Rawson preveía “…y en cumplimiento de los preceptos constitucionales invita al presidente de la Suprema Corte de Justicia a asumir el gobierno nacional, respaldado por la autoridad de la fuerzas a sus órdenes…..” (75) 

Todo no pasó de una sola noche, pero evidenció el estado de insurrección de la oposición aparentemente decidida a todo.
    En la Escuela Superior de Guerra y en la guarnición de Campo de Mayo la situación es altamente inestable y solo se espera un pretexto para lanzarse contra Perón. Esto sucederá en pocos días más.  

Particularmente esta situación es delicada en Campo de Mayo, donde el general Avalos, en contacto con el dirigente radical Amadeo Sabattini, que está promoviendo un golpe de estado para derribar a Farrell y/o a Perón, parece, y en rigor lo hace, controlar la situación político militar de esa poderosa guarnición militar.  

De momento no es posible relevar a Avalos, pero esto ocurrirá naturalmente como consecuencia de los hechos del 17 de octubre.

El 26 de septiembre debió reestablecerse el estado de sitio.

  

Las autoridades de la Universidad de Buenos Aires, en acuerdo con los propios estudiantes, suspendieron las actividades académicas. El gobierno respondió clausurando formal y temporariamente a la Universidad. Se suceden desórdenes importantes en la Universidad de Buenos Aires y en la de La Plata, con intervención de las fuerzas policiales.


Octubre de 1945 

En clima de agitación creciente, los acontecimientos se suceden uno tras otro.

El día martes 2 de octubre, Perón firma del decreto 23.852/45 de Asociaciones Profesionales, por el cual se reconoce legalmente a las organizaciones sindicales como organizaciones de derecho público. Hasta acá los gobiernos tenían ese arma, la de tenerlas formalmente fuera de la ley, para que, ante el eventual agravamiento de cualquier conflicto laboral, se pudiera hacer desaparecer literalmente al sindicato involucrado y/o detener a sus dirigentes. El paso dado por Perón es gigantesco y la oligarquía, espantada, toma debida nota del hecho.

El día miércoles 3 de octubre, Perón, en una concentración de obreros ferroviarios en Remedios de Escalada, Provincia de Buenos Aires, pronuncia una vez más, un discurso fundamental para fijar posiciones: “Marchamos al ritmo de la evolución que el mundo señala. Por eso en el futuro seremos invencibles. Nuestra causa está ya ganada. No importa quién nos combate, ni las armas que emplee, ello podrá prolongar la lucha pero no ha de lograr impedir esa victoria que palpamos y debemos cristalizar cualquiera sean los inconvenientes que debamos vencer, porque tenemos la verdad por escudo, y quien marcha con la verdad –lo he dicho alguna vez- no necesita de espuelas.”

 

El día viernes 5 de octubre el gobierno nombra como Director de Correos Y Telecomunicaciones a Oscar L. Nicolini, amigo de Eva Duarte, pero fundamentalmente hombre de 25 años carrera dentro de la empresa estatal y que había pedido su ascenso al escalafón jerárquico. El nombramiento de Nicolini es desaprobado por el sector militar de Campo de Mayo opuesto a Perón. No importaban los méritos que hubiese podido tener la persona, era verdaderamente el pretexto que estaban esperando para arremeter contra Perón y especialmente si el candidato de este sector militar para ese mismo cargo era uno de sus componentes, el teniente coronel Francisco Rocco. El evidente hecho negativo personal que tuvo este oficial frente a la designación de Nicolini, fue una cuestión, pero el uso político que se dio al mismo, fue la verdadera herramienta que se utilizó contra Perón, no por el supuesto desaire, sí porque era la ocasión para cercarlo. 

 

El día sábado 6 de octubre registra dos reuniones entre el general Avalos, jefe de la guarnición de Campo de Mayo y el coronel Perón, ministro de guerra. 

La primera se produce en la misma sede del ministerio y Perón recibe el pedido concreto de que deje sin efecto el nombramiento de Nicolini. Como Perón no accede a la petición, Avalos recurre al presidente Farrell donde tampoco tiene éxito. En horas de la tarde se vuelve a reunir con Perón en su departamento de la calle Posadas y en presencia de Eva Duarte. No se produce ningún acuerdo, salvo el de reunirse nuevamente el lunes 8 de octubre con oficiales de Campo de Mayo. La invitación de Avalos para que se produzca esta reunión, supone que la misma debiera llevarse a cabo en Campo de Mayo. Perón acepta, pero para que se realice en la sede de su ministerio. 

 

 El día lunes 8 de octubre –fecha oficial del 50 cumpleaños de Perón-, a las 11 hs. se reúnen en el Ministerio de Guerra, su titular, el coronel Perón con 10 jefes militares de Campo de Mayo y otros 40 aproximadamente de la guarnición Buenos Aires, leales todos estos últimos a Perón, con lo cual queda clarísimo que la posición que traía Campo de Mayo, estaba en franca minoría.

No obstante esta relación de fuerzas, los oficiales de Campo de Mayo exigen la renuncia de Nicolini. Perón rechaza de plano tal posibilidad y como relata el general Franklin Lucero años más tarde en su libro “El precio de la Lealtad”, les había dicho a los jefes rebeldes: “Yo no puedo continuar así. Primero impusieron que el doctor Bramuglia abandonara la intervención de Buenos Aires, yo le pedí que renunciara, en beneficio de nuestra concordia; luego impusieron al Ministro del Interior la eliminación de la Subsecretaría de Informaciones y Prensa y también se realizó. Ahora exigen la renuncia del señor Nicolini, nombrado por el presidente a propuesta del Ministro del Interior. Yo no estoy dispuesto a intervenir para que renuncie; prefiero irme a mi casa.” 

Continuó diciendo Perón, que si el Ejército no le ratificaba la confianza él pediría su retiro y dirigiéndose directamente a Avalos cerró su intervención del siguiente modo: “Pero si se me ratifica la confianza serás vos el que te retires del Ejército, porque estas cosas tienen que terminar de una vez”. (76)

Dicho esto, Perón se retiró de la sala del 5º piso del ministerio donde se llevaba a cabo la reunión, aclarando que lo hacía para que se debatiera libremente sin su presencia. El, por su lado, se dirigió al lugar del mismo edificio donde la suboficialidad le había preparado un agasajo con motivo de su cumpleaños. Así fue que abandonó el lugar y los 50 oficiales presentes se dieron a la discusión de la realidad política personalizada en Perón, pero que en rigor estaba jugándose el destino político de la Argentina, en una jornada decisiva más de las muchas y sucesivas que se vivían desde hacía un tiempo y que perdurarían por unos días más. Exactamente hasta el día 17 de octubre.

Cuando Perón regresó del agasajo, la reunión duró muy poco más y quedó absolutamente clara la posición minoritaria de Campo de Mayo, con el agregado de que Avalos insinuó la presentación de su propio retiro. 

De este modo regresaron los rebeldes a su guarnición en Campo de Mayo. Al llegar y reunirse el jefe de la guarnición, Avalos, con oficiales de todas la unidades, se produjo un levantamiento de hecho que comenzó con un petitorio de todos esos oficiales a su propio jefe, a quien, por otro lado, se le pidió que no presentase su retiro.

El petitorio contenía 3 puntos: la renuncia de Perón a todos sus cargos, convocar a elecciones generales y que se garantizara que las mismas fuesen enteramente libres. De hecho se mantenía a Farrell como presidente y la guarnición se asumía como garante de los objetivos de la revolución del 4 de junio. 

Eso era lo que pensaban de sí mismos, ignorando las demás tendencias dentro del ejército y obviamente desconociendo todo lo realizado por el gobierno revolucionario, especialmente en lo social. Evidentemente era una reacción frente a la política de reivindicación, en los hechos, de los trabajadores. No era la primera, Rawson ya había hecho su intentona, ni la última tampoco.

En lo militar, sin ignorar que se desconocía a ciencia cierta la actitud del resto de las divisiones de ejército del interior del país y con la seguridad de que la guarnición Buenos Aires, respaldaría a Perón, se hicieron todos los aprestos bélicos para marchar sobre la capital argentina. 

Pensaban que marchando sobre Buenos Aires, iba a producirse una reacción civil que apuntalaría su accionar bélico. Sin lugar a dudas los hechos del 6 de septiembre de 1930, estaban muy frescos y presentes. Imaginaban algo parecido.

   Sobre la tarde de ese mismo día 8 de octubre, Perón envío a dos altos oficiales, Tanco y Lucero, para comprobar la real situación en Campo de Mayo. Ambos se reunieron con Avalos y este simuló que había tranquilidad en las unidades bajo su mando, lo que no convenció de modo alguno a sus interlocutores.


Renuncia de Perón


El día martes 9 de octubre la situación en Campo de Mayo llegó al límite. Sobre las primeras horas de la mañana, se realizaron todos los aprestos bélicos para marchar sobre Buenos Aires con el fin de provocar el alejamiento de Perón. Avalos, su jefe, insistió a sus subordinados que debían esperar algunas horas más, seguramente porque quería evitar un enfrentamiento directo, mientras él invitaba al presidente Farrell a trasladarse a Campo de Mayo para que conociera de cerca la situación, cosa que el presidente aceptó.

   Pasadas las dos de la tarde arribó Farrell, acompañado de los generales Diego Masón, Carlos Von der Becke y Juan Pistarini y del ministro del interior Dr. J. Hortensio Quijano.

   La reunión se realizó en el comedor del comando de la guarnición y asistieron a ella, los recién llegados, más el jefe de la guarnición y los jefes y oficiales de las unidades de la misma en número de cien aproximadamente.

   Avalos hizo uso de la palabra en primer lugar diciendo: “El señor presidente ya ha sido informado por el que habla del pensamiento y la decisión de Campo de Mayo. Ahora, los oficiales aquí reunidos esperan su respuesta.” (77)

La respuesta de Farrell consistió en pedir reflexión a los oficiales por la posibilidad de un levantamiento obrero en respaldo a Perón y la sugerencia de que se le otorgara algo más de tiempo para que se retirara voluntariamente.
Avalos nuevamente tomó la palabra para decir esta vez: “Estamos cansados de los engaños y los procedimientos equívocos del coronel Perón.”(78), para exigir a continuación que esa misma tarde debía producirse el alejamiento de Perón de todos los cargos públicos. Farrell, dirigiéndose a todos los presentes preguntó si esa era la voluntad de los mismos, a lo que se le respondió: “¡Si señor!”(79), lo que parece haber sido expresado a los gritos y repetidamente.
 

Farrell pidió entonces que, para deliberar mejor, la reunión fuese acotada a los generales presentes, pero previamente intercedió Quijano, tratando de salvar la posición de Perón. Fue escuchado por el conjunto de los presentes que todavía no se había retirado por el pedido del presidente.    

Concretamente lo que hizo Quijano fue asumir la responsabilidad por la designación de Nicolini en el Correo, ya que la misma llevaba su firma. A su planteo se le respondió que le había sido impuesta y que ese no era el problema que se debatía. A confesión de partes…, dice el sabio aforismo, relevo de pruebas. Quedaba absolutamente claro que la designación de Nicolini no era el problema central, ni mucho menos tampoco. El problema, inconfesable desde luego, era la política social de Perón. Atrás de este grupo, léase Avalos, estaba, al decir de Perón, “ese tanito de Villa María”, Córdoba, en clara referencia a Amadeo Sabattini que alentaba un golpe para una salida electoral a su conveniencia.    

Aclarada esta cuestión se formalizó la reunión de los generales con Farrell. En ella el presidente ofreció su renuncia, la que le fue rechazada y quedó decidido que se le pediría a Perón su renuncia. Farrell se lo anticipó telefónicamente y luego se convino que fuese el general Pistarini, amigo de Perón, quién fuese personalmente a solicitársela, lo que así ocurrió.



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A las cuatro de la tarde llegaron al ministerio los generales Pistarini y Von der Becke, acompañados del ministro del interior Dr. Quijano para entrevistarse con Perón. 

Luego de la entrevista, Perón ordenó la suspensión de todas las maniobras militares represivas que estaban planificadas y en espera de su orden para ser iniciadas. 

En verdad Perón estaba acompañado por numerosísimos oficiales de alta graduación, que le expresaban su apoyo y que querían combatir, todos. La relación de fuerzas le era ampliamente favorable. Las 2da y 3ª divisiones de ejército con sedes en La Plata y Paraná le eran leales, lo mismo que distintos regimientos de la guarnición Buenos Aires, el Colegio Militar, la Aviación Militar y la Policía Federal. Sin embargo, ha de comprenderse que el proceso por él iniciado dos años antes en la Secretaría de Trabajo y Previsión, era irreversible, porque se había instalado y penetrado en la conciencia de los trabajadores. No estaba en Perón teñirlo de sangre, cuando era muy factible que el proceso político le abriera las puertas constitucionales para llegar al poder. Los hechos le darán la razón al año siguiente y la sangre habrá sido ahorrada.

De tal modo que, a pesar de la situación militar favorable, de puño y letra, redactó el siguiente escrito: “Excelentísimo señor Presidente de la Nación: renuncio a los cargos de Vicepresidente, ministro de Guerra y Secretario de Trabajo y Previsión con que vuestra excelencia se ha servido honrarme.”

Al entregársela a Pistarini, le dijo a este: “Esto es para que vean que no me ha temblado la mano.” y, recordando el hecho tiempo más tarde, dice Perón: “Se había cerrado un capítulo de mi existencia. Di gracias a Dios por haberme permitido hacerlo sin sacrificar una sola vida en holocausto de la irreflexión o el apasionamiento.” Eran las seis de la tarde.

La noticia fue conociéndose sobre la tarde noche de ese día y el centro de la ciudad de Buenos Aires, como de otras ciudades fueron transformándose en verdaderos hervideros y sucedió lo inevitable: choques entre peronistas y antiperonistas con varios heridos como saldo.  

La euforia del antiperonismo era tal, que el factor económico, siempre presente y detrás de todos estos hechos, acusó una clara reacción: al conocerse la renuncia de Perón, subieron en Londres el valor de las acciones de las empresas de ferrocarriles inglesas en Argentina, como también en Nueva York otros valores financieros.

 


A partir de este instante histórico, el 9 de octubre de 1945, con la renuncia de Perón a sus tres cargos, todo el proceso que ya venía acelerándose día a día en los últimos meses, se torna arrollador, porque la velocidad se multiplica y pareciera que la historia argentina va a cristalizar en poquísimos días todo lo que pudo gestar en años, décadas o tal vez siglos. Lo que está ocurriendo es que, como “los valores permanentes, afloran siempre”, según el propio Perón, es como si se hubiesen concertado a brotar al unísono y en un solo segundo de nuestra historia. 
    El pueblo pugna por defender a sus conquistas y a su líder. La oligarquía, que cree haberse desembarazado de un tempranamente molesto y luego odiado coronel, cae rápidamente en cuenta que todo vuelve a resurgir y se torna incontrolable. Cae en la parálisis, en la locura de querer matar, en su propia inoperancia por la desarticulación de sus fuerzas y nada puede hacer para controlar al pueblo trabajador.
    Este va a ser el único actor político y social en demostrar absoluta coherencia. Aún inorgánicamente, pues no estaba encuadrado en ninguna organización política y al decir de Perón todavía era masa, su intuición, olfato, conciencia y decisión va a promover y producir hechos en la misma dirección: la libertad de su jefe y la defensa de su dignidad revalidada. Todo lo que haga va a concluir en esos dos objetivos. 
     La Argentina es un volcán a punto de estallar. Es lo que va suceder y como bien lo dice el contradictorio Félix Luna, “No hay nada en nuestra historia que se parezca a lo del 17 de Octubre”, mal que le pesó a unos cuantos, a Estados Unidos e Inglaterra y para bien de la mayoría humilde y trabajadora, pero que, con una mirada hacia delante, será el espejo para la mayoría de los argentinos.



El día miércoles 10 de octubre el presidente Farrell acepta la renuncia de Perón y designa como ministro de guerra al general Avalos.

Perón, supuestamente derrotado y que en rigor acababa de perder una batalla, pero solo eso, una batalla, pero no derrotado, convoca a los trabajadores a una concentración para despedirse de ellos frente a la Secretaría de Trabajo y Previsión.

Previamente se había reunido con una delegación de dirigentes sindicales en su casa de la calle Posadas. Algunos de los concurrentes fueron Luis Gay, Alcides Montiel, Ramón Tejada y Cipriano Reyes. Debe tenerse en cuenta un aspecto clave de esta delegación de dirigentes, y es que no vienen en representación de la C.G.T., sino de sus sindicatos.  Esta cuestión, sumada a la espontaneidad del pueblo en movilizarse será decisiva en la jornada del 17 de octubre. “No fue la C.G.T., no fue la señora de Perón quienes produjeron el 17 de octubre…..”, dirá Evita años más tarde en su libro “La Razón de mi Vida”.

Ahí se gestó la idea de hacer la concentración y en pocas horas se llevó a cabo. Un acto de poder y demostración de fuerzas que deja atónitos a sus adversarios. Debe tenerse presente que acababa de renunciar por presión de fuerzas militares y aún así realizaba ese acto. La concurrencia suma decenas de miles de personas, 70.000 según algunos cálculos. Pero no solo eso: ¡su discurso es transmitido a todo el país por la cadena de radiodifusión!

En ese discurso Perón anuncia que deja firmados dos importantísimos decretos. El primero el de Asociaciones Profesionales que había sido emitido por su Secretaría de Trabajo el día 2 de octubre y el segundo otorga un aumento en los sueldos y salarios, pero que además implanta el salario mínimo y vital con participación en las ganancias de las empresas. 

Luego dice a los trabajadores: ”….La obra social cumplida es de una consistencia tan firme que no cederá ante nada y la aprecian, no los que la denigran, sino los obreros que la sienten. Esta obra social, que sólo los trabajadores la aprecian en su verdadero valor, debe ser también defendida por ellos en todos los terrenos.” Luego agrega: “Deseo manifestar, una vez más, la firmeza de mi fe en una democracia perfecta (….muy lejos de la democracia indirecta y demoliberal representativa, decimos nosotros). Dentro de esa fe democrática, fijamos nuestra posición incorruptible e indomable frente a la oligarquía. Pensamos que los trabajadores deben confiar en sí mismos y recordar que la emancipación de la clase obrera está en el propio obrero. Estamos empeñados en una batalla que ganaremos, porque el mundo marcha en esa dirección. Hay que tener fe en esa lucha y en ese futuro. Venceremos en un año o venceremos en diez, pero venceremos. En esa obra, para mí sagrada, me pongo desde hoy al servicio del pueblo………. No se vence con violencia, se vence con inteligencia y organización. Por ello, les pido que conserven una calma absoluta y cumplan con lo que es nuestro lema de siempre: de casa al trabajo y de cada trabajo a casa. Tranquilidad y calma es lo que necesitamos para seguir invencibles. Y si un día fuese necesario, he de formar en sus filas para obtener lo que sea justo. Mientras tanto, que sea la calma y la tranquilidad lo que guíe los actos de los obreros para que no se perjudique esta magnífica jornada de justicia social. Pido orden para que sigamos adelante nuestra marcha triunfal, pero si es necesario, algún día pediré guerra.”

 La multitud corea dos consignas: “Perón presidente” y “Un millón de votos”.

 La oposición ve azorada como Perón continúa en el centro de la escena política y los militares siguen siendo gobierno. No es lo que quieren, pero, como muy bien apuntó Potash en el comentario que reprodujimos, en el sentido de que no había una acción coordinada entre los sectores militares antiperonistas y la oposición civil, los hechos se sucedían de acuerdo con esa lógica de desorden, incongruencia, inestabilidad e incoordinación. La oligarquía no quiere un gobierno militar, quiere un gobierno encabezado por la Corte Suprema de Justicia y las elecciones deberán ser preparadas de acuerdo a sus intereses, previo anular por vía de la Corte, todas y cada una de las conquistas sociales que Perón había otorgado al pueblo trabajador.

 

El día jueves 11 de octubre, en las instalaciones del Círculo Militar, se reúne una importante cantidad de civiles, entre los que se encuentran Saavedra Lamas, Horacio Rivarola, Justiniano Posse y Alfredo Palalcios, y 300 militares antiperonistas y se debate arduamente, una sola cosa: ¿Qué hacer con Perón?





El fruto del odio: ¡Maten a Perón! 

     En esa reunión en el Círculo Militar y previo a la resolución final, se alzó una voz entre todos los asistentes que propuso fusilar a Perón sin más trámite. Era la voz del mayor del ejército Desiderio Fernández Suárez. Este novel aspirante a asesino, no es otro mismo que el que, el 10 de junio de 1956, con grado de teniente coronel y en la madrugada de ese día, producido el levantamiento del general Valle en horas de la noche anterior contra la Revolución Libertadora, en adelante “la fusiladora”, estando a cargo de la jefatura de la policía de la provincia de Buenos Aires, ordena telefónicamente al jefe de la Regional San Martín comisario Rodolfo Rodríguez Moreno, fusilar de inmediato a un grupo de civiles que habían sido detenidos esa misma noche en la localidad de Florida, en el Gran Buenos Aires. La orden se cumple trasladando a los detenidos hacia otra localidad, José León Suárez y en un basural, sin juicio previo, sin ley marcial decretada con anterioridad a los hechos, sin defensa alguna y en plena oscuridad, son asesinados varios de ellos, de espaldas y sin aviso ninguno, pudiendo escapar otros. El hecho está retratado con precisión y exactitud por Rodolfo Walsh en su libro “Operación Masacre” y constituye un asesinato cruel y despiadado. El responsable de este hecho, es el mismo que en la tarde noche del 11 de octubre de 1945 había propuesto fusilar a Perón… 

No fue el único que pensaba en matar a Perón. Dos días antes, el 9 de octubre de 1945, Perón debió ir a la Escuela Superior de Guerra a dar una conferencia. Por los hechos que hemos relatado debió suspender la misma y no concurrió. 

Según el testimonio del general (R) Rosendo Fraga, publicado por la revista Primera Plana del 23 de septiembre de 1965 y recogido por varios autores, ese día 9, el teniente coronel Manuel A. Mora, profesor de Logística, se había juramentado en conspiración con varios alumnos para que, cuando llegase Perón, fuese asesinado en forma inmediata. Nadie muere en la víspera……. 

El odio trae estos frutos. Pero ¿El odio a qué? A la política social de Perón, a su sed de justicia y a todas las realizaciones en favor de los trabajadores. Es un grave “pecado” hacer justicia social. Por eso las reacciones y los planes asesinos.




Finalmente la reunión termina, sin decidirse sobre si emplazar o no al presidente Farrell para que entregue el poder a la Corte Suprema. Pero sí se decide exigirle la detención de Perón en una dependencia de la Marina de Guerra (y hay que tener en cuenta que la noche anterior, varios oficiales de la Escuela Superior de Guerra habían interpelado virtualmente, al jefe de Campo de Mayo y Ministro de Guerra para que detuviera a Perón), procesarlo por “haber introducido la delación y la persecución en la filas del ejército”, la renuncia de los ministros del gabinete calificados de peronistas y el llamado a elecciones.

De la oligarquía todo se puede esperar y también de algunos que no son oligarcas por extracción social, pero que, contradictoriamente a otros acertados juicios propios sobre este dramático proceso, llegan a decir que la política de Perón era “una política social que parecía desenfrenada y peligrosa” (80). Es el caso de Félix Luna, autor señalado por muchos como modelo de historiador, pero que no puede evitar decir lo que dice. Frente a la miseria e injusticia para con el pueblo argentino a principios de la década del 40, ¿Qué es una política desenfrenada y peligrosa? ¿Es que había que seguir esperando, cuando la expectativa de vida en algunos sectores de la población en el interior del país apenas superaba los 30 años? El desenfreno parece estar del otro lado, más que en Perón. 

  Esa misma noche Perón decide trasladarse junto a Eva Duarte a San Nicolás, a la estancia de Subiza, un amigo suyo. Poco después de haber partido y a la altura de la General Paz, uno de sus acompañantes, Raúl Freude convence a Perón de que por razones de seguridad y para estar más tranquilo, haga ese retiro y descanso en una isla del Delta de propiedad de su padre, muy cerca del paraje Tres Bocas. Hacia allá se dirigen y Perón encarga a su amigo Domingo Mercante que comunique al Ministerio de Guerra el lugar de su estadía, pidiendo expresamente que no se hiciese público.

 

El día viernes 12 de octubre, se producen violentos enfrentamientos entre la policía y manifestantes. Lo que ocurre es que la oligarquía presiona para que tampoco continúe este gobierno militar y el hombre “fuerte” del momento, el general Avalos, en realidad no hace pié en el poder, no puede aportar nada para un gabinete que conforme a los grupos de interés, no puede desplazar a los ministros peronistas que han quedado en el gabinete, no controla a la Policía Federal y verdaderamente todo es un caos. 

El discurso de Perón del día 10 resuena en oídos propios y extraños. Muy fuerte en estos últimos. La oligarquía lo considera una provocación y virtualmente se deja conducir por el odio que le han despertado Perón y sus discursos, el último especialmente. Pero eso es precisamente lo que la pierde, lo mismo que a los otros sectores del antiperonismo. Pierden toda ponderación y cualquier sentido político aconsejable para sus propios intereses. Juegan políticamente, sin advertirlo, para Perón. Aunque, y hay que decirlo tal cual, los dos últimos años de trabajo de Perón han dejado huellas indelebles. La historia no puede volver atrás. Eso es lo que sucede.

 

Una buena radiografía de la situación, es la que hace Potash diciendo: “Es indudable que cierta euforia poseía a los participantes en esta lucha. Los políticos civiles, tranquilizados ante la desaparición de Perón, no advirtieron el apremio de la situación. Sobreestimaron su propia capacidad de obligar a los militares a entregar el gobierno a la Suprema Corte, y por eso estorbaron los esfuerzos del doctor Juan Alvarez, que intentaba formar gabinete de modo que consiguieron demorar el coronamiento de la tarea hasta el 17 de octubre. Al mismo tiempo, subestimaron la magnitud y la tenacidad del apoyo obrero a Perón. La presencia de dirigentes obreros independientes en la Junta de Coordinación Democrática y la actitud antiperonistas de los socialistas y los comunistas les impidieron comprender que la masa de la clase trabajadora ya no los consideraba sus líderes. Pero en realidad, pocos observadores, argentinos o extranjeros, apreciaron exactamente el estado de ánimo de los trabajadores. Una excepción notable fue el corresponsal del Times de Londres. En un comentario acerca de Perón, publicado a principios de octubre, (el 5 exactamente) previno que, ‘un hombre odiado tan intensamente, también debe ser intensamente amado’.” (81) Subrayado nuestro.

En la misma dirección apunta Félix Luna cuando dice: “Pero ningún argumento convencía a la Junta de Coordinación Democrática, (mesa de conducción de los partidos opositores que luego derivará en la Unión Democrática), convertida de hecho en representante de los partidos tradicionales. Obnubilados por el resentimiento antimilitarista y el temor instintivo a la presencia popular, esos aprendices de políticos o apolíticos declarados se movían en un mundo nutrido por sus propias certezas, que nada tenían que ver con la realidad. Lo peor era que esos profesores universitarios, esos juristas, esos profesionales cuyos nombres aparecían en aquellos días como voceros de la mitad del país, eran manejados por personajes como Federico Pinedo o Antonio Santamarina, duchos en trapicheos de minorías pero totalmente ineptos para conducir la política de masas (debió considerar Luna que no siendo las masas del interés de estos personajes, mal podían conducirlas, excepto para explotarlas, y que su propio partido, la UCR, estaba codo a codo con ellos); o por Victorio Codovilla, que conocía la técnica de la lucha entre sectas pero cuya carrera burocrática en el comunismo local era una ejemplar antología de equivocaciones. Ninguno de estos personajes entendía del nuevo país y fatalmente tenían que errar.

   El análisis retrospectivo hace que nos parezca increíble un error tan grueso como el que cometieron los dirigentes opositores…..
…Pero los dirigentes democráticos (????) de 1945 estaban incapacitados para llevar adelante una política como esta. Condicionados por sus intereses, sus emociones y sus agravios –algunos de ellos relativamente justificados- (????) querían jugar al todo o nada, sin advertir que ni siquiera participaban reglamentariamente en el juego; que eran colados cuyo ingreso a la rueda dependía de la buena voluntad de los jugadores. Y los jugadores reales –el gobierno y el ejército- ¿Cómo podían admitir a quienes llegaban proponiendo arrasarlos y humillarlos?” (82)

Algunos puntos de este análisis hacen pié en la realidad. Pero lo que no ven los historiadores como Luna, es que estos procesos son irreversibles e indetenibles y proceden como el agua que desborda al dique que la contiene. Es cierto, la oligarquía actuó ciegamente, pero el proceso de la justicia social era avasallante y no había ni habilidad ni tacto político, como parecen sugerir algunos historiadores, que lo pudiese detener, por eso pasó inevitablemente lo que pasó.   

 

    Por otra parte en el gobierno, tambaleante y desfalleciente, sobre el mediodía renuncian todos los ministros, menos uno claro está, Avalos, y se propone que el jefe del Estado Mayor Naval, almirante Héctor Vernengo Lima asuma como ministro de Marina, cosa que va a ocurrir el día 13. Lo cierto es que no había más que dos ministros: Avalos y Vernengo Lima que, por el momento concentrarían las decisiones más importantes de las demás áreas del gobierno. El primero a cargo de los ministerios del Interior y Hacienda, además del de Guerra y el segundo, Relaciones Exteriores y Justicia e Instrucción Pública, además del de Marina.

¿Pero cual era el verdadero plan? Para mejor decir lo único que se parecía a un plan, muy improvisado, endeble y “traído de los pelos”, pero plan al fin. Hay que tener presente que, detrás de este golpe está Amadeo Sabattini, dirigente radical cordobés (“el tanito de Villa María”), que sueña con ser presidente mediante elecciones armadas a su medida. Debe sortear para eso, la oposición en su propio partido la UCR, la del resto de los partidos, la de la oligarquía y la de sectores de la Marina de Guerra. Todos piden entregar el gobierno a la corte.

Sabattini elucubra el siguiente plan: armar un gabinete de neto tinte conservador, pero garantizando elecciones. Especulaba con que el electorado lo vería a él mismo como la variante “salvadora” de esa situación, frente a la alternativa conservadora que haría pensar en un indeseable retorno a la década anterior. Coloca en el gobierno a un amigo suyo, el doctor Juan Alvarez, Procurador General de la Nación y abogado de los ferrocarriles ingleses. Un hombre que sin ser orgánicamente de la Corte Suprema, era políticamente de la misma. Un modo de no entregar explícitamente el poder a la Corte, pero dejar conformes a todos los sectores políticos que pedían eso. No ocupa ningún cargo. Es una especie de superministro sin cartera, que tiene como misión hacer una pirueta de equilibrista y formar gabinete entre el hervidero político de los que quieren detener, procesar y asesinar a Perón. 

Un sorprendente testimonio de Arturo Jauretche a Félix Luna recogido por este en su libro “El 45”, da cuenta de lo siguiente:

De Jauretche a Sabattini: “Usted, doctor Sabattini tiene que tomar el poder….A Perón la gente lo quiere, hay que convencerse. Pero si el propio Ejército lo ha defenestrado, hay que hacerle un funeral de primera…..Que se vaya con todos lo honores….” ¿Qué habrá pasado por la cabeza de este notable político y escritor del pensamiento nacional para proponer semejante cosa? El tiempo y sus diferencias con Perón darán la respuesta.

El grado de oportunismo trasnochado de Sabattini y la precariedad de la solución propuesta era una muestra clara del desastre político de la oposición, que no conseguía terminar de voltear al gobierno, ni podrá hacerlo en los días sucesivos. Un solo dato político puede computarse como unidad de la oposición, el odio a Perón o la traducción de este odio en lo siguiente: el fracaso de décadas de los partidos políticos en proveer soluciones de fondo a la tragedia social del pueblo y la postura antiargentina de muchos de ellos, en sostener una década como la “infame”, acordando con la oligarquía y siendo furgón de cola de la misma.

Cuando aparece Perón en la escena política, todos quedan descolocados. Perón no está en ningún manual político, ni de izquierda ni de derecha (consignas antiperonistas aparte) y no cabe en ningún esquema previo. Es tal la sorpresa por sus acciones y realizaciones que, aquellos, como la izquierda, que debieron haber realizado la justicia social y no lo hicieron, no pueden digerir que alguien lo haga en su reemplazo. Los partidos demoliberales, estaban en desuso y a contramano de la historia. Sencillamente no saben que hacer frente a la nueva situación. Esta los desborda y el marco de sus aparatos partidarios, no está en condiciones de dar una respuesta a la dimensión del problema que se ha creado. Además están lejos, muy lejos de las masas que se mueven detrás de Perón. Es el fracaso de los partidos. No le han dado cabida a esas masas en sus propias estructuras por la propia naturaleza de lo que es un partido y mucho más cuando juegan políticas antiargentinas y antipopulares. El pueblo trabajador, por lo tanto, está con quién de él se ha ocupado y lo ha elevado y defendido. Nada tienen que hacer, ni pueden, los partidos tradicionales. Están fuera del momento histórico. No saben u olvidan un premisa clave para el conocimiento en general, incluyendo desde luego el conocimiento político en particular y esto es pensar “de que se trata el problema”, primera pregunta que debe formularse cualquiera para comprender que es lo que pasa y caminar luego a las acciones con destino a su solución. Mucho es de temer que algunos pocos sí supieran de qué se trataba el problema, pero este tenía nombre y apellido, el pueblo argentino y en realidad les quedaba tan lejos y tan fuera de sus pequeños y egoístas intereses partidarios, que finalmente les resulta inasible la solución. No estaban para eso. Además, y como cuestión fundamental, la natural desconfianza y aversión a lo popular. Era indigerible cualquier posicionamiento político y social que proviniese de los humildes. Esa era la cuestión de fondo. 

 

La Unión Cívica Radical, siendo el partido de oposición más numeroso en afiliados, se muestra como el modelo perfecto de este ir a contramano de la historia. Por su raíz popular y su pasado de lucha por los intereses argentinos, debiera haber interpretado correctamente como era el momento histórico de 1945. Sin embargo, su propia naturaleza, la de ser un aparato más del concierto partidocrático, demoliberal y burgués, le impide esa lectura. 

Algunos de sus cuadros, los más cercanos al espíritu yrigoyenista remanente y con ansias de superar esa experiencia política, ven en Perón y el movimiento naciente la posibilidad de lo nuevo y revolucionario. Se pliegan a este de distintos modos y en distintos momentos. Pero la mayoría de los radicales permanece aferrada al aparato, panacea de la falacia democrática. 

Del conservadorismo, con sus posturas esclavizantes y antiargentinas, nada se podía esperar y creyeron ver una oportunidad para volver a la década anterior. 

Ninguno vio que era lo que estaba pasando en la realidad y que era lo que se estaba gestando bajos sus propios pies en esos días. Estaban ciegos, eran ciegos.

 

Como dijimos, el procurador Alvarez empeñado en integrar gabinete conformando a todos, no lo va a conseguir y recién el mismísimo día 17 pasado el mediodía (increíble pero cierto), va a llevarle a Farrell una lista con los ministeriables. El gabinete oligárquico conservador que proponía era el siguiente: Juan Alvarez (Interior), Dr. Jorge Figueroa Alcorta (Justicia e Instrucción Pública), Dr. Isidoro Ruiz Moreno (Relaciones Exteriores y Culto), Dr. Alberto Hueyo (Hacienda), Dr. Tomás Amadeo (Agricultura), Ing. Antonio Vaquer (Obras Públicas). Algunos de estos personajes, eran notorios protagonistas de la historia antiargentina reciente, como Hueyo, que estaba procesado por corrupción en el gobierno de Justo, o Amadeo, que era amigo del embajador Braden y como Vaquer, uno de los responsables del pacto Roca-Runciman, paradigma de la vergüenza nacional. Este era el gabinete propuesto por el sabatinista Alvarez, para justificar su pirueta política con la idea de llegar al poder. Una vergüenza nacional y un desaguisado, y además: ¡El día 17! Tarde, la historia le pasó por encima a él y a todos los demás. 

Mientras tanto, una concentración de la oligarquía se produce frente al Círculo Militar. Es numerosa y las consignas contra Perón y contra el gobierno militar se multiplican y elevan el tono de la tensión que es alta y grave.

Llegan al punto de atacar cobardemente en grupo, a un solitario teniente coronel de apellido Molinuevo, que tuvo la valentía de ir a descolgar un cartel que se había puesto en el frente del edificio del Círculo Militar. El cartel decía “de remate”. El oficial resultó gravemente herido, pero además, el hecho fue políticamente desastroso para la oligarquía, porque su antimilitarismo ciego los había llevado a atacar a Molinuevo que era antiperonista y que se encontraba ahí en ese momento. La reacción de sus camaradas fue inmediata y muchos de los que habían hecho renunciar a Perón, se preguntaban ya ¿Qué es lo que habían hecho….?

Varias veces durante el día y en las cercanías de la concentración se producen tiroteos con la policía y entre grupos antagónicos. El saldo es la pérdida de una vida, la del médico Eugenio Luís Ottolenghi de 46 años y aproximadamente cincuenta heridos.

 

Con la presión sobre el gobierno, de un elemento político como la concentración en la calle frente al Círculo Militar, numerosa, violenta, vociferante y demandante de la entrega del poder a la Corte, una delegación de la Junta Coordinadora Democrática (futura Unión Democrática) pidió y obtuvo una entrevista con el ministro Avalos.

Fueron en esa delegación: Manuel Ordoñez, Santos Gollán, Arnaldo Massone, Tiburcio Benegas, Bernardo Housay, Emilio Carreira, Alejandro Lastra, Luis Reissig, Pedro Chiaranti y Germán López.

La versión taquigráfica de la reunión da cuenta de lo siguiente:

Ordoñez: “La opinión nuestra es la de todo el país. (¿?¡!) Debe entregarse el poder a la Corte Suprema de Justicia.”
Avalos: “Eso no puede ser. No es decoroso para el Ejército. A mí se me dijo que a Perón no lo volteaba nadie. Lo volteé. Además no puede entregarse el gobierno a la Corte, pues eso no sería constitucional. Recuerden que hay un presidente. Yo no soy abogado, pero esto creo que significa que los argentinos tienen un gobierno y éste puede devolver la normalidad por medio de elecciones.”
Carreira: “Y bien señor ministro, ustedes, que han hecho la revolución, pueden hacer que renuncie el presidente y no habría dificultades.”
Avalos:  “Eso no. Farrell es un buen hombre y es amigo mío. Estamos dispuestos a formar un gobierno. Ya verán ustedes que quedarán satisfechos y dentro de siete días me lo van a decir… Eso sí, nada de políticos, buscaré figuras de prestigio y que valgan y signifiquen una garantía.
Lastra: “Debe levantarse el estado de sitio”.
Avalos: Se nos vendría una avancha”. (83)

Poco después terminó la entrevista, anunciando Avalos que Perón sería detenido.

El resultado político de la misma fue que oligarquía y partidos demoliberales, no habían podido imponer su voluntad a una fracción del ejército en relación al traspaso del gobierno a la Corte. Su antimilitarismo les resultó fatal, les impidió acordar hasta lo más mínimo sencillamente porque no fueron a acordar nada. Fueron a exigir la renuncia del gobierno y no lo lograron. Sí consiguieron, o coincidió con una intención del grupo militar en el poder, que Perón fuese detenido, pero esto último siendo un objetivo importante, sin el control del gobierno, solo satisfacía el irracional odio que le proverbiaban. El vacío de poder se manifestaba de ese modo. Casi toda la oposición civil, virtualmente en pleno, no podía doblegar a una fracción del ejército, solo eso, una fracción. A su vez, esta duraría lo que faltaba para el 17, es decir nada, víctima de su propia ceguera, su impericia y sobre todo su falta de legitimidad. Esta quedaba en manos de los trabajadores, por vía de los hechos que iba a producir gracias al espíritu colectivo atávico del que es portador, y al grupo que se había revelado contra Perón le va a resultar políticamente fatal. 



 

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12 de octubre de 1945 – Concentración oligárquica frente al Círculo Militar



 

Frente a tal situación Farrell decide detener a Perón, supuestamente para protegerlo, porque las amenazas contra su vida se multiplican.

Ordena al nuevo jefe de policía coronel Mittelbach, también amigo de Perón y que había reemplazado al peronista coronel Velazco, ir a buscar a Perón al lugar donde se encuentra. Previo pasar por su casa, no encontrarlo y dialogar con Mercante, se dirige al Tigre donde toma contacto con Perón.

En la conversación que se produce, Mittelbach refiere que está ahí por orden del presidente y que pensaba que iba a ser conducido a un buque de la Marina o quizás a la Isla Martín García. Perón reclama por su derecho, derivado del código militar, a estar detenido bajo la jurisdicción del arma a la que pertenece.

Detención de Perón

El día sábado 13 de octubre, regresan todos a Buenos Aires y ya en su departamento de la calle Posadas, cerca de las tres de la madrugada, el subjefe de la Policía Federal mayor Héctor D’Andrea (obviamente el presidente no confiaba totalmente en el jefe), se hace cargo del operativo de detención de Perón, quién reclama nuevamente sin éxito ser conducido a una dependencia del ejército.   

Mientras se apresta para ser conducido, Perón dialoga con Mercante, quien le infunde la mayor confianza. 

Le dice a su amigo: “Esté absolutamente seguro, Perón, de que vamos a conseguir la reacción que esperamos. Absolutamente seguro. Quédese tranquilo porque todo está en marcha.” (84)

Mercante se había reunido en la mañana del día 12 con dirigentes sindicales en número de ochenta aproximadamente y tenía justificadas esperanzas de que una rebeldía y resistencia masiva se fueran a producir a favor de Perón. Lo que la mayoría de estos dirigentes, todos intermedios y de base, opinaban en cuanto al tiempo que era necesario para movilizar a favor de Perón, eran diez días. Obviamente el cálculo fue erróneo, porque también fue errónea la apreciación de cual era el estado de ánimo de las masas trabajadoras. Estas no abrían de esperar. Todo se iba a acelerar, porque espontáneamente las masas se comenzaron a movilizar en los días siguientes y desde los puestos de trabajo. Todo fue contagioso y la comunicación boca a boca fue un tema clave. Salvo en algunos casos donde la acción fue promovida por los dirigentes sindicales, estos, prácticamente lo que debieron hacer, fue ponerse a la cabeza de las movilizaciones.  

Perón fue conducido al puerto de Buenos Aires y en el embarcadero se despidió emotivamente de su compañera Eva Duarte, de sus camaradas y amigos y abordó la cañonera “Independencia” que lo llevaría detenido a la Isla Martín García, jurisdicción de la Marina de Guerra y lugar reservado para marinos bajo arresto y el mismísimo lugar donde había estado detenido quince años antes Hipólito Yrigoyen. 



 

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Lugar donde estuvo detenido Perón en la Isla Martín García


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Isla Martín García sobre el Río de la Plata


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 Grafica de esos días recuperada por la película “Perón Sinfonía del Sentimiento”, 
de Leonardo Favio



Por su parte, a las 13 hs. Mercante es notificado por el Avalos para presentarse detenido en Campo de Mayo, donde estará en esa condición hasta el 17 a mediodía. Es sacado de la escena política, porque era el más cercano a Perón en todas las operaciones políticas que el coronel llevaba a cabo. Antes de presentarse detenido, ha tenido, como ya consignamos, reuniones con muchos dirigentes gremiales de base y con pocos de niveles encumbrados en posiciones de conducción. Un presagio.

Esta suposición de Avalos, de que deteniendo a Mercante lo dejaba inhábil a Perón, quedará en poquísimos días demostrada como errónea, ineficaz y absolutamente falta de realismo, pues la situación ya estaba planteada y faltaban horas para que eclosionara. Los trabajadores serían los protagonistas.

 Además también pensó Avalos que, liberando de su detención al Secretario General del Partido Comunista, Victorio Codovilla, este podría conducir a las masas de trabajadores en contra de Perón y a favor del gobierno, como si ese partido fuese una organización de masas y no un núcleo minoritario de militantes con alguna inserción en los sindicatos y como si las masas ya no estuviesen identificadas con Perón. El mismo Codovilla le dio una lección de realismo, cuando, después de una extensa charla entre ambos, le dijo a Avalos:  “ Hemos cometido un error en no haber apoyado antes a este gobierno. Temo que ya sea tarde”, con lo que le estaba diciendo que el apoyo debió ser desde 1943 …., pero en contra de Perón.  Ahora era tarde, porque Perón ya era Perón. Esto se lo decía al hasta horas antes para el Partido Comunista, general nazi-fascista Avalos. A la hora de conversar….no había ningún inconveniente.

Perón no había perdido el tiempo desde su renuncia a los tres cargos. En escasos tres días antes de su traslado a Martín García, había tenido todos los contactos posibles, con colaboradores directos de la Secretaría de Trabajo y Previsión, con dirigentes sindicales, con dirigentes y cuadros políticos, pero sobre todo, se había despedido de los trabajadores el día 10 con un discurso que resultó ser una bomba de tiempo. Tanto iba a resonar y tanto se iba a difundir, que, ese discurso, más la trascendencia de todo lo actuado en dos años y la novedad de su detención que se empieza a conocer el día 13 y que corre como reguero de pólvora, actuaron como acicates y desencadenantes inmediatos de la movilización gradual en los sectores fabriles y barriadas obreras que empieza el mismo 13 y que va a culminar el 17. Fue una mezcla de espontaneidad en mayor medida que cualquier otra cosa, como reacción a la detención y el aporte indudable de dirigentes sindicales de algunos gremios que movilizaron desde la base misma al pié de las fábricas y de los lugares de trabajo. 

Un ejemplo de cómo se transmitió la noticia de la detención y de cómo sirvió a la conciencia de los trabajadores para movilizarse, fue lo hecho por el capitán Héctor Russo, hasta el día 11 director de delegaciones regionales de la Secretaría de Trabajo y Previsión. Sin pedir permiso a nadie, utilizó la que había sido su oficina para comunicar telefónicamente a todas las regionales del interior del país, cual era la situación política y la situación personal de Perón. Detenido de inmediato, fue rápidamente liberado, pero siguió transmitiendo desde un teléfono particular. Un sugestivo y llamativo mensaje enviaba en esas comunicaciones: “mantengámonos en contacto y preparados para cualquier eventualidad. (85)

Por si algo faltaba, Perón había dejado firmado un decreto por el cual se disponía el pago del día 12 de octubre, feriado nacional. Cuando los obreros fueron a cobrar la quincena, se encontraron con que el decreto no se cumplía.

En algún lugar, algún patrón, algún empresario, alguien….le respondió al reclamo de los obreros: ¡Vayan a reclamarle a Perón! La frase pasó a la historia…, a la historia de la infamia, del abuso y del robo. Pero en definitiva todo se tornaba favorable a Perón y a los intereses del pueblo. El fruto de la brutalidad patronal podía tener un solo desenlace. Nuevamente decimos que la conciencia social ya estaba instalada en los trabajadores y ninguna transgresión podía pasar por alto.

El nuevo Secretario de Trabajo y Previsión, profesor Juan Fentanes, vinculado a la revista católica Criterio, había hablado por la cadena oficial de radio difusión el sábado por la noche asegurando, entre otras cosas: “Las conquistas obreras serán respetadas y perfeccionadas en la medida de lo posible… La Secretaría no promoverá audaces improvisaciones, pero tampoco quedará rezagada… resolverá con criterio de equidad y justicia las diferencias entre capital y trabajo que no se hayan podido conciliar…Que resolvería con criterio de equidad y justicia las diferencias entre capital y trabajo que no se hayan podido conciliar…”

El domingo 14 de octubre, habiendo transcurrido solo un día de su estadía en Martín García, fue visitado por el capitán médico Miguel Angel Mazza, que habría de tener un papel clave en lo que está por producirse. 

Lo primero que acuerda con Perón, es presentar un reclamo ante el presidente Farrell por la precariedad de su salud. El lugar no era el adecuado y se imponía su traslado. Sirve para esto, la instrumentación política de una radiografía sacada el mes anterior, donde se ven huellas de una antigua dolencia de Perón en la pleura, secuela de una congestión pulmonar contraía en 1931 en La Quiaca, cuando formaba parte de una comisión de demarcación de límites. La maniobra dará resultado el mismo 17 a la mañana, previo a todos los movimientos que Mazza hubo de hacer en Buenos Aires y una segunda visita a la isla Martín García.

Mazza además le informa a Perón, entre otras cuestiones, que la opinión del coronel Franklin Lucero es que puede contarse con tres generales. Eran ellos: Sosa Molina, Solari y Urdapilleta; podía confiarse en las guarniciones y regimientos del interior, porque este no podía estar con Campo de Mayo y que la situación en la Escuela de Guerra se había dividido, perdiendo terreno el antiperonismo.

  

Sobre la situación de los obreros, le indica que el mayor Estrada está en permanente contacto con el gremialista cervecero Alcides Montiel quien iba a jugar un importante rol en la jornada del 17 y que el estado general de la masa trabajadora es de intranquilidad y brotan los reclamos. 


 

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Le hace entrega Mazza de cuatro cartas. Una para Eva Duarte, otra para Mercante, otra para Avalos y la última para el presidente Farrell. Una quinta para Eva Duarte ya enviada por correo común, nunca llegó a destino. Evidentemente fue interceptada y hecha desaparecer. Al menos hasta ahora.



Carta de Perón a Eva Duarte desde Martín García


Impactante carta donde se puede apreciar el estado de ánimo de Perón. Un claro sentimiento de cansancio y tal vez de agobio, que lo lleva a pensar en su retiro y en el descanso junto a su amada. Sin embargo, planeaba sus próximos pasos con el capitán Mazza. Su reserva espiritual y el claro sentido de seguir cumpliendo con su misión, le permiten seguir hacia adelante. Un hombre.



 


Martín García 14 de Octubre de 1945

A la señorita Evita Duarte

 Buenos Aires


 

   Mi tesoro adorado: Sólo cuando nos alejamos de las personas queridas podemos medir el cariño que nos inspiran. Desde el día que te dejé allí con el dolor más grande que puedas imaginar no he podido tranquilizar mi triste corazón. Hoy sé cuanto te quiero y no puedo vivir sin vos. Esta inmensa soledad sólo esta llena con tu recuerdo. Hoy he escrito a Farrell pidiéndole me acelere el retiro; en cuanto salga nos casamos y nos iremos a cualquier parte a vivir tranquilos. Por correo te escribo y te mando una carta para entregar a Mercante. Esta te la mando con un muchacho porque es probable que me intercepten la correspondencia. De casa me trasladaron a Martín García, y aquí estoy no sé por qué y sin que me hayan dicho nada. ¿Qué me decís de Farrell y de Avalos? Dos sinvergüenzas con el amigo. Así es la vida. En cuanto llegué, lo primero que hice fue escribirte. No sé si habrás recibido mi carta que mandé certificada. Te encargo le digas a Mercante que hable con Farrell para ver si me dejan tranquilo y nos vamos a Chubut los dos. Pensaba también que conviene, si iniciaron algunos trámites legales, lo consultaran al doctor Gache Pirán, Juez federal muy amigo mío, sobre la forma como puede hacerse todo. Decile a Mercante que sin pérdida de tiempo se entreviste con Gache Pirán y hagan las cosas con él. Creo poder proceder por el Juzgado Federal del mismo Gache Pirán. El amigo Brosen puede ser útil en estos momentos, porque es hombre de muchos recursos. Debes estar tranquila y cuidar tu salud, mientras yo esté lejos, para cuando vuelva. Yo estaría tranquilo si supiese que vos no estás en ningún peligro y te encuentras bien Mientras escribía esta carta me avisan que hoy viene Mazza (el doctor Luis Angel Mazza, médico militar) a verme, lo que me produce una gran alegría, pues con ello tendré un contacto indirecto contigo. Estate muy tranquila. Mazza te contará como esta todo. Trataré de ir a Buenos Aires por cualquier medio, de modo que puedes esperar tranquila y cuidarte mucho la salud. Si sale el retiro nos casamos al día siguiente y si no sale yo arreglaré las cosas de otro modo, pero liquidaremos esta situación de desamparo que tu tienes ahora Viejita de mi alma, tengo tus retratitos en mi pieza y los miro todo el día con lágrimas en los ojos. Que no te vaya a pasar nada porque entonces habrá terminado mi vida. Cuidate mucho y no te preocupes por mí, pero queréme mucho. Hoy lo necesito más que nunca Tesoro mío, tené calma y aprendé a esperar. Esto terminará y la vida será nuestra. Con lo que yo he hecho estoy justificado ante la historia y sé que el tiempo me dará la razón. Empezaré a escribir un libro sobre esto y lo publicaré cuanto antes; veremos entonces quien tiene la razón. El mal de este tiempo y especialmente de este país son los tontos, y tú sabes que es peor un bruto que un malo. Bueno mi alma: querría seguirte escribiendo todo el día pero hoy Mazza te contará más que yo. Falta media hora para que llegue el vapor. Mis últimas palabras de esta carta quiero que sean para recomendarte calma y tranquilidad. Muchos pero muchos besos y recuerdos para mi chinita querida.

                                                                                                                                                                                                                           Perón

Texto agregado a la WEB por Haydee Lorenzo



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“Mi chinita querida”: Facsímile de las últimas palabras de la carta de Perón a Eva Duarte desde Martín García

 


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Carta de Perón a Farrell escrita el día 14 y entregada el día 15



Al ministro Avalos le escribe: “Como todavía soy un oficial superior del ejército en actividad y desconozco el delito de que se me acusa, como asimismo las causas por las cuales he sido privado de libertad, y sustraído de la jurisdicción que por ley y por mi condición me corresponde, solicito quiera servirse ordenar se realicen las diligencias del caso para esclarecer los hechos y, de acuerdo a la ley disponer en consecuencia mi procesamiento o proceder a resolver mi retorno a jurisdicción y libertad si corresponde.”

A Mercante, sin saber que está detenido, le dice: «… Me hace mucha gracia que algunos creyeran que yo me iba a escapar. Son unos angelitos pues si lo hubiera querido hacer, tenía diez embajadas con amigos que me hubieran acogido con los brazos abiertos. Ellos olvidan que yo soy un soldado de verdad y que si no hubiera querido entregarme, hubiera sido otro el procedimiento que habría seguido. Con todo, estoy contento de no haber hecho matar un solo hombre por mí y de haber evitado toda violencia. Ahora, he perdido toda posibilidad de seguir evitándolo y tengo mis grandes temores que se produzca allí algo grave… Le encargo mucho a Evita, porque la pobrecita tiene sus nervios rotos y me preocupa su salud. En cuanto me den el retiro, me caso y me voy al diablo. Saludo a todos los amigos y en especial al «peronismo»… Querido amigo. Usted es de los excelsos, por eso vivirá amargado pero con una conciencia feliz. La conciencia es la madre del alma, por eso nos adormece con una canción de cuna cuando está pura y limpia»

El lunes 15 de octubre, comenzada la semana laboral y por si algo faltaba, Perón había dejado firmado un decreto por el cual se disponía el pago del jornal del día 12 de octubre, feriado nacional. Cuando los obreros fueron a cobrar la quincena, se encontraron con que el decreto no se cumplía.

En algún lugar, algún patrón, algún empresario, alguien….le respondió al reclamo de los obreros: ¡Vayan a reclamarle a Perón! La frase cundió entre la patronal y rápidamente aparecieron carteles frente a algunas fábricas con esa leyenda, la que pasó a la historia…, a la historia de la infamia, del abuso y del robo. Pero en definitiva todo se tornaba favorable a Perón y a los intereses del pueblo. El fruto de la brutalidad patronal podía tener un solo desenlace. 

Nuevamente decimos que la conciencia social ya estaba instalada en los trabajadores y ninguna transgresión podía ser pasada por alto. A medida que se incumplía el pago del jornal del 12 de octubre, la Secretaría de Trabajo fue inundada por trabajadores y dirigentes que reclamaban el cumplimiento de la norma. El nuevo secretario no recibió absolutamente a nadie… “Las conquistas obreras serán respetadas y perfeccionadas en la medida de lo posible…”, había dicho por radio a todo el país 48 hs. antes…. Así comenzaban los dos últimos días previos al 17.

Los diarios al servicio de la oligarquía, titulaban respecto del discurso del nuevo secretario. La Razón: “Que así sea”; La Nación, por su parte decía que debía darse en la Secretaría una “Tarea reconstructiva” y exigía la revisión de la política llevada a cabo hasta ese momento “Cuyos trastornos causados en la organización económica, ha dado origen a consecuencias dañosas en alto grado.”. (¡¡¡¡!!!!)
El diario Crítica titulaba sobre la detención de Perón: “Ya no constituye un peligro para el país”.

El pueblo trabajador, por su parte, virtualmente ya estaba en la calle. Se declaraban huelgas espontáneas o promovidas por dirigentes gremiales de seccionales de los sindicatos o delegados de base. Pero, el boca a boca, esto es la transmisión oral sobre lo que debe hacerse, más allá de cualquier estructura de base o de seccional, va ha ser decisiva. Actuará como movilizante, por contagio y dará fuerzas a cada trabajador y al conjunto.

 Empieza a circular la necesidad de obtener respuesta a las preguntas que se hacen y a salir a defender por vía de los hechos las realizaciones de la justicia social.

Es sabido por todos que Perón está detenido en Martín García. Su liberación se transforma en un reclamo masivo, que se difunde y prende de boca en boca.

La estructura de la C.G.T., por otra parte, permanecía paralizada y no atinaba a nada, salvo recién el 16 a la tarde y veremos que es lo que hace, pero el 17 ya ha empezado a ocurrir. 

En el frente militar, comienzan los resquebrajamientos. Darío Alessandro, integrante de FORJA, en contacto con militares de Campo de Mayo, da este testimonio: “al provocar la caída de Perón, no pensaban replantear la vuelta a la vieja Argentina y menos aún de esa gente de la oligarquía”. Indudablemente el giro que tomaba la situación política evidenciando el retorno de de la oligarquía conservadora al poder y la inhabilidad de Avalos, provocaban este replanteo.

El martes 16 de octubre, por todos lados se escucha ”Queremos a Perón” y se empieza a desarrollar una movilización espontánea de trabajadores, en protesta e indignación por la prisión de su líder; reclamo y reivindicación por los derechos adquiridos; conciencia de que se había perdido el organismo estatal que los defendía;, por la irritación que provocan los agresivos y humillantes titulares y editoriales de los diarios; todo, actúa como detonante y tiene un solo objetivo: recuperar la iniciativa e imponerse con un hecho de poder ante la derrota sufrida el día 9. Cuando decimos que la conciencia se había instalado o “renacido” en los trabajadores, por mejor decir de Perón, estamos diciendo que la historia ya no vuelve para atrás. Por eso el 17 de octubre va a ser un acto revolucionario, va a ser un acto de poder popular en defensa de sus derechos y de su conductor. El pueblo es consciente de su fuerza y de su valía.

Este mismo día 16 ya comienza la movilización efectiva sobre Plaza de Mayo. Es decir, además de la masiva movilización barrio a barrio, casa por casa, taller por taller y fábrica por fabrica donde, en cada lado se discute la situación, hay ya columnas de trabajadores en número de 4.000 a 5.000 personas que llegan a la Plaza de Mayo, mientras grupos menores recorren la ciudad y el centro llegando hasta la Secretaría de Trabajo y Previsión. 

La policía, en algunas ocasiones reprime, en ocasiones disuade y no reprime, a pesar de que un nuevo Jefe de Policía ha sido designado en reemplazo de Mitellbach. Se trata del coronel Enrique González, antiguo amigo de Perón, integrante del G.O.U. y hoy decididamente antiperonista.

Lo que está ocurriendo es que, el grueso de la Policía Federal también ha sido beneficiado por la política social de Perón y lo siguen con indisimulada simpatía. Por más órdenes de represión que reciban, muchas veces no se cumplen. También ocurrirá el 17 y González presentará su renuncia. Duró 48 hs.

En Tucumán, se inician movilizaciones y la F.O.T.I.A, Federación Obrera Tucumana de la Industria del Azúcar, actividad clave en esa provincia, ha declarado el día anterior una “huelga general revolucionaria por tiempo indeterminado en todos los ingenios”, exigiendo además, que se reúna el Comité Central Confederal de la C.G.T. Desde las localidades de Lules y Mercedes se inicia una marcha a pié de los obreros azucareros, que llegará a la capital San Miguel de Tucumán a la mañana del 17.

En el sur del Gran Buenos Aires, en las localidades de Berisso y Ensenada donde están instalados grandes frigoríficos, la masa de trabajadores es muy importante. El Sindicato local de la Carne, con su líder Cipriano Reyes, hará punta de lanza en las movilizaciones y recorrerá las calles de esas localidades, banderas y carteles con la imagen de Perón en mano. Avanzan también sobre La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires y se producen enfrentamientos con la policía provincial, apedreándose el frente del diario El Día, de la Universidad y de la casa del rector de la misma.

 Es de hacer notar que Cipriano Reyes, escribirá tiempo después un libro al que llamará “Yo hice el 17 del Octubre”, adjudicándose la autoría del pronunciamiento. No es de negar la importancia de su acción en la zona de influencia a su sindicato. Sin duda el inicio de la marcha del gremio de la carne desde el Sur sobre Buenos Aires, el 17, debe haber contagiado y arrastrado a su paso a miles de personas en la misma dirección. Pero todas estas personas ya estaban en estado de movilización y con sus conciencias claras y dispuestas.  De ahí entonces que adjudicarse para sí la autoría del 17 de octubre, acto y gesta masiva de millones de argentinos en todo el país, pertenece solo a la imaginación de aquellas personas que mareadas por el éxito, emborrachan y obnubilan su pensamiento y terminan con un grueso desatino. Es lo que le pasó a Cipriano Reyes, que por algo, tiempo después (y será analizado en esta página), se enfrentará con Perón.



La prensa, los sindicatos antiperonistas y el miedo a los trabajadores

 


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15 de octubre de 1945 Diario “El día” de La Plata 
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16 de Octubre de 1945 Diario “El día” de La Plata
Imagen Antiperonista



Ambos recortes del diario El Día, revelan, mas allá de su visión negativa

sobre el peronismo, el grado de movilización previo al 17 de octubre



Otro grupo de dirigentes sindicales con José Tesorieri a la cabeza, se entrevistará con Avalos reclamando por la libertad de Perón. Les responde: Perón está detenido por su propia seguridad y las conquistas sociales serán mantenidas. No convenció a nadie.

  

Circulan volantes por el Gran Buenos Aires, como uno de la Unión Obrera Metalúrgica que decía: 



La contrarrevolución mantiene preso al liberador de los obreros argentinos, mientras dispone la libertad de los agitadores vendidos al oro extranjero. Libertad para Perón. Paralizad los Talleres y los Campos.
UNION OBRERA METALURGICA 



El diario peronista “La Epoca”, de gran tiraje por esos días, decía el 16: “Desde La Quiaca hasta Tierra del Fuego, desde el Atlántico a los Andes, se pide, se aclama y se exige la libertad del coronel Perón.”

Como quedó consignado ya, grupos de obreros espontáneamente reunidos, recorren en grupos las calles del Gran Buenos Aires, taller por taller, fábrica por fábrica estimulando a sus compañeros para que se plieguen a las movilizaciones. Esto sucede en Avellaneda, Valentín Alsina, Piñeryro, 4 de Julio (hoy Lanús) y varias localidades más.

En el interior, las importantes ciudades de Córdoba y Rosario, están en virtual estado de rebelión. Se suceden las manifestaciones.

Mientras esto sucede, Eva Duarte, ya llamada Evita por Perón, comienza a recorrer el amargo espinel de los contactos políticos para conseguir su libertad. 

En una de las tantas idas y venidas, al bajar de un taxi en Las Heras y Pueyrredón frente a la Facultad de Derecho (hoy de Ingeniería) de la Universidad de Buenos Aires, es reconocida por estudiantes de la misma y golpeada, cobarde y salvajemente. Además de la falta de hombría de esos miserables muchachos, el hecho significó un hito en lo que sería el divorcio de gran parte de las clases sociales “más instruidas” y de la intelectualidad argentina y el pueblo. Seguirá así durante todo el gobierno del general Perón. 

Evita lo recordaría de este modo: 



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 “Desde que Perón se fue hasta que el pueblo lo reconquistó para él -¡y para mí! – mis días fueron jornadas de dolor y de fiebre.

Me largué a la calle buscando a los amigos que podían hacer todavía alguna cosa por él. Fui así, de puerta en puerta. En ese penoso e incesante caminar sentía arder en mi corazón la llama de su incendio, que quemaba mi absoluta pequeñez.

Nunca me sentí -lo digo de verdad- tan pequeña, tan poca cosa como en aquellos ocho días memorables.

Anduve por todos los barrios de la gran ciudad. Desde entonces conozco todo el muestrario de corazones que laten bajo el cielo de mi Patria. A medida que iba descendiendo desde los barrios orgullosos y ricos a los pobres y humildes las puertas se iban abriendo generosamente, con más cordialidad. Arriba conocí únicamente corazones fríos, calculadores, «prudentes”, corazones de «hombres comunes” incapaces de pensar o de hacer nada extraordinario, corazones cuyo contacto me dio náuseas, asco y vergüenza.

¡Esto fue lo peor de mi calvario por la gran ciudad! La cobardía de los hombres que pudieron hacer algo y no lo hicieron, lavándose las manos como Pilatos, me dolió mas que los bárbaros puñetazos que me dieron cuando un grupo de cobardes me denunció gritando: ¡Esa es Evita! Estos golpes, en cambio, me hicieron bien. Por cada golpe me parecía morir y sin embargo a cada golpe me sentía nacer. Algo rudo pero al mismo tiempo inefable fue aquel bautismo de dolor que me purificó de toda duda y de toda cobardía.

¿Acaso no le había dicho yo a él: por muy lejos que haya que ir en el sacrificio no dejaré de estar a su lado, hasta desfallecer?

Desde aquel día pienso que no debe ser muy difícil morir por una causa que se ama. O simplemente: morir por amor.” (86) 

Mientras todo esto esta sucediendo, el gobierno, léase Avalos y Vernengo Lima, parecen distenderse cuando creen que la situación podría comenzar a normalizarse. Seguramente es una visión condicionada por el estrecho mundo en el que se movían.  Mientras la realidad temblaba y trepidaba a sus pies, ellos pensaban que todo podía encarrilarse…., pero Avalos tiene una ráfaga de realismo y trata de que “la sangre no llegue al río”.

Por ejemplo, era esperada para el día siguiente, el 17, la lista de ministeriables que confeccionaba Alvarez. Para el día 18 se anunciaba la reapertura de las Universidades. A Perón se lo daba por muerto político y además estaba confinado en Martín García. Se corría el rumor de la declaración de una huelga general por parte de la C.G.T., pero el gobierno confiaba en lo que llamaba “sindicatos democráticos”, es decir aquellos que no seguían a Perón y que supuestamente habrían de controlar la situación, y además Avalos, como consignamos, había liberado al dirigente comunista Codovilla, confiando en que iba a conducir a las masas obreras. 

 Algunos sindicatos socialistas y comunistas como: La Fraternidad, la Unión Obrera Textil, el Sindicato de la Industria del Calzado y la Confederación de Empleados de Comercio, se habían desafiliado el mes anterior de la C.G.T. Eran sindicatos “poderosos” y esto hacía suponer que restaban fuerza al peronismo.   Lo que no vio el gobierno era que quienes se separaban eran los dirigentes, más no así la masa de trabajadores de esas actividades que iban a salir a la calle el 17 con todos sus compañeros de los otros gremios. Después de la separación de la C.G.T, medida meramente formal y burocrática de estos sindicatos, todos se les volvió en contra y se les tornó desfavorable porque, tanto en las asambleas de los gremios, comisiones internas de fábrica y talleres, las posiciones fueron decididamente en defensa de Perón y los derechos otorgados y conquistados. Una tras otra caían las falsas lecturas del gobierno.

Un comunicado del gremio ferroviario La Fraternidad, sin embargo, ponía en serias dudas la fidelidad de sus agremiados. En el recorte periodístico que reprodujimos anteriormente, puede leerse (pedimos disculpas por lo deteriorado del material) lo siguiente: 

“Que teniendo conocimiento la comisión directiva de que ciertos sectores espurios (SIC) al movimiento sindical, en connivencia con fuerzas obscuras y regresivas…….Primero: repudia y desautoriza esos intentos reaccionarios (se refiere a las movilizaciones a favor de Perón) y exhorta a todos los asociados a mantenerse firmes y unidos como siempre en torno a su organización, absteniéndose de participar o favorecer acciones que no respondan a nuestros principios sindicales y a instrucciones no emanadas de esta comisión directiva……”

Un claro sentido de que no conducían los hechos que se estaban desatando y que la realidad les pasaba por encima. Fue lo que sucedió.

Otro tanto parece haber pasado por el cerebro y/o la intuición de Avalos, porque a pesar de que el 16 sopló una cierta brisa e ilusión irreal de que todo podría recomponerse, ese mismo 16, por dos veces se refirió a Perón pidiendo calma y declarando, una vez que no estaba detenido sino confinado para resguardar su seguridad, y la segunda en relación a que “el Ejército no intervendrá contra el Pueblo en ninguna circunstancia”. Finalmente y en declaraciones a la agencia noticiosa Reuter publicadas en los diarios de la mañana del 17, insistía en que Perón había sido “invitado” a trasladarse a Martín García en nombre del presidente y del propio, para evitar que se cometiese un atentado contra él. Un hilo de realismo atravesaba por momentos su apreciación política y sin siquiera advertir la magnitud de lo que venía, igualmente trataba de apaciguar y detener a los trabajadores. Tarde e inútil.

Según Potash, es muy probable que en el ánimo de Avalos pesara la cantidad de muertos que se habían producido el 4 de junio de 1943, cuando una columna del ejército que marchaba hacia el centro de la ciudad de Buenos Aires, al pasar por el frente de la Escuela de Mecánica de la Armada (Marina), sostiene un breve pero feroz tiroteo entre ambas posiciones militares, dejando un saldo de setenta víctimas, muchas de ellas fatales, según este autor. El jefe de esa columna era Avalos y la especulación de Potash, reside en que no estaba dispuesto a derramar más sangre en aquel octubre de 1945, por el peso de ese recuerdo. Es probable, pero lo cierto es que no hubiese tenido en frente solo a una unidad militar como en el 43, lo que hubiese tenido que enfrentar era a la mayoría de las masas trabajadoras. ¿Como hacer para reprimir aquello? Imposible.

El Comité Central Confederal de la Confederación General del Trabajo, C.G.T., por su parte, decide reunirse en horas de la tarde en la sede del sindicato Unión Tranviarios Automotor y se inicia un durísimo debate entre los secretarios generales de los sindicatos adheridos. El debate gira alrededor de un solo punto. Cual va a ser la actitud de la central obrera frente a la detención de Perón. 

Dos posturas se dirimen agriamente. Una sostiene que debe realizarse una huelga general de reclamo y la otra que el mismo debe canalizarse a través de una nota. Sobre esta última, lo único que cabe señalar es que decididamente no les importaba la situación de Perón y lo conquistado desde la Secretaría de Trabajo, por más que Avalos insistiera en que se fuera a respetar, porque de lo contrario, no se justifica lo que parece ser una suprema ingenuidad al reclamar por la detención de Perón a través de una nota y que en realidad no lo es. Lo que está ocurriendo es muy simple. Los dirigentes sindicales, que vienen de experiencias políticas sindicales no peronistas en tanto y cuanto el peronismo no existía, recelan y desconfían de Perón. La suma de la desconfianza y la carga ideológica diferente que arrastran de sus anteriores posiciones, los hace vacilar frente a la situación. Esta vacilación los colocará un paso atrás de los trabajadores, porque estos no habrán de esperar ninguna resolución de la central obrera. No están enterados de la reunión en la misma y a esta altura del proceso tampoco esperan nada de los dirigentes. La masa es autónoma de ellos y saldrá a la calle, por instinto, intuición y conciencia propia.

  

La reunión es prolongada y recién termina sobre la medianoche del 16, resolviéndose realizar una huelga general para el día 18, donde no se menciona en ningún punto a la persona de Perón…. Pero en el medio está el 17 y el pueblo ya está en la calle. También llegaron tarde.  



Ver las Actas de la reunión en el link de esta página DOCUMENTOS



El capitán médico Mazza, por su parte, después de haber tenido innumerables gestiones y contactos el día 15 y nuevamente el 16, especialmente con el presidente Farrell con quién se reúne en 5 oportunidades, consigue que este “ordene” (su poder era limitado), al ministro de Marina, almirante Vernengo Lima, para que Perón sea trasladado a Buenos Aires en razón de su problema de salud. 

Vernengo Lima, muy a su pesar, dispone el envío de dos médicos civiles en nombre de la Marina, los doctores José Tobías y Nicolás Romano y un oficial de su fuerza, el capitán de corbeta Andrés Tropes para controlar todo. Además de los anteriores componen el grupo del capitán médico Mazza, el comisario Rodríguez, hombre de Perón y enviado muy especialmente por Farrell para estar presente en la delicada operación política que está por realizarse y el mayor Jorge Moretti.

En combinación con Mazza, Rodríguez acepta realizar una simulada maniobra que consistirá en abrazar como saludo a Perón y decirle confidencialmente en el abrazo que no se deje revisar por la junta de Marina. La torpedera que los conduce recién llega en horas de la noche y se disponen a revisar médicamente a Perón, a lo cual el coronel se niega terminantemente aduciendo que le corresponde ser revisado por médicos del ejército. Además y previamente, Perón y Mazza se habían reunido a solas y muy seguramente Mazza lo advierte detalladamente de la situación política en todo el país.

Informados Farrell y Vernengo Lima de la negativa de Perón, finalmente se dispone su traslado al Hospital Militar de Buenos Aires, donde después de una navegación dificultosa arriban al puerto, alrededor de las seis de la mañana. Solo al llegar, Perón es informado de que va a ser internado en el Hospital Militar, lo que efectivamente sucede y se ubica en la habitación del capellán militar del hospital, la que pasa a ser desde ese instante la sala de comando de toda la operación política en curso. Primera batalla ganada y ya estamos en el 17 de octubre de 1945.

El  miércoles  17 de  octubre de 1945, es  el DIA DE LA LEALTAD. Caducan todos los esqueletos políticos tradicionales y se transforman en artículos de museo.  Esta paráfrasis de lo dicho por Perón en la obra ya citada de Eugenio ROM, explica con claridad toda la dimensión de lo sucedido en este día y casi alcanza para explicarlo sin más palabras.

Sin embargo, vamos a ir paso por paso y hecho por hecho, para fijar, una vez más en la memoria colectiva, los acontecimientos que cambiarán para siempre la vida de los argentinos.



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Perón llega a Buenos Aires


06,00 hs. – Perón arriba al puerto de Buenos Aires y es internado en el Hospital Militar. Al llegar, tuvo esta apreciación de la situación: “Desde mi llegada a Puerto Nuevo no escapó a mi percepción que en Buenos Aires había clima de tragedia. El verdadero pueblo estaba en la calle y había desaparecido, como por encanto, la turba de lechuguinos y damiselas empingorotadas, que días pasados asolaban la plaza del Prócer Máximo, en un picnic ‘champañero’ y revolucionario, pero intrascendente para los verdaderos argentinos. Eran los mismos que regateaban sus bienes a San Martín, cuando los gauchos ofrecían sus vidas, que era lo único que poseían. El coloso debió mirarlos desde el bronce, pensando que la historia suele repetirse. Los verdaderos soldados velaban en pie con el arma al brazo los destinos de la Nación desde sus cuarteles, mientras algunos ‘guerreros de club’ pretendían aconsejar al Gobierno actitudes que ellos eran incapaces de comprender y menos aún de ejecutar. Obscuros personajes de cerebro marchito y corazón intimidado se unieron a esos ‘revolucionarios de utilería’ y completaron el grotesco panorama de una representación de Don Juan del arte decadente y ‘machietista’. (87) Impecable fotografía de la realidad y amarga descripción de los que querían, desde el odio y los privilegios, arrebatar al pueblo las conquistas.

Como consignamos, Perón ya instalado en el Hospital Militar, empieza a ser el dueño de la situación y a conducir.

Lo primero que hace es hablar por teléfono con Evita y exigir la libertad inmediata de Mercante, lo que se efectiviza a las 11 de la mañana y sobre el mediodía ya está reunido con Perón.

La primera visión sobre el estado físico y anímico de Perón la ofrece el general Tanco con este testimonio: “En un momento estábamos Quijano, Velazco, Antille, Pistarini, De la Colina, Benítez, Lucero, Molina, Uriondo, Herrera y yo. La gente entraba y salía; también estaba el doctor Mazza y algunos que no recuerdo.

Lo encontramos aún bajo la influencia del viaje, que había sido muy agitado por la marea. Mantuvimos una conversación aparte con él quienes habíamos sido sus inmediatos colaboradores. Le transmitimos informaciones que teníamos, y le hicimos conocer nuestra emoción y la seguridad de que la situación estaba dominada. Las llamadas desde la Casa de Gobierno se sucedían; el presidente Farrell quería calmar a la muchedumbre.  (Apréciese aquí que el gobierno no sabe que hacer y recurre a quién horas antes estaba detenido y confinado). En determinado momento Perón, volviéndose a mí, me preguntó: ‘¿Hay mucha gente? ¿Realmente hay mucha gente, che?’ Nunca me había tuteado, pero su creciente entusiasmo se comenzaba a apreciar en su cambio físico y espiritual. Volvía a ser Perón, el Perón que nosotros queríamos.” (88)

A las pocas horas de iniciar su estadía en el Hospital Militar, esto ya era conocido por muchos de los trabajadores que habían comenzado a movilizarse sobre la ciudad de Buenos Aires y en número de aproximadamente 2.000 se reúnen frente al hospital y vivan a Perón.

El mismo Perón da su testimonio: “Desde el Hospital Militar percibía los gritos de los trabajadores y mi corazón se llenaba de satisfacción: ellos, en quienes yo había puesto mi fe y mi amor de hermano y argentino, no me defraudaron a mí, como no han defraudado a la Patria, a quien han dado su grandeza con sus sudores germinantes y generosos. ¡Ellos también le han dado todo sin pedirle nada! a semejanza de los grandes de nuestra gesta gloriosa.” (89) 

     08,00 hs. – Entre las 7 y las 8 de la mañana se congregan en Avellaneda cerca de 10.000 personas portando banderas argentinas, carteles con la imagen de Perón e improvisados carteles dando profesión de fe y de lealtad. Algunos de los mismos se atreven ya a proclamar ¡Perón Presidente!

    

El clima es de mucha algarabía. No hay violencia y por cierto que, el primer acto de violencia lo impone la policía al levantar los puentes sobre el Riachuelo que divide la Capital de Avellaneda. Algunos habían comenzado a pasar. Al interrumpirse el flujo de personas por los puentes clausurados por levantamiento, surge una actitud popular que va a pasar a la historia. El torrente humano se lanza a pasar por el terraplén ferroviario cercano a los puentes, usando los botes que estaban disponibles e improvisando balsas con tablones para poder cruzar las putrefactas aguas del Riachuelo. El avance es incontenible. No hay dique de contención posible para el pueblo. Cuando este acrecienta su presión, procede como el agua rebasando aquello que le impide su paso, explicará el propio Perón años después.



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El pueblo se moviliza y el gobierno se paraliza
Las fuerzas militares antiperonistas 


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Ciudad de La Plata-Plaza San Martín



12,00 hs. –  El gobierno, léase Avalos y Vernengo Lima, ya que el presidente Farrell hace de astuto espectador esperando el desgaste de estos dos ministros y la evolución de la situación, se halla virtualmente sitiado.

Abajo, en la plaza, la multitud se acrecienta minuto a minuto. La información de la que disponen, les hace saber que las columnas de trabajadores que convergen sobre Buenos Aires, vienen desde todos los puntos del Gran Buenos Aires y la propia ciudad capital se halla paralizada y en estado de rebelión y asamblea. Que la gente se dirige caminando o con el recurso que tenga a mano.

Las fotografías que publicamos a continuación, así lo testimonian.



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Todos ellos eran uno solo y coreaban: “ Los que están con Perón que se vengan al montón”



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Buenos Aires 17 de octubre. Como se pueda, hay que llegar a Plaza de Mayo



La guarnición militar de Campo de Mayo, que fue la que promovió el golpe de mano que separó a Perón del gobierno, también está paralizada por la incertidumbre, por su propio resquebrajamiento (hay serios cuestionamientos por el desarrollo político posterior a la renuncia de Perón) y los jefes más exaltados y más dispuestos a reprimir, no consiguen la orden de Avalos, su comandante natural. Por otro parte, hacen falta de 3 a 4 horas para llegar de Campo de Mayo a Plaza de Mayo y para ese entonces la multitud será imposible de disolver. 

Un claro ejemplo de lo último, es lo que protagoniza el teniente coronel Gerardo Gemetro, jefe del regimiento 10 de caballería que, ante la evidencia de la contradictoria y tolerante actitud de la policía, se comunicó con Avalos y le solicitó permiso para avanzar sobre Buenos Aires y reprimir con la mayor violencia posible para evitar que la gente llegara multitudinariamente a Plaza de Mayo, lo que resultaría un hecho sin retorno y derribaría al gobierno, como efectivamente ocurrió. 

Avalos le niega el permiso, pero también es presionado por Vernengo Lima para que dispare sobre la multitud, directamente o al aire, y le asegura la participación de la flota que permanece anclada en el Río de Plata a la espera de sus órdenes. En la Plaza de Mayo, junto a Farrell, observan como se reúne la gente y comienzan a desesperarse. Vernengo Lima le dice a Avalos: “Hágase fuerte mi general, que yo haré otro tanto en la escuadra” (en referencia a los buques anclados frente a Buenos Aires). Avalos se niega a reprimir. Esta situación se produce sobre el mediodía en el almuerzo que reúne a los tres en la casa de gobierno.

Por su parte el jefe de regimiento más antiguo de la guarnición Campo de Mayo, decidió por su cuenta citar y reunir a todos los demás jefes para tratar la situación. Lo único que se decidió fue que era necesario marchar sobre Buenos Aires, pero con la orden de Avalos. La orden nunca llegó y Campo de Mayo no se movilizó.

La primera división de ejército con sede en Buenos Aires tenía nuevo comandante, el general de división Santos Rossi, designado por Avalos y que rápidamente reemplazó a los jefes de unidad de la división más favorables a Perón. Buscábase, obviamente, cortar con toda posibilidad de apoyo militar a Perón en unidades con mando de tropa y capacidad de fuego. Sin embargo, en la tarde del 17, el coronel Carlos Mujica retomó el mando del regimiento de infantería 3 del cual había sido su jefe hasta pocos días antes. También había que registrar que muchos oficiales de inferior graduación, sin mando de unidades, permanecían leales a Perón y por su puesto ejercían su influencia en la situación.

Sobre el mediodía la multitud en ese mismo punto, Puente Pueyrredón, Avellaneda, asciende aproximadamente a 50.000 personas. Los puentes son bajados y todo el mundo pasa en dirección a Plaza de Mayo. Los ferrocarriles han paralizado su actividad a las 8 de la mañana de manera totalmente espontánea, lo que motivó entre otras cosas, que los directores de los ferrocarriles, de propiedad inglesa, fuesen a entrevistarse con el embajador inglés Sir David Nelly para expresarle su preocupación y pedirle su intervención para protegerlos. Este hecho motivó que el embajador se dirigiera pasado el mediodía la Casa Rosada para entrevistarse con Vernengo Lima, a quién él juzgaba como el único ministro en actividad (sic) y le exigiera la protección de esos medios de transporte en manos de sus connacionales. La respuesta del ministro fue que haría todo lo posible en esa dirección, pero que  “ni el mismo estaba seguro de lo que estaba sucediendo”(90)

A medida que las columnas ingresan desde el Gran Buenos Aires (cordón suburbano con gran cantidad de fábricas y talleres) a la Capital y que en esta se arman espontáneamente grupos y con estos nuevas columnas de personas, la ciudad se va paralizando en todas sus actividades. Una doble sensación se apodera del ámbito de la ciudad. Por un lado, un profundo silencio se “siente” a medida que se paralizan todas las actividades.

“El 17 de octubre yo estaba en mi casa, en Santos Lugares, cuando se produjo aquel profundo acontecimiento. No había diarios, no había teléfonos ni transportes, el silencio era un silencio profundo, un silencio de muerte. Y yo pensé para mí; esto es realmente una revolución. Lo cierto es que aquellas masas eran multitudes que habían sido sistemáticamente escarnecidas y expoliadas, que ni siquiera eran gentes, que no eran personas. Ese concepto de ‘persona’ que tan profundamente la Iglesia reivindicó para el hombre, y que trajo a la civilización occidental una revolución espiritual tan trascendente. Pues bien, esa multitud de parias había encontrado un conductor, un líder que había sabido moverlas, que había sabido despertar su amor.” (91)

Al mismo tiempo del silencio que siente Sábato, con los grupos que se van conformando y que marchan hacia Plaza de Mayo, resuena a sus pasos un canto que parece invadir todo: “Los que están con Perón que se vengan al montón”.

   Lo que sucede de hecho es una huelga general sobre el mismo día 17 y se desconoce, por no haberse informado ni divulgado, la decisión de la C.G.T. de huelga general para el día 18. Quiere decir que los trabajadores decidieron un paro total por su cuenta. Histórico.



Testimonio de Cipriano Reyes

«La columna más maravillosa fue la que partió de Berisso. Estaba integrada por más de cinco mil compañeros; por el camino iban requisando todo lo que pudiera servir como medio de transporte: autos, colectivos, tarros, también pedían a la gente que se sumara a la marcha. Llegamos a eso de las cuatro de la tarde, antes había estado trabajando en la movilización. Yo viajaba en un coche con el compañero Ernesto Cleve. Cuando llegamos a Puente Barracas nos encontramos con mucha gente, ya que habían levantado el puente y no se podía seguir. Los compañeros se largaban al agua como podían, usaban los botes, los trasbordadores de los frigoríficos, tiraban bancos viejos o cualquier cosa que flotara para hacer balsas, otros simplemente nadaban en las sucias aguas del Riachuelo.
«Así era el ansia por pasar al otro lado. Les dije que fueran por el puente del ferrocarril. A los pocos minutos bajaron Puente Barracas y la gente se aprestó a cruzar. La policía intentó cerrar el paso e hizo una descarga cerrada al aire. Escuché decir a un oficial a sus subordinados: ‘¡Déjenlos
pasar!…¿Quien ataja esto?’ 
«Nos desplazamos por Barracas, tomando la avenida Montes de Oca hasta Constitución, donde hubo una concentración parcial. Volvimos a Bernardo de Yrigoyen para avanzar sobre Plaza Mayo. En cada cuadra se incorporaban más hombres y mujeres a la manifestación, desde los balcones nos aplaudían. Fue maravilloso.»

 



Hay tres consignas principales entre muchas otras que corea el pueblo: ¡Los que están con Perón que se vengan al montón!, ¡Hay que ir a Plaza de Mayo! y ¡Queremos a Perón!

Un testimonio lapidario explica los hechos de este modo: “En realidad, la idea de volcarse sobre la Plaza de Mayo brotó espontáneamente en el seno profundo de las masas populares, porque de otra manera no hubiera podido surgir. No hay orden capaz de movilizar a un tiempo a centenares de miles de hombres mujeres y niños, sino cuando esas multitudes sienten la necesidad de manifestarse en los momentos decisivos de su existencia.

 Nos lanzamos a la calle a restablecer todos los contactos. El teléfono del sindicato sonaba desde hacía dos horas confirmando todo lo dicho por los compañeros de Barracas. Tratamos de tomar contacto con el cuerpo de delegados metalúrgicos del Gran Buenos Aires  (zona adyacente a la Capital Federal, Buenos Aires). Pero se había prácticamente diluido en el océano de mil manifestaciones y columnas parciales; las masas habían deglutido a los sistemas de organizaciones sindicales y los miles de delegados de fábrica estaban a la cabeza de la muchedumbre que debía encontrar su unidad a través de cien calles y barrios en la histórica Plaza de Mayo…” (Subrayado nuestro) (92)

  

Si hay definiciones útiles e incontrastables para entender el 17 de octubre, esta puede ser una de las mejores. De la propia boca y conciencia de un dirigente sindical, Angel Perelman, surge esta definición, tanto de lo que es la sabiduría popular, como de que forma quedó atrás la organización sindical, cuando el propio pueblo decidió actuar colectivamente detrás de una consigna sin esperar a nadie y sobre el hecho de que tampoco los delegados esperaron a su organización madre. Simplemente se pusieron a la cabeza de las manifestaciones.



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Plaza de Mayo sobre el mediodía  y  en las primeras horas de la tarde



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Cuadro de situación en Buenos Aires entre el 12 y el 18 de octubre de 1945



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Excelente gráfico que describe como se movilizó el pueblo hacia Plaza de Mayo. Publicado por “Perón el hombre del destino”, Enrique Pavón Pereyra

 



Negociaciones con Perón 
Perón empieza a controlar la situaci?n y el gobierno debe negociar

14,00 hs. – Pasado el mediodía Perón es el dueño de la situación. A medida que ingresan a la capital más y más trabajadores, y que en la propia ciudad de Buenos Aires se paralizan las actividades y muchos porteños se incorporan a las columnas que avanzan hacia Plaza de Mayo, la posición de Perón es cada vez más fuerte.

Ya ha hablado telefónicamente con el presidente Farrell y este se convierte con el correr de las horas en el freno para los que quieren reprimir y virtualmente se coloca del lado de Perón.

15,30 hs. – Un grupo de sindicalistas ferroviarios pudo tener contacto con Perón en el lugar donde estaba dentro del hospital. Fue muy breve, pero marcaba con claridad que ya tenía la libertad de maniobra suficiente para ese tipo de acciones políticas.

16,30 hs. – El teniente coronel Mercante, desde su liberación se había convertido en el negociador principal de Perón. Lo acompañaban en esa delicada misión el general Pistarini, el brigadier Bartolomé de la Colina y el ex ministro de finanzas Armando Antile. Repetidamente desde esta hora, momento en que Avalos llama a Mercante para que se dirija a la Casa Rosada, el grupo negociador va y vine en ese trayecto varias veces.

Por otra parte, Avalos y Vernengo Lima, sitiados como dijimos, no aciertan a destrabar la situación. Uno porque pensaba que todo pasaría en horas luego de que los trabajadores se desahogaran en la Plaza y supieran que Perón estaba en libertad; el otro porque quería reprimir pero no podía. Insiste sobre Avalos y sobre Farrell, a quién dice:   “Esta cometiendo un grave error, esto hay que disolverlo a balazos y va a ser difícil, hay mucha gente. Las ametralladoras están en el techo, si tiramos al aire se van a ir.” La respuesta del presidente fue:  “No señor. No se hace ningún disparo; la gente puede morir del pánico. Yo no autorizo nada.” (93)

La apreciación de Perón en ese momento, que le es comentada al capitán Russo y testimoniada por este último, se expresa en esta sola frase: “Este es el momento en que hay que aprovechar la debilidad del enemigo.” 

 En determinado momento y aprovechando la presencia de Mercante, Avalos intentó valerse de este para que lo presentase frente a la multitud reunida. Mercante que era muy popular y que recibió una gran exclamación y aplausos, ni bien comenzó a hablar y mencionó que quien iba a dirigirse a los trabajadores era el general Avalos, una explosiva silbatina ahogó su voz y ya nada más fue posible, a pesar de este intentó tres veces pronunciar unas palabras. Los gritos de  ¡Avalos traidor! junto a los silbidos, llenaron atronadoramente la plaza y ¡Queremos a Perón! fue la siguiente consigna de los trabajadores, ¡Queremos a Perón! ¡Queremos a Perón!

Quién sí pudo hacerse oír fue Colom, el director editorial del diario “La Epoca”, que valiéndose de agitar al aire un ejemplar de su diario, pudo ser reconocido por la gente, aplaudido por esta, y brevemente les transmitió que Perón estaba bien y que en un rato estaría hablando en Plaza de Mayo.



El gobierno en retirada
Horas decisivas

19,30 hs. –  A partir de este momento, cuando la situación del gobierno se tornaba angustiosa, el presidente Farrell se retira a la residencia presidencial donde esperará a Perón y en clara actitud para dejar que las cosas se desenvolvieran naturalmente sobre los carriles en que se habían definido, es decir presión popular y desgaste de sus ministros.

 20,00 hs. – Pero lo increíble pocas horas antes, estaba por suceder: el propio Avalos se dirigió al Hospital Militar a entrevistarse con Perón. Esto marca un punto crítico en la debilidad del gobierno, porque era impensable que, quien era el hombre fuerte, fuese al lugar donde estaba su “rival” para parlamentar. Sin embargo así sucedió y la entrevista, alrededor de las 20 hs., de la que se conocen pocos y escasos detalles, puede ser resumida en dos cuestiones: una, la petición que hace Avalos a Perón para que se dirija a la multitud y la calme; y otra, la necesidad urgente de que se entreviste con Farrell. Todo parece aproximarse al desenlace y a los momentos culminantes. 

Perón acepta reunirse con el presidente, pero antes de hacerlo impone condiciones, las que son aceptadas por Farrell. Algunas de las mismas fueron las siguientes: “Primero, que Vernengo Lima se mande a mudar; segundo, que la jefatura de policía la ocupe Velazco; tercero, que lo busquen a Pantín y lo pongan al frente de las fuerzas del mar, y que Lucero se haga cargo del ministerio de Guerra; hay que traer inmediatamente a Urdapilleta, que está en Salta, para se haga cargo del ministerio del Interior. Esas son mis condiciones.” (94) 

  Avalos de regreso a la Casa Rosada, se comunica con la guarnición de Campo de Mayo y anuncia a los jefes de las unidades que Perón se dirigirá a la multitud desde los balcones de la plaza. No dio ninguna explicación más. No podía tampoco. Ese era el parte de la derrota. Los jefes por su parte no se movilizaron. No lo habían hecho hasta acá y esta novedad parecía sellar la suerte de la situación. Asumieron que habían sido vencidos.

20,30 hs. –  A esta hora aparece en la Casa Rosada el Procurador General de la Nación, Dr. Alvarez. ¿Qué viene a hacer este personaje? Viene a traer la lista de los ministeriables que estaba elaborando desde hacía pocos días. Abstraído completamente de lo que pasaba en el país, él siguió adelante con la lista y cuando hubo de tenerla finalizada, procedió a entregarla. Un caso notable de hasta donde la especie humana puede contrariar la realidad. Alvarez no sabía lo que estaba pasando y ni siquiera se enteró, cuando, forzosamente, debió estar cara a cara con la multitud de la plaza para poder entrar en la sede del gobierno. Increíble pero cierto. Dejo su lista, vaya a saber a quién y se retiró. Para la antología de los desatinos.

Afuera la plaza empieza a desbordar de gente y la tensión crece porque Perón no aparece. La multitud corea, brama e insiste ardientemente con un solo grito ¡Perón, Perón! Sin embargo, no hay desmanes ni incidentes. La policía definitivamente ha dejado de reprimir y ve con simpatía todo lo que sucede. No hay enfrentamientos. El jefe de la policía a renunciado y el cuerpo policial se halla a cargo del coronel Molina, quien había sido subjefe hasta hace una semana, pero en esta situación y sin ser designado por nadie, se hace cargo de la jefatura.



Reunión de Farrell con Perón

21,00 hs. – Son las 21 hs cuando el presidente Farrell, habiendo conversado una vez más con Antille, lo llama por teléfono a Perón y le dice que lo espera en la residencia presidencial. Perón resuelve ir a donde es esperado por el presidente. Es el primer paso que da fuera del lugar de su internación, después que fuese traído de la isla Martín García. Es un momento clave, trascendente y decisivo. Para la Argentina y para el mismo. La tensión vivida y lo que falta por vivir, se refleja en su rostro. Según todos los testimonios se lo ve guardando un profundo silencio, que solo quiebra para pedir información y dar directivas. Escuetas y precisas. La preocupación que carga sobre sí es abrumadora, pero su decisión de llegar al final y quedarse con la victoria para el pueblo y para él es inclaudicable, y no considera ninguna otra opción. Busca todas las garantías antes de dar sus últimos pasos en dirección a Plaza de Mayo.

  Una de ellas, es apreciar correctamente el cuadro de situación militar y tener las mayores seguridades, léase apoyos de unidades de combate y que aquellas que lo habían desplazado no estuviesen en condiciones de operar.

21,45 hs.  – Perón llega a la residencia presidencial y es recibido por Farrell. La conversación no fue muy extensa. Se acordaron los términos de las condiciones de Perón las que fueron aceptadas íntegramente. Una de ellas, la renuncia de Avalos al Ministerio de Guerra se cumplió de inmediato siendo reemplazado por el general Sosa Molina. Este, rápida e instantáneamente, desplazó también a Avalos de la jefatura de la guarnición Campo de Mayo, relevando al mismo tiempo a todos los jefes antiperonistas de las unidades de la guarnición, tomando además la extrema medida de licenciar al grueso de la tropa de soldados para restar cualquier posibilidad de maniobra a esas unidades. Todo se cumplió con precisión. 

La reunión Farrell-Perón termina a las 22,25 hs. y juntos se dirigen a la Casa Rosada.



El testimonio de lo conversado por los dos está dado por el propio Perón y es recogido en el video que forma parte de esta página.



Perón en la Casa Rosada
Habla a la multitud reunida en la Plaza de Mayo

23,00 hs. –  A las 23 hs. del día miércoles 17 de octubre de 1945 Perón, acompañado por el presidente Farrell hace su ingreso a la Casa Rosada, sede del gobierno.

 Minutos después, siendo las 23,10 hs., y después de una última y brevísima reunión con el presidente, Perón aparece en el balcón y se reencuentra con el pueblo trabajador. El que lo rescató de su prisión. La visión que tiene Perón desde el balcón junto a quienes lo acompañan, coincide en que lo se presenta ante sus ojos es de muy difícil valoración, tanto por el grado de conmoción para su espíritu, como del número exacto de esa multitud. Lo cierto es que cuando aparece y la gente lo ve, estalla una exclamación que durará no menos de 15 largos minutos, donde Perón no puede comenzar a hablar y en realidad tampoco es lo prioritario. Si lo es ese interminable abrazo que se da el pueblo con su conductor. Vital, trascendente, fundamental, fundacional y lleno de amor. No hay intermediario alguno. Es cara a cara y el intercambio sellará para siempre la unión entre los dos.

El número real de los asistentes es calculado razonablemente en más de 350.000 personas, lo que equivale a decir que la Plaza de Mayo estaba totalmente colmada en número de 170.000 personas, tal es su capacidad, a lo que debe agregarse el resto calculado para alcanzar el número apuntado previamente en las adyacencias de la misma, sin poder ingresar. En un mar de antorchas improvisadas con los diarios del día, la alegría convertida ya en excitación, ardor, frenesí y entusiasmo inunda todo. Perón esta ahí, la victoria se toca con las manos.

Inútiles resultan los esfuerzos de un locutor que pide e implora que se lo deje hablar a Perón. La ovación se prolonga, llegan flores, banderas argentinas, se piden abrazos de Perón con Farrell y con Quijano. Se escuchan coros como ¡Farrell y Perón un solo corazón! ¡Perón encontró un hermano, Hortensio J. Quijano!

 Finalmente Farrell toma la iniciativa de presentar a Perón, pero solo con palabras entrecortadas por el griterío atronador de la muchedumbre y virtualmente a los gritos, puede decir lo siguiente: “Atención señores: de acuerdo con la voluntad de ustedes, (sorprendente reconocimiento de la soberanía popular) el gobierno no será entregado a la Suprema Corte de Justicia Nacional. Se han estudiado y se considerarán en la forma más ventajosa posible para los trabajadores las últimas peticiones presentadas.

Con la unión y el trabajo hemos de llegar a obtener la más competa victoria de la clase humilde que son los trabajadores. Nada más. Ahora el hombre que por su dedicación y su empeño ha sabido ganarse el corazón de todos: el coronel Perón.” (Subrayado nuestro)

  

Una impresionante ovación recibió la presentación de Perón. Ya no cabía un solo segundo más en la espera y verlo salir al balcón de la Casa Rosada, provocó una extraordinaria explosión de júbilo. Fue una exclamación única, irrepetible, que dura varios minutos más y que expresa el sentimiento final de victoria. Definitivamente ¡Tenemos a Perón! Es el inicio de un diálogo, aguda observación de Félix Luna, propio de una verdadera democracia directa, agregamos nosotros. ¿Qué como es posible un diálogo entre una persona y otras trescientas cincuenta mil? Fue posible y volverá a suceder varias veces más con Perón, con Evita, con el Pueblo, en Plaza de Mayo, en la Avenida 9 de Julio y en tantos y tantos lugares más. Desde acá en adelante, todo es posible.



23,45 hs. – Discurso del coronel Perón



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Una de las escasísimas imágenes fotográficas del discurso



Trabajadores: Hace casi dos años desde estos mismos balcones, dije que tenía tres honras en mi vida: la de ser soldado, la de ser un patriota y la de ser el primer trabajador argentino.

Hoy a la tarde, el Poder Ejecutivo ha firmado mi solicitud de retiro del servicio activo del Ejército. Con ello, he renunciado voluntariamente al más insigne honor al que puede aspirar un soldado: llevar las palmas y laureles de general de la Nación. Ello lo he hecho porque quiero seguir siendo el coronel Perón, y ponerme, con este nombre al servicio integral del auténtico pueblo argentino.

 El pueblo

¡Presente! ¡Presente! ¡El pueblo con Perón!

 Perón

Dejo pues, el honroso y sagrado uniforme que me entregó la Patria, para vestir la casaca de civil y mezclarme en esa masa sufriente y sudorosa que elabora en el trabajo la grandeza del país.

Con esto doy mi abrazo final a esa institución que es el puntal de la Patria: el Ejército. Y doy también el primer abrazo a esta masa inmensa, que representa la síntesis de un sentimiento que había muerto en la República: la verdadera civilidad del pueblo argentino. Esto es pueblo.

– El pueblo

¡Es el pueblo, es el pueblo!

 Perón

  Esto es el pueblo sufriente que representa el dolor de la madre tierra, que hemos de reivindicar.

El pueblo

¿Donde estuvo? ¿Dónde estuvo?

 Perón

Es el pueblo de la Patria, el mismo que en esta histórica plaza pidió frente al Cabildo que se respetara su voluntad y su derecho.

Es el mismo pueblo que ha de ser inmortal, porque no habrá perfidia ni maldad humana que pueda someter a esta masa grandiosa sentimiento y en número. Esta es la verdadera fiesta de la democracia, representada por un pueblo que marcha a pie durante horas, para llegar a pedir a sus funcionarios que cumplan con el deber de respetar sus auténticos derechos.

Muchas veces he asistido a reuniones de trabajadores. Siempre he sentido una enorme satisfacción, pero desde hoy sentiré un verdadero orgullo de argentino, porque interpreto este movimiento colectivo como el renacimiento de una conciencia de los trabajadores, que es lo único que puede hacer grande e inmortal a la Nación.

Hace dos años pedí confianza. Muchas veces me dijeron que ese pueblo a quien yo sacrificara mis horas de día y de noche, habría de traicionarme…

 El pueblo

¡Nunca! ¡Nunca!

 Perón

Que sepan hoy los indignos farsantes que este pueblo no engaña a quien no lo traiciona. Por eso, señores, quiero en esta oportunidad, mezclado con esta masa sudorosa, estrechar profundamente a todos contra mi corazón, como lo podría hacer con mi madre. (En ese instante, alguien cerca del balcón le gritó: ¡un abrazo para la vieja!)

Desde esta hora, que será histórica para la República, que se el coronel Perón el vínculo de unión que haga indestructible la hermandad entre el pueblo, el ejército y la policía; que sea esta unión eterna e infinita, para que este pueblo crezca en esa unidad espiritual de las verdaderas y auténticas fuerzas de la nacionalidad y del orden; que esa unidad sea indestructible infinita para que nuestro pueblo no solamente e posea la felicidad sino también sepa dignamente defenderla.

Esa unidad la sentimos los verdaderos patriotas, porque amar a la Patria no es amar sus campos sino amar a nuestros hermanos. Esa unidad, base de toda felicidad futura, ha de fundarse en un estrato formidable de este pueblo, que al mostrarse hoy en esta plaza, en número de medio millón, está indicando al mundo su grandeza espiritual y material.

El pueblo

¿Dónde estuvo? ¿Dónde estuvo?

Perón

¿Preguntan ustedes dónde estuve? ¡Estuve realizando un sacrificio que lo haría mil veces por ustedes!

No quiero terminar sin enviar mi recuerdo cariñoso y fraternal a nuestros hermanos del interior, que se mueven y palpitan al unísono con nuestros corazones, en todas las extensiones de la Patria. A ellos, que representan el dolor de la tierra, vaya nuestro cariño, nuestro recuerdo y nuestra promesa de que en el futuro hemos de trabajar a sol y a sombra para que sean menos desgraciados y puedan disfrutar más de la vida.

 Y ahora, como siempre, de vuestro secretario de Trabajo y Previsión, que fue y seguirá luchando al lado vuestro para ver coronada esa era que es la ambición de mi vida: que todos los trabajadores sean un poquito más felices.

 El pueblo

¿Dónde estuvo? ¿Dónde estuvo?

 Perón

Señores: ante tanta insistencia, les pido que no me pregunten ni me recuerden lo que hoy ya he olvidado, porque los hombres que no son capaces de olvidar, no merecen ser queridos ni respetados por sus semejantes. Y yo aspiro a ser querido por ustedes….

 El pueblo

¡El pueblo con Perón!

Perón

…. y no quiero empañar este acto con ningún mal recuerdo.

Perón

Ha llegado ahora el momento del consejo. Trabajadores: únanse, sean más hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse nuestra hermosa tierra, la unidad de todos los argentinos. Diariamente iremos incorporando a esta enorme masa en movimiento a todos los díscolos y descontentos, para que, junto con nosotros, se confundan en esta masa hermosa y patriótica que constituyen ustedes.

Pido también, a todos los trabajadores que reciban con cariño éste mi inmenso agradecimiento por las preocupaciones que todos han tenido por este humilde hombre que hoy les habla. Por eso poco les dije hace un momento que los abrazaba como abrazaría a mi madre, porque ustedes han tenido los mismos pensamientos y los mismos dolores que mi pobre vieja habrá sufrido en estos días.

Confiemos en que los días que vengan sean de paz y construcción para el país. Mantengan la tranquilidad con que siempre han esperado aun las mejoras que nunca llegaban. Tengamos fe en el porvenir y en que las nuevas autoridades han de encaminar la nave del Estado hacia los destinos que aspiramos todos nosotros, simples ciudadanos a su servicio.

Sé que se habían anunciado movimientos obreros; en este momento ya no existe ninguna causa para ello. Por eso les pido, como un hermano mayor, que retornen tranquilos a su trabajo. Y por esta única vez, ya que nunca lo pude decir como Secretario de Trabajo y Previsión…

El pueblo:

¡Mañana es San Perón! ¡Mañana es San Perón, que trabaje el patrón!

Perón:

… les pido que realicen el día de paro festejando la gloria de esta reunión de hombres de bien y de trabajo, que son las esperanzas más puras y más caras de la Patria.

He dejado deliberadamente para lo último, el recomendarles que antes de abandonar esta magnífica asamblea, lo hagan con mucho cuidado. Recuerden que ustedes, obreros, tienen el deber de proteger aquí y en la vida a las numerosas mujeres obreras que aquí están. 

Finalmente, les pido que tengan presente que necesito un descanso, que me tomaré en Chubut para reponer fuerzas y volver a luchar codo a codo con ustedes, hasta quedar exhausto, si es preciso.

Pido a todos que nos quedemos por lo menos quince minutos más reunidos aquí, porque quiero estar desde este sitio contemplando este espectáculo que me saca de la tristeza que he vivido en estos días.

17 de octubre de 1945 – Plaza de Mayo – Buenos Aires (95)






Sobre el discurso del 17 de octubre
    Perón y las emociones del pueblo

Todos los discursos de Perón son únicos e irrepetibles, sin embargo este, el del 17 de octubre de 1945 en Plaza de Mayo frente al pueblo trabajador, tiene una luz propia muy intensa. 
Es un discurso donde el conductor lee en el espíritu de la multitud todas las emociones vividas y traza una línea hacia lo por venir. Si la emoción es expresión orgánica de sentimientos o la lectura que hace el cuerpo humano del espíritu, ese día 17, todo el pueblo presente debe haber pasado de la bronca al regocijo; de la incertidumbre a la certeza; del temor por perder todo lo ganado a la convicción de la victoria. De la preocupación al júbilo; del reclamo furioso al grito de alegría, mezclado con saltos interminables a pesar de la fatiga y del calor, y con el llanto que no es de tristeza, sí de profunda felicidad. Todas las emociones juntas.

El conductor frente a los trabajadores percibe todo, y les dice: ”porque ustedes han tenido los mismos pensamientos y los mismos dolores que mi pobre vieja habrá sufrido en estos días.”, y por cierta magia solo posible de hallar entre dos que se aman, los abraza y los reconforta. Y más, y más, y más, y todo lo que en el discurso dice. Único, irrepetible y con intensa luz propia.




 

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18 de octubre de 1945 – Diario Clarín de Buenos Aires



 

Final de la concentración
El drama es implacable
Intento desesperado de Vernengo Lima


 Antes de llegar a las 01,00 hs. del 18 de octubre, la concentración termina y lentamente la gente, distendiéndose y con absoluta calma emprende el camino de retorno a sus hogares. Muchos de ellos, la gran mayoría, vive a kilómetros de la plaza. El servicio de transporte es escaso o nulo. La única opción es caminar. Más que resignadamente, la multitud comienza a caminar con la satisfacción de haber cumplido con una misión y no repara en la dificultad que la falta de transportes le pone por delante. No importa, simplemente camina.

Pero tal como pareciera ser, fatalmente, el camino de la gloria está plagado de espinas insoslayables. Faltaba un tributo de sangre en aquella noche donde todo parecía y efectivamente lo había sido, feliz. El drama, que siempre acecha, es implacable y se hizo presente.

La gruesa columna que desconcentró por Avenida de Mayo hacia el Oeste, al pasar a la altura del 1300 de esa avenida y frente al edificio del diario Crítica, el mismo que había titulado en su edición de esa mañana que  “GRUPOS AISLADOS QUE NO REPRESENTAN AL AUTENTICO PROLETARIADO ARGENTINO TRATAN DE INTIMIDAR A LA POBLACION”,  recibe de las ventanas de este diario una cerrada descarga de fuego que incluye ráfagas de ametralladoras. Entre los que disparan hay españoles ex milicianos republicanos, venidos a la Argentina y puestos obviamente al servicio de los intereses antiargentinos y antipopulares. ¿Qué los llevó a disparar a mansalva sobre la multitud? ¿Qué los llevó a colocarse al lado de la oligarquía argentina que encarceló a Perón? Lo habrán sabido ellos. El saldo es tremendo: tres muertos y casi 50 heridos. El tiroteo es tan feroz que la policía, queriendo intervenir no puede hacerlo y no alcanza a poner fin al tiroteo.

Ante la situación, el regimiento 3 de infantería que estaba desplegado en las cercanías, se dispone a intervenir cuando finalmente cesa el fuego.

  

Los muertos son Darwin Passaponti, joven de tan solo 17 años y militante de la Unión Nacionalista de Estudiantes Secundarios que muere a pocos metros a la izquierda de frente al diario. De él, publicamos esta poesía, sorprendente, breve y premonitoria, incluida también en el link de esta página El 17 de Octubre, Poesías, testimonios y reflexiones y que escribió poco antes de su muerte. 



«Quise cruzar la vida con la luz del rayo,
que el espacio alumbra,
seguro de no vivir más que un instante,
seguro de no morir debilitado.
Así como el rayo: corto, breve, soberano…»


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 Es considerado el primer mártir peronista. Francisco Ramos y Benito Currá, también son heridos de bala y fallecen poco después.

Finalmente y para poner otra cuota de dramatismo a la jornada, el vicealmirante Vernengo Lima, que había huido subrepticiamente y de incógnito de la Casa de Gobierno, previo cambiarse de apuro detrás de un biombo su uniforme de militar por ropa civil, intenta una última maniobra militar. 

Se embarca en una nave, que lo traslada hasta la posición dentro del Río de la Plata donde se encontraba el resto de la flota que amenazaba a Buenos Aires y trata de agrupar esa formación, con la guarnición de Campo de Mayo para retomar el gobierno. Necesita imprescindiblemente de la misma, porque es la que dispone del número en tropas necesarias para ocupar el terreno y supone que esta última guarnición estará en condiciones de aliarse políticamente con él. Grueso error. Campo de Mayo está disgregada, desunida y sus jefes en dispersión y siendo relevados por el nuevo ministro de guerra. No había asumido una actitud activa ese día 17 y tampoco en las últimas 48 hs y tampoco lo hace en este momento. No obstante envía a un delegado suyo para coordinar las acciones y el mismo, al llegar a Campo de Mayo, tiene que hacer despertar a Avalos que había llegado rato antes y previo reunirse con oficiales y comunicarles que todo estaba perdido y terminado, se había retirado a dormir. Despertado y en contacto con el enviado nava,l le hace saber a este cual es la situación real. Vernengo Lima queda cercado y depone su actitud. Todo parece llegar a su fin. 



 



Evita y el 17 de octubre 

Evita, entre muchas referencias y definiciones de lo que fue el 17 de octubre, aporta su luz de este modo: “Yo no niego que haya habido otros movimientos populares de tanta magnitud como el que realizó el pueblo argentino el 17 de octubre de 1945, pero nuestro movimiento los superó a todos en dos cosas: fue un movimiento pacífico y fue alegre.
Porque el pueblo llevaba una gran esperanza y tenía una seguridad. Porque habrían tenido que pasar por encima de los cadáveres del pueblo si no volvía el Coronel, ya que no volverían a su casa sin conseguirlo.
Por lo tanto, estaban seguros de que iban a triunfar en su empresa, y en eso residió su alegría. Es decir, que tenían la alegría del triunfo presentido.
Y fue un movimiento de gratitud hacia un hombre aparentemente vencido.
¿Qué pueblo ha salido a defender a un hombre vencido? Ninguno. ¡Solamente el pueblo argentino!
¡Vean ustedes si habrá sido y será grande Perón!

Cuando él estaba aparentemente vencido, el pueblo salió a la calle con su bandera. Porque en ese momento al decir Perón, decían Patria.” (96) 



 


 




El 17 de octubre, “el resto” y “el subsuelo de la patria”

Dice Alejandro Alvarez: “Al 17 de octubre lo hizo el resto del pueblo” (97). Y dice Raúl Scalabrini Ortiz refiriéndose al mismo pueblo: “Era el subsuelo de la patria sublevado” (98). Dos expresiones, dos afirmaciones similares que apuntan en la misma dirección. Ambas descubren el velo sobre quien eran aquellos que realizaron la gesta del 17.  

     Pero ¿Por qué el resto y por qué el subsuelo de la patria? Porque sencillamente eran los que sobraban; los que no estaban en ningún partido político; muchos ni siquiera estaban encuadrados en un sindicato y muchos no tenían trabajo; nadie tenía derecho ni a la salud ni a la educación; a nadie le alcanza el salario siquiera para comer todos los días y poquísimos se jubilaban; nadie disfrutaba ni de su familia ni del descanso. No había leyes para ellos. El horizonte visible por todos era muy limitado, la expectativa era muy pequeña. Sin embargo todos llevaban el gen de lo colectivo, del común y todos soñaban, como Carlos Orlando Lotitto, a quien recodamos anteriormente en este link, con algo distinto desde 1943. Pues bien, llegó el día en que se sublevaron y el sueño se hizo realidad. Eran ellos, el resto, el subsuelo, los que se habían atrevido a soñar y a realizar una empresa colectiva. Ellos hicieron el 17 de octubre. El otro resto, los que figuraban o participaban de algún beneficio o de alguna quimérica ficción democrática, se quedaron mirando y la historia les paso por encima.




 

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Ra?l Scalabrini Ortiz




 

AL 17 DE OCTUBRE

 

«Corría el mes de octubre de 1945. El sol caía a plomo sobre la plaza de mayo cuando inesperadamente enormes columnas de obreros comenzaron a llegar. Venían con su traje de fragilidad, porque acudían directamente de sus fábricas y talleres. No era esa muchedumbre un poco envarada que los domingos invade el parque de diversiones con hábitos de burgués barato. Frente mis ojos desfilaban rostros atestados, brazos membrudos, torsos fornidos, con las greñas al aire y las vestiduras escasas cubiertas de pringues, de restos de brea, de grasas y aceites. Llegaban cantando y vociferando, y unidos por una sola fe. Era la muchedumbre más heteróclita que en la imaginación se puede concebir. Los rastros de sus orígenes se traslucían en sus fisonomías. Descendientes de meridionales europeos iban junto al rubio de trazos nórdicos y al trigueño de pelo duro en el que la sangre de un indio lejano sobrevivía aún. 

El río, cuando crece bajo el empuje del sudeste, disgrega su masa de agua en finos hilos fluidos que van cubriendo los bajos con meandros improvisados sobre la arena, en una acción tan minúscula que es ridícula y desdeñable para el no avezado que ignora que ese es el anticipo de inundación. Así avanzaba aquella muchedumbre de entusiasmo, que arribaban por la Avenida de Mayo, por Balcarce, por la diagonal. 

Un pujante palpitar sacudió la entraña de la ciudad. Un hábito áspero crecía en las densas vaharadas venían, mientras las multitudes continuaban llegando. 

Venían de las usinas de Puerto Nuevo, de los talleres de Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las fundiciones y acerías del Riachuelo, de las hilanderías de Barracas. Brotaban de los pantanos de Gerli y Avellaneda o descendían de las Lomas de Zamora. Hermanados en el mismo grito y en la misma fe, iban el peón de campo de Cañuelas y el tornero de precisión, el fundidor, el mecánico de automóviles, el tejedor, la hilandera y el empleado de comercio. Era el subsuelo de la patria sublevado. El cimiento básico de la nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción del terremoto. Era el sustrato de nuestra idiosincrasia y de nuestras posibilidades colectivas allí presente, en su primordialidad sin recatos y sin disimulo. Era el de nadie y es sin nada, en una multiplicidad casi infinita de gama y matices humanos, aglutinados por el mismo estremecimiento y el mismo impulso, sostenido por la misma verdad que una sola palabra traducía.

En las cosas humanas el número tiene la grandeza particular por sí mismo. En ese fenómeno majestuoso que asistía, el hombre aislado es nadie, apenas algo más que un aterido grano de sombra que asimismo se sostiene y que el impalpable viento de las horas desparrama. Pero la multitud tiene un cuerpo y un ademán de siglos. Éramos briznas de multitud y el alma de todos nos redimía. Presentía que la historia estaba pasando junto a nosotros y nos acariciaba suavemente como la brisa fresca del río. 

Lo que yo había soñado e intuido durante muchos años estaba así presente, corpóreo, tenso, multifacetado, pero único en el espíritu conjunto. Eran los hombres que están solos y esperan, que iniciaron sus tareas de reivindicación. El espíritu de la tierra estaba presente como nunca creí verlo.

Por inusitado ensalmo, junto a mí, yo mismo dentro, encarnado en una muchedumbre clamorosa de varios cientos de miles de almas, conglomeradas en un solo ser unívoco, aislado en sí mismo, rodeado por la animadversión de los soberbios, de la fortuna, del poder y del saber, enriquecido por las delegaciones impalpables del trabajo de las selvas, de los cañaverales y de las praderas amalgamando designios adversarios, traduciendo en la firme línea de su voz conjunta su voluntad de grandeza, entrelazando en una sola aspiración simplificada la multivariedad de aspiraciones individuales, o consumiendo en la misma llama los cansancios y los desaliento personales, el espíritu de la tierra se erguía vibrando sobre la plaza de nuestras libertades, pleno en la confirmación de su existencia.

La sustancia del pueblo argentino, su quintaesencia de rudimentarismo estaba allí presente, afirmando su derecho a implantar para sí mismo la visión del mundo que le dicta su espíritu un desnudo de tradiciones, de abusos sanguíneos, de vanidades sociales, familiares o intelectuales. Estaba allí desnudo y sólo, como la chispa de un suspiro: hijo transitorio de la tierra capaz de luminosa eternidad.» (99)



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Delfina Bunge y el 17 de Octubre 


      Sin duda que la mirada tan perceptiva y sensible de una mujer de la clase más alta de la sociedad argentina, es más que excepcional. Es una doble excepción. Una por la sensibilidad manifiesta, en sí misma, que exhibe Delfina Bunge, fruto sin duda de su profunda fe religiosa que la acerca al mensaje de Cristo y diferente a la declamada fe, también religiosa, de la oligarquía, más parecida a un pretexto para lavar conciencias que a una real contemplación de ese mismo mensaje; y la otra, por provenir de una mujer del estrato más alto de la sociedad, de donde debiera esperarse exactamente lo contrario, el desprecio y el aborrecimiento a los humildes, tal como sucedió en virtualmente toda la oligarquía. Pero esa doble excepción la ennoblece realmente, más que su pertenencia al mundo de la “sangre azul”.


Su esposo, el historiador Manuel Gálvez comenta de este modo el artículo publicado por Delfina sobre el 17 de octubre:


“El 17 de octubre Delfina fue una de las pocas personas de la clase elevada que vio claro: el movimiento era una revolución social. Entonces publicó en El Pueblo (diario católico) el artículo ‘Una emoción nueva en Buenas Aires’. Muchos suscriptores se borraron del diario y ni Delfina ni yo pudimos seguir colaborando…..Transcribiré unas frases de Delfina, y advirtiendo que en su artículo no nombra a Perón, ni elogia al Gobierno, ni defiende cosa alguna:  ‘Emoción nueva la de este 17 de octubre: la eclosión entre nosotros, de una multitud proletaria y pacífica. Algo que no conocíamos, que, por mi parte, no sospeché siquiera que pudiese existir…..Las calles presenciaron algo insólito. De todos los puntos suburbanos veíanse llegar grupos de proletarios, de los más pobres entre los proletarios. Y pasaban debajo de nuestros balcones. Era la turba tan temida. Era –pensábamos- la gente descontenta…. ¿Va a estallar ahora el odio contenido? ¿Van comenzar las hostilidades? Semejante multitud debía sentirse poderosa para llevar a cabo cualquier empresa. Tiene allí, a un paso, la Catedral, pueden incendiarla. Allí está la Curia, que tantas veces fue el objeto del insulto anticlerical. Pero la multitud se muestra respetuosa. Hasta se vio una columna en la que parte de sus componentes hacían la señal de la cruz al enfrentarse con la Iglesia….No dominan en esta reunión los muera ni los abajo. Estas gentes cansadas y con hambre no se quejan…..Se me objetará que en algunas ciudades hubo desmanes. ¡Milagro portentoso sería que ninguno hubiera habido en parte alguna! Los hubo hasta entre los cruzados que iban a rescatar el Santo Sepulcro….Pero sabido es que estos desmanes fueron la excepción; y yo me refiero aquí especial y únicamente a la gran concentración de Plaza de Mayo.’ Refiere que nuestro primer impulso fue el de cerrar los balcones, pero que, al asomarnos a la calle, quedamos en suspenso. Pues las turbas “parecían trocadas por milagrosa transformación. Su aspecto era bonachón y tranquilo. No había caras hostiles ni puños levantados, como los vimos hace pocos años. Y más aún nos sorprendieron sus gritos y estribillos. No se pedía la cabeza de nadie”…… A Delfina solo le interesaba el hecho de los trabajadores reunidos en actitud de paz. ¿Habrá habido en la masa alguna lejana influencia del Congreso Eucarístico? Luego las palabras que más indignaron. Evoca las turbas de Palestina que seguían a Jesús……Se interpretó que Delfina comparaba a Perón con Cristo….Lo que comparaba eran las turbas. ¿O creían, los ignorantes, que quienes seguían a Jesús era la “gente bien” de Jerusalén? No. los que seguían a Jesús eran los descamisados, la “chusma”. Igualmente desarrapados los de entonces y los de 1945.”

Ella recibió cartas hirientes firmadas y cartas anónimas infames. Por teléfono le decían insolencias. Amigas y amigos se nos alejaron. Y lo que fue el colmo, el director de ‘El Pueblo’ tuvo que renunciar y jubilarse….” (100) 

MANUEL GÁLVEZ “En el mundo de los seres reales”, Ed. Hachette.



 



¿Que sintió el pueblo trabajador cuando terminó la jornada del 17 de octubre?


“Como eran los hombres de cualquier periodo histórico?….Tenemos monumentos, crónicas, relatos, documentos, pero no tenemos al hombre, con sus reacciones, temperamentos, gustos y pasiones. Y sin embargo, fue él quien hizo la historia.” Cepeda Adan, José “En torno al concepto del estado en los Reyes Católicos, Cons. Sup. De Inv. Cient. Madrid, 1956. 
   Esta es la pregunta clave que debiera presidir cualquier estudio histórico y por lo tanto merece ser formulada para esta ocasión.
    ¿Cómo sintió en esa jornada el verdadero hacedor de los hechos, el pueblo, el hombre y la mujer que estuvo en la plaza?
   ¿Cuales fueron los sentimientos y vivencias que albergó el espíritu de los trabajadores después de terminada la jornada? Y de hecho que podemos intuir o leer en documentos o testimonios orales, cuan profundo sintió el resultado de lo que había concluido en Plaza de Mayo. 

   Fue una mezcla de sensaciones, pasiones, impresiones, emociones y sentimientos, todos ellos presididos por la clara conciencia del deber cumplido. Habían rescatado de la prisión a su líder, preservado todas las conquistas sociales e impuesto la voluntad colectiva.

Pero además, su espíritu estaba impregnado por una felicidad sin límites. Sabían que alguien con coraje los protegería de las injusticias que herían sus almas; sintieron algo decisivo para seguir adelante: que sus vidas estaban iluminadas, que advertían el destino; sintieron que Dios los habían escuchado; sintieron y así lo oyeron, que quien les hablaba desde el balcón se ponía en el lugar de ellos. Reconocidos y protegidos, son las palabras; que el mundo no era ni debía ser la desesperanza y el pesimismo derrotista que mostraba el tango “Cambalache”. El mundo no era una porquería. Había lugar para la esperanza y la justicia; la alegría sin límites invadía todos los corazones. Los testimonios recogidos sobre la vuelta a casa desde la plaza coinciden en ese punto; la llegada a los hogares después de horas y horas de tensión, después de caminar kilómetros y kilómetros por la falta de transportes se transformaba en un largo abrazo con los que esperaban ansiosos ese regreso y que habían escuchado el discurso por radio. 

        Así sintió el pueblo trabajador del 17 de octubre.



 

EL 17 de Octubre de 1945 narrado y explicado por el propio Perón.



Este video pertenece a la película de Leonardo Favio “Perón sinfonía del sentimiento”, con material original de la película de Fernando Pino Solanas “La Revolución Justicialista” y editado por Producciones 101 

 



El día después


Tal como el pueblo lo había pedido, el jueves 18 de octubre de 1945, fue un día no laborable, un día de paro. Era lo reclamado en la plaza, “Mañana es San Perón, que trabaje el patrón” y así fue. Los trabajadores no acudieron a sus puestos de trabajo y no hubo transportes; las fábricas al igual que los comercios no abrieron sus puertas; no hubo clases en las escuelas, colegios y universidades; no hubo espectáculos; los bancos estuvieron cerrados y por su puesto la actividad en la administración pública fue nula. El país paralizado, más no por la huelga decretada para el 18 por la C.G.T. en la noche del 16. Estuvo paralizado por lo que se pidió y otorgó en la plaza el 17. Es más, muy pocos trabajadores se enteraron del paro decretado por la central obrera. Sin embargo el mismo fue total.

A pesar de todo y de que pudo ser un día de descanso, no lo fue tal. La gente, increíblemente, volvió a salir a la calle, volvió a caminar, volvió a manifestarse. ¿Qué pedía? Nada, simplemente volvió a la calle a festejar, a saborear su victoria y a plantarse, nuevamente, frente a la oposición y a las patronales para asegurar y consolidar lo que había conseguido horas antes. Seguramente, debe haber recorrido por el espíritu popular la clara y notoria sensación de que se había obtenido algo muy pero muy importante, y que no era solamente la conservación de las conquistas y la libertad de Perón. Indudablemente algo más, algo como saber que se podía resistir un avasallamiento e imponer una voluntad colectiva, y eso fue conciencia de poder, para dar vuelta el avasallamiento patronal, transformarlo en victoria y tomar debida cuenta de lo que implica la acción de conjunto. El 17 fue una acción colectiva y el resultado demostró el valor de ese modo de acción. Eso fue lo que recorrió el espíritu de la gente y se aprestó a expresarlo.

Ningún análisis político puede soslayar que la jornada fue un plebiscito a una forma de hacer política. Muy lejos de la expresión electoral, pero no menos legítima y contundente. 

Cuando se repara en supuestos y aparentes métodos no democráticos, los que así fundamentan, lo hacen desde una visión gastada, perimida y propia de un museo. El 17 inaugura, o reinaugura o continua, si seguimos la línea histórica del Movimiento Nacional, el modo del pronunciamiento popular. En situaciones límites para la vida de la nación y donde se ponen en juego cuestiones fundamentales, no algo menor, sino trascendente como la continuidad de la justicia social, la libertad del inspirador y realizador de la misma, o sea, cuestiones esenciales para una vida más humana y feliz, el pueblo reacciona como debe reaccionar, como lo hizo el 17. Y esto es democracia pura, real, directa.

Acostumbrados a la democracia indirecta, representativa y formal de los partidos demoliberales que le habían dado la espalda, el pueblo sale a la calle, se expresa y gana su partida. Los partidos no reconocen su derrota, tal vez porque de hacerlo lo que reconocerían era su propia muerte; tal vez advertían que el “malón peronista”, en rigor era una forma más profunda y perfecta de hacer democracia. Otra democracia. 

Este fue el enorme valor del 17 de octubre, el de dirimir en la Plaza de Mayo una cuestión fundamental para la vida nacional.

Para Juan Domingo Perón, “el día más importante de mi vida”. (101) 

El jueves 18, manifestaciones y columnas de todo número, recorrieron la ciudad de Buenos Aires y todas las ciudades más importantes del interior. En las plazas se improvisaban reuniones y en todos los casos se cantaban y se entonaban los estribillos. No hubo desmanes, no hubo provocaciones, no hubo revancha alguna.
El pueblo festejó su conquista del día anterior y una clara sensación de poder, de valía y de autoestima se apoderó de la conciencia de todos.

Algunos episodios menores sucedieron en La Plata, Rosario y Córdoba. Se atacaron algunas sinagogas; se atacó la casa de Alfredo Palacios; se atacó la casa del rector de la Universidad de La Plata; se improvisaron diferentes cantos, algunos utilizando términos desconocidos por su crudeza y llaneza, apuntándole siempre a la oposición y particularmente a la oligarquía. Pudieron ser duros, lo fueron. “Haga patria mate un estudiante”, rezaba un de ellos. De hecho no ocurrió ninguna desgracia y lo que hay que ver es que no se aborrecía a los estudiantes como tales, sino el lugar político que ocupaban, como tal fue lo que pasó.

Salvo estas menciones, nada más pasó en una movilización que en todo el país involucró a centenares de miles de argentinos. Y en todo caso, vale la pena prestar la más dedicada atención a la visión que tuvo Delfina Bunge, una mujer de la alta sociedad porteña. El testimonio de ella, que reprodujimos antes, es impecable y releva de cualquier otro comentario. 

En resumen ningún incidente pasó a mayores, fueron efímeros y ninguno grave.

  

 En todo caso la violencia volvió a desatarse desde la oposición, esta vez sin que la desgracia se adueñara de ninguna vida. Fue el 18 frente a la Secretaría de Trabajo y Previsión donde manifestantes que festejaban y cantaban, fueron baleados desde un auto que se dio a la fuga. Los ocupantes detenidos luego, eran jóvenes pertenecientes a la oligarquía: Livingston, Sáenz Valiente y Pueyrredón sus apellidos….



La oposición y el 17 de octubre
Comentarios y declaraciones
El “hijoputismo”

 


Tal como era previsible, el pronunciamiento popular del 17 fue duramente atacado por la oposición. ¿Podía esperarse algún reconocimiento de lo sucedido en sentido positivo? Tal vez algunos, muy pocos, reflexionaron; pero ocurrió que la mayoría, virtualmente casi todos, no solo lo denostaron, lo difamaron, lo maldijeron y lo denigraron, sino que además, muchos partieron de un presupuesto letal para toda acción política: el desconocimiento de la realidad. 

Particularmente la izquierda sufrió un debacle mental que la llevó a negar rotundamente lo ocurrido. ¿Que le había pasado a este sector político?

Seguramente el “modelo” de obrero que cobijaban como ideal, no coincidió para nada con los que fueron a la plaza. Tal vez, seguramente, ese obrero socialista o marxista de manual, debía ser una persona disciplinada; cultivada en lecturas políticas de los grandes maestros del socialismo universal; de buen lenguaje que, aunque no refinado, superaba en términos y en expresiones al común de los trabajadores; incapaces tal vez, de poner, por ejemplo, “las patas en la fuente”, y sobre todo que debían ser cuadros pertenecientes a organizaciones políticas tales como el Partido Socialista o el Partido Comunista. Minúsculas, elitistas y vanguardistas. Lejos de la masa.

 Entonces pues, como la masa de trabajadores que realizó el 17 estaba desencuadrada de todo, no evidenciaba ninguna “cultura” política y se expresaba distinto a los trabajadores más “preparados”, hubo de ser negada por la izquierda argentina. No encajaba con el manual doctrinario. Estaba fuera de todo esquema ideológico previo. Como si no existiera y muy aborrecible, por cierto. No vieron o no quisieron ver que, “Era el sustrato de nuestra idiosincrasia y de nuestras posibilidades colectivas allí presente, en su primordialidad sin recatos y sin disimulo.”, al decir de Raúl Scalabrini Ortiz

No tuvieron en cuenta la sabiduría real de esa masa de trabajadores, no instruida como los socialistas o marxistas, pero sabia por tener claro su objetivo y su conciencia. Para esto último no es imprescindible la instrucción o haber leído a Carlos Marx. Simplemente hay que saber de que se trata y como hacerlo. La masa de trabajadores que cumplió con la gesta del 17, sabía cual era el problema y acertó en su resolución. Ellos, los no instruidos, los que no leían a Marx, los que no estaban organizados, quebraron el brazo de la oligarquía y, movilizándose masivamente, liberaron y repusieron en su cargo a quien había instaurado la justicia social; sin embargo para el Partido Comunista eran “el malón peronista”. Increíble.

El 18 el paro fue total y absoluto, sin embargo el socialismo decía: “….el paro del 18 fue ajeno a la decisión de los auténticos trabajadores organizados.”

Los otros, los instruidos, hacía décadas que no avanzaban un centímetro y solo constituían élites de trabajadores y/o militantes. La masa no estaba con ellos y ellos no estaban con la masa.

En rigor, los grupos de izquierda no supieron que hacer con lo que había pasado y entonces lo negaron. Los trabajadores eran indigentes mentales, eran el malevaje, por lo tanto descartables, marginales. No debían contar.

Sin embargo, como dice Alejandro Alvarez: “La realidad no admite inaceptabilidades (de no aceptación). La realidad es como es, independientemente de que nos guste o no nos guste.” (102)

Esto fue lo que le pasó a la izquierda, como no podían aceptarlos, los negaron. La realidad no les gustaba, entonces prefirieron no aceptarla o ignorarla. Esto es lo que estaba presente en esa catástrofe intelectual y política. Todo lo que dijeron denostando, insultando, burlándose y mintiendo, ocultaba esa negación. Una tragedia. 

 Distinto fue lo que le ocurrió a la oligarquía. Aunque también intentaron negar lo ocurrido, más lo hicieron por aborrecimiento a los humildes, por miedo a las conquistas sociales y por el pánico que le causaba ver como el pueblo se abría paso en la expresión política y tomaba decisiones colectivamente sin pedirle permiso a nadie. A nadie.

¿De que otro modo pueden leerse expresiones tales como: “….se adueñaron durante un día de la Plaza de Mayo….”?, tal lo publicado por el diario La Nación. ¿Por que no, podría preguntarse cualquier persona? Porque no estaban para decidir, respondería un liberal conservador. Ellos, la oligarquía y sus partidos, propios o enajenados a ellos, eran quienes debían decidir. Nadie más. Obviamente que una plaza con 350.000 personas reclamando justicia, no estaba en ningún esquema previo de poder en la Argentina y eso fue lo que los espantó.

  

¿De que suburbio alejado provienen esos hombres casi harapientos,…..?,  se preguntaba María Rosa Oliver.  ¿Cómo de que suburbio alejado provienen esos hombres casi harapientos? Acaso no se sabía que el pequeño mundo de palacetes en la zona norte de la capital, estaba rodeado por kilómetros de gente pobre, de los que hacían los trabajos, de los que limpiaban la mugre y los excrementos de las patronales, de los que todo lo padecían? ¿O acaso no los veían a diario cuando los explotaban, o cuando iban de paseo a sus residencias de fin de semana o a sus estancias? Sabían que estaban allí, los veían. Entonces la pregunta que Oliver debió hacer era otra ¿Cómo es que esos hombres casi harapientos osan reclamar algo y dar vuelta la historia? Ese era el verdadero problema. Los insultos y los desprecios lo encubren. 

“…Las muchedumbres agraviaron el buen gusto y la estética de la ciudad, afeada por su presencia en nuestras calles…”  decía Crítica. Seguramente al explotarlos no pensaban en cuestiones estéticas, solo en explotarlos. Bastó que los trabajadores se reunieran para reclamar y apareció el buen gusto y la estética. Seguramente el odio social estaba presente, pero mucho más se impugnaba la libertad que ejerció el pueblo. 

La obnubilación y a la ceguera prevalecieron entonces. El resultado puede verse en este resumen de declaraciones, titulares y manifiestos de personas políticamente reconocidas, diarios y partidos políticos, donde se mezclan los intereses, la mentira, el odio y la mala intención, a los que genéricamente los llamamos “hijoputismo”, con excepción claro está de los ignorantes de la verdad.

Diario Crítica 18-10-45  “…Las muchedumbres agraviaron el buen gusto y la estética de la ciudad, afeada por su presencia en nuestras calles. El pueblo las observaba pasar, un poco sorprendido al principio, pero luego con glacial indiferencia». 

Américo Ghioldi, dirigente del Partido Socialista:  «Se iniciaba un largo y doloroso período, pues quienes lo habían planeado habían logrado desencadenar un movimiento de masas que acompañaría a la dictadura; con el caer de la tarde, la tristeza me dominó.”

María Rosa Oliver, escritora miembro de la revista Sur y militante de izquierda, que recibió años después el premio Lenín a la paz. ¿Habrá sido por esta declaración?:  «No sólo por los bombos, platillos, triángulos y otros improvisados instrumentos de percusión (esa gente) me recuerda las murgas de carnaval;  sino también por su indumentaria: parecen disfrazados de menesterosos. ¿De que suburbio alejado provienen esos hombres casi harapientos, mucho de ellos con vinchas que, como a indios de los malones, les ciñen la frente y casi todos desgreñados?”

Emilio Hardoy, dirigente del Partido Conservador:  “Había dos países en octubre de 1945: el elegante y simpático con sus intelectuales y su sociedad distinguida y ‘la corte de los milagros’ que mostró entonces toda su rabia y toda su fuerza. ¡Nueve días que sacudieron al país! ¡Nueve días en que la verdad se desnudó! ¡Nueve días que cierran una época e inauguran otra!… Desde luego, el odio no es el único ingrediente del peronismo pero es el fundamental, el cemento que aglutinó a las masas en torno a Perón.”

Unión Cívica Radical, declaración de la mesa directiva del Comité Nacional:  “……reparticiones públicas planearon al detalle este acto y se sabe con certeza que, en gran parte, pudo realizarse usando de la coacción y la amenaza.”  Ese mismo día, el miembro del Comité Nacional Carlos E. Cisneros, emitió un comunicado ampliando el anterior donde dice:  «El 17 de octubre fue preparado por la Policía Federal y la Oficina de Trabajo y Previsión; en las fábricas y en los gremios compulsivamente obligaban muchos oficialistas y la policía a abandonar el trabajo y plegarse a la manifestación; el número de los manifestantes no fue mayor de 60.000 personas, de las cuales un 50% lo constituían mujeres y menores, teniendo informaciones fehacientes de que muchos de éstos recibieron dinero para concurrir; la preparación del acto fue anterior a la caída de Perón y contó con toda la ayuda oficial en camiones y medios de transportes y hasta el reparto de alimentos a los manifestantes en la propia Plaza de Mayo; los manifestantes vejaron a personas, asaltaron comercios, injuriaron a la población vivando a su candidato y llevando como lema o estribillo estas palabras ‘Vivan las alpargatas y mueran los libros, ‘Haga patria matando un estudiante’.”

Partido Socialista, declaración:   «En los bajíos y entresijos de la sociedad hay acumuladas miseria, dolor, ignorancia, indigencia más mental que física, infelicidad y sufrimiento. Cuando un cataclismo social o un estímulo de la policía moviliza las fuerzas latentes del resentimiento, cortan todas las contenciones morales, dan libertad a las potencias incontroladas y la parte del pueblo que vive ese resentimiento, se desborda en las calles, amenaza, vocifera, atropella, asalta a diarios, persigue en su furia demoníaca a los propios adalides permanentes y responsables de su elevación y dignificación.»

Grupo Obrero Marxista, declaración: «El 17 de octubre es uno de los tantos golpes de cuartel.» 

Partido Comunista, declaración del 21-10-45 en su órgano oficial, el semanario Orientación:   «El malón peronista – con protección oficial y asesoramiento policial- que azotó al país, ha provocado rápidamente- por su gravedad- la exteriorización del repudio popular de todos los sectores de la República en millares de protestas… Se plantea así para nuestros militantes, una serie de tareas que para mayor claridad, hemos agrupado en dos rangos: higienización democrática y clarificación política. Es decir, por un lado, barrer con el peronismo y todo aquello que de alguna manera sea su expresión: por el otro, llevar adelante una campaña de esclarecimiento de los problemas nacionales, la forma de resolverlos y explicar ante las amplias masas de nuestro pueblo, más aún que lo hecho hasta hoy, lo que la demagogia peronista representa. En el primer orden, nuestros camaradas deben organizar y organizarse para la lucha contra el peronismo hasta su aniquilamiento. Corresponde aquí también señalar la gran tarea de limpiar las paredes y las calles de nuestras ciudades de las inmundas ‘pintadas’ peronistas. Que no quede barrio o pueblo sin organizar las brigadas de reorganización democrática. Nuestras mujeres deben visitar las casas de familia, comercios, etc, reclamando la acción coordinada y unánime contra el peronismo y sus hordas. Perón es el enemigo número uno del pueblo argentino. El malevaje peronista, repitiendo escenas dignas de la época de Rosas y remedando lo ocurrido en los orígenes del fascismo en Italia y Alemania, demostró lo que era, arrojándose contra la población indefensa, contra el hogar, contra las casas de comercio, contra el pudor y la honestidad, contra la decencia, contra la cultura e imponiendo el paro oficial, pistola en mano y con la colaboración de la policía que ese día y al día siguiente, entregó las calles de la ciudad al peronismo bárbaro y desatado».

Victorio Codovilla en diciembre de 1945. Al reunirse la Convención Nacional del Partido Comunista, su máximo dirigente manifestó en un discurso lo siguiente:  “Esa huelga y los desmanes perpetrados con ese motivo por las bandas armadas peronistas deben considerarse como el primer ensayo serio de los naziperonistas para desencadenar la guerra civil.”

Embajada de los Estados Unidos:  «…Es impresión generalizada que a menos que la oposición reaccione rápidamente, el apoyo popular a Perón crecerá como una bola de nieve permitiéndole competir electoralmente, como candidato del pueblo, con mejores posibilidades de las que se le asignaban hasta ahora. La rehabilitación de Perón se hará sentir en los países vecinos. Esto ha fortalecido la posibilidad de formación de un bloque de dictaduras en América del Sur, amigo de Rusia y hostil hacia los Estados Unidos.”

Oligarquía, declaración enviada al Dpto. de Estado de los Estados Unidos y publicada en el diario La Nación el mismo 17 de octubre: «La opinión democrática argentina coincide con la posición de Mr. Braden respecto al problema de la libertad en América y desea expresar que consideraría como una actitud amistosa para nuestro pueblo y nuestra democracia su confirmación como secretario de Estado adjunto para los asuntos latinoamericanos”  Firman: Victoria Ocampo, Adela Grondona, Ana R. Schliepper de Martínez Guerrero, Juan Antonio Solari, Sara Alvarez de Ezcurra, Alejandro Ceballos, Raúl Monsegur, Bernardo Houssay y Mariana Sáenz Valiente de Grondona.

Diario La Nación:  “….el insólito y vergonzoso espectáculo de los grupos que se adueñaron durante un día de la Plaza de Mayo…..”

FUBA, Federación Universitaria de Buenos Aires denunciaba agresiones contra la casa de Alfredo Palacios, dirigente socialista y manifestaba: “con absoluta intransigencia y con carácter de impostergable el problema fundamental de la libertad, condición de todo mejoramiento social.”

Comisión Gremial del Partido Socialista y en línea con el pensamiento del dirigente Palacios. Esto decía de la manifestación y del proceso abierto a partir de Perón:  “….exteriorizaciones carnavalescas, los desmanes y atropellos inicuos…”, en referencia al modo en que se condujo la gente durante la  jornada del 17; “ paro del 18 fue ajeno a la decisión de los auténticos trabajadores organizados.”, negando la decisión colectiva del pueblo en la plaza, y lo más grave de todas sus apreciaciones, una auténtica burla a la inteligencia de los trabajadores, que defendieron con todo lo que tenían las conquistas otorgadas desde la Secretaría de Trabajo y Previsión y un verdadero insulto proferido desde el socialismo en relación a Perón, “está retardando el proceso ascensional de la clase obrera y sus declaraciones de justicia social constituyen un sarcasmo.”

 

 

 

 



 

Bibliografía y Documentación de apoyo



  1. Pavón Pereyra-Perón el hombre del destino-Fasc. I
  2. Perón, J. D, en Ibidem
  3. Perón, J. D. en Revista Panorama-Entrevista de Tomás E. Martínez 14-     04-1970
  4. Ibidem
  5. Pavón Pereyra-Ob. y Fasc. cit.
  6. Pavón Pereyra-Ob. cit.- Fasc. II
  7. Ibidem
  8. Ibidem
  9. Pavón Pereyra-Ob. cit. – Fasc. III
  10. Roberto Vagni-Tierra Extraña-Edit. Jack-1949
  11. Pavón Pereyra-Ob. y Fasc. cit.
  12. Ibidem
  13. Perón, J. D. en Ibidem
  14. Pavón Pereyra, Perón tal como es, Ed. Macacha Güemes, 2 edición, 1973, pag.81
  15. Pavón Pereyra, Perón el hombre del destino, Fasc. IV
  16. Ob. cit.,  Fasc. V
  17. Perón, J. D. en Perón tal como es, pags. 31 y 32
  18. Perón, J. D. en  Vida de Perón, Pavón Pereyra, Ed. Justic. 1965.
  19. Pavón Pereyra, Perón el hombre de destino, Fasc. V
  20. Ibidem
  21. Perón, J. D., en revista citada
  22. Perón, J. D., Tres revoluciones militares, Ed. Síntesis, Bs. Aires, 1974
  23. Ibidem
  24. Perón, J. D., en Así hablaba Perón, Eugenio Rom, A. Peña Lillo Editor. Bs. Aires, 1980
  25. Perón, J. D., en Actualización doctrinaria para la toma del poder, película de Pino Solanas y O. Getino, Madrid, 1971
  26. Perón, J. D., Conversaciones con J.D.Perón, Pavón Pereyra, Ed. Colihue,     1978 
  27. Pavón Pereyra, Perón el hombre del destino, Fasc. VI
  28. Ibidem
  29. Reportaje de periodistas chilenos 28-12-44
  30. Pavón Pereyra, Vida de Perón, pag. 178 
  31. Pavón Pereyra, Perón el hombre del destino, Fasc. VII
  32. Pavón Pereyra, Vida de Perón, pag. 182
  33. Ibidem pag. 180  
  34. Perón, J. D., en Perón tal como es                                                           
  35. Magnet, A., Nuestros vecinos argentinos, Ed. Del Pacífico, Santiago de       Chile 1965, pag. 38
  36. El Mercurio, 26 de octubre 1949
  37. Perón, J. D., en Vida de Perón
  38. Perón, J. D. en ibidem
  39. Perón, J. D. en ibidem
  40. Perón, J. D. en ibidem
  41. Scenna, M. A. en Todo es Historia, junio 1970
  42. Perón, J. D. en revista citada
  43. Perón, J. D. en Perón el hombre del destino-Fasc. XI
  44. Rabbiolo Audisio, coronel – “Relación oral”, en Vida de Perón
  45. Perón, J. D. en Perón el hombre del destino-Fasc. XI
  46. Perón, J. D. en revista citada
  47. Perón, J. D. en Tres Revoluciones Militares
  48. Perón, J. D. en Perón el hombre del destino-Fasc. XI
  49. Potash, R. en Ob. cit. P?g
  50. Potash, R. en Ob. cit. P?g
  51. Perón, J. D. en Tres Revoluciones Militares
  52. Ibidem
  53. Pavón Pereyra, E. en Perón, 30 a?os que conmovieron la política 
    Argentina-José M. Rosa-Fasc. III
  54. Perón, J. D. en Ibidem
  55. Sierra, Vicente en Historia de las ideas políticas en la Argentina
  56. Ibidem
  57. Perón, J. D. en Perón el hombre del destino-Fasc. XIII
  58. Chávez, Fermín en Ob. y Fasc. Cit de José M. Rosa
  59. Perón, J. D. en Ibidem
  60. Perón, J. D. en Perón el hombre del destino-Fasc. Cit.
  61. Ibidem
  62. Perón, Eva en Ob. y Fasc. Cit. de José M. Rosa
  63. Perón, J. D. en Ibidem
  64. Perón, J. D. en Ob. de José M. Rosa-Fasc. IV
  65. Perón, J. D., Conversaciones con J.D.Perón, P.Pereyra, Ed. Colihue, 1978
  66. Perón, J. D., Conversación con Félix Luna
  67. Jauretche, A. en Ob. cit. de José Rosa Fasc. 4 
  68. Perón, J. D. en Ibidem   
  69. El Gadhafi, Muammar, “El libro verde”, Establecimiento Público para Ediciones, Trópoli, sin fecha, pag. 11
  70. Perón, J. D., Del Poder al Exilio, Edición clandestina, 1958
  71. Luna, Félix, “El 45”, Ed. Sudamericana, Bs. As., 1975, pag. 73
  72. Van der Karr, Jane “Perón y los Estados Unidos”, Ed. Vinciguerra, Bs. As. 1990
  73. Potash, Robert A. , El ejército y la política en la Argentina (I), Hyspamérica, 1986, pag. 378
  74. Tanco, R., Coronel, en Ob. cit. de José M. Rosa, Fasc. 5
  75. Revista Primera Plana del 21 de septiembre de 1965
  76. Perón, J. D. – Testimonio recogido un?nimemente por diversos autores.
  77. Cuaranta, Juan C., general, testimonio a Félix Luna en Ob. cit.
  78. Ibidem
  79. Ibidem
  80. Luna, Félix, en Ob. cit., pag. 214
  81. Potash, Robert A. , en Ob. cit., pag. 391
  82. Luna, Félix, en Ob. cit., pag. 239
  83. Güemes, Gontrán de, Así se gestó la dictadura, Buenos Aires, 1956
  84. Mercante, D. Teniente coronel, a Félix Luna, en Ob. cit., pag. 246
  85. Russo, Cap. entrevista en revista Primera Plana 19-10-65
  86. Perón, Eva – La razón de mi vida, disponible en nuestra página.
  87. Bill de Caledonia (seudónimo de Perón), ¿Donde Estuvo?, disponible en nuestra página.
  88. Perón, J. D. en Perón el hombre del destino – Fasc. XIV
  89. Bill de Caledonia, en Ob. cit.
  90. Nelly, D., Sir  El poder detrás del trono, Ed. Coyoacán, Bs.As. 1962
  91. Sábato, Ernesto – Peronismo y Pensamiento Nacional 1955-1973, H. Pablo, Biblos, 1979.
  92. Perelman, Angel – Como hicimos el 17 de octubre. Ed. Coyoacán, Bs.As. 1968
  93. Perón, J. D. en Perón el hombre del destino – Fasc. cit.
  94. Perón, J. D. – Testimonio recogido unánimemente por diversos autores.
  95. Perón, J. D. y el Pueblo – Discurso del 17 de Octubre de 1945 en Plaza de Mayo y Diálogo con el Pueblo – Texto oficial cotejado y completado con el audio del discurso y del diálogo.
  96. Perón, Eva – Historia del peronismo, disponible en nuestra página.
  97. Alvarez, Alejandro, consideración en diálogo con el autor.
  98. Scalabrini Ortiz, Raúl – Al 17 de octubre, poema.
  99. Ibidem
  100. Gálvez, Manuel – En el mundo de los seres reales, Ed. Hachette.
  101.  Perón, J. D., en Ob. cit. de Eugenio Rom.
  102. Alvarez, Alejandro – 1º Congreso Nacional de los Pueblos, Villa María, Pcia. de Córdoba, 15-09-1990

 

 


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