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CAPÍTULO IX

LA PREPARACIÓN DE LA MASA
I.- CULTURA CÍVICA Y SELECCIÓN HUMANA

En la clase anterior habíamos terminado de considerar, muy sintéticamente, algunos de los grandes principios de la conducción política, íbamos haciendo una revisión general de esos grandes principios, y no intervienen en el éxito o el fracaso de la conducción política.

CONSIDERACIÓN EN CONJUNTO

Habíamos considerado en conjunto todo lo que se refería a la información, al secreto de la información, a la sorpresa que se prepara mediante esa información, a la unidad de concepción y a la unidad de acción; a la disciplina partidaria, la obediencia y la iniciativa dentro de la obediencia.
Habíamos, también, estudiado más o menos el principio de la economía de fuerzas en la acción política, la continuidad del esfuerzo, el dominio local y circunstancial, el dominio general y el dominio permanente, como así también el dominio de la masa, la popularidad, el prestigio y la libertad de acción que ese prestigio y esa popularidad dan al conductor, y habíamos, también, tratado rápidamente lo que se refería al adoctrinamiento, a la acción solidaria y a la organización.

PREPARACIÓN DE LA MASA

Es indudable, señores, que vamos llegando al final del curso, y yo quiero, por lo menos en lo que queda por considerar, hacerlo con un carácter más sintético y rápido.
Así podremos llenar nuestro programa en dos clases que nos faltaría dictar, tratando un sector de estos factores o principios, y después hablar algo sobre formas de ejecución.
De manera que en esta clase vamos a tratar, un poco sintéticamente y apretado, todo lo que se refiere a los factores que falta considerar, y empezaremos para ello a hablar sobre la preparación de la masa, la cultura cívica y la selección humana dentro del movimiento de la conducción política.

LA MASA, INSTRUMENTO DE ACCIÓN

Señores: sobre la preparación debo decir que éste es un factor de la conducción muy importante, es decir, que no se puede comenzar a conducir un instrumento que se le entrega a uno y uno lo desconoce, como pasa con todas las cosas de la vida.
La masa es para nosotros el instrumento de acción dentro de la política.
Para conducirla tenemos que empezar por conocerla; conocerla, prepararla y organizarla.
Por eso son tres factores que corren paralelamente y conjuntamente en la acción política.
El conocimiento — diríamos así — de este instrumento presupone, en primer lugar, que el conductor que va a conducir la masa sepa perfectamente bien cuáles son los factores que influyen en ella, cómo esa masa reacciona, cuál es el medio habitual de esa masa, dónde incide la acción de esa masa en conjunto o para cada una de sus partes.

CONSIDERAR LO QUE LA MASA QUIERE

Vale decir, debe saber profundamente no sólo el estado habitual de la masa, sino también sus reacciones y todas las circunstancias que influyen en los movimientos de esa masa en una o en otra dirección.
A esa masa unos la llaman pueblo cuando esa masa está organizada. Es lo lógico. Pero yo lo tomo en sentido genérico, solamente en sentido genérico.
Un político debe poder decir, cuando se le presenta una situación, mirando y conociendo la masa; debe poder decir —repito— inmediatamente: «esa masa va a reaccionar de tal manera; esta gente, si yo le digo esto, va a reaccionar así; si le digo esto otro, va a reaccionar de esta otra manera».
Es decir, debe ser un hombre que, con un escalpelo, como hacen los médicos, toque los puntos del cerebro y haga maniobrar los brazos a ciegas, sin estar tanteando.
Él debe saber perfectamente cuál será la reacción de la masa, porque el juego, dentro de la conducción de la masa, es siempre un juego de acciones y reacciones; vale decir que el conductor, no solamente debe conducir la masa por donde él quiere, sino que también debe considerar lo que la masa quiere.

LA VOLUNTAD DE LA MASA

Eso le da un don de ubicuidad política sin el cual él podrá muchas veces emprender una rápida carrera en una dirección, pero la gente no lo seguirá.
Él debe conocer profundamente, estudiar profundamente la masa y debe tener el sentido intuitivo de la interpretación de la reacción de la masa.
Si él no lo tiene, no será nunca un buen conductor político, porque él va a buscar una medida, va a hacer una acción y le va a resultar lo contrario en la reacción de la masa.
El que conduce una masa, una población, un sector de ella o una colectividad organizada, debe hacerlo en base a las reacciones.
Él no la debe llevar solamente con discursos o por las mentiras que pueda inventar. Él la debe excitar y así hacerla marchar en la dirección que quiere. De esa manera la conducción se facilita extraordinariamente.
Uno no lleva la masa; la masa va sola, por reacción, a donde uno quiera que vaya, conjugándose así dos factores: la voluntad individual del conductor y la voluntad de la masa que él sabe interpretar en el momento oportuno.

UNIR LO TEÓRICO A LO REAL
Esto es todo lo que es necesario profundizar en tal sentido.
Claro que sobre esto podríamos escribir un libro, y se han escrito muchos. Hay tratados de psicología colectiva.
Ingenieros escribió un ensayo muy interesante, pero puramente teórico. Es el pensamiento de un hombre, pero no la vida de las masas.
Hay que vivir junto a la masa, sentir sus reacciones, y entonces recién se podrá unir lo teórico a lo real, lo ideal a lo empírico, y de allí saldrá el conductor.
Con el libro de Ingenieros no hacemos nada. Son unas cuantas reglas, que muchas veces, aplicadas a una colectividad determinada, resultan al revés de lo que se ha previsto.
Desgraciadamente, la teoría por lo general es así. No hay teorías aplicables para todos los casos. Cada caso tiene su propia teoría. Si no la conducción sería muy fácil y no necesitaríamos nada para ser conductores.

REACCIONES INTUITIVAS Y NATURALES

El sentido intuitivo de la penetración de la masa y el conocimiento de sus reacciones son indispensables, pero el conductor debe llegar aún mucho más allá.
La masa reacciona intuitivamente, pero cuando está encuadrada con buenos comandos, con buenos dirigentes.
Hoy es posible hacer reaccionar a la masa en la forma y en la dirección que uno quiere, si esa masa está preparada.
Hay reacciones intuitivas y naturales, pero también las hay orgánicas, y uno completa los dos panoramas basándose en la interpretación de esa masa, a fin de que reaccione, mediante la preparación que uno hace de esa masa, como desea.
La cuestión está en unir estos dos elementos en la proporción debida, tomando más de uno que de otro, o más de éste que de aquél, o todo de uno y nada de otro con lo que tenemos la compulsa natural que el conductor hace en su habilidad para llevar a la masa a donde él desea.

PREPARAR LAS REACCIONES A VOLUNTAD

Esto es mucho más complejo en la aplicación que fácil de decir. Lo difícil es acertar después en cada caso sin equivocarse. La conducción está hecha toda de eso.
Algunos hombres toman alguna medida y producen un efecto completamente contrario al que esperaban producir. Se equivocaron en la reacción de la masa o no la prepararon para que reaccionase como ellos querían.
Por eso yo he establecido, como uno de los grandes principios de la conducción política, la preparación, la cultura cívica y la selección humana.
¿Por qué digo esto de la preparación? Porque ustedes preparan, mediante un sistema activo, que la masa reaccione como ustedes quieran, interpretando en gran parte sus reacciones intuitivas. Y esto es la base de ese tipo de conducción.
Es indudable que una masa con cultura reacciona de una manera, y de otra manera si no tiene cultura.
Por esa razón, la cultura influye extraordinariamente en las reacciones de la masa y, mediante esa cultura, uno puede preparar las reacciones a voluntad.

LAS MASAS NO PIENSAN: LAS MASAS SIENTEN

Pero, señores, ambas cosas vienen no sólo por la preparación de esa masa, sino por la selección de los hombres dentro de ella, para encuadrarla.
Una masa, generalmente, no tiene valor intrínseco sino en el poder de reacción como masa misma.
Su poder, su verdadero poder de reacción y de acción, está en los dirigentes que la encuadran.
Una masa no vale por el número de hombres que la forman, sino por la calidad de los hombres que la conducen, porque las masas no piensan, las masas sienten y tienen reacciones más o menos intuitivas u organizadas.
Pero ¿quién las produce? El que las conduce. De manera que, siendo él el excitante natural de eso, ocurre como con el músculo: no vale el músculo sino el centro cerebral que hace producir la reacción muscular.

EL RACIOCINIO, UN REASEGURO DE LA INTUICIÓN

Sin la excitación de la corriente eléctrica que acciona el nervio hacia el músculo, de nada vale éste por potente y fuerte que sea.
Las masas tampoco valen por el poder que tienen, sino por los hombres que poseen, que son los excitantes naturales de ese juego de acciones y reacciones que componen la acción de la masa.
Señores: por lo común, todo esto nosotros lo haremos intuitivamente, pero debemos llegar a hacerlo científicamente, vale decir, racionalmente, metódicamente, porque la intuición sola a uno lo engaña algunas veces.
Entonces, hay que someter un poco la intuición —que es una fuerza extraordinaria— al raciocinio, que es un reaseguro de la intuición.

UTILIZACIÓN EQUILIBRADA DE RACIONALISMO E INTUICIÓN

No soy partidario de matar la intuición con el racionalismo, pero tampoco soy partidario de suprimir el racionalismo por la intuición.
En la utilización equilibrada de esas dos cosas está, para mí, la perfección. 
La intuición yerra, pero también yerra el racionalismo, y comprobado, compulsado el uno por el otro, se complementan muy bien.
Todo eso, en la vida lo sabemos, y los métodos que la metafísica ha fijado no son ni la objetividad pura ni la inducción pura.
Hay en esto un sinnúmero de factores que juegan para establecer un método completo, que sea tanto objetivo como intuitivo, inductivo, etcétera; todo eso que compone el complejo de la inteligencia, que no nos explicaremos nunca, pero sí podremos sacarle la mayor utilidad posible a lo poco que sabemos de ella.

DOS FACTORES FUNDAMENTALES

En la conducción, esto interviene, diremos, en un coeficiente  extraordinario.
Hay dos factores fundamentales a considerar en la conducción; cuando se produce un hecho, es necesario pensar si se trata de un acto cuantitativo o de un acto cualitativo.
La elección es un acto cuantitativo; se trata de poner votos dentro de las urnas, en las cuales valen lo mismo los votos de los buenos que los de los malos, de los blancos que los de los negros, de los sabios que los de los ignorantes.
Se cuentan votos, en una acción total y absolutamente cuantitativa. No hay que confundir eso con el gobierno, que es un acto cualitativo.
Allí no se trata de meter votos en una urna: se trata de lograr aciertos en una acción de gobierno, y el acierto está destinado a los hombres que tienen capacidad, que tienen moral para realizarlo y que tienen un poco de suerte, que también interviene y que es un gran factor.

ACCIÓN COLECTIVA O CONSTITUTIVA

De manera que dentro de esto, de la preparación, de la cultura y de la selección humana, están contempladas, diremos así, las acciones cualitativas y cuantitativas de toda la acción política.
En política, nunca hay que confundir, cuando se inicia una acción de cualquier naturaleza, si se trata de un acto cuantitativo o de un acto cualitativo. Eso es básico, porque confundir eso trae la confusión total de la acción política, y esa confusión generalmente trae los graves errores.
A veces uno quiere meter en el gobierno mucha gente, cualquiera que sea, para que ayude; pero muchas veces uno solo ayuda más que mil.
La cuestión está en encontrarlo, y una de las cosas más difíciles de la tarea de gobernar es encontrar a los hombres con capacidad para realizarla.
No siempre se tiene todo lo que uno quiere, pero se puede arrimar mucho a lo que uno ha deseado.
Esta acción es importantísima, y en todo acto público hay que hacer lo mismo.
Sí yo establezco una unidad básica, allí van todos, pero si yo abro una Escuela Superior Peronista, ahí ya no pueden ir todos.
Es necesario discernir siempre si se trata de una acción colectiva o constitutiva, porque eso es la base en la política.

CONDUCCIÓN TÉCNICA Y CONDUCCIÓN POLÍTICA

Si no, vamos a lo de antes; confundiremos lo bueno con lo malo y lo malo con lo bueno, y haremos un pastel en el que nadie entiende nada al final, deformándolo todo y terminando por prostituir una acción tan noble como la política.
Este es un punto de vista que también figura como uno de los factores fundamentales para la acción política, y respetando al mismo, uno no puede equivocarse.
Señores: dentro de esta política y dentro de la conducción de la política es necesario distinguir perfectamente cuál es la acción política y cuál es una acción técnica, sea de la conducción, sea del gobierno o sea de cualquier cuestión.
Este es otro aspecto también importantísimo, en el que generalmente los hombres que conducen la política se equivocan.
La conducción técnica no se debe mezclar con la conducción política. Lo que es político es político y lo que es técnico es técnico, con un amplio respeto de lo uno por lo otro. Uno hace la lucha política y el otro hace el desarrollo técnico que está por resolver y lo resuelve técnicamente.

UN SECTOR EN LAS DOS ACCIONES

Ahora, es indudable que hay un pequeño sector que hay que contemplar en las dos acciones.
En la parte política hay que contemplar un poco el factor técnico, y si no, piensen ustedes que si hiciéramos política criolla no estaríamos ahora estudiando la conducción política.
Hay un aspecto técnico en la conducción que no debemos olvidar, constituido por todos estos principios de que estamos hablando; pero en la cuestión técnica hay también un sector que contemplar, es decir, hay una compenetración de estos dos elementos en la mayor parte de la conducción política.
Un miembro del gobierno debe obrar siempre con un sector de finalidad política.
Cualquier acto de gobierno debe encerrar siempre un pensamiento político, como cualquier acto político siempre encierra una parte de acción técnica.

PRIMERO, LA SÍNTESIS DE TODO

Es indudable que la conjugación de todos estos principios yo solamente puedo cristalizarla rápidamente en una compresión sintética de ellos.
En cursos superiores, más adelante, nosotros vamos a hacer el desarrollo de cada una de estas cosas.
En estos cursos iniciales nosotros queremos dar primero la síntesis de todo, para después desarrollar bien cada uno de estos puntos para conformar al final los grandes planes. Estas son cosas nuevas que nunca se han estudiado en el país.
En ninguna disciplina científica se ha estudiado la conducción de la masa. No importa que no nos entienda nadie; empecemos por entendernos nosotros de a poco.
Por eso prefiero dar síntesis que ir a lo profundo del análisis de todo esto, porque de cada uno de estos aspectos se puede formar un curso completo si uno lo desarrolla con profundidad. Pero yo me conformo con que nos entendamos en lo grande es decir, en un curso sintético, para después hacer cursos analíticos.

EL DON DE UBICUIDAD

Otro principio extraordinario de la conducción política es el don de ubicuidad de los hombres en la conducción.
Decía Napoleón que los ejemplos lo aclaran todo.
Este don de ubicuidad política tiene una gran similitud con lo que ya mencionamos sobre la interpretación de las reacciones de la masa.
Lo que se puede asegurar es que un conductor de la política no podrá jamás conducir bien si él no toma su puesto justo o no establece una comunión absoluta en el orden espiritual con la masa que conduce. Las masas políticas no se conducen por órdenes. No; hay un «fluido magnético» que une a los hombres que están en una misma causa y les forma un espíritu similar, dentro de esa alma colectiva, que es la primera acción de la política que debe ser conducida.

SENTIDO ESPIRITUAL DE LA INTERPRETACIÓN

Esa comprensión, ese sentido espiritual de la interpretación de las cosas, esa acción colectiva armada sobre realidades, obliga al conductor de la política a tomar su perfecta colocación; vale decir, a tener un sentido, una ductilidad y un tacto especiales sobre su ubicación política, su ubicuidad política.
Yo siempre cito un ejemplo que para mí fue el que significó más experiencia en toda la parte de la conducción política que yo he encarado.
Cuando fui a la Secretaría de Trabajo y Previsión, en 1944, me hice cargo, primero, del Departamento Nacional del Trabajo y desde allí pulsé la masa.
Comencé a conversar con los hombres, a ver cómo pensaban, cómo sentían, qué querían, qué no querían, qué impresión tenían del gobierno, cómo interpretaban ellos el momento argentino, cuáles eran sus aspiraciones y cuáles eran las quejas del pasado.
Fui recibiendo paulatinamente, como mediante una antena muy sensible, toda esa inquietud popular.

APRECIACIÓN DE SITUACIÓN

Después que percibí eso, hice una apreciación de situación propia, para ver qué era lo que resumía o cristalizaba todo ese proceso de inducción, diremos, de la masa.
Llegué a una conclusión y comencé una prédica, para llevar la persuasión a cada uno de los que me escuchaban sobre qué era lo que había que hacer.
Lo que había que hacer era parte de lo que ellos querían y parte de lo que quería yo. Quizá alguna vez no les satisfacía del todo lo que yo quería; pero, en cambio, les satisfacía todo lo que ellos querían y que yo había interpretado, y se lo decía.
Algunos, cuando yo pronuncié los primeros discursos en la Secretaría de Trabajo y Previsión, dijeron: «Este es un comunista». Y yo les hablaba un poco en comunismo. ¿Por qué? Porque si les hubiera hablado otro idioma en el primer discurso me hubieran tirado el primer naranjazo… Porque ellos eran hombres que llegaban con cuarenta años de marxismo y con dirigentes comunistas.

MI TRETA: PERSUADIR

Lo que yo quería era agradarles un poco a ellos, pero los que me interesaban eran los otros, los que estaban enfrente, los que yo deseaba sacarles.
Los dirigentes comunistas me traían a la gente para hacerme ver a mí que estaban respaldados por una masa. Yo los recibía y les hacía creer que creía eso. Pero lo que yo quería era sacarles la masa y dejarlos sin masa. Es el juego político natural; es lógico.
Cuando les hablaba a los hombres, les decía primero y mezcladito lo que había que hacer, lo que yo creía y que quizás ellos no creían.
Pero cuando yo les decía la segunda parte, que era lo que ellos querían, entonces creían todos, y se iban con sus ideas y con mis ideas, y las desparramaban por todas partes.
Empezaron por decir: hay un loco en la Secretaría que dice algunas cosas que son ciertas, que nos gustan a nosotros.
Llegaban diez y les hablaba a diez; si llegaban diez mil, les hablaba a diez mil; si llegaba uno, le hablaba a uno. Era mi tarea. Mi tarea era persuadir.

PERSUASIÓN PAULATINA

Durante casi dos años estuve persuadiendo, y como iba resolviendo parte de los problemas que me planteaba la gente que yo iba recibiendo, la gente fue creyendo no solamente por lo que yo decía, sino también por lo que hacía.
Esa persuasión paulatina me dio a mí un predicamento político del que yo carecía anteriormente.
Yo no tenía antes nada de eso dentro de la masa, pero lo fui obteniendo con mi trabajo de todos los días y con una interpretación ajustada de lo que era el panorama de lo que esa gente quería y de lo que era.

LA UNIDAD TOTAL

Cuando llegó el momento en que todos creían que ese trabajo era vano, que yo había perdido el tiempo hablando, sobrevinieron todos los acontecimientos que me demostraron a mí y a todos los demás que no habíamos trabajado en vano, que esa masa estaba ya, mediante un proceso lento, pero bastante efectivo, captada, con lo que ya tenía el primer factor que es necesario tener para conducir, que es la unidad total y que se obtiene cuando la masa comienza a estar organizada.
La masa inorgánica comenzó a tomar unidad y a ser conducible.
Es indudable que para esto tiene gran importancia que el que conduce sepa utilizar lo que tiene a mano para hacerlo.
El proceso de captación de la masa, si uno fuera a tomar uno por uno, es inalcanzable. Es algo así como si se quisiera terminar con las hormigas agarrándolas una por una y tirándolas al fuego.

UTILIZACIÓN DE LOS MEDIOS TÉCNICOS

Hay un procedimiento mucho más eficaz que los hombres olvidan, que es el de tomar a la masa en grandes sectores.
Los políticos nunca habían utilizado la radio para su acción. Más bien utilizaban las conferencias callejeras, donde los hombres los veían. Yo también me hice ver, primero, porque eso es indispensable.
La acción de presencia y la influencia directa del conductor es importante, pero la mayor parte de la masa ya me había visto y yo entonces, les hablé por radio, que era como si me siguieran viendo. De manera que yo les hablaba a todos.
Imagínense lo que significa la utilización de los medios técnicos en la política, cosa que no habían hecho mis antecesores.
Por eso me fue posible, el día anterior a las elecciones, dar una orden que al día siguiente todos cumplieron. Fue así como ganamos las elecciones.
Nuestros adversarios políticos, cuando nosotros dimos esa orden, se reían, pero después del escrutinio ya no se rieron tanto. Era lógico.
Eran sistemas mediante los cuales asegurábamos una unidad de acción de la masa peronista que ellos no pudieron asegurar.
Esa sorpresa, mediante el mantenimiento del secreto hasta el último momento, fue la que nos permitió, de un solo golpe, decidir la acción a nuestro favor.

PENETRARSE Y PENETRAR

Es indudable que todo esto que conforma, diremos así, este gran principio, yo lo he agrupado bajo un solo enunciado: el don de ubicuidad.
El político, o el conductor político, que no tiene ese don de ubicuidad generalmente está a disgusto en todas partes en donde se encuentra. Siempre está como en casa ajena.
El secreto consiste en penetrarse y penetrar, de manera que cuando uno llegue a la casa de los hombres qué lo acompañan se encuentre siempre como en su propia casa, cosa que obtiene gracias a sus ideas y sentimientos afines.
Hablando un mismo idioma nos entendemos fácilmente y nos comprendemos, y eso los extraños o los que piensan de distinta manera no lo consiguen jamás.
Ese modo de verse, de apreciarse y de sentirse es el don de ubicuidad.

TENER LEALTAD Y SINCERIDAD

No puede haber un caudillo político completo para la conducción si no tiene ese don, que es natural.
Algunos dicen que hay magnetismo en esto o que hay alguna otra cosa, pero lo cierto es que hay razones, hay poder de convicción y de convencimiento.
Para convencer, lo primero que hay que hacer es estar convencido. 
Los políticos antiguos no tenían ese «magnetismo» personal. Si estaban mintiendo, ¿cómo iban a tenerlo?
Para tener ese «magnetismo» es necesario tener primero lealtad y sinceridad.
Cuando uno tiene lealtad y sinceridad, cuando habla con convencimiento, entonces recién puede empezar a convencer a la gente, empezar a persuadirla.

EL VERDADERO MAGNETISMO

Entonces se agranda ese «magnetismo» personal de que tanto se habla, que no existe ni tiene ninguna razón de ser. Existen ideas, existen razones; existen sinceridad, lealtad y convencimiento. Ese es el verdadero «magnetismo».
No hay secretos ni creo que en esto pueda haber, diríamos, alquimia de ninguna clase. No hay tal cosa. Los hombres se convencen o no se convencen, según se les hable con convencimiento, con sinceridad, etc.
No puedo convencer yo a uno con una mentira que le, endilgo mientras el otro me está descubriendo y diciendo que estoy mintiendo. ¡Cómo lo voy a convencer! ¡Cómo va a tener confianza en mí!
Hoy es difícil, porque lo miran a la cara a uno y ya se dan cuenta de que miente.
No se puede ya engañar, por más habilidad que tenga el mentiroso y por más hábil que sea la mentira que se diga. Pero cuando uno tiene la verdad, ésa es la elocuencia. No hay en esto dialéctica. La elocuencia se forma por la verdad.

SENTIDO POPULAR DE LA CONDUCCIÓN

En otras palabras, señores: la conducción no es nada más que eso, pero no es nada menos que eso.
Es una cosa muy fácil de enunciar, pero muy difícil de realizar en forma acabada y completa.
Pero es indudable, señores, que si uno se dedica a estudiar esto y a preparar estos grandes principios de la conducción está siempre en mejores condiciones de compulsarla y hacerla efectiva, de realizarla racionalmente, que si no los conoce y no los ha estudiado y penetrado.
Es todo cuanto se puede decir de este aspecto de la conducción.
Ahora, es indudable que aun dentro de ese don de ubicuidad de la política, en el aspecto de la conducción, el sentido popular de la conducción es una condición indispensable.
Ustedes han observado que con ese sentido popular de la conducción nosotros, en el peronismo, hemos hecho una escuela de humildad y sencillez.

ESCUELA DE HUMILDAD

Ninguno de nosotros se siente, diríamos, más de lo que es, aun cuando el trabajo tampoco se siente menos de lo que debe ser, como decimos nosotros.
Pero, en general, los hombres del peronismo son hombres humildes, que hacen escuela de humildad.
No tenemos —y ésa es una de las cosas que siempre decimos nosotros— el empaque de la oligarquía.
No sé si tendremos la «prosopopeya» que tienen los hombres que conducen en otras partes y la parada que tenían antes nuestros políticos en la acción pública.
Pero lo que sí sabemos es que trabajamos todos los días para hacer algo útil para el país, que ahí es donde hay que tener el empaque.
Y en esto, señores, es cosa bien natural que, para conducir a un pueblo, la primera condición es que uno haya salido del pueblo; que sienta y piense como el pueblo, vale decir que sea como el pueblo.

SENTIDO POPULAR DEL CONDUCTOR

Por eso, todo aquel que no haga una conducción popular podrá tener predicamento en un momento dado; pero el predicamento permanente de un conductor es su absoluta unificación en su manera de ser, de decir y de sentir como el pueblo.
Un hombre de nuestro movimiento podrá tener cualquier defecto pero el más grave de todos será no ser un hombre del pueblo.
Si él no lo fuese por cualquier circunstancia, debe asimilarse y sentirse un hombre del pueblo. Recién entonces podrá conducir.
En los tiempos modernos, pues, una de las condiciones fundamentales para la conducción es el sentido popular del hombre que conduce.
Eso forma parte de su propia personalidad. Sin eso no podrá ir a ninguna parte y nunca podrá hacer una conducción completa de la masa sobre la que quiere influir y dirigir.

EL CUMPLIMIENTO DEL FONDO

Señores: En este sentido, podríamos decir que la interpretación de la popularidad en la conducción no está sólo en las formas, sino profundamente en el fondo de la cuestión.
Yo no creo necesario que el hombre haga una excesiva demostración de su sentido popular y de su forma popular de ser en la vida diaria; que se prive de alguna cosa que le guste para tener en esa forma sentido popular; que deje de disfrutar de algunas comodidades que merece por su trabajo, porque ello sería mentir, sería simular.
No es el sentido de la simulación de las formas lo que da en esto el concepto; lo da el cumplimiento del fondo.

Esto, señores, se cumple bien si uno siempre piensa que para poder gobernar es menester no aferrarse siempre a la propia voluntad, no hacerles hacer siempre a los demás lo que uno quiere, sino permitir que cada uno pueda hacer también una parte de lo que desea.

SISTEMA DE LA CONSTRUCCIÓN

Es decir —y lo repito una vez más—, el mando y la conducción en el orden político se basan en lo siguiente: cuando uno quiere imponer su voluntad es menester que permita que los demás también realicen parte de la suya.
Es necesario sacrificar una parte de la propia voluntad, pero hay que tener la inteligencia de quedarse con las cosas importantes, dejando a los demás el cincuenta por ciento menos importante.
Esto, más que una cuestión teórica, es producto de la experiencia de los años en que yo he tenido la suerte de conducir nuestro movimiento y de gobernar nuestro país.
Con un ejemplo quiero dar una idea de lo indispensable que es esta cuestión explicando no cómo lo he visto cumplir, sino lo he cumplido yo.
Volviendo a la Secretaría de Trabajo y Previsión en 1944, yo sabía que toda la gente con quien había hablado en la Secretaria, que todo el pueblo que había concurrido a escucharme, tenía una idea y tenía un objetivo.
Ellos querían ir a un punto que creían, con la prédica de tantos años, era el conveniente. Eran más bien de una orientación de fondo marxista, y como tal, propugnaban un tipo de revolución distinto al nuestro.
Se inclinaban más hacia la lucha de clases y la destrucción de un sinnúmero de valores que la nacionalidad tenía creados. Yo no compartía esas ideas.
Creía que la lucha de clases es un agente de destrucción y no de construcción, y, la humanidad para ir a un puerto seguro no debe emplear nunca el sistema de la destrucción, sino el da la construcción.
Así, a esta humanidad hambrienta y miserable, como producto de dos guerras, no la podrán arreglar con una tercera guerra que destruirá lo que les queda.

CONFLICTOS QUE DESTRUYEN

En la vida y en la lucha diaria de los hombres, el fenómeno es exactamente el mismo.
Todos los conflictos y luchas dentro de una colectividad destruyen y no construyen.
De manera que el secreto está en asegurar la justicia, que es la única forma de suprimir la lucha.
Señores: Cuando yo fui a la Secretaría de Trabajo y Previsión, repito, la gente que iba conmigo no quería ir hacia donde iba yo; ellos querían ir a donde estaban acostumbrados a pensar que debían ir.
Yo no les dije que tenían que ir a donde yo iba; yo me puse delante de ellos e inicié la marcha en la dirección hacia donde ellos querían ir: durante el viaje, fui dando la vuelta, y los llevé a donde yo quería…

NUEVA ESCUELA, NUEVO SISTEMA

Y, señores, creo que ninguno de los que entonces me escucharon está hoy arrepentido de haber seguido el camino que yo les indicaba, porque hasta ahora estamos llegando, y hemos llegado a mejores conclusiones y a mejores soluciones que las que nos podía haber ofrecido la antigua escuela que se había inculcado al pueblo argentino La nueva doctrina peronista es una nueva escuela, es un nuevo sistema, es un nuevo método que supera total y absolutamente todos los sistemas conocidos, desde el crudo capitalismo de derecha hasta el más crudo izquierdismo comunista.
De toda esta gama de cuestiones, yo no he encontrado nadie que, por lo menos cuando actúa, pueda rebatirme las bases de la doctrina peronista, y yo, en cambio, he rebatido sistemáticamente las del capitalismo y las del comunismo, a los capitalistas y a los comunistas mismos.
Para mí esto es lo que debe llamarse el fondo del sentido popular de la conducción.

LA INTERPRETACIÓN DEL PUEBLO

Es la interpretación del pueblo. El pueblo muchas veces ha sido inducido al error. Pero así como a los hombres que han sido inducidos al error no hay que encaminarlos bruscamente, sino que hay que persuadirlos para que corrijan el rumbo, uno no puede perder el tiempo en estar sistemáticamente convenciendo a una masa.
Hay que dejarla marchar, y durante la marcha irla conversando, persuadiendo y llevándola hacia donde debe llevársela. Al final, la masa agradece a uno que por ese procedimiento más suave la haya alejado del error en que estaba.
Reconoce el error, y entonces se adhiere con todo lo que tiene a la nueva concepción que se le ha inculcado.
El conductor, entonces, ha vencido al indio que cada uno de nosotros lleva adentro, de acuerdo con las ideas primarias que practicamos.
Ese aspecto de la conducción es el sentido popular de fondo en la conducción del pueblo, según mi manera de ver este problema.

SÍNTESIS Y ANÁLISIS

Con esto doy por terminado, señores, todo lo que se refiere al aspecto de los principios y factores que influyen en la conducción.
Todos ellos han sido anotados en forma sintética en las clases que les he dado desde el principio de nuestro curso hasta ahora.
Ustedes tienen otro trabajo que realizar; aislar de esta descripción «cinematográfica» que les he hecho el aspecto general de la conducción; aislar —digo— cada uno de esos factores y profundizarlos por el análisis.
La inteligencia humana realiza siempre, cualquiera sea la actividad a que se aplique, tres operaciones: la síntesis, o sea la premisa que es la síntesis perceptiva, lo que uno ve; el análisis, que la mira profundamente y va desmenuzando las cosas, las va haciendo ver hasta lo más hondo de esa acción de percepción; pero, como el hombre sabe tanto como recuerda, y es difícil que recuerde el análisis para toda su vida, cristaliza esa percepción profundizada por ese análisis, y la cristaliza en una síntesis que es la que él va a retener, que es la que va a recordar.

CONCLUSIÓN PARA CADA UNO

Este es el proceso más útil para el estudio de la conducción.
Yo les he dado esa premisa, les he mostrado el panorama. Ustedes lo ven. Ahora analícenlo, tomen cada uno de estos aspectos de la conducción, lleven la imaginación a cada uno de ellos, penétrenlos, desmenúcenlos, imaginen los ejemplos; sumen los ejemplos de la realidad, y mediante ese análisis profundo hagan una conclusión para cada uno de ustedes.

CONVERSAR CON UNO MISMO

Si las compañeras y los compañeros realizan este trabajo conscientemente, conversando en muchas ocasiones consigo mismo —que es una de las formas aconsejadas por Séneca para ampliar la inteligencia—, es probable que lleguen a aspectos, dentro del análisis de la conducción, no imaginado todavía por ustedes mismos.
En esto es sumamente importante que mediante esa doctrina y esa base  ética que han recibido en la Escuela, realicen ese análisis para el cual están capacitados.
Si no se tienen esas bases, si no se tienen esos conocimientos doctrinarios, si no se tienen en vista esos grandes principios morales que afirman y convierten en verdad esa doctrina, es hasta peligroso entrar en el análisis. Eso les pasa a muchos hombres.
Cuenta Séneca que un día uno de sus alumnos, siguiendo su consejo, se había aislado en un rincón, en donde desde hacía tres horas estaba pensando.
Se acercó Séneca y le preguntó: «¿Qué estás haciendo?»
A lo que le respondió el alumno: «Estoy conversando conmigo mismo, de acuerdo con su consejo».
Séneca le dijo entonces: «¡Ten cuidado, no vayas a estar conversando con una mala persona!».

LOS PRINCIPIOS ÉTICOS Y MORALES

El quiso decirle que recordara que en ese análisis que estaba realizando de las distintas cuestiones no olvidase las reglas fundamentales y los principios éticos que él, en la propia escuela filosófica en que trabajan los estoicos, debía tener de la doctrina de la vida, que es la filosofía, pero basada sobre virtudes de los hombres, que es la base de toda buena filosofía de la vida.
Para no hablar con una mala persona, hay que tener siempre presentes esas virtudes que hacen una buena persona, y entonces ya se puede conversar consigo mismo.
Ustedes tienen ya todos los principios de esa escuela nuestra, de esa escuela política que es en el fondo, una escuela filosófica, que da una doctrina, que da los principios éticos y morales, que da las virtudes de los hombres, que nos permite comenzar a penetrar en esos aspectos de la conducción.
Un hombre sin esos principios se desviará, como se desviaron nuestros antiguos políticos hacia las «mañas» y no hacia las realizaciones virtuosas y honradas.

FORMAR UNA BUENA PERSONA

Estas bases de la Escuela Peronista deben ser practicadas e inculcadas a todos los que las quieran practicar.
Lo primero que hay que formar es una buena persona y después hay que darle todo lo demás.
Señores: Yo quiero referirme rápidamente a otro aspecto de la propia conducción.
Dijimos que la conducción está formada —para nosotros los políticos— por tres grandes sectores: primero, diremos, la parte viviente del arte, que es el artista, el conductor; segundo, por la parte inerte del arte, que es su teoría, y tercero, por la parte formal del arte, o sean las formas de ejecución, muchas de las cuales son, en cierta manera, totalmente mecánicas.

FORMAS DE EJECUCIÓN

Hemos tratado lo que se refiere al conductor y a la teoría.
Ahora quiero decir algunas palabras sobre las formas de ejecución.
Esto, diremos, es la técnica de la conducción política.
Lo primero, como dije, es el artista, el conductor; lo segundo, la teoría, y lo tercero, la técnica.
La técnica es más bien de oficio que de una actividad superior. Es aprender que existe una manera de ejecutar que tiene también sus imposiciones.
Ejecutar, en política, sin haber llegado a impregnar la masa para producir la reacción, no tiene valor. No hay un acto en la política que deba descargarse antes de haber preparado el ambiente que ha de recibir esa descarga.
Entonces, si ése es el principio que nos está indicando cómo debemos producir el hecho, hay una técnica para producirlo.

LA PREPARACIÓN EN POLÍTICA

Mediante esa técnica, que constituye las formas de ejecución, se puede hacer para esto un método, en el cual esas formas de ejecución se cristalicen en reglas más o menos aplicables a todos los casos, con distintas variantes.
Lo primero que impone las formas de ejecución es la preparación. Nada puede ejecutarse sin una preparación, en política.
No se inicia un acto así, esporádicamente, sin que se haya preparado. Es necesario tener en cuenta que la acción política se realiza por la concepción de un hombre y por la ejecución de una masa.
La concepción no necesita sino la preparación personal del hombre que conduce, pero la ejecución sin una preparación para una inmensa masa, en un inmenso espacio y en un tiempo largo, no puede ir muy lejos. De allí que en las formas de ejecución lo fundamental es la preparación.
Ejemplifiquemos esto: supongamos que se va a realizar una elección.
Para ejecutarla vamos a prepararla, porque de lo contrario todo lo tendríamos que preparar el día de la elección, exagerando para hacer resaltar el asunto.
¿En qué consiste esa preparación? Algunos lo toman mecánicamente: realizan la propaganda, forman los comités, hablan a la gente, etc.
Esa es una preparación mecánica que la puede realizar cualquiera aunque no haya visto en su vida más que un solo acto político. Pero es necesario hacerlo mucho más racionalmente.

VER LAS COSAS LEJOS Y PROFUNDAMENTE

La preparación impone, en primer lugar, un estudio y un acopio de información total del hecho.
A menudo, los ojos ven poco y muy cerca, y es necesario ver las cosas muy lejos y muy profundamente.
Esa información le da a uno la capacidad de penetración no sólo, diríamos, en la periferia, sino adentro, profundamente, donde el problema se siente en su verdadera temperatura.
Las masas son como el sol: frías en la periferia y muy calientes en su interior. Hay que llegar al calor interno de las masas, sentirlo, para poder apreciar cuál es el grado —diríamos así— de liberación de fuerzas que se produce dentro de esa masa.

LA LEALTAD EN LAS MASAS

Sólo mediante ese conocimiento profundo uno estará en condiciones de apreciar la realidad, que en las masas jamás es periférica.
La realidad en las masas es interior, es profunda; está en el sentir mismo de esa masa. Apreciar eso es la segunda operación, después de haberla conocido.
De acuerdo con esa apreciación, viene una resolución, de la cual surge todo un plan de acción, que es objetivo, porque lo ha tomado uno de la propia masa, y en política, lo que no es objetivo, vale decir, lo que no es real, que no persigue una finalidad, no tiene mucho valor. Tiene muy poco valor. Es un valor inductivo, es lo que uno cree.
Es necesario tener la realidad, y la realidad se bebe en su propia fuente.

PLAN DE ACCIÓN

Ese proceso de información, ese proceso de análisis, que es la apreciación del hecho en sí; ese proceso de síntesis, que es la resolución resultante de esa apreciación, conduce a un plan de acción que indica las formas de ejecución.
Esa preparación tendrá también publicidad, propaganda, la acción directa hasta el acto mismo.
Pero es claro que la propaganda, la publicidad y la acción del acto mismo se realizarán de una manera si uno ha penetrado profundamente los problemas de la masa o se realizarán superficialmente si uno ha abarcado sólo la periferia de esa masa.
Vale decir que de esa apreciación inicial, de esa resolución inicial, va a estar influida toda la acción que va a realizarse a través de la publicidad, de la propaganda, de los planes y de la acción misma. ¡Hasta el último acto estará influido por esa apreciación inicial!
Y los errores que se hayan cometido en esa apreciación inicial, una vez lanzado al campo de la acción, no se modifican ni se corrigen durante toda la operación que se va a realizar.
Por eso la preparación tiene una importancia extraordinaria para cualquier acto de esta naturaleza.

UN FONDO DE EJECUCIÓN

Por eso, las formas de ejecución tienen también su aspecto formal, que se puede llamar publicidad, propaganda, planes de acción, etcétera; pero tienen su aspecto de fondo, que es el que fundamenta y realiza con eficiencia esos actos formales de ejecución.
Las formas de ejecución no tienen ningún valor si no existe, para apoyarlas y sustentarlas, un fondo de ejecución, es decir un pensamiento profundo que las fundamente y las haga racionales.
Generalmente, los que persiguen la forma son superficiales.
Cuando venga uno y les diga: «Vamos a hacer un plan de propaganda», díganle ustedes: «Muy bien, ¿sobre qué base?»
Si el hombre les dice: «Vamos a hacer tal cosa, tal otra y esa, de más allá», ése lo va a hacer mecánicamente, y un plan así no tiene ningún valor: es un plan formal, y la propaganda de forma ya no conduce al convencimiento de nadie. Hay que ir a la propaganda de fondo. Pocas cosas, pero muy bien hechas.
Como digo yo, hay que pegar cuando duele y en el lugar que duele…

MÉTODOS DE EJECUCIÓN

Otro asunto importante en las formas de ejecución es el de los métodos de ejecución.
Un hombre, aprovechando inteligentemente los métodos de acción, puede hacer tanto como otro que sin aprovecharlos inteligentemente, utilice el doble de los métodos de acción de que dispone.
Vale decir, una propaganda no está —o las posibilidades, o las formas de ejecución, no están—- en razón directa de los métodos que se emplean, sino más bien en razón directa de la racionalidad con que se emplean esos métodos.
El hombre, pues, tiene preeminencia sobre los medios. Y sobre él, su propia inteligencia.

ACCIÓN OPORTUNA Y EN EL LUGAR PROPICIO

Si él realiza la acción oportunamente y en el lugar propicio, no necesitará ni la cuarta parte de los métodos que otro necesite si actuara esporádicamente, irracionalmente, en cualquier momento y en cualquier lugar.
Esto tiene una importancia muy grande, porque muchas veces de un pequeño medio se obtiene un gran efecto, y otras veces, de innumerables
medios no se obtiene ninguno, porque no son métodos persuasivos, porque no son métodos que actúan sobre el fondo, sino sobre la forma.
En esto, yo recuerdo y cito siempre un caso.
Un día, el Instituto Sanmartiniano, donde dice «Geniol» en las bocacalles y en los cordones de las veredas, quería poner «San Martín».
Yo les pregunté: «Díganme: ¿dulce o seco?».
Les dije: «Ustedes, ¿sobre qué quieren hablar? ¿Sobre el General San Martín? ¿Ustedes creen que hay algún argentino que no crea en la existencia del General San Martín, para ponerlo en las veredas? ¿Qué bien va a reportarle a San Martín que ustedes pinten en las veredas «San Martín»? No lo hagan: a San Martín lo conocen todos los argentinos. Lo que hay que hacer es decir cuál es la grandeza de San Martín, que ésa sí no la conocen todos los argentinos.

PERSUASIÓN DEL PERONISMO

Confesándonos aquí, entre nosotros, todos amigos, podríamos decir que con el peronismo pasa una cosa similar.
No hay que poner tanto peronismo en las paredes como persuadir a la población de que el peronismo es la verdadera causa.
Con esto quiero decir que nosotros todavía estamos accionando sobre las formas superficiales de estos aspectos.
Tenemos que ir entrando paulatinamente al fondo, a la parte verdaderamente trascendente de esas formas de ejecución.
Claro que esto no se puede hacer de la noche a la mañana y que nosotros vamos creando paulatinamente los órganos necesarios para que vayan incidiendo profundamente en esto.
El día que lo logremos, quizás no será necesario poner un cartel más en la calle.

LO QUE TIENE DENTRO EL PERONISMO

¿Quién no sabe que aquí existen el peronismo y el justicialismo, unos porque los apoyan y otros porque los combaten?
Lo que interesa decir ahora es lo que tiene adentro el peronismo, lo que él representa para la nacionalidad, lo que representa para el futuro del pueblo argentino.
Tenemos que proclamarlo en todas partes y a toda hora, especialmente en estos momentos en que la oposición recrudece en un estado de permanente difamación y desprestigio para todos nosotros.
Esa lucha tampoco hay que hacerla como la hacen ellos. Ellos están imbuidos de los mismos errores que tenemos muchas veces nosotros.
Tienen menos medios que nosotros; en eso les llevamos alguna ventaja.
Como nuestros opositores hacen una campaña contra el gobierno, insultando a los gobernantes y a los funcionarios, eso realmente no vence a nadie. Sería peor que la hicieran bien.
Por eso nunca digo nada cuando me dicen: «Ahí lo insultaron». Yo contesto: «Mejor que me insulten aquí, donde todos me conocen, porque saben que no es cierto».

FORMAS DE EJECUCIÓN DENTRO DE LA POLÍTICA

De manera que en esto siempre hay formas y formas de ejecución.
Nosotros también hemos de desarrollar en el futuro cursos sobre estas formas de ejecución para que vayamos abandonando lo superficial, yendo verdaderamente a lo trascendente de la acción política en sus verdaderas formas de ejecución.
Si en lo espiritual, en lo político, en lo económico y en lo social hemos creado una nueva cosa en la Argentina, también en esto hemos de crear en el futuro una nueva cosa.
Vamos a transformar también esto, porque esto no es a lo que nosotros aspiramos como forma de ejecución dentro de la política.

UNA DE LAS MEJORES ESCUELAS

Las formas de ejecución tienen una verdadera importancia.
No se realizan solamente para el cumplimiento de una finalidad inmediata. Es también una escuela, una educación y una cultura, en el fondo, que hay que inculcar en el pueblo.
Eso va influyendo en nuestros hombres para que lleguen, en todas las formas de ejecución de su vida, no sólo en las políticas, a buscar el máximo provecho con el mínimo sacrificio, y ese principio, tan fundamental en la vida de los hombres, irlo extendiendo a todas las actividades de los peronistas.
Quizá ésa sea una de las mejores escuelas que nosotros podamos formar para el futuro.

CONDUCCIÓN TÉCNICA Y ESTRATÉGICA

Bien, señores: en estas formas de ejecución, nosotros tenemos que separar perfectamente qué es la conducción estratégica política y qué es la conducción táctica política, estableciendo debidamente a quiénes corresponde una conducción, a quiénes corresponde la otra, para que no pase lo que está ocurriendo en muchos sectores —que ya hemos aclarado en gran parte—, donde chocan unos con otros.
Los que están haciendo el combate táctico del lugar quieren decir, a los que están aquí conduciendo todo el Partido, lo que el Partido tiene que hacer, cuando en realidad debe ser a la inversa.
Los que conducen el conjunto deben decir cómo debe encauzarse la lucha allí, en líneas generales, pero no en detalle, que no conocen.
Es decir, ir diversificando bien y creando verdaderos divertículos, diremos, entre la acción de un sector del comando de la dirección, y de otro sector, para que quede establecida perfectamente la esfera de acción y la responsabilidad de cada cual y no se produzcan fricciones dentro del mecanismo político, que suelen ser tan negativas y tan perjudiciales.

LOS AGENTES DE EJECUCIÓN

Esto lo vamos haciendo despacio.
También debemos fijar perfectamente los agentes de ejecución, vale decir, los dirigentes.
Para que cada cual actúe al lado de otros dirigentes sin hacerles zancadillas; para que todos se ayuden, teniendo en cuenta que cada cual tiene una misión particular.
Por lo tanto, si él los puede ayudar en el cumplimiento de su misión, los ayuda; pero no tiene que hacerle zancadillas a nadie para voltearlo.
Una de las cosas más importantes, en lo que debemos realizar una verdadera escuela, es la formación de los agentes de ejecución.
La política, más que ninguna otra actividad, por el amplio campo en qué se desarrolla, necesita cumplir perfectamente el principio orgánico que establece que la concepción ha de ser centralizada y la ejecución descentralizada.

SISTEMA UNIVERSAL DE LA ACCIÓN

Es el sistema universal de la acción más que un principio de organización.
Si es necesario realizar una concepción centralizada y una ejecución descentralizada, se imaginarán ustedes que la concepción brillante no vale nada donde los agentes de la ejecución que van a actuar descentralizadamente no ejecutan bien.
La conducción es posible sólo mediante esta perfecta coordinación entre la concepción y la ejecución así como también entre los medios que transmiten y ejecutan en el campo de la acción la concepción de una dirección centralizada.
Esto es fácil también de enunciar en líneas generales, pero muy difícil de realizar.
Todos los problemas de la conducción tienen solución; los que no tienen solución son los hombres que la ejecutan. Desgraciadamente, ésta es la gran verdad.

LOS MEDIOS DE EJECUCIÓN

Luego debemos considerar los medios de ejecución, que son más bien un factor orgánico.
Los medios de ejecución son todas las organizaciones que sirven a esos agentes de la ejecución; lo que nosotros llamamos, tomando un sector de nuestra actividad, por ejemplo, la Escuela Peronista.
Hemos fundado una Escuela Superior Peronista.
Esto, lógicamente, conforma un pequeño sector de la formación peronista. Lo hemos hecho solamente aquí, sin tener otro sector en cuenta.
Consideramos que por algo teníamos que empezar, y decidimos comenzar por arriba y no por abajo, porque abajo hay otra organización que responde a la política.
Hablamos ya con el director de la Escuela, pensando la manera de extender este medio de acción de la cultura política.
Como esta escuela peronista podrán formarse, por ejemplo, en las catorce provincias y diez gobernaciones, escuelas regionales, dependientes de la Escuela Superior que funciona en la Capital.
En las unidades básicas, entre cuatro, cinco o diez unidades que se hallen cercanas, se podrán formar ateneos peronistas, a los que concurran las personas de todas esas unidades básicas.

ENSEÑANZA Y CONDUCCIÓN PERONISTAS

Entonces tendremos como medios de ejecución, de abajo arriba, las unidades básicas, sus ateneos de centralización, donde se hace escuela peronista; pero en cada provincia estaría ya la Escuela Peronista, y en la Capital Federal la Escuela Superior Peronista.
Empezaríamos desde la unidad básica, donde las personas podrían concurrir a su escuela, llamémosla ateneo Peronista; del ateneo pasarían a la escuela peronista regional, y de allí los mejores vendrían a la Escuela Superior Peronista, para continuar los cursos de cultura superior.
Esto en cuanto a la enseñanza peronista.
En cuanto a la conducción, nosotros tenemos las organizaciones partidarias, que, como ustedes conocen, van desde el Consejo Superior hasta las unidades básicas, a las que poco a poco habrá que ir organizando y estableciendo ya con carácter permanente.

LA ORGANIZACIÓN ES SEDIMENTARIA

Ustedes saben que hasta ahora hemos estado viviendo en un permanente estado de organización.  Apresurarse en eso no conviene.
Nunca he tenido apuro en esto: es inútil organizar apresuradamente y forzadamente.
Esto es una cuestión que se sedimenta: la organización es sedimentaria. No es cosa de improvisación, no es improvisable: hay que dejar que todo se vaya sedimentando, asentando y decantando pues así se estratifica; sobre la base de la improvisación no se logra la estratificación: queda todo siempre como polvo en el aire sin asentarse.
Por eso hemos querido ir realizando esto a medida que fuéramos marchando; para que cuando nosotros llegáramos, viéramos lista la organización y estuviéramos seguros de que contamos con una organización real, que existe, que es fuerte, que es orgánica, que es disciplinada. Es decir, no una organización donde cada cuál hace lo que se le ocurre, y no hay unidad de acción ni unidad de concepción en las cosas.

DOS CLASES DE CONDUCCIONES

Señores: esto de las formas de ejecución es muy largo y; quizá árido.
Yo solamente quiero darles, para que, con respecto a las formas de ejecución, vean ustedes cómo se actúa, un solo ejemplo de todo este ancho campo que es el de la acción, lo más grande y lo más difícil de la conducción. Costaría mucho tiempo analizar cada una de las cuestiones que en la acción misma imponen las formas de ejecución.
Lo que sí podríamos decir de una manera general, y como ejemplo, es que hay dos clases de conducciones: la que va hacia objetivos definitivos y la que sólo busca objetivos transitorios, parciales o limitados, como indistintamente podríamos llamarlos.

IMPROVISACIÓN Y MÉTODO

Se conduce con un objetivo limitado para una acción parcial; se conduce sobre objetivos definitivos para una acción general.
Todas las formas de acción para el interés de un objetivo limitado tienen una característica, que es la indecisión, que es el estudio particularizado de un caso concreto, para hacerlo rápidamente, por sorpresa, sacando ventajas inmediatas: en el otro caso hay una acción seria, persistente, tenaz, que va persiguiendo un objetivo mediante un plan. Aquí no hay improvisación alguna, sino método.
Imaginen ustedes que todas las formas de ejecución varían según se trate de
una u otra clase de objetivo. En la conducción, las formas de ejecución estarán siempre encajadas dentro de uno de estos cuadros.
El estudiar las formas para cada uno de ellos implica también una acción muy larga.
Ustedes, en lo futuro, podrán meditar sobre esto y penetrar las formas de ejecución de la política con lo que se ve todos los días y con lo que se hace todos los días.

CAPÍTULO X

LA CONDUCCIÓN APLICADA 
CAPACITACIÓN DE LOS DIRIGENTES

Hoy voy a cerrar mi materia con una conversación en forma de recapitulación general de todo cuanto hemos considerado durante el curso, un poco rápido y sintético.
En la última clase me referí a las formas de ejecución. Por otra parte, están más o menos tratadas en líneas generales.
Quedaría, por lo tanto, decir algunas palabras sobre lo que se refiere a la conducción aplicada.

GIMNASIA DE LA CONDUCCIÓN

La conducción, siendo una cuestión eminentemente de ejecución, no gana mucho con una exposición teórica.
Lo que la exposición teórica hace es, solamente, ponernos dentro de la materia.
El hurgar la materia con nuestras propias manos presupondría la ejercitación en algunos casos concretos, es decir, hacer una verdadera gimnasia de la conducción, gimnasia que va capacitando a uno poco a poco, no para aprender, sino para comprender la conducción, que es la base de todo esto.
Para eso, normalmente, se utiliza un sistema muy lógico y muy natural: plantearse un caso concreto, teórico o extraído de la historia de la conducción política.

UN ESTUDIO APLICADO

En conocimiento de lo que ha ocurrido, de los errores que se han cometido, y relacionando causas y efectos, se hace un estudio crítico de ese hecho histórico, concreto, y se saca, en consecuencia la enseñanza que de ello surge para no volver a cometer los errores y para emularse en los aciertos que ese caso concreto plantea.
Es decir, es un estudio aplicado de la conducción.
Ese estudio, generalmente, se realiza en tres formas: primero, hacer un plan para realizar una acción de la conducción política.
Es decir, para lo que nosotros llamamos elaborar un éxito, plantearse un objetivo, estudiar la situación y tomar las resoluciones y planificarlas para la ejecución. Eso es una forma de estudiar.

LOS TRES SISTEMAS

La segunda consiste en tomar un hecho histórico de la conducción política, analizarlo perfecta y profundamente y establecer de él el verdadero juicio crítico.
La tercera forma es tomar una resolución para acostumbrarse a los casos, diremos, de la conducción más rápido.
Tomar una resolución y poner sus fundamentos, que es el sistema más rápido.
Generalmente, en la conducción los casos concretos se estudian mediante tres sistemas: uno a fin de capacitarse para armar, planear y ejecutar un éxito; otro, para criticar errores y asegurar la enseñanza de las buenas medidas que se extraen de los propios casos concretos que la historia plantea; y tercero, habituarse a tomar rápida resolución sin hacer todo el proceso.
Este sistema es el más difícil, porque a menudo, cuando uno no hace una buena apreciación de la conducción, comete algunos errores.
Pero, ejercitando esas tres formas, se hace la conducción aplicada, la verdadera conducción. Para eso sirve todo el bagaje de erudición que uno pudo haber tomado de la teoría de la conducción.

SABER CAMINAR POR EL TEMBLADERAL

Todo eso es útil, porque, indudablemente, orienta, da algunos asideros dentro de un campo tan difícil de palpar como es la conducción misma, porque en la conducción se actúa siempre en una nebulosa hasta el momento de la decisión. La regla de la conducción es la oscuridad. Siempre está uno en un tembladeral.
El secreto está en saber caminar por ese tembladeral con una orientación y teniendo un objetivo que no le permita perder el camino.
La conducción nunca es segura, porque la situación siempre es confusa. Es muy difícil que se presente una situación clara.
Es muy fácil conducir en una situación clara, pero es muy difícil que esa situación clara se presente. Por eso uno siempre anda a tientas y en indecisiones. Pero planificando y estableciendo un lejano objetivo, uno que tiene que 
marchar en un campo de sinuosidades, va eludiendo los obstáculos, pero siempre en dirección al objetivo.
En la conducción no siempre la línea recta es el camino más corto; algunas veces la vuelta resulta más corta.

CADA COSA TIENE SU VERDAD

Todo eso da una técnica y una intuición en la conducción que se adquiere solamente mediante la contemplación de los casos concretos.
La conducción nunca se estudia en un caso general, porque la conducción no tiene casos generales.
En la conducción, las verdades absolutas suelen ser unas grandes mentiras. Cada cosa tiene su verdad, que hay que desentrañar.
Quien en conducción se conforma con verdades generales, a menudo no llega lejos.
Este es un arte basado en un profundo racionalismo, y su acierto estará en razón directa de los conocimientos con que uno forma ese racionalismo.
No se trata de ser un erudito en el amplio sentido de la palabra. Pero si se trata de tener una base erudita que a uno le permita afirmarse en algo, porque en estos tembladerales de la conducción si uno no lleva algo en que apoyarse, se hunde, y cuando en esto uno se hunde, se hunde definitivamente.

EL FONDO Y LAS FORMAS

Es difícil por eso la conducción en el orden político.
Tiene su fondo y tiene sus formas, y a menudo las formas suelen tener una importancia tan extraordinaria que sobrepasan en algunos aspectos al propio fondo de la cuestión. Eso es lo difícil de la conducción política. Otras conducciones son más fáciles.
Por eso, en la conducción política, lo fundamental es tener los comandos que encuadren, es decir, los conductores de todo orden.
Las masas políticas, en general, no pesan ni valen por la cantidad de hombres, o por dónde y cómo los tiene uno agrupados a esos hombres.
Más valen los hombres que encabezan la conducción de esa masa.
Es siempre mejor en la conducción tener cien ovejas mandadas por un león que cien leones mandados por una oveja.

HAY QUE FORMAR LOS LEONES

Esto es lo importante dentro del aspecto general y orgánico de la conducción.
Vale decir que hay que formar los leones, leones de la conducción; que el éxito no estará en la cantidad de las ovejas que vayan detrás de cada león, sino en el temple, en la capacidad, en el arrojo y en el acierto con que estos leones actúen durante todo el tiempo en que la conducción política se realice.
El objeto de la Escuela Superior Peronista es formar esos leones, es decir, formar dirigentes, ya que nosotros no aceptamos a los caudillos.
Formar dirigentes para la política: la verdadera conducción ha de ser por dirigentes, no puede ser por caudillos.
Y ¿Por qué no puede ser por caudillos, y sí por dirigentes? Por una simple razón: el caudillo es generalmente un hombre que no se subordina racionalmente a una conducción. Es un elemento díscolo dentro de la conducción.
Y la conducción, para que marche científicamente considerada, no puede tener hombres dentro de ella que actúen discrecionalmente.

PATEAR PARA EL MISMO ARCO

Porque así se produciría la ruptura de la disciplina; la ruptura de la disciplina es la ruptura de la obediencia; la ruptura de la obediencia es la ruptura de la unidad de acción, y la ruptura de la unidad de acción trae él caos y trae la disociación.
Entonces, no puede haber conducción posible donde esos hombres encargados de la conducción quieran cada uno hacer las cosas por su cuenta.
Yo ya he dicho que en nuestro movimiento político no puede haber luchas entre dirigentes, y no debe haber luchas.
Esas luchas solamente existen cuando los hombres trabajan discrecionalmente; cuando cada uno trabaja en una dirección propia, que es la mejor forma de matar la dirección de conjunto.
Lo primero que hay que hacer en ese caso es, como digo siempre, patear para el mismo arco. Eso es lo primero que hay que asegurar en el movimiento político.

LOS VALORES ESPIRITUALES SON LOS QUE PRIVAN

Y por eso, cuando tratamos de los conductores, empezamos por decir que los valores espirituales son los que privan en el conductor.
El conductor que no posea los valores espirituales necesarios será contraproducente y negativo para el movimiento de la conducción general.
Lo que el movimiento político debe comprender en su conducción es que el triunfo de cada uno está basado en el triunfo de todos, y que la derrota de cada uno está ligada también a la derrota de todos.
Cuando todos seamos derrotados, no podrá triunfar ninguno dentro de nuestro movimiento, porque todos nos vendremos abajo; y ninguno se va a quedar colgado en el espacio.
Este es el punto de partida de toda nuestra acción. Por eso digo siempre: el movimiento peronista es una gran bolsa en la que todos metemos algo; ponemos adentro todo lo que tenemos, porque sabemos que de esa bolsa depende el porvenir de todo el movimiento.
Cuando todos metemos lo nuestro dentro de esa bolsa, ninguno pelea.
Las peleas vienen cuando alguno quiere meter la mano para sacar algo de adentro.

FUNCIÓN DE LA ESCUELA SUPERIOR PERONISTA

Entonces, señores, el secreto está en no meter la mano en la bolsa; en ir metiendo cosas.
Y cuidando todos de que nadie meta la mano para sacar una parte de esa bolsa para sí, porque eso irá en perjuicio de todos.
Si uno va a meter la mano, la van a querer meter todos y la bolsa va a quedar vacía.
Este símil un poco grotesco que les hago encierra un gran fondo de verdad. Está allí la base de toda nuestra conducción.
Es decir: la función de la Escuela Superior Peronista y la de estos cursos es ir formando la conciencia de nuestros hombres, que serán los dirigentes de nuestro movimiento en el futuro: hombres de conciencia que estén en claro sobre qué es lo qué todos debemos buscar, y que dispersen, a su vez, en toda la masa peronista, el caudal de estas ideas y estos pensamientos.

EL VALOR DE NUESTRO MOVIMIENTO

En este orden de cosas, hemos empezado—como dije en cierta oportunidad— con esta pequeña Escuela, qué será grande en el futuro.
Ya mi señora ha expresado que en la sede central de la Fundación habrá treinta aulas destinadas a escuela, donde podremos formar mil dirigentes.
Estos cursos irán después a las provincias, donde podremos formar mil escuelas peronistas, que — dentro de ellas — formarán otros tantos miles de dirigentes, los que a su vez formarán los ateneos peronistas, que a su vez formarán miles de nuevos dirigentes.
El valor de nuestro movimiento estará en esos miles de dirigentes que vamos a formar. Ese será el acervo verdaderamente virtual de nuestro movimiento.

UN INMENSO MOVIMIENTO DE CONJUNTO

Muchos dirán: ¿y por qué no lo hicimos antes? Bueno; no lo hemos hecho antes porque para tener un guiso de liebre lo primero que hay que tener es la liebre.
Buscamos tener un partido: hoy ya tenemos un partido. Las grandes corrientes están ya organizadas.
Estamos formando las escuelas para ir capacitando y uniformando el criterio de nuestros conductores para que todos lleguemos a ver las cosas de una misma manera, apreciarlas y resolverlas de una misma manera.
Llegará así a formarse un inmenso movimiento de conjunto que será la aplanadora de que tantas veces hemos hablado. Sin esa aplanadora no vamos a ir lejos en política. Vamos a pelear entre nosotros, vamos a discutir las cosas.

ESTAMOS ELABORANDO UNA DOCTRINA ÚNICA

Hemos tratado de crear una doctrina única, estamos elaborando una doctrina única y ahora creamos una mentalidad y una modalidad únicas: una mentalidad peronista que nos impulse a una modalidad peronista.
Cuando hayamos conseguido eso mediante la dispersión y la preparación de nuestra dirección, el Movimiento Peronista tendrá una forma casi mecánica en su marcha, es decir, marchará sólo.
El gran impulso, pues, se lo darán los dirigentes que se destaquen por su inteligencia y su capacidad.
Porque ésta es una entidad que marcha sola; que ya puede marchar sola, que no hay que llevarla de la mano o del brazo, porque cuando se la larga, se cae. No; marcha sola.
Lo primero que había que hacer era hacerla marchar sola. Ya está marchando sola…Ya le podemos decir la dirección en que va a marchar en forma completa. Y después podrá correr…

EDUCACIÓN Y ORGANIZACIÓN DEL PUEBLO

Pero primero hay que enseñarle a pararse; después a caminar; después a correr despacio, y después correrá ligero.
Todo esto está en la educación, en la organización del pueblo. Es decir, convertir esa masa inorgánica en masas orgánicas y organizadas: convertir la masa en pueblo consciente de sus derechos y de sus deberes.
Y que los defienda; que los defienda inteligentemente y sin violencia. No hay necesidad de violencia de ninguna naturaleza.
La persuasión vale mucho más que la violencia en el trabajo del pueblo, y la conducción tiene esa finalidad: llevar a todo el pueblo la persuasión.
Cuando llegue la persuasión, la violencia será una fuerza insignificante al lado de la que la persuasión representa.
Esa persuasión ha de llegar a todos los límites a que debe llegar dentro del pueblo.
En otras palabras, como decían antes, hay que educar al soberano… pero hay que educarlo de verdad.

LA RESPONSABILIDAD DEL DIRIGENTE ES TOTAL

Señores: Todo esto, que nosotros hemos iniciado un poco apresuradamente, aprovechando el tiempo y fijando las primeras ideas; esta dando nacimiento a toda una corriente intelectual dentro de nuestra conducción.
En otras palabras, nosotros queremos terminar con el panorama de la conducción de amateurs que se ha hecho siempre o de caudillos o caciques que se ha utilizado en la política argentina, para iniciar una corriente de conducción científica, conducción estudiada, racionalizada y capacitada que dé al país una garantía en la dirección.
No es suficiente que le digan a uno: usted es un dirigente. El debe capacitarse para dirigir.
Desgraciado del pueblo que nombra como dirigentes a hombres que no saben dirigir. La responsabilidad del dirigente es total.
La del ciudadano es simplemente la de un ciudadano; los que dirigimos tenemos la responsabilidad por todos los ciudadanos: la responsabilidad de una sola persona por lo menos por quiénes nosotros podemos tener una influencia.

RESPONSABILIDAD DE CAPACITARNOS
Es una cuestión de amor a la responsabilidad de enfrentar la tarea de dirigir, pero es también una tarea de conciencia y de responsabilidad la de capacitarnos para desarrollar de la mejor manera y honradamente la tarea de dirigir.
Yo creo que uno de los grandes males de la política criolla ha sido el tomar la política como un pasatiempo y no como una verdadera responsabilidad.
En general, los hombres hacían la política porque les gustaba, porque les entretenía politiquear, reunirse y hablar dé esas cosas. La política tiene una responsabilidad mayor si uno quiere honrar a la política. 
Es claro que cuando la política cae en manos de hombres desaprensivos, que no sienten la responsabilidad de dirigir y qué desarrollan eso como un placer o un pasatiempo, no se puede llegar nunca al grado de perfección a que se debe llegar en esta actividad, de la cual dependen el mayor o menor grado de la felicidad del pueblo que uno conduce y de la grandeza de la nación que uno dirige.

CAPACITARSE MORALMENTE

Cada dirigente tiene, en un sector, la misma responsabilidad que tengo yo en la presidencia de la República: él, en el sector en que actúe, y yo en el sector en que actúo.
Pero todos compartimos una responsabilidad y cada uno de los ciudadanos tiene también una pequeña parte de esa responsabilidad, que no es muy poca.
En la República Argentina, es una diecisietemillonésima parte. Dé manera que el dirigente tiene muchas diecisietemillonésimas partes que conducir y, en consecuencia, su responsabilidad está en razón directa de ese número que el conduce.
Por eso es necesario que se capacite, sobre todo que se capacite moralmente, es decir, que tenga los lineamientos de una ética sin la cual la política resulta un oficio oscuro e intrascendente, y muchas veces perjudicial.
Darle esos principios de la conducción que lo capaciten para que no pierda su prestigio y para que no induzca con su ejemplo al error a un sinnúmero de ciudadanos que lo siguen convencidos de su capacidad y honradez, e ir así formando una escuela, es asegurar el porvenir.
De nada valdría la organización de un partido si nosotros, al encuadrarlo, no disponemos de hombres capacitados en la conducción, porque toda la organización depende de esos hombres.

LOS DIRIGENTES SALEN DE LA ACCIÓN

Si el Movimiento Peronista no realizara la preparación de sus conductores y de sus dirigentes cometería, indudablemente, un gravísimo error.
Volvería a organizar otra vez a un pueblo para que mañana pudiera caer en manos de hombres incapaces y deshonestos.
Esa dirección y el ejercicio de esa dirección solamente pueden mostrar quiénes son los capaces y quiénes son los deshonestos porque para conocer a un cojo lo mejor es verlo andar, según dice Martín Fierro.
Y es en la conducción donde los hombres se muestran tales como son y no como quieren hacer creer que son.
Es en la conducción donde se podrá aquilatar a los hombres, conociendo su capacidad y su honradez; y es de allí de donde deben salir los dirigentes; ellos no pueden salir de una escuela teórica.
Los dirigentes salen de la acción, y si no, no son dirigentes. Los dirigentes que se pueden hacer a dedo dan muy mal resultado.

OLEO SAGRADO DE SAMUEL

Considerando esta situación, siempre he dicho lo mismo. Dicen que cuando los griegos comenzaron la conducción elegían a sus conductores, tanto en la política, como en el orden militar, como en todos los demás órdenes; y dicen que nunca las conquistas y las guerras fueron más maravillosamente desarrolladas que cuando eligieron sus conductores en los momentos de peligro y los pusieron a actuar.
Es indudable que si esto ha sido cierto en la antigüedad, lo será mucho más en los tiempos modernos.
Es indispensable, para el que vaya a actuar en la conducción, que tenga el suficiente óleo sagrado de Samuel, sin el cual no va a tener buen resultado en su cometido. Y eso sólo lo da Dios, pero en secreto…

CADA PERONISTA LLEVA EL BASTÓN DE MARISCAL

Nosotros lo podemos descubrir viendo actuar a los hombres, viendo qué éxito consiguen en su acción o qué errores cometen en su trabajo.
Y eso solamente se ve en el campo empírico de las realizaciones de la conducción política.
Por otra parte, cumple el principio peronista que dice que cada peronista lleva el bastón de mariscal en su mochila.
Eso representa también, dentro del campo de la conducción, una fuerza que es extraordinaria: la de la emulación, en que los hombres van puliendo sus aristas en la marcha misma; en la misma marcha constructiva del Movimiento.
Es decir, que van mostrando cuánto valen y capacitándose para conducir mejor cada día; y haciéndose conocer por sus compañeros durante la misma marcha.

EL DIRIGENTE ES UN CONDUCTOR

Esto no lo puede dar nadie.
Decía uno de los más famosos hombres que han escrito sobre conducción en el mundo, Schliefen, alemán, que el conductor nace y se muestra en los hechos mismos.
Muchas veces se hace un conductor «por decreto», pero por lo general eso es un gravísimo error y una desilusión muy grande para el que lo nombró y creyó haber logrado por decreto un conductor.
El dirigente es, en su pequeño campo, un conductor. Conductor llegado a una acción de conjunto o realizando una acción de conjunto.
El vale por lo que puede hacer y los resultados que obtiene. No por otra cosa.

EL GOBIERNO Y LA DIRECCIÓN

Ahora bien: en ese sentido, señores, siempre he criticado el que no se distinga muy claramente a un conductor de lo que es el gobierno y de lo que es el mando o la dirección.
Siempre he presentado un caso muy notable que yo he observado durante mi vida y que constituye una experiencia mía muy importante.
Me presento yo siempre como general en este asunto.
A mí me tomaron a los quince años en el Colegio Militar; me enseñaron la disciplina, me sometieron a ella; me dieron los conocimientos militares necesarios y me dejaron listo para que fuera a mandar.
Ejercí durante cuarenta años la disciplina, mandando y obedeciendo.
Cada vez que fui a hacerme cargo de un puesto de responsabilidad, me dieron un número de hombres, mi grado y el código de justicia militar. Yo mandé, y todo el mundo obedeció.
Bien: yo trasladé eso a mi nuevo oficio, el de gobernar, y empecé por apreciar la situación; aquí a los hombres no me los dan: me los tengo que ganar yo.
Empecé por ahí; ya no me decían: «Todos estos hombres están a sus órdenes». No; están a mis órdenes aquellos que me gano yo, que es otra cosa.
Segundo asunto. No tengo el grado.
Tercero: No tengo el código.
De manera que esto es otra cosa.

EL CONDUCTOR POLÍTICO ES UN PREDICADOR

Hay que distinguir bien lo que es mando de lo que es gobierno.
Los métodos son distintos, la acción es distinta también.
Bien se trate de la conducción política o de la dirección política, el método no puede ser jamás el del mando; es el de la persuasión. Allá se actúa por órdenes; aquí por explicaciones.
Allá se ordena y se cumple. Aquí se persuade primero, para que cada uno, a conciencia, cumpla una obligación dentro de su absoluta libertad en la acción política.
Siempre, pues, critico a aquellos dirigentes políticos que se sienten más generales que yo, y quieren mandar. No: aquí no se manda.
De manera que el conductor militar es un hombre que manda.
El conductor político es un predicador que persuade, que indica caminos y que muestra ejemplos; y entonces la gente lo sigue.

PERSUADIR Y NO MANDAR

Desgraciado el político que lleva a sus hombres adelante; debe llevarlos detrás de él. Vale decir, no debe empujar; lo deben seguir.
Si los tuviera que empujar, no le alcanzarían las manos; son muchos hombres.
De manera que el proceso de la formación de un conductor es simplemente su punto de origen y su disciplina, su conformación, su capacidad y su inteligencia, y la amalgama de todo esto, con una finalidad, es la conducción política, difícil por excelencia, donde un fracaso le hace perder a uno el valor de cuatro éxitos anteriores; y, en consecuencia, es necesario andar con gran tiento para que no se le produzcan a uno muchos fracasos, porque muchos fracasos hacen al final un fracaso definitivo y total.

FORMAR EL CARÁCTER DE ACUERDO CON EL TRABAJO

Conducir hombres en la acción política presupone una modalidad que hay que formar.
Hay algunos que dicen: «Yo no tengo carácter para ser político; no me avengo a esta actividad». No es cierto; el carácter se educa, se forma.
Si no tiene carácter para ser político, no será conductor: será conducido; y si no tiene ese carácter y quiere conducir, tiene que formarlo, tiene que dominarlo.
Esa es una cuestión que no escapa a la posibilidad de ningún hombre: formar su carácter de acuerdo con la necesidad de su trabajo, lo cual es una cosa elemental y fundamental.
Señores: yo quisiera seguir hablando largamente sobre este tema. En este año he querido hacer un curso lo suficientemente rudimentario como para que nos dé las bases para continuar en los cursos sucesivos, en los que podremos desarrollar con mayor amplitud todos estos conceptos de una conducción científica y racional.

CONDUCCIÓN CIENTÍFICA Y RACIONAL

Lo único que he querido traer a estos cursos es la convicción o la persuasión de que no puede haber una conducción de aficionados con espíritu deportivo.
En este aspecto debe haber una conducción científica y profundamente racional.
Es una cosa demasiado seria para que sea realizada sólo en las horas de ocio.
Esto debe constituir una cosa que nos ponga a pensar y nos obligue a estudiar.
Difícilmente el hombre realice sólo con lo que la naturaleza le ha dado lo que debe realizar. 
Debe contraerse al trabajo, reflexionar muy profundamente; estudiar muchas cosas que no conoce.
Cuanto más haya profundizado esas cosas, mejor comenzará a penetrarlas.
Y como en la conducción no es cuestión de aprender, sino de comprender, es en la profundidad de ese análisis que uno llega a saber y realizar mejor las cosas.

CONDUCTORES QUE NACEN Y QUE SE HACEN

Por esa razón he querido que este curso sea lo suficientemente rudimentario
como para despertar la inquietud.
Y haremos llegar esta misma inquietud a todas las esferas del peronismo. El apetito viene comiendo. La gente que va leyendo todo esto se va interesando.
Podrá decir que algunas cosas se pueden hacer mejor, y es profundizándolo como puede llegar a convertirse en conductor. Porque si bien es cierto que el conductor nace, hay también muchos que se hacen.
No se conduce lo mismo a los diez años que a los cuarenta. En ese lapso de treinta años hay muchas cosas que pueden aprenderse. En esto, «el genio es mucho de trabajo».
Este curso, decía, es lo suficientemente rudimentario como para empezar a despertar la inquietud de todos.
Pero lo iremos desarrollando y profundizando hasta hacer un curso completo de la conducción.
He querido seguir en esto el sistema que sigo en todos los casos: empezar por poco, por lo simple y fácil, para llegar después, con el tiempo, a lo difícil y a lo complejo.

DAR ARMAS A LOS HOMBRES

Los grandes negocios, como las grandes cosas, empiezan en pequeñas cosas.
Entonces, nosotros, todos los días, iremos aumentando un poco esto, para conformar el acervo intelectual de la conducción peronista.
Y este acervo formará capas sucesivas con una profunda sedimentación paulatina que los hechos ya van dejando en la marcha de nuestro movimiento.
Conformaremos después también una completa teoría de la conducción y entregaremos a todos nuestros conductores la posibilidad de que a quien esto le guste tenga también su orientación en ella.
Pero lo que tenemos que asegurar es que ningún conductor llegue a la responsabilidad de la conducción de la gran masa sin las armas en la mano para defender esa responsabilidad, es decir, dar armas a los hombres.

FUERZA ORGANIZADA Y CIENTÍFICAMENTE CONDUCIDA

Nos cuidaremos muy bien de no darle armas a una mala persona, también.
Pero sí daremos a nuestros dirigentes, con el corazón abierto y la convicción de que estamos haciendo un bien al Movimiento, todas las armas que poseemos, la experiencia que hemos adquirido y la ayuda de compañeros que debemos a todos nuestros dirigentes para que ellos puedan hacer el mejor papel en toda la dirección.
Cuando llevemos esto a todo el Movimiento Peronista, cuando todos los dirigentes peronistas tengan las bases necesarias para proceder mejor cada vez, nuestro movimiento será día a día más poderoso y llegará a adquirir un grado absoluto de invencibilidad en el campo político.
Porque, ¿qué podrán hacernos con este tipo de guerra de guerrillas y de montoneras frente a nuestra fuerza organizada y científicamente conducida en toda su gradación?

EL MEJOR ORGANIZADO Y EL MEJOR CONDUCIDO

Es indudable que la superioridad nuestra será muy grande.
Piensen ustedes que en la lucha de un barco contra otro barco podrá vencer un capitán con suerte o arrojado, pero en la lucha de mil barcos contra otros mil han de vencer los que estén mejor organizados y tengan mejor establecidos sus servicios. El movimiento político necesita lo mismo.
Podrá un pequeño sector vencer en una pequeña cosa, con una de esas avivadas de los políticos.
Pero en esta masa que significa toda la población de la República Argentina tendrá que vencer el mejor organizado y el mejor conducido.

LA ORGANIZACIÓN VENCE AL TIEMPO

Lo único que vence al número es la organización. Y no sólo esto. La organización es lo único que ha conseguido vencer a la muerte.
Porque la organización también vence al tiempo. No los hombres, pero sí las organizaciones. Las organizaciones sobreviven a los hombres.
Quiere decir que es el único invento del hombre que ha sobrepasado al tiempo. La organización vence, pues, al número y vence al tiempo.
Si nosotros queremos hacer del Movimiento Peronista una cosa que adquiera estabilidad y consolidación permanente dentro del país, tenemos qué organizarlo.
Y es esa organización la que sobrevivirá a nosotros y nos honrara a nosotros en el futuro, quizá con hombres más capacitados, mejor preparados y organizados que nosotros mismos.
Porque, señores, la finalidad de la Escuela Superior Peronista es ésa: es perpetuar en la organización todas nuestras ideas y nuestras ilusiones de argentinos y de patriotas.
Conseguir eso es una de nuestras más perentorias obligaciones: no abandonar esto a lo que suceda.

APRENDER ENSEÑANDO

No, no. Para que Dios nos ayude, tenemos que empezar nosotros por ayudar a Dios.
Yo espero que para los futuros cursos que organice la Escuela Superior Peronista sobre esta base ya establecida podamos ir ampliando estos conceptos, en todos los aspectos de la conducción, para poder llegar a conformar -como digo-—un curso completo sobre esta actividad.
Y no solamente eso: también comenzar a formar los dirigentes, los profesores, que han de enseñar la conducción en el futuro.

Nunca se aprende mejor la conducción que cuando uno se ve obligado a enseñarla, porque eso obliga a pensar sobre distintos aspectos que uno nunca ha pensado.

A ESTUDIAR LAS MASAS.

Yo sería muy feliz si entre los peronistas dirigentes comenzáramos ya a formar los profesores que empezarán a dar los primeros rudimentos de la conducción, a penetrar sus profundos problemas, a enseñar cuál es el método y cómo se trabaja en la conducción política.
A estudiar las masas, a estudiarlas con sentido social, con sentido psicológico y con sentido sociológico; a penetrarlas, a aprender a conocer los designios de la masa, de la masa misma, porque somos encargados de servirla y debemos primero interpretarla para poder servirla.
Entonces hay que ir bebiendo en eso que constituye la única fuente.
La conducción es más una cuestión inductiva que de erudición.
Hay que tener la sabiduría suficiente para extraer de allí las verdades que uno debe defender, seguro de que el pueblo acompaña a uno cuando uno está en la verdad.
El pueblo difícilmente se equivoca en las grandes verdades.
Entonces, la escuela de conducción resulta fácil en sí a poco que se la penetre y reflexione, a poco que se raciocine sobre ella.

CON ESTOS RUDIMENTOS SE PUEDE EMPEZAR

Por eso digo que sería para mí la más grande de las satisfacciones si entre nuestros muchachos dirigentes comenzaran a perfilarse aquellos que tienen predilección por esta clase de estudios, penetrándolos y empezando desde ya a enseñar a los demás los aspectos de la conducción.
Con estos rudimentos que hemos dado, ya se puede empezar.
Ya tenemos los rudimentos; ahora es cuestión de profundizar e ir sacando las enseñanzas necesarias para capacitarnos y capacitar a los demás.
Todo lo que en este orden enseñemos es constructivo. Se podrán cometer algunos errores, pero eso no interesa; en la conducción se trata de tener mayor número de aciertos que de errores, porque en todas las conducciones hay errores.
De manera que termino esta clase diciéndoles que mi aspiración es que todos ustedes, que tienen una base sobre esto, comiencen a estudiar, enseñando al resto de los dirigentes, porque ésa es la mejor arma para profundizar este aspecto de la conducción.

FORMACIÓN DE ESCUELAS Y ATENEOS

Empecemos ya a no quedarnos con lo que tenemos, sino a pasárselo a los demás, para que lo compartan los demás compañeros en los distintos órdenes.
Esa es mi preocupación al propugnar la formación de las escuelas peronistas en todas las provincias y en todas partes, como así también los ateneos, porque eso va a terminar con los antiguos comités.
Iremos allí a hablar de los problemas de la conducción política y del manejo político de las masas, en vez de ir a tomar mate y a hablar de carreras.
No digo con esto que no debemos tomar mate ni hablar de carreras, ¡pero conviene de cuando en cuando hablar un poquito de estas cosas…!
Quiero dar por terminadas estás clases agradeciéndoles todas las amabilidades que han tenido conmigo durante este curso, haciéndoles presente que yo he venido a dictar estas clases, a pesar de mis múltiples ocupaciones, porque creo que son de gran utilidad para nuestros dirigentes.
Al agradecerles todo esto a los compañeros peronistas que me han escuchado durante este curso les pido disculpas, porque probablemente he sido un poco desordenado. Yo no tengo mucho tiempo para preparar mis clases.
Quizás haya repetido muchas cosas y alterado algunas veces el orden de los tópicos, porque, realmente, tengo la gran dificultad de mis muchas ocupaciones. Pero quizá el año que viene podamos nosotros estructurar cursos más racionales; es decir, de un menor tiempo sacar un mayor provecho a esto.
Yo he hecho lo que he podido; les he dado el remanente de mi experiencia y de cuanto he estudiado sobre la conducción en un número, el menor posible, de clases, y he tratado con buena voluntad de trasladar a la mentalidad de ustedes mi propia mentalidad de la conducción.
Quizá en el futuro pueda ofrecerles a los compañeros clases más racionales y mejor organizadas.

 

ÍNDICE

CLASE INAUGURAL

Teoría y doctrina
Razón de ser y necesidad de la escuela
Unidad de acción y unidad de concepción
La escuela y la doctrina
Desarrollo de la doctrina
Consistencia ideológica
Profesores y alumnos
Con la marcha del tiempo
Inculcar la doctrina en la masa
Apóstoles de la doctrina
Deformación de las doctrinas
Absoluta unidad de doctrina
Formación de los cuadros justicialistas
Predicadores y realizadores
Capacitar para la conducción
Los conductores nacen
La conducción política es un arte
Técnica de la conducción
La ciencia y el arte de la conducción
No hay recetas para conducir pueblos
Acciones inmediatas
Una fuerza superior
Las mujeres capacitadas pueden llegar a grandes destinos
Arte y experiencia
La historia no se repite
Hacer trabajar el criterio propio
La conducción es siempre la misma
Trataremos de formar hombres de acción
Capacitación indirecta
Elevar la cultura cívica de la Nación
Hombres capaces de decir y hombres capaces de hacer
Misión de los profesores
Honrar a la escuela
Sentido heroico de la vida
Lo único que salva a los pueblos

CAPÍTULO I

INTRODUCCIÓN 
PROGRAMA GENERAL ELEMENTOS DE LA
CONDUCCIÓN POLÍTICA

Objeto de la materia
La conducción se comprende, no se aprende
Es un arte y tiene su teoría
Se puede aprender la técnica, no el arte
El criterio, base del arte de la conducción
Escuela activa 
Función de esta materia
Tampoco conviene enseñar sobre el error
Programa de la materia
Es un programa muy amplio
Los conductores 
Licurgo, el primer justicialista
Conducción y cultura 
Conducción centralizada
La buena conducción se mide por el éxito
Elementos de la conducción política
Conductores, cuadros y masas
Preparar a la masa
Masas cultas o ignorantes
Pueblos con una causa
El conductor debe ser maestro
La lucha es siempre la misma
La organización, base de la lucha, principios de organización
Los errores orgánicos llevan al caos
La organización y los hombres
La acción política es cuantitativa
La acción del gobierno es cualitativa
Perfección humana y perfección orgánica
Las etapas y el orden en que se deben cumplir
El conductor es a veces conducido
Organizar, educar, enseñar, capacitar y luego conducir
La masa
Causas sin doctrina
La vanidad de los conductores
El conductor perfecto
Lucha y construcción: conducción y gobierno

CAPÍTULO II

CARACTERÍSTICAS DE LA CONDUCCIÓN MODERNA

Tiempo y espacio en la conducción política
Solamente nos referimos a nuestro país
Dos épocas
Conducción primaria 
El caudillo 
Las convenciones «soberanas”
Hasta de nombre cambiaron los partidos
Partidos sin arraigo
Envejecimiento de los partidos políticos
La conducción centralizada 
Deben transformarse las formas políticas
Un ejemplo: el socialismo. Su «historia”
El socialismo y los comunistas
Nuestro socialismo
El sectarismo político
La doctrina
La doctrina, remedio del sectarismo
La doctrina de la Nación es nuestra doctrina
Adoctrinamiento de la masa
La técnica moderna al servicio de la conducción política
Tenemos nuevas formas de conducción política
Debemos aprovechar bien los nuevos sistemas
La técnica moderna ha permitido cambiar incluso el tipo de
Organizaciones
La doctrina aglutina a todos
Aglutinación y disociación
¿Cuál ha sido nuestro sistema?
Primero: captar la masa
Persuasión con hechos
El conductor no puede mentir
Ahora hay que «captar» de otra manera
Lo que todavía no tenemos: la opinión independiente
Los opositores son más respetables que los independientes
El arma de la captación: la persuasión
Doctrina, teoría y formas de ejecución
Todavía no estamos organizados
Debemos utilizar nuevas formas
La lucha es común
Nuestro movimiento es idealista
Los cargos y los hombres
El ejemplo de Epaminondas
Es necesario elegir bien los instrumentos y aun construirlos
Hay procedimientos modernos que son extraordinarios
Hay que predicar todos los días
Doctrina y forma de ejecución
En la organización hay aspectos materiales y espirituales
Acción cualitativa y acción cuantitativa
La doctrina: organización espiritual
Doctrina, teoría y formas de ejecución
Deben armonizarse bien doctrina teoría y formas de ejecución
Hay que hacer conocer la doctrina
Nuestra doctrina está en pleno desarrollo
La acción está siempre por sobre la concepción
Procedimiento: realizaciones y doctrina
Lo permanente y lo variable de la doctrina
Al pueblo no hay que darle principios abstractos
La teoría
El ejemplo económico. Doctrina y teoría justicialistas de la economía
Hemos destruido toda una teoría y hemos creado otra
Y nos ha ido bien
Al capitalismo también le conviene adoptar nuestro sistema
Hay que conformar una teoría política y una teoría social
Las formas de ejecución de nuestra teoría política
La realización fue a veces dura y difícil
Quemamos nuestras naves
Lo que teníamos en 1946
Al cabo de cinco años
Son los resultados de la doctrina

CAPÍTULO III

EL MÉTODO DE LA CONDUCCIÓN

La situación
El método es indispensable
El método hace racional la conducción
Acción estratégica y acción táctica
El método es el mismo
Intuición y racionalismo
Método de la conducción: «Arte fácil y todo de ejecución”
La improvisación no puede ser un método completo
Conductor y auxiliares: su necesidad
¿Qué es el método? 
Observación, análisis, síntesis
Método simple
Partes del método de la acción
Medir los factores favorables y los no favorables
Prevalece la intuición
La situación
Los errores provienen del conocimiento imperfecto de la
situación
Sistema de la información
No engañarse a sí mismo
Estudios bases
Vivir la situación
Apreciación objetiva y subjetiva
La información es todo un arte
Situación general y particular
Apreciación de la situación
Factores que integran una situación política: fuerzas, escenario,
lugar y tiempo
Fuerzas: su apreciación
El análisis de las fuerzas es fundamental
Un ejemplo de apreciación
La resolución. Plan de acción
¿Qué quiero? ¿Adonde voy?
El plan de acción y la ejecución
Prever nada más que hasta la decisión
Órganos de ejecución 
Organización y encuadramiento: dirigentes
Un ejemplo: la acción política para las elecciones próximas
El gobierno y la lucha política
La acción de gobierno
Cuando llegué al gobierno
Todo tuvo solución
Los grandes éxitos se consiguen arriesgando mucho
Soluciones para cada situación
Los buenos negocios
No tenemos problemas
Precios internos e internacionales
Poder adquisitivo del dinero
La situación general es buena
Debemos triunfar
Plan de acción política
Información
Estudiar la situación en detalle
Soluciones de detalle
La conducción estratégica no puede meterse en la conducción
táctica 
El mejor amigo es el que nos dice la verdad.
Reflexiones y consejos
Cuenteros y aduladores
Condiciones de todo método

CAPÍTULO IV

ORGANISMOS DE LA CONDUCCIÓN
CONDUCCION TACTICA Y CONDUCCION ESTRATEGICA

Los organismos de la conducción
El punto de partida
La conducción estratégica
Aplicación de la estrategia
Tipo de conducción ideal
Tres banderas irreemplazables 
Gobierno de conjunto
¡Estoy con todos! 
La línea divisoria
Cada uno en su casa
En la propia esfera de acción
Diferencias entre la conducción y el mando
Juego de transigencias
La disciplina política
El conocimiento de los hombres
Educación de los tres elementos fundamentales
Elementos y métodos de la conducción
No hay nada decisivo
No embarullar los tópicos
Que decida el pueblo
Hay que evitar interferencias
La capacidad integral
El conductor, elemento primordial
La responsabilidad de la conducción
La elevación cultural de la masa
Cada conductor crea su instrumento
No mucho, pero bueno
Los conductores auxiliares
Hombres de una misma causa
La Escuela Superior Peronista
Las fuerzas morales
La descomposición empieza por la cabeza
La conducción en grande
El propio convencimiento
Los sistemas y las formas
El mundo no gira en torno a uno
Equilibrio de las mentalidades
Las disposiciones y el control
Cómo asegurar la unidad de acción
Levantar al pueblo
Hay que ser fuerte en un lugar y en un momento
La acción de masa. La economía de la fuerza
Los verdaderos principios de la conducción
Trabajo de años y años
Hay que conocer la situación
El cálculo de las fuerzas
Necesidad del control
La esencia del conductor
El arte y la teoría
Los principios del arte de la conducción
Todos tenemos algo de artista
Suele ser cuestión de gustos
La propia experiencia

CAPÍTULO V

EL CONDUCTOR
SECRETOS DE LA CONDUCCION

La ciencia y el arte de la conducción
Los hombres y los hechos
La habilidad del conductor
Un arte simple y todo de ejecución
La creación, exigencia del conductor
Un secreto superior a todos
Unidad en la preparación de la Nación
Concepto de la universalidad
La política no se aprende: se comprende
De la situación al objetivo 
Los caminos son infinitos
El éxito no depende de la suerte
Un constructor de éxitos
Conducir es elaborar éxitos
Los sistemas, la rutina y las recetas
Obras maestras de la conducción
La experiencia propia es difícil
No dejarse conducir por los acontecimientos
El secreto está en abarcar bien los factores
Los objetivos sin valor
Cosas que no deben olvidarse jamás
Cualidades indispensables del conductor
Conducir es actuar
Lo primero, forjar el propio instrumento
Luchadores de montonera
El conductor y el caudillo
La personalidad del conductor
Capacitación del conductor
El conductor perfecto
Valores espirituales del conductor
Los valores morales
Fe y optimismo
El deber de vencer
Carácter, energía y tenacidad
Trabajar para los demás
Espíritu de sacrificio
El arte de convivir
Lealtad a dos puntas
La justicia de los hombres
La enseñanza más difícil
Hacerse seguir
Luchar por una causa
Cuando los hombres se equivocan
No hay que magnificar los hechos
El mal del sectarismo
Elementos que se complementan
Combatir con todos los medios
La bondad en el fondo y en la forma
Es más difícil hacer que decir
Lo moral, factor primordial
Valores intelectuales del conductor
Dos clases de hombres
La creación y la estabilización
La técnica del conductor
Evolución de la técnica
Iniciativa y capacidad de acción
La fuerza de los pequeños medios
Hay que vivir la situación
Hay que afirmarse en realidades
Como la estrella polar del navegante
Saber realizar el éxito

CAPÍTULO VI

EL ARTE Y LA TEORÍA EN LA CONDUCCIÓN
LAS FORMA DE EJECUCION

Necesidad de una teoría
La acción y la teoría
Conformación de las teorías
Enunciación y aplicación de los principios
La teoría y el método de acción
El conductor, hombre de acción
Una aclaración indispensable
La conducción y la creación
Los principios y las formas de ejecución
La acción y el subconsciente del hombre
La sensación intuitiva
A conducir no se enseña
La conducción y los conductores
La antítesis de la rutina
Lo vital y lo inerte
La conducción tal como aparece ante nosotros
La antítesis de la sistematización
Síntesis dé la teoría
La economía de fuerzas
Uno de los grandes principios
Tres aspectos de la conducción
La información
El secreto
La sorpresa 
¿Qué es la sorpresa? 
Punto de partida de la conducción
Más que métodos, ocasiones
Hay que aprovechar la información
No hay nada nuevo
Unidad de acción y unidad de concepción
La unidad de concepción
Un solo objetivo
Lo realmente importante
Al objetivo principal, con todo
La conducción y las leyes de la vida
La conducción y la volubilidad
La unidad de acción
Lo enunciados y su aplicación
El empleo de los medios
La organización convergente
La obediencia y la disciplina
Más bien haciendo que diciendo
Obediencia y respeto
La obediencia y el mando
La disciplina política
La disciplina y el convencimiento
La disciplina de conjunto
La educación de la masa 
Un alma colectiva
La economía de fuerzas
El objetivo. El lugar y el tiempo
Un caso concreto
De casa al trabajo y del trabajo a casa
Los pequeños y los grandes éxitos

CAPÍTULO VII

LA ECONOMÍA DE FUERZAS
PRINCIPIOS TECNICOS EN QUE SE BASA

Una sola cosa a la vez
Explicación dirigida al entendimiento
Principio de la economía de fuerzas
Principio inmutable de la conducción
Dos o tres ejemplos aclaratorios
Nuestro sistema de acción
No equivocarse al dar el golpe
Desarrollo de la acción conjunta
Determinar los lugares decisivos
Los cuatro puntos del principio
Método de acción aplicada
El empleo de la fuerza política
Teoría del centro de gravedad
Criterio de la conducción científica
Doctrina total de la conducción
Aplicación inductiva y natural
Una segunda naturaleza
Los grandes errores en la lucha
No tenemos más que un problema
La mentalidad de nuestros hombres
Concepto y prestigio de una acción
El problema internacional
De lo interno a lo externo
Momentos decisivos del hombre
El dilema de ser o no ser
Los aciertos y desaciertos propios
El actual centro de gravedad
Lucha de dos voluntades contrapuestas
Así es la vida; así es la lucha
La acción internacional
En la guerra moderna pierden todos

Aplicación de la economía de fuerzas

CAPÍTULO VIII

LA CONTINUIDAD EN EL ESFUERZO
EL PLAN DE ACCION

Los grandes principios de la conducción
Continuidad en la acción
Continuidad en el esfuerzo
No desviarse parcialmente
Las dos partes del plan general
Sabemos la dirección en que vamos
Una línea de acción general
Perseverancia en la acción
La conducción se comprende
El plan hay que cumplirlo
No hay obra de arte en las concepciones
Saberse jugar todo a una carta
Dominio general permanente 
Dos clases de dominio
Popularidad y prestigio
Es necesario el prestigio
Conducción por hombre capacitado
Prestigio permanente y general
Obrar con lealtad y sinceridad
Dominio de una masa organizada
Libertad de acción del conductor
Conducir dentro de una doctrina
Las armas necesarias
Doctrina y táctica
El adoctrinamiento es la base de todo
La conducción es un arte
Cumplir el rito sin realizar la doctrina
“Se dedicaron a decir, pero nunca a hacer”
Abogados de importantes empresas
Capacitar a los hombres
Amateurs gobernando
Principio moral de nuestra doctrina
No hay nada inmoral que viva
Movimiento idealista y moral
Golpe de muerte para el individualismo
Bandera de solidaridad
La justicia entre nosotros
Espíritu de solidaridad 
Selección de nuestros hombres
Cultura y capacitación de la masa

CAPÍTULO IX

LA PREPARACIÓN DE LA MASA
CULTURA CIVIA Y SELECCIÓN HUMANA

Consideración en conjunto
Preparación de la masa
La masa, instrumento de acción
Considerar lo que la masa quiere
La voluntad de la masa
Unir lo teórico a lo real
Reacciones intuitivas y naturales
Preparar las reacciones a voluntad
Las masas no piensan: las masas sienten
El raciocinio, un reaseguro de la intuición
Utilización equilibrada de racionalismo e Intuición
Dos factores fundamentales
Acción colectiva o constitutiva
Conducción técnica y conducción política
Un sector en las dos acciones
Primero, la síntesis de todo
El don de ubicuidad
Sentido espiritual de la interpretación
Apreciación de situación
Mi treta: persuadir 
Persuasión paulatina
La unidad total
Utilización de los medios técnicos
Penetrarse y penetrar
Tener lealtad y sinceridad
El verdadero magnetismo
Sentido popular de la conducción
Escuela de humildad
Sentido popular del conductor
El cumplimiento del fondo
Sistema de la construcción
Conflictos que destruyen
Nueva escuela, nuevo sistema
La interpretación del pueblo
Síntesis y análisis
Conclusión para cada uno
Conversar con uno mismo 
Los principios éticos y morales
Formar una buena persona
Formas de ejecución 
La preparación en política
Ver las cosas lejos y profundamente
La lealtad en las masas
Plan de acción
Un fondo de ejecución
Métodos de ejecución
Acción oportuna y en el lugar propicio
Persuasión del peronismo 
Lo que tiene dentro el peronismo
Formas de ejecución dentro de la política
Una de las mejores escuelas
Conducción técnica y estratégica
Los agentes de ejecución
Sistema universal de la acción
Los medios de ejecución 
Enseñanza y conducción peronistas
La organización es sedimentaria
Dos clases de conducciones
Improvisación y método

CAPÍTULO X

LA CONDUCCIÓN APLICADA 
CAPACITACION DE LOS DIRIGENTES

Gimnasia de la conducción
Un estudio aplicado
Los tres sistemas
Saber caminar por el tembladeral
Cada cosa tiene su verdad
El fondo y las formas
Hay que formar los leones
Patear para el mismo arco
Los valores espirituales son los que privan
Función de la Escuela Superior Peronista
El valor de nuestro movimiento
Un inmenso movimiento de conjunto
Estamos elaborando una doctrina única
Educación y organización del pueblo
La responsabilidad del dirigente es total
Responsabilidad de capacitarnos
Capacitarse moralmente
Los dirigentes salen de la acción
Óleo sagrado de Samuel 
Cada peronista lleva el bastón de mariscal
El dirigente es un conductor
El gobierno y la dirección
El conductor político es un predicador
Persuadir y no mandar
Formar el carácter de acuerdo con el trabajo
Conducción científica y racional
Conductores que nacen y que se hacen
Dar armas a los hombres
Fuerza organizada y científicamente conducida
El mejor organizado y el mejor conducido
La organización vence al tiempo 
Aprender enseñando
A estudiar las masas
Con estos rudimentos se puede empezar

Formación de escuelas y ateneos

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